Últimos inviernos - hide y kaneki

Summary

Historia parcialmente hecha por chat gpt para regalo d cumple. ♡

Genre
Lgbtq
Author
kei
Status
Complete
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 – La estación que no acaba

Tokyo, o lo que queda de ella, yace bajo una capa de nieve perpetua. No es blanca como en los cuentos, sino gris: sucia por las cenizas, el hollín y la sangre seca que ni el tiempo ni el frío han podido borrar. Entre las ruinas de una ciudad que fue viva, que fue bullicio, ahora solo queda el viento silbando entre edificios rotos y señales oxidadas. Es como si el invierno se hubiese enamorado del lugar y se negara a partir.

Entre esas ruinas, entre esa nieve triste que no se derrite nunca, camina Kaneki Ken. Un abrigo oscuro envuelve su figura delgada, y su rostro va cubierto por una bufanda negra que le oculta la mitad de la cara. Su cabello blanco, cubierto por escarcha, cae sobre sus ojos cansados. Cada paso que da es silencioso, como si no pisara tierra, como si caminara sobre recuerdos.

Ha pasado tanto desde la última vez que escuchó su voz.

Desde que su mundo dejó de girar.

Kaneki no tiene un destino. O quizá sí, pero no lo admite. Solo sigue caminando entre estaciones oxidadas, postes torcidos, esqueletos de lo que una vez fue una ciudad. La guerra lo cambió todo. Los ghouls, los humanos, el CCG… Todos pelearon, y al final nadie ganó. Solo quedó la nieve.

Pero hay algo que Kaneki sí sabe: ese invierno empezó el día que perdió a Hide.

“¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que me llamó idiota con esa sonrisa?”

El viento sopla fuerte, y con él llega un eco. Un sonido lejano. Un tren fantasma, tal vez. O solo la memoria jugándole trucos.

Frente a él aparece una estructura a medio derrumbar: una vieja estación de tren. Las letras colgantes dicen “Shinjuku”, pero la mayoría están rotas o cubiertas por hielo. Kaneki se detiene. Hay algo en ese lugar. Un nudo en el pecho. Un tirón en el alma.

Cruza la verja oxidada y entra. La puerta principal está caída. El suelo cruje bajo la nieve endurecida. Hay bancos de madera rotos, una máquina expendedora caída de lado, y una papelera con flores secas dentro, como si alguien las hubiese dejado para un altar.

Y entonces lo ve.

Una figura, apoyada contra una columna, con un abrigo naranja deslavado. La bufanda verde-limón, ridícula como siempre, le cubre el cuello. Sus ojos, marrones, siguen siendo cálidos a pesar del frío. Y su cabello… un desastre rubio, pero es él.

Es Hide.

Kaneki se queda congelado. Literal y emocionalmente.

—¿Siempre fuiste tan malo escondiéndote, Kaneki? —dice Hide, con voz ronca y sonrisa torcida.

Kaneki no sabe si hablar. No sabe si correr, o llorar, o desmayarse.

—¿Eres… real?

Hide camina hacia él con pasos lentos. Cada pisada sobre la nieve suena más fuerte que cualquier palabra.

—Bueno —dice, encogiéndose de hombros—, si no lo soy… esto va a ser muy incómodo.

Y sin más, lo abraza.

El cuerpo de Kaneki se tensa. Su mente grita. Su corazón, ese músculo que pensó que se había vuelto piedra, da un vuelco.

Hide. Su mejor amigo. Su otra mitad. El único que lo había visto llorar y reír sin máscaras. El único que se había quedado incluso cuando él se convirtió en algo que ya no era humano.

Hide aprieta más fuerte.

—Te tardaste. Me estaba congelando —murmura.

Kaneki finalmente levanta los brazos y lo rodea. Lo toca. Lo siente. Está vivo.

“No puede ser.”

—¿Cómo…? —pregunta Kaneki, con voz quebrada—. Yo vi… sangre. Vi…

—Tranquilo —interrumpe Hide, separándose apenas para mirarlo a los ojos—. Lo sé. Fue feo. Pero sobreviví.

Silencio.

—Y tú —continúa Hide—, sigues tan dramático como siempre. ¿Tenías que llegar envuelto en niebla y con cara de fantasma para hacer tu entrada?

Kaneki, contra todo pronóstico, ríe. Solo un poco. Solo por un segundo. Pero ríe.

La nieve sigue cayendo, lenta. Como si el mundo contuviera la respiración.

Y por primera vez en años, el Rey Tuerto ya no se siente solo.