Portadora de Esperanza

All Rights Reserved ©

Summary

En un Lumo que se desgarra por la guerra, Marabela cree en el deber y la gloria. Pero el susurro de un árbol milenario, el grito silencioso de unas alas rotas y la mirada de una criatura nacida de la lava, la arrastran a una verdad tan profunda como la misma magia: el enemigo no siempre está donde lo esperas. ¿Será ella la chispa que encienda la auténtica esperanza en medio de la oscuridad? Esta historia es mi obra original. También pueden encontrarla publicada en Royal Road bajo el usuario GralePirela.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Una cabaña a la orilla del arroyo

Hace mucho más de un milenio, en la próspera tierra de Lumo, fueron encontrados tres tesoros conocidos como Las Esencias. Estos poseían dones únicos que debían ser protegidos. El Corazón de Obsidiana, conocido como una resplandeciente piedra roja capaz de estimular toda energía viva; la Gema del Alma, que se dice que brilla mucho más que las estrellas y trae consigo el poder de la claridad mental para todo el que la posee; y, por último, pero no menos importante, el Cristal de la Aurora, un cristal esmeralda con el poder de la renovación y la curación.

Podrían ser herramientas fabulosas o armas letales. Así que, para protegerlas, se encomendó a los Eter, seres de pura magia y luz, la tarea de resguardarlas y cuidarlas. La paz reinó en todo el Valle Alado hasta que los Drako, envidiando el poder de estos tesoros, intentaron robarlos, un acto que no sería ignorado ni olvidado por los Eter.

—Y así inició la guerra entre los Eter y los Drako —finalizo, cerrando el libro de cuentos y mirando los rostros emocionados de los pequeños Eter.

Amo las leyendas de Lumo, siendo la del descubrimiento de Las Esenciasuna de mis favoritas. Como todos esos pequeños, yo siempre he soñado con ir a la guerra y ayudar a mi nación a combatir a los Drako y proteger las Esencias. Ahora estoy un poco más cerca de lograr ese sueño. Pronto vendrán a buscar nuevos soldados; estoy lista y sé que me elegirán, pues me he entrenado toda mi vida para ese momento.

—Gracias por venir de nuevo, Mara —interrumpe mis pensamientos la voz de Tiara, la protectora de la biblioteca del Valle Alado.

Me despido con un gesto rápido y camino hasta la salida donde hay un pequeño jardín lleno de colores. Desde un poco más arriba se puede ver la plaza. Después de apreciar un poco la vista, vuelo a casa, a dos pueblos de la ciudad, en el Arroyo de la Luna. Para cuando llego, ya es un poco tarde y mi madre ya ha servido la cena.

—¡Marabela! —resopla mi madre, mirándome en busca de una buena explicación.

—Ya lo sé, llego tarde, estaba con los niños en la biblioteca —la veo disimular una pequeña sonrisa de lado; sé que le encanta que esté allí.

—Inclínate ante las diosas antes de sentarte —replica mi padre, y lo hago. Luego me siento, oramos y comemos. El postre es uno de mis favoritos: pastel de zarzamoras.

Luego de terminar la comida, lavo los platos y, antes de subir a mi cuarto, mi padre me dice:

—Mañana es un día importante.

Sé a lo que se refiere, mi último día de entrenamiento. Pronto llegará el Konsilo de Etereos al pueblo.

Subo y me acuesto en mi cama. La mezcla de aromas que emanan del arroyo, las flores y el viento llenan la habitación, no puedo evitar preguntarme si es la última vez que los sentiré en mucho tiempo. Sin duda, en ese caso, extrañaría la comodidad de mi cama, la familiaridad de las pocas cosas que poseo y el amor incondicional de mis padres. Nerviosa por el día de mañana, sueño con cada hechizo y movimiento de lucha que conozco, repasando mentalmente todo mi entrenamiento.

Al día siguiente mucho antes de que el sol salga, me paro de la cama, me arreglo rápidamente y salgo a entrenar con mi padre por última vez. Al terminar la faena mi padre entra a la casa. Camino hacía el arroyo y veo mis grandes ojos azules reflejados en el agua, herencia de mis padres e identificación de mi linaje. Me acuesto en un nenúfar luego de practicar toda la mañana; tengo mucho que mejorar y muy poco tiempo. Entrar a la guardia no solo es mi deseo, se lo debo a mi familia. Mi padre fue un líder en la guerra, un gran luchador hasta que no pudo cumplir más con su deber debido a su inmortalización. Yo quiero ese destino para mí y haré lo que sea para defender a mi pueblo. Por ello, entreno día y noche con papá.

Al despertar el alba, mi madre me llama adentro; es hora de dejar de practicar y reunirme con ellos para desayunar. Los Eter consideramos la comida como un tiempo para reconectar con la energía y las diosas.

Mi familia tiene una pequeña cabaña cercana al arroyo donde nacimos mi madre y yo. Mi padre la ganó en la guerra como un regalo para ella. Pudo haber escogido un terreno cerca del Río de Lumo, donde él creció, en la ciudad, pero mi madre amaba este arroyo, rodeado de hermosos lirios de agua y por eso eligió este terreno con la cabaña para ella. Al entrar a la casa me siento en un banco que mi padre sacó de debajo de la mesa, en una sala decorada con perlas y flores. Colgando en la pared frente a mí, hay un cuadro de mi madre bañándose en el arroyo, y otro de mi papá y ella junto a la estatua de la plaza, en honor a los Eter caídos. Cuando mamá sirve la comida para nosotros, apartó la vista de los cuadros y la miró agradecida. Ella se sienta y me pregunta:

—¿Qué tal el entrenamiento, cariño?

—Bueno...—me encojo de hombros—. La verdad, no creo haber mejorado demasiado...

—¡Corales! Bela, las diosas te han bendecido con gran modestia —me sonríe y luego voltea el rostro hacia mi madre—. Cada día mejora más, te aseguro que este será el año.

A lo que ambos sonríen. Siento una calidez invadir mi cuerpo cuando mi madre levanta la oración a las diosas y luego disfrutamos la comida. Cualquier comida puede ser la última antes de que nuestras vidas cambien, eso lo sabemos bien.

El consejo anunció hace más de un mes que pronto habrá un gran llamado a los Eter en preparación para unirse a la guardia, lo que significa que cualquier día puede llegar el consejo por todos los jóvenes capaces de luchar. Ser escogido es un gran honor, y el honor es una de las cosas más importantes para un Eter. Me he preparado para esto toda mi vida. Sé con certeza mi destino, por las noches sueño que soy recordada por terminar esta guerra y traer paz a mi tierra. Quizás solo es una fantasía, pero no puedo estar segura.

Al terminar de comer, arreglo la mesa y me pongo a lavar los platos lo más rápido posible. Aunque la comida es sagrada, el tiempo apremia y yo no pienso desperdiciar ni un segundo ahora. Subo a mi habitación rápido y me miro al espejo; estoy algo sucia y desaliñada, pero nada que no pueda arreglar. La estética es importante en estas tierras. Recojo mi largo cabello negro en un moño alto. Mi cara es redonda y muy aniñada, pese a que ya he alcanzado mi madurez; estoy pronta a cumplir 21 años. Arreglo mi vestuario antes de salir: una túnica de seda ceñida a la cintura con algas azules y debajo unos bombachos con botines negros.

Al bajar las escaleras para continuar con mi día, veo el retrato de mi padre de joven. Sé que día es ese, el día que lo escogieron para la guerra. Es un proceso duro, para el que cada uno de los habitantes del valle se prepara toda su vida. Mi padre fue reclutado a los 25 años, pero su desempeño en la guerra fue increíble; a los 27 años ya había enfrentado a varios Drako de frente sin ningún rasguño, y a los 28 tuvo su primer Fulgor, un reconocimiento por su arduo trabajo.

A los 60 años, luego de 12 fulgores, fue su ceremonia de inmortalización. En ella sumergieron sus alas por última vez en Fulgor, cada hermosa cicatriz brillaba incandescentemente y eso significaba algo glorioso no sólo para él, también para nuestra familia. Mi padre había resistido a la guerra, ganado numerosas batallas y ese día ganó un gran honor. Yo no podía desear nada menos que ser igual a él.

Mientras pienso todo esto, mi papá me espera abajo. Me acompaña hacia el pueblo y hacemos algunos de los deberes del día. Para el atardecer hemos terminado todas las tareas; estamos cansados y debemos volver a casa. Pero de camino a casa lo vemos, el carruaje volador del consejo ya está llegando. Por la ventana logro ver unos ojos amarillos reconocibles a kilómetros, es Zephyr, la líder de los Eter de aire, mi ídolo desde niña. En la ceremonia de inmortalización de mi padre, ella le regaló la daga de cristal que él me entregó frente a todos. En ese momento la vi por primera vez, ella me sonrió y yo nunca la olvidé.