ACTO I Capítulo 1: Los Niños Juegan A Las Escondas
En algún lugar de la calle "Even Cier" ya casi al amanecer se encontraban el trío de niños de no más de 8 años: Las hermanas Westerfile, acompañados de un dulce niño, el único que había sido gentil con ellas, desde que llegaron con su familia para visitar a unos primos de su madre. Su madre les había dicho que tenían que venir justo antes del "Cambio de cada 4 años de nombres estatales".
La dulce Gillirna Westerfile —Su padre decidió ponerle ese nombre según que por el nombre de su abuela, un nombre un poco extraño, pero una niña de 8 años no cuestiona muchas cosas de sus padres—, la hermana mayor de las 2, iba corriendo lo más rápido que podía por la larga calle con nieve, dejando atrás a su hermana y al niño, pero ella decidió detenerse ya que no pensaba que fuera buena idea dejar a su hermana con alguien a quien no recordaba su nombre.
—¡Mina, apresúrate! —le gritó y luego recordó no ser parcial—. Tú también mmh... —En lugar de preguntar su nombre y que el niño se sintiera mal porque ella no lo recordaba, Gillirna hizo un gesto de presentación y extendió sus manos como esos programas en la televisión.
—Tom —respondió el niño después de alcanzarla corriendo—. Puedes llamarme Tom.
Hubo una larga pausa no por incomodidad, sino por el tiempo que les tomó mientras llegaban, pero también por una corriente de brisa helada que los hizo estremecer a los 3 de frío. Tom miró fijamente al cielo con un aire inseguro, tal vez fue un dragón o algo así; después de todo, él era rico, y los ricos sabían de eso. Gillirna se quedó mirando un poco extrañada como él miraba el cielo y solo pensó: <<Eso es algo que hacen los ricos>>.
Finalmente Tom apartó la mirada y vio a la hermana menor.
—¿Mina? —Él preguntó—. ¿Te llamas... Mina? Pensé que tú nombre era...
—¡No de nuevo! —gritó la hermana pequeña, interrumpiendo a Tom y haciendo reír a Gillirna.
—Lo siento —dijo el niño un poco avergonzado y bajando la mirada, al mismo tiempo que agradeció el frío para no tener que justificar lo rosado de vergüenza que se ponía su piel blanca.
—No te sientas mal —dijo la menor, calmando un poco—. Es solo la forma en que Gilli y yo hablamos —explicó la niña apenas entendible por la cantidad de bufandas, ropa extra y más el tapabocas que llevaba encima; una cantidad de cosas las cuales Gillirna la obligó a usar. La pequeña hermana veía injusto como ella tenía que usar todo eso con más capas y capas de ropa debajo y que Gillirna solo usaba su bata, que no era más que un simple vestido, mientras que a ella apenas se le veían los ojos, y tal vez también unas gotas de sudor.
—Creo que entendí, es solo que no se te entiende nada con eso puesto.
—¡¿Ves?! —dijo la niña señalando a Tom—. Hasta él cree que tengo mucha ropa puesta.
—Te puedes resfriar —le respondió Gillirna abriendo mucho sus ojos.
<<En realidad no me importa mucho eso>>, pensó la niña mayor, <<Sino, más bien lo que opinaría mamá si se entera de que salimos y no me lleve mi abrigo. No me gusta ese abrigo, así que mi hermana lo puede usar en mi lugar. Tal vez debería sentirme mal por eso ¿No? ¡Qué más da!>>.
—¡Mira! Hasta Tom lleva uno.
En realidad si. Y era de un material muy caro.
—Pero tú no tienes nada —le dijo la hermana—. Y además... ¡Él solo tiene uno!
—Vamos, no peleamos. Subamos y leamos esto —dijo Gillirna mientras se ponía de puntillas con sus botas verdes para referirse a los libros (Tal vez 4 o 6) que sostenía en sus 2 brazos.
—Ella tiene razón... Subamos —dijo Tom, poniendo su mano en el hombro de "Mina". El niño la miró un momento y notó que sus ojos eran de un color café, algo que le pareció lindo por el contraste con el reflejo de la luz de la luna, le recordó a una de las pinturas bonitas del salón donde vivía. Entonces el niño se dió cuenta de que la estaba mirando por demasiado tiempo y eso podía ser raro. Apartó su mirada y mano más rápido y se acercó a las escaleras, rodeada por pequeñas flores blancas como si fuera un nido para ella—. Vamos, es por aquí. —Señaló mientras subía por las escalera que conducía al techo.
Las niñas cruzaron miradas. La menor empezó a sostener el brazo de Gillirna fuertemente. Cuando el niño ya se encontraba en el techo del edificio de no más de 3 pisos al igual que los otros edificios a su alrededor que no parecían estar separados por más de 2 pasos de distancia, Tom les hizo señas para que subieran también; las hermanas volvieron a cruzar miradas y está vez Gillirna contaba con una sonrisa en su rostro. La niña se separó de su hermana y su fuerte agarre en su brazo y empezó a colocarse en posición para escalar con los libros aún en brazos. Para nada seguro.
—¿Esto no es alla... Alla-lla-lla... Allanamento d-de morado? —Intento preguntar la niña pequeña, era una frase muy sofisticada para una niña de 6 años. A veces le gustaba decir esas palabras importantes, pero no sabían qué significaban.
—¡Mentra! —se quejó Gillirna con ese extraño idioma de las hermanas como si su hermana estuviera diciendo algo totalmente inapropiado.
—No creo que debamos estar aquí y... —Acomodo su bufanda para hablar mejor—. Además te puedes caer con todas esas cosas.
—Son libros —refutó Gillirna—. Mamá dice que debes leer más —argumento de una forma muy mayor para una niña de 8 años.
—¿Por qué no podemos ir a casa con mamá y luego volver mañana todos juntos de día?
Gillirna estaba a punto de responderle algo, pero de golpe frunció el ceño y se detuvo muy confundida, como si no recordara algo muy importante. <<Solo sé que no me gusta>>, es lo único que pensó.
—En realidad —dijó Tom de repente—. Esto no es allanamiento, ya que estamos en la parte de afuera del techo y te juro que está escalera es muy segura —Al notar que la expresión de la niña pequeña no cambiaba, Tom empezó a pensar cómo arreglar las cosas—. Pero si quieres vamos a otro lugar —dijo escondiendo la cabeza detrás de la escalera y párate del techo—. Podemos volver mañana como dices...
—¡Vamos, Mina! ¡Te vas a divertir! —dijo Gillirna de golpe, y después al notar que el niño se puso nervioso, ella empezó a decir cosas graciosas, que tal vez solo ella entendía mientras empezaba a subir de una forma muy peligrosa.
Antes de que se diera cuenta su hermana mayor ya se encontraba en el techo y le entregaba los libros al niño para terminar de subir mejor. La niña no se quería quedar sola abajo; así que dejó de insistir y accedió.
—¡Sii! —Gillirna chillo al notar que su hermana estaba empezando a escalar—. ¿Ves? No teníamos que cambiar de lugar o volver a casa —le dijo a Tom con una gran sonrisa y volvió a mirar a su hermana.
El movimiento de cabeza de la niña hizo que Tom pudiera observar su larga cabellera negra enrrulada o rizada o ¿Ambas? Era un desastre, eso estaba un poco claro.
Gillirna dejo los libros en el suelo del techo para ayudar a su hermana a subir y Tom se puso justo a su lado.
—Completamente seguro —sonrió Tom—. Si no lo hubiera sido no las hubiera dejado subir.
—Bueno, ahora vamos a leer esto —Gillirna tenía de nuevo en sus manos uno de los libros y se los enseño a ambos.
—¿Los tres mosqueteros? —preguntó Tom después de leer el título mientras la hermana menor aún luchaba por entender la segunda sílaba—. ¿De qué tratan?
—Los libros son aburridos —se quejó la menor mientras cruzaba los brazos y se acercó a una gran jaula que estaba en la parte menos peligrosa del techo y empezó a pasar su manos por el metal. —. ¿Qué es esto?
—Lo sabrías si leyeras —le dijo Gillirna sarcásticamente (Era una niña muy joven para saber lo que es el sarcasmo), mientras se inclinaba hacia delante para que su hermana pudiera escuchar mejor; luego, se enderezó y dio una patada en la nieve para luego dar una vuelta en un pie y empujó toda la nieve a su alrededor.
El niño rápidamente se acercó a dónde se encontraba la pequeña niña cerca de la jaula, e iba a chocar justamente con una parte afilada de metal oxidado de color anaranjado. Sin embargo al evitar que la niña chocará con la parte oxidada del metal él se rasgó parte del pantalón cerca de la rodilla arruinando su pijama a rayas.
—¿Estás...? ¿Estás bien?
—Ahm... Aja —respondió Tom.
Gillirna sintió el frío pasarle por la piernas y se estremeció, así que decidió que lo mejor era hacer esto rápido, (Aunque aún no quería ir a casa.) así que dijo:
—Vaaaaaaaamos. —Gillirna alzó los brazos al aire para llamar la atención de los otros 2.
Tom y la hermana pequeña se acercaron a dónde se encontraba Gillirna con el resto de sus libros alrededor de la nieve; la niña no se detuvo a pensar que eso los dañaría mucho. El niño se agachó y tomó el libro más viejo que parecía que lo habían leído muchas veces ya que la portada estaba toda dañada.
—¿Qué es... Blancanieves? —Él preguntó quitando la nieve de la portada.
Gillirna y su hermana se quedaron viendo a Tom con una cara de tontas, como si no pudieran creer que en realidad no supiera de qué se trataba el libro "Blancanieves".
<<Está mintiendo>>, pensó la hermana pequeña <<Miente, miente, miente, miente... Solo quiere llamar la atención>>, entonces se alejó de Gillirna y Tom a una esquina, donde estaba otra vez esa extraña jaula, había mucha nieve aún sin derretir sobre ella, la niña apartó un un poco de esta para ver más y vio que había tablones que tapaban parte de la jaula, ella se asomo más y distinguió todo el alrededor dentro de la jaula con lugares para que las aves descansan. Era una una jaula para aves como la que tenía su mamá en casa, solo que... Bueno, no era tan linda como la de mamá. La niña se lo iba a decir a su hermana, pero cuando miro hacia atrás, se dio cuenta de que estaba hablando aún de esos tontos libros.
—¡Ah! Este libro es uno de mis favoritos —dijo Gillirna emocionada, de todas formas, arrancándole el libro de las manos—. Según nuestra madre yo me parecería a Blancanieves si no fuera por mis rulos... ¡Ah!
De repente una bola de nieve aterrizó en el rostro de Gillirna, el frío hielo quemandole el rostro y derritiéndose y mojando su cabello. La niña se limpió la nieve antes de que se derritiera aún más y se mojara la ropa. Tom se estaba riendo.
—¿Eres como la nieve? —La hermana menor se estaba burlando con una voz aguda, y empezó a hacer más bolas de nieve y agradecía tener esos grueso guantes para no congelar sus manos y también llevar los pantalones que Gillirna tanto insistió que usará, de otra manera se hubiera congelado. Siguió arrojando bolas de nieve a su hermana mayor. Gillirna se apartaba la nieve en vano; le empezó a rechinar los dientes, tenía mucho frío y la risa de Tom no ayudaba.
—¡Tú para de reírte! —Gillirna le gritó apretando los puños, pero Tom seguía y a su lado su hermana tampoco se detenía— ¡Pentra! —Gillirna gritó pisando fuerte y siguió diciendo palabras inventadas en ese extraño idioma hasta que una de ellas hizo temblar a su hermana. Se quedaron quietas por un rato.
Tom se les quedó mirando un poco incómodo, deseando poder entrar en sus mentes y saber lo que decían; cuando decidió preguntar una de las bolas de nieve de la hermana pequeña aterrizó en su cara con tanta fuerza que provocó su caída.
Gillirna se empezó a reír y luego de un momento, se puso de un lado a otro a patear la nieve. Ella se acercó a su hermana y le tendió la mano y su hermana la tomó extrañada; Gillirna lo noto.
—¿Qué pasa? —preguntó Gillirna.
—¿Por qué eres tan rara?
Gillirna no respondió.
Tom en el suelo un poco aturdido por el golpe, rápidamente tomó otro de los libros que no conocía para hacer una pregunta.
—¿De qué trata este libro? —dijo con el motivo de evitar una pelea por parte de las niñas, logrando distrairlas. Era un libro con una cubierta dura de color rojo vivo, en la parte de la portaba habia un círculo de líneas gruesas y adentro tenía un extraño símbolo.
Gillirna trajo a su hermana hacía sí para levantarla y la jalo mientras daba grandes saltos (Más grandes que los pasos que podía hacer su hermanita) ocasionando que está se tropezara hasta llegar donde Tom, Gillirna al ser la primera el niño noto como su rostro cambió.
—Oh —dijo de una manera como si se tratara de decepción—. Es uno de los libros que tenía en la casa donde mi mamá vivía.
—Es un libro —dijo la hermana menor con un tono misterioso—. Yo creo que es uno de fillion.
—¿Qué? —Tom miró confundido a Gillirna.
—Es ficción... —dijo Gillirna mirando al cielo molesta y con un largo suspiro—. Es ficción, no fillion —se burló y luego dijo—. Yo creo que es un libro muy raro —evitó mirarlos a los ojos. Después de un rato la hermana menor golpeó a Gillirna con el codo para llamar su atención, y así indicando que le explicará de qué se trataba a Tom—. Uhm... Bueno, es un libro... Uhm. En realidad cuenta sobre... —Hubo un pequeño silencio. Gillirna no quería contar nada de aquel libro; cuando su papá una vez lo recogió y lo leyó, sólo dijo "Que tontería" y lo lanzó detrás por la ventana. Ni siquiera recordaba haberlo guardado para el viaje. Gillirna vio a su hermana atentamente.
—Es el único libro interesante —dijo ahora la hermana menor.
—Ni sabes leer —le dijo Gillirna.
—Si, pe-pero papá no los leyó.—refutó la niña.
—¡Y luego lo tiró por la ventana!
—¡Es extraño! —dijo la niña como si eso fuera una buena defensa para el libro.
—¡No me gusta!
La hermana menor dio un pisotón fuerte y vio a Tom.
—Cuenta lo que hubiera pasado... —dijo la pequeña con un aire misterioso viendo a su hermana y de nuevo a Tom—. Si hubiera pasado una Segunda Gran Guerra.
Tom la miró y cruzó un poco las cejas preocupado. Tal vez no sepa mucho de esos libros como Blancanieves o los 3 mosqueteros, pero su padre le enseñó mucho sobre la historia, y a veces hay partes de la historia que no son bonitas. El niño miró a Gillirna y como ella mostraba todo lo contrario a la emoción de su hermana, ella lo miró a él y supo que tampoco le gustaba nada. Mientras la pequeña siguió hablando:
—No sé leer —Dijo (Algo razonable para su edad)—. Pero nuestro padre... —Se señaló a ella misma y a Gillirna varias veces—. Si, y nos leyó esto para nosotras.
—Solo porque tú se lo pediste.
—Dicen que hubieran existido muchas cosas —Siguió hablando la niña como si su hermana nunca hubiera hablado.
—¿Cuáles?— preguntó Tom intentando seguirle la emoción.
La niña tomó el brazo de Tom, dejando el libro a Gillirna, mientras llevaba al niño a unos pasos cerca del final del techo, en dónde aún se podía ver la escalera por dónde subieron — En vez de anto... antor... anto-to-t-to...
—Antorchas. —le corrigió Gillirna y su hermana solo levantó la mano en el aire.
—Eso, eso... Tendríamos faros con electricidad en vez de eso.
Tom se quedó mirando la calle llena de pequeñas llamas amarilla y azules, preguntándose si no sería lo mismo si cuando llueve las deberían apagar igual para evitar electrocutarse y como se supone que darían calor a las calles con toda la nieve.
—Y ¡Solo! —Siguió diciendo la niña—. Tendríamos carros, autobuses y no caballos.
Tom se quedó viendo las calles con las diferentes carretas <<Pero entonces... ¿Qué harían con los caballos? ¿Dónde vivirían? Pobrecitos>>
La niña siguió diciendo cada cosa que señalaba hasta señalar a Tom. <<¿Yo qué?>>, pensó el niño.
—¡Igual con la ropa! Sería mucho más diferente... —Le indico a la niña sin parar de decir cosas muy extrañas.
Tom no pensaba que eso fuera normal, no había visto a nadie que dijera tantas cosas a la vez. Entonces recordó de qué estaban hablando: Guerras; y lo que trataban estás era nada más que muertes. <<¿Está feliz por muertes?>>, pensó Tom estremeciéndose.
—¿No te parece fascinante? —La niña lo miró a Tom con los ojos bien abiertos; la bufanda se le bajó un poco y dejó descubierto un lunar alrededor de su ojo como una mancha más clara de piel.
Al mirar a su hermana hablar sobre ese tema siempre le daba escalofríos a Gillirna. <<Ella ve ese acontecimiento tan horrible como algo que admirar. No tiene sentido, solo atacar a esa pobre gente sin que ellos les hiciera nada. Yo no le haría daño a nadie.>>, pensó Gillirna, <<Al menos que ellos me hicieran algo primero>>.
—¡Es un libro horrible! —Replicó Gillirna y su hermana volvió a pisotear la nieve varias veces y luego de un largo silencio que incómodo mucho a Tom, vino una ráfaga de viento de la madrugada que les causó tanto frío que a Gillirna le empezaron a castañear los dientes de nuevo, ahora se arrepentía de no haber traído nada más para cubrirse del frío, al menos por el viento su cabello le cubría el rostro como un grueso pasamontañas.
Pero el viento no solo traía frío, sino también era difícil escuchar alrededor. El viento parecía tan repentino que parecía extraño, de un momento a otro solo vino a soplar con toda esa fuerza que podía derribar a alguien, sobretodo a unos pequeños niños sin supervisión
—¡Gilli! ¡Creo que tenemos que volver a casa!
"Pum-Crack".
Se escuchó un fuerte golpe y entonces parecía que el edificio estaba temblando. Tom y la niña más pequeña se resbalaron y cayeron de rodillas mientras Gillirna fue la única que se mantuvo de pie por sus firmes botas verdes a pesar del fuerte viento que parecía querer derribarla, que no venía solo, traía basura consigo, unos papeles grandes; uno aterrizó en el rostro de Tom que solo alcanzó leer "Aliumen" ante de que se le volara de las manos
<<¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Qué pasa?>>, Tom miraba de un lado a otro asustado, <<¡¿Es un terremoto?!>>
<<¿Qué hacemos? ¿Qué es esto? Esto no es justo, quiero ir a casa>> Gillirna sentía que si se movía un poco el fuerte viento la terminaría arrojando del techo, ahora se arrepentía de la idea de escaparse de su casa, no recordaba porque salió por la ventana.
—¡Gillirna! —La niña pequeña empezó a gritar asustada mientras Tom le daba la mano para que no intentará levantar y cayera hacia atrás desde el techo. Gillirna volteo a ver a su hermana, pensó acercarse a ella y correr el riesgo de resbalarse y caer, pero entonces vio el preciso instante en qué los ojo de su hermana se agrandaban con el miedo y levantó una mano y señaló detrás de Gillirna—. ¡¿Qué es eso?!
Tom levantó la vista y Gillirna miró hacia atrás (donde el ruido era más fuerte) y se quitó el cabello del rostro y empezaron a distinguir de lo que hablaba la niña.
Había 2 o 3 siluetas que corrían por nada más que en los techos de los edificios.
—¡Se están acercando! —gritó la niña más pequeña.
Más de cerca las siluetas parecían ser entre 4 o 5 hombres. Los edificios edificios no estaban separados el uno del otro por mucho, algunos parecían más largos que otros, pero otros solo parecían separados por 1 o 2 pasos, antes Tom pensó que eso era bueno para evitar caer, pero ahora se arrepentía de ese pensamiento, porque ahora era menos difícil pasar de un edificio a otro; el edificio más cercano para Tom, Gillirna y su hermana era justo por donde venían las siluetas.
—¡Corramos! —gritó Tom.
Gillirna por algún capricho de los Dioses, no se resbalo además el viento podía ser muy fuerte, pero no temblaba ya tanto y Tom la tomo por la mano también mientras se acercaban al final del techo; sin embargo cuando llegaron, la escalera se encontraba desplomada en el suelo, junto a ella un perro con el pelo muy desordenado la estaba oliendo y luego se orinó encima.
—¡Por ese temblor! —Gillirna golpeó la nieve con una mano—. ¿Ahora que hacemos?
Los 2 más grandes se miraron entre sí, tenían el corazón acelerado, les temblaban las manos y sudaban a pesar de haber nieve, todo por el miedo, que ni se dieron cuenta de que la más joven se escapó hasta que la vieron caerse.
—¡¿A dónde vas?! —gritaron Gillirna y Tom al mismo tiempo.
—¡A las jaulas! —gritó la niña y cuando Gillirna y Tom se acercaron y la ayudaron a levantarse, comentó:—. Es como donde mamá guardaba las palomas en casa... Siempre nos regañaba porque nos escondíamos ahí, podemos hacerlo.
Tenía razón, cuando jugaban a las escondidas o a los piratas ellas solían subir a la parte más alta de su antiguo hogar en Reino Unido y se metían en la jaula con las palomas blancas de su madre, Gillirna solía fingir que estaba loca y le gritaba a su hermana (que fingía ser una policía), que la dejara salir. Una vez sacudió tanto la jaula que una de las palomas le picó la mano y en otra ocasión estaban jugando a las escondidas con su padres y tardaron todo el día en encontrarlos, no fue hasta que Gillirna se molestó y empujó a su hermana contra la jaula con demasiada fuerza y está se puso a llorar a pesar de que Gillirna lo intentaba todo para que se callara y también una de las palomas de defecó a la pequeña encima, que fue que sus padres los encontraron, Gillirna pensó que ya la iban a regañar por molestar a su hermana, pero sus padres estaban llorando y ellos les dijeron que no les volvieran hacer eso; no les dejaron subir al techo después de eso. La única diferencia es que la jaula para aves en casa no parecía tan sucia y oxidada, pero no tenían otra opción. Gillirna se empezó a decirle a su hermana que tuviera cuidado, pero se quedó viendo donde antes había caído la niña, en medio de la nieve había una flor blanca, eso le pareció bonito a Gillirna, pero también súper raro.
—¡Gillirna, vamos! —Tom la tomó de la mano como si fuera su hermana de toda la vida y empezaron a correr.
Ya la hermana estaba abriendo la vieja puerta oxidada de la jaula, no tan bonita y limpia como la de su madre, pero si era muy grandes y cubierta por tablones de madera viejos y nieve (seriamente Gillirna se arrepentía de no haber tomado algo más para abrigarse, así que contra su mejor juicio, ella le quitó el feo suéter extra que tenía su hermana y se lo puso), Tom les advirtió a las hermanas de la parte afilada de metal y se adentraron.
Hubo un pequeño silencio y lo único en lo que Tom y Gillirna tenían fija la vista eran los libros que dejaron regados en la nieve.
—No... —susurro la niña con voz lastimera.
Entonces hubo un gran ruido.
—¡ASQUEROSA RATA!
Los niños se estremecieron al escuchar esa voz tan gruesa como si hablara por un micrófono viejo.
De repente, al frente un muchacho cayó de golpe contra la nieve. La hermana pequeña soltó casi un grito y Gillirna le tapó la boca. El muchacho se intentó levantar, pero puso su peso en su mano, pero está no estaba tocando el techo en sí, sino a la nieve, dejó caer la mano para solo resbalarse, ya que debajo de la nieve, estaba uno de los libros de las hermanas que se deslizó en la nieve derretida arrugandolo y mojándolo (Tom y Gillirna hicieron una mueca al verlo). Desde donde estaban ellos no podían ver su rostro, pero si vieron como él levantó la cabeza y se puso más alerta como si la dificultad para levantarse hubiera desaparecido. Entonces antes de que pudiera levantarse llegaron 3 hombres más. Tom se acercó y vio a través de las rejas como todos contaban con unas ropas de color morado, parecían estar en contra ese muchacho derribado.
—Nos mentiste pequeña mierda —Uno de los hombres le escupió al muchacho en el rostro y Gillirna no pudo evitar hacer una mueca de asco—. Pequeño anormal de mierda —Entonces levanto al muchacho por su cabello negro y lo golpeó.
—¡Ah! —gritó.
Gillirna también casi grita, pero Tom también le tapó la boca y ella para prevenir hizo lo mismo con él.
El sujeto que le escupió volvió a golpear al muchacho de un lado a otro
—¡Ah!... ¡No!... ¡Ah!... N... —Pero entonces, el muchacho recibió un golpe que le hizo mirar justo de lado y fue justo que dejó de gritar, porque vio 3 pares de ojos al otro lado dentro de una jaula para aves. Hizo contacto visual con los 2 mayores.
—¡¿Dónde están?! —grito el otro hombre con la voz grave, pero el muchacho no respondió, siguió viendo a Tom y Gillirna —¡Responde anormal!
<<¿Anormal?>>, repitió en su cabeza Gillirna quien tragó saliva, pero por tener la mano de Tom en su boca y nariz, la niña no lo hizo bien, se ahogó y liberó una tos.
De pronto, el sujeto con la voz gruesa se empezó a voltear y los niños se abrazaron entre sí justamente cuando algo vino de la nada.
"PIA"
-¡AAAHH!
Una ave negra vino de la nada y clavó sus garras en el rostro del sujeto arrancándole un grito de la garganta.
Gillirna abrió mucho los ojos e iba a decir algo, pero recordó que deben quedarse lo más callados posibles, como niños que juegan a las escondidas.
Entonces los otros sujetos de morado se lo quedaron viendo e intentaron auxiliar a su compañero, mientras más aves se acercaban en su contra para hacer las misma actividades: Picotear, morder y rasguñar.
Uno de los sujetos para evitarlas, se estaban acercando más sin darse cuenta y entonces seguro alguno de los niños debió haberse movido porque vio la jaula con increíble interés.
<<No,no,no,no>> A Gillirna le entró el pánico, justo entonces vio su libro de Blancanieves salir volando por el aire y caer en la cabeza de uno de los sujetos.
—¡Bastardos! —grito el muchacho ya de pie, mirando a los sujetos y a la jaula de vez en cuando.
Entonces el sujeto de voz grave que estaba siendo rasguñado por las aves, levantó su bastón y lo golpeó con el sueño, ahí el muchacho se lo quedó viendo.
—¡¿Qué has hecho?!
—¡Maldito anormal! —gritó el sujeto que estaba cerca de la jaula y los 3 niños cerraron los ojos con miedo.
—¡Hijos de perra! —escucharon la voz del muchacho gritar, la pequeña al lado de Gillirna se estremeció por la grosería, pero no abrieron los ojos.
Entonces el ruido de pasos trotando llenó el lugar.
—¡Maldito! —gritó uno de los sujetos más de lejos, su voz siendo opacada por el viento.
—¡Arderas en el infierno! —gritó otro, fue el único que no se puso a correr en seguida por estar viendo la jaula y empezar a correr mucho después de que los demás ya estaban muy lejos, lo cual fue una mala idea, ya que en ese mismo momento todo volvió a temblar.
Gillirna por el susto abrió un poco los ojos y vio el momento exacto en qué por la nieve (al igual que el muchacho golpeado) tampoco vio el horrible libro en el piso, el sujeto pisó el libro, se resbaló y cayó por el techo. Se escuchó un grito y luego un ruido seco, la niña no apartó la mirada del final del techo, no sentía nada, ni pensaba nada, estaba viendo el final del techo en shock.
—¿Qué fue eso...? —preguntó la más pequeña en voz baja, rompiendo el silencio y recordando sin querer a Gillirna de que debía respirar.— ¿Podemos?... ¿Podemos salir ya? —preguntó la pequeña niña.
—Yo creo... Creo que sí. —respondió Tom y por fin Gillirna apartó la mirada del techo y se dio cuenta de que ya no había nadie más. Gillirna empezó a abrir la puerta de forma automática cuando sintió que alguien la jalaba del feo suéter, cedió la vuelta y vio a su hermana.
—Gi-Gillirna... Mi pierna.
Gillirna bajó la vista y vio que efectivamente en la pierna de su hermana había una gran cicatriz.
—Mina —dijo Gillirna con una cara sin expresión por los nervios y luego se escuchó un disparo y menos mal que no estaban ya los demás porque pegaron un tremendo grito.
—Debemos salir de aquí —dijo Tom y eso fue lo que hicieron.
Tom dejó que Gillirna saliera primero y ella se quedó esperando a que Tom sacará a su hermana.
—¿Y sí... ¿Y sí le amarras una de las bufandas en su pierna? —sugirió Tom.
—¿Ah?... Oh, si creo... No se como.
—Yo tampoco... —Pero igualmente Tom tomó la bufanda azul cielo de la niña pequeña y empezó a envolverla alrededor de la pierna de la niña que parecía al borde de las lágrimas.
Gillirna estaba caminando hacia atrás, planeaba gritar por ayuda a todo pulmón cuando sus botas se tropezaron con algo. La niña cedió la vuelta y ahí en el suelo vio 2 cosas: La primera un papel de busca con el nombre "Alfredo Aliumen" escrito en él, pero lo que hizo que le prestará gran atención fue la ilustración del muchacho que había en el cartel
—¡Oigan! ¡Miren, miren! —Gillirna les dio el papel y les susurro —Leán.
Tom miro y susurro:
—Alfredo Aliumen. Se busca hombre de veintitantos años por diferentes robos cometidos y se le acusa del asesinato de un vendedor de talismanes en territorio Ruso e Italiano.
Gillirna no hizo ningún movimiento solo miró de Tom al cartel, justamente a la ilustración de Alfredo Aliumen.
—¿Es el muchacho que los hombres malos estaban golpeando? —preguntó la niña más pequeña y Gillirna asintió.
Entonces Tom se recostó en una caja vieja con la niña pequeña a su lado mientras veía el cartel en su mano y leía "Asesinato" una y otra vez.
<<Es un asesino>>, pensó Tom, <<Pero nos ayudó, evitó que nos mataran ¿Cómo puede ser un asesino?>>
—Tom... —La niña pequeña puso su mano en el hombro del niño—. ¿Estás bie... —Pero la niña no terminó su pregunta, porque se interrumpió a sí misma al ver a su hermana sosteniendo en su mano la segunda cosa con que se había tropezado—. ¡Gillirna!
Tom cedió la vuelta y también abrió mucho los ojos.
—¿Qué les parece? —dijó Gillirna, volteandose con una pistola en la mano de forma descuidada y luego acercó el mango a sus ojos los entrecerró—. Dice... Creada en mil novecientos cuarenta y tres ¡Wow! Ni siquiera yo había nacido —Gilliena se esforzó un poco para cargar el arma. <<Es algo pesada para mi mano>> la niña midió el peso moviendo el arma de un lado a otro como si fuera solo un juguete viejo y no una pistola con el riesgo de volarle los sesos, aunque ella lo sabía, pero es que ella tenía un plan: <<Puedo asustar a mi querida hermana, mi querida Mina. ¡Asustarla de una vez! Para que sepa lo horrible que es todo eso como lo que aparece en ese libro>> Gillirna movió su mano de una a otra y hasta Tom parecía visiblemente más pálido y eso era mucho decir, su hermana se levantó y Tom fue detrás de ella y la detuvo cuando Gillirna movió la pistola de un lado a otro y puso su mano en lo que suponía era donde se debe colocar los dedos y soltó una risa, <<Y además... Es muy divertido asustarlos, sus caras dan mucha risa, y también es muy divertido tener un arma en la mano... No se si eso contradice lo que quiero demostrar>>.
—Ya deja eso —le dijo Tom.
Gillirna se detuvo, lo miro, le sonrío y empezó a mover la pistola de un lado a otro como si su mano fuera un columpio.
—¿O si no qué? —respondió de una forma petulante solo como una niña de 8 años podía hacer y literalmente cada vez más rápido movió su mano con la pistola de adelante a atrás, más rápido, y más rápido, y rápido. Su hermana puso los brazos a los lados, hizo puños a los lados mientras pisaba el suelo enojada y aún así Gillirna no paró y entonces.
"BAM"
Se escuchó un pequeño grito, y Gillirna cayó contra el suelo, soltando la pistola de golpe. Miró a Tom, quien tenía los ojos desorbitados fijos en ella, hasta que se oyó un suave susurro:
—Mina... —susurró la pequeña, de apenas seis años, mientras con ambas manos señalaba la parte izquierda de su pecho, donde se hallaba el corazón.
Las dos niñas intercambiaron una mirada por un instante, y luego la menor se desplomó hacia adelante.