Un día como cualquier otro
El sol entraba por la ventana. Amai se giró en su cama, en la habitación contigua, escuchaba los pasos suaves de Honami. . Siempre cantaba bajito cuando creía que nadie escuchaba. Amai sonrio.
—¿Ya estás despierta? —preguntó Honami, entrando en la habitación.
—Mmm. Apenas. —Amai se sentó en el borde de la cama, peinándose el cabello con los dedos, aún medio dormida—. ¿Es viernes?-
—Jueves. Otra vez lo olvidaste, ¿verdad?- Amai no respondió. A veces los días se le mezclaban. Algunos se sentían iguales. Todos, desde que vivían juntas en aquel pequeño apartamento. Desayunaron en silencio.
—¿Hoy tienes clase? —preguntó Honami sin apartar la vista de la página.
—Sí, pero no quiero ir. —Pausa—. ¿Y tú? —
-También, en unos minutos más guardo mis cosas- Dijo con voz suave.
Amai pensó en decir algo bonito. En contarle que había soñado con ella, otra vez. Que en el sueño caminaban juntas bajo la lluvia sin paraguas y se tomaban de la mano pero no lo dijo. Nunca lo decía. En cambio, se puso de pie, recogió los platos y los dejó en el fregadero. Honami se levantó unos segundos después, cogió su chaqueta del perchero, y como cada mañana, se detuvo un momento frente a la puerta.
—¿Quieres que salgamos juntas más tarde?-
-Si no se te olvida otra vez, sí —respondió Amai, medio en broma.
Honami le sacó la lengua, como una niña. Y salió. Amai se quedó mirando la puerta cerrarse, con un nudo tibio en el pecho. Y el día comenzó. Como cualquier otro.