Capitulo 1: La Apuesta
El primer día de clases en el Instituto San Baltazar era igual de aburrido que siempre... hasta que llegó el nuevo.
Se llamaba Alex, venia venía de otra ciudad era alto, con cabello con negros
y ojos negros tenia 17 años y, según los rumores, vivía en una casa donde antes habían encontrado huesos bajo el piso. Claro, eso lo había dicho Alisson... Allison era pequeña tenia 17 años, cabello naranja, era rara, tenia en su cuello y mano un monto de collares y brasetes con perlas y piedras de colores Alisson decía muchas cosas raras.
Alex entró al salón con su mochila en un hombro y una expresión de “por favor que no me hablen”. Pero el destino fue cruel: lo sentaron justo al lado de los dos más raros del curso.
—Hola —le dijo un chico con gafas gruesas cabello liso, ropa de ñoño ,voz temblorosa y una tablet con calcomanías de robots escondida para que el profesor no se la quite—. Soy Dilan... mucho gusto... ¿Te gusta la química cuántica?
Alex no sabía si reírse o cambiarse de puesto. Al otro lado, Allison la chica pelirroja revolvía unas cartas como si estuviera en medio de una sesión de espiritismo.
—Shhh —dijo ella, sin mirarlo—. Tienes el aura pesada... ¿viviste cerca de un cementerio?
—Eh... no —respondió Alex, incómodo—. Pero en mi casa pasan cosas raras.
Eso hizo que Alisson levantara la cabeza como un cuervo sintiendo tormenta.
—¿Qué tipo de cosas?
—Luces que se prenden solas, puertas que se cierran... y hay una risa. En el segundo piso. Siempre a la madrugada
Dilan tragó saliva. Alisson sonrió como si le acabaran de regalar un cráneo embrujado.
—¡Eso es actividad paranormal! Claramente un ente atrapado entre planos. ¿No sientes que alguien te observa?
Alex abrió la boca para responder, pero una risa estalló detrás de ellos.
—¿De verdad están hablando de fantasmas?
—se burló Daniel, el chico popular del colegio
—. ¿Y tú les crees, nuevo?
Daniel era guapo, deportista, y tenía la misma humildad que un espejo de gimnasio. Siempre estaba rodeado de otros chicos populares... ademas siempre se burlaba de Allison y Dilan por ser raros.
—Lo digo en serio —respondió Alex.
—Y yo digo que es pura tontería. Fantasmas, ovnis, pie grande... son inventos para vender camisetas y programas en YouTube. Pero si estás tan seguro... hagamos una apuesta.
Alisson entrecerró los ojos.
—¿Qué tipo de apuesta?- dijo Allison
—Si en la casa del nuevo hay fantasmas, te doy 50 dolares. Si no, tú me los das a mí.
-Acepto dijo- Alisson, ya sacando su péndulo.
con una sonrisa. Aunque lo que no dijo era que él planeaba fingir un "ataque fantasma" para asustarlos y reírse en su cara escondiendo una mascara de payaso.
Esa noche, cuatro figuras se reunieron frente a una vieja casa de dos pisos, con ventanas que parecían ojos cerrados.
Alex, Alisson, Dilan y Daniel.
Dilan no dejaba de temblar.
—Yo no quiero entrar... en serio... tengo miedo a los fantasmas
—Tú vienes —dijo Daniel, empujándolo—. me aguantas todo el día estúpido nerd
—Esto va a salir mal... —murmuró Dilan.
Alisson ya estaba preparando su “kit de protección espiritual”: cartas de tarot, una vela eléctrica, sal marina y una piedra que “vibra con los muertos”.
Alex solo cargaba una linterna.
—Mi mamá cree que estoy en la casa de un amigo. Técnicamente no está del todo mal.
Daniel sonrió, revisando su celular y su máscara blanca de payaso, lista para su gran broma.
La casa era aún más espeluznante por dentro. Crujía, olía a polvo viejo, y cada escalón sonaba como si fuera a romperse. Subieron con cuidado después de explorar el segundo piso, entre polvo y crujidos, Daniel se había alejado por un pasillo. Iba a poner su máscara de payaso y asustarlos…
Pero entonces, algo lo encontró primero.
Minutos después, reapareció por las escaleras con una sonrisa.
Demasiado amable. Demasiado… tranquilo.
—¿Todo bien? —preguntó Alex.
—Sí —dijo Daniel, con una voz más suave de lo normal
—. Solo estaba viendo una habitación… creo que esta casa es más interesante de lo que pensé.
Dilan frunció el ceño.
—¿Estás bien? Te ves... raro.
Daniel le puso una mano en el hombro.
—Claro que sí, amigo. ¿Por qué no te relajas un poco? Esta noche puede ser divertida.
Dilan se quedó congelado. Daniel nunca lo llamaba “amigo”. Ni siquiera por error.
Alisson, que giraba su péndulo, lo miró con desconfianza.
—¿Tú crees que esto es divertido ahora?
Daniel se acercó a ella. Sonrisa cálida. Ojos brillantes.
—Tienes razón, Alisson. Me equivoqué contigo. Eres… especial.
Ella dio un paso atrás. Eso sí era extraño. Daniel la había llamado de todo, pero nunca “especial”.
Alex lo miraba fijamente.
—¿Y tu máscara? ¿No ibas a hacer una broma?
—¿Qué máscara? —respondió Daniel, parpadeando con confusión—. Yo no traje ninguna.
Silencio.
Entonces se escuchó un sonido desde el baño…
Un susurro…
Y una risa, exactamente igual a la de Daniel, saliendo del espejo roto.
Todos giraron hacia él.
Daniel seguía sonriendo. Pero ya nadie confiaba en esa sonrisa.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Dilan, temblando.
Daniel los miró uno a uno. Y dijo, con esa voz amable, pero vacía:
—Tenemos que quedarnos. La casa… quiere que estemos juntos.
Alisson agarró la sal. Dilan casi se desmaya.
Y Alex, ahora sí, supo que algo muy malo acababa de empezar.