Herencia de sombras

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Summary

Una sola chispa puede encender la guerra. Una sola chica puede cambiarlo todo. Storm siempre ha sido diferente... pero ni siquiera en sus peores pesadillas imaginó ser la última de una especie extinta, marcada por un poder que todos codician y que nadie entiende. Desde que era niña, algo -o alguien- la ha estado observando. Cuando intenta escapar de esa sombra que la asfixia, termina en las garras de Callum Wilson: un hombre lobo alfa, tan atractivo como peligroso, que afirma estar ahí para protegerla. O secuestrarla. Detalles. Encerrada en su territorio, rodeada por criaturas que no deberían existir, Storm descubre que su pasado está lleno de secretos, su sangre vale más que su vida y su conexión con Callum es todo menos normal. Un vínculo antiguo, salvaje y ardiente los une... y está a punto de explotar. Entre traiciones, pasiones prohibidas y enemigos que acechan en la oscuridad, Storm tendrá que decidir en quién confiar: en el monstruo que la encerró... o en el fuego que arde dentro de ella.

Genre
Fantasy
Author
aina
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Copo de nieve

Algo me vigilaba. Lo sabía. Lo sentía.

Un par de ojos seguía cada uno de mis pasos. No importaba a dónde fuera; siempre estaban allí, clavados en mí.


Daba igual cuántas vueltas diera, lo minuciosa que fuera revisando la casa cada noche. Me aseguraba de que las puertas y ventanas estuvieran bien cerradas, de que nada ni nadie pudiera entrar...

Y aun así, cada mañana, encontraba una ventana abierta.


Aunque sonara loco, algo dentro de mí susurraba que aquella presencia no quería hacerme daño. Pero, ¿cómo confiar en una voz en mi cabeza?

¿Qué sentido tenía colarse en la casa de alguien y no tocar nada, no llevarse nada?

Por más que lo pensara, no encontraba explicación.

¿Quién, en su sano juicio, se tomaría la molestia de seguirme, vigilarme, y luego marcharse sin dejar rastro?


Suspiré, intentando calmar mis nervios. Salí al jardín -aunque en realidad no era un jardín. La parte trasera de mi casa se fundía con el bosque, pero a mí me gustaba llamarlo así.


Alcé la vista. El cielo azul se extendía sobre mí, y las nubes flotaban, lentas, como si el tiempo se hubiera detenido. Cerré los ojos por un momento, disfrutando de la brisa fresca, cuando un gemido suave y lastimero me sacó de mi trance.


Abrí los ojos y lo vi: un pequeño lobo, enredado en los arbustos a unos metros de mí.

Me acerqué despacio, cuidando cada paso para no asustarlo.

Sus ojos grandes y asustados me miraban suplicantes. Con suavidad, aparté las ramas que lo atrapaban. Al liberarlo, noté que cojeaba: se había lastimado una de sus patas delanteras, probablemente al forcejear.


Con cuidado, lo tomé en brazos y lo llevé dentro de la casa.


Lo acomodé en el sofá, cubriéndolo con una manta que contrastaba con su pelaje blanco como la nieve. Corrí al baño a buscar el botiquín. Cuando regresé, el pequeño lobo estaba acurrucado, observándome con sus ojos tan azules como un lago en invierno.


Curé su pata con delicadeza, limpiando la herida y vendándola.

Después le ofrecí un trozo de carne de la nevera y un cuenco de agua.

El cachorro comió con hambre, y yo sonreí, sintiendo una calidez inesperada en el pecho.


Cuando terminó, abrí la puerta y caminé con él en brazos hacia el borde del bosque.

Lo deposité suavemente en el suelo. El lobo me miró una última vez, con esos ojos que parecían prometer un secreto que yo aún no entendía.


-Adiós, Copo de Nieve -susurré, acariciando brevemente su cabeza.


Sin hacer un solo sonido, el pequeño lobo se adentró entre los árboles hasta desaparecer de mi vista.