RESIDUOS DE BASURA
¿Puede haber alguien verdaderamente malo en el mundo? Alguien que supere la conciencia, admita, auto perciba y reconozca que es una mala persona, solo podría recibir una compensación eterna si la hay. No es necesario hacer las cosas bien porque al mundo no le importa, nadie podría asegurar que existe un castigo para la maldad pura ni una recompensa por la bondad innata o la buena voluntad momentánea.
Si eres un niño conoces la maldad a la perfección, sin consecuencias y sin remordimientos porque la justificación no la darás tú la dará alguien más. — Descuida, es solo un niño no sabe lo que hace.
Durante la adolescencia se puede experimentar con todo su esplendor, puede disfrutarse sin culpa. — No hay seriedad en lo que hizo, es inmaduro todavía, así son todos los adolescentes, entiéndelo.
Llegar a la adultez solo es cuestión de saborear lo dulce en secreto, tomar errores, culpar, ofender y manipular los hechos a voluntad. Fingirían ignorancia convenciéndose de que siempre tienen la razón en la boca. —No nos estamos entendiendo, yo sé que quien se equivoca no soy yo.
Salo, podía vencer esa barrera limitante, el saber que no hay una fuerza que lo castigue es lo que mantiene su propia cosmovisión de vida: Si alguien te golpea el hombro, tu golpéalo hasta que no puede levantarse, quema su casa y maldice su nombre porque no habrá nadie, ni una sola fuerza suprema o mayor que te de justicia. Si haces una buena acción creyendo que te será devuelta en el futuro eres crédulo, tonto inmundo, la maldad en esa acción que haces con interés no se te devolverá hasta que posiblemente estés bajo tierra, pero, la vida da muchas vueltas, no hay extremos de por vida, las cosas buenas y malas que te pasan muchas veces no son por el resultado de tus acciones; así que no esperes nada.
Entre la multitud de gente un joven patinaba con un helado en la boca a primera hora de la mañana laboral y estudiantil, esquivando con sus ruedas de un lado a otro como serpiente, hay mucha gente desagradable por las calles: vendedores, estudiantes, asalariados, mendigos, indigentes, borrachos y ladrones; todos ellos huelen tan mal como una alcantarilla abierta, oír hablar a esa multitud es un taladro perforando los oídos porque no pronuncian bien las palabras, tener acento es una basura completa en la lengua y garganta. Es por eso que hay alguien mirándolos por encima del hombro.
Al llegar a la escuela Salo levanto su patineta y se la entregó al portero para que se la guardara.
Mientras caminaba rumbo al coliseo para escuchar el discurso de inicio de jornada sintió como un brazo le enroscaba el cuello de forma amistosa y al instante supo quien era, no se apartó, solo empezó a caminar más lento para terminar su helado que estaba derritiéndose a toda velocidad.
— ¿Esa boca no puede decir buenos días?
Botando el palo al basurero con una buena puntería dijo desganado — Hoy tendrás que cubrirme para dormir las primeras clases y también cópiame los ejercicios que den, me sentare a tu lado.
Con una mueca se apartó de Salo para formar en la fila que era por estatura — Ni creas, cuando se da cuenta a mi noma' me hace bronca, sobre todo el profe de matemática.
— Mira que tan mal están mis ojeras, no pude dormir anoche porque el aire acondicionado de mi casa se arruino, me estuve deshidratando cada vez que cerraba los ojos, para colmo mi ventilador lo deje en la casa de Sandra, no durare mucho tiempo despierto, sabes que solo con que ese profe habrá la boca hace que me de sueño automáticamente.
— Dile al Fabi como siempre, de seguro acepta.
Tomando sus hombros dijo — No Marce, ese «opa» no va a querer, sigue con su jeta desde ayer, ni siquiera me responde los mensajes.
Con desconcierto Marcelo pregunto — ¿Ahora que le hiciste? Sabes como es, no entiendo porque lo haces enojar y eso que el Fabi es la persona más paciente que conozco.
Con rechazo a lo que dijo no le quedo de otra que elevar su voz sin quitarle la vista a Fabián que era el primero en la fila, su espalda estaba erguida y a veces podía ver de perfil cuando miraba a un lado, siendo ejemplo para que sus compañeros que eran como un rebaño, formaban detrás de él.
— Como siempre yo tengo la culpa de que se ofenda muy rápido, ayer después de terminar de hacer el trabajo de biología el saco su nuevo videojuego y me quede en su casa unas cuantas horas más…
Marcelo lo interrumpió con un tono de burla — ¿Hicieron? Para mí que lo dejaste haciendo tu parte del trabajo también.
Ya veremos cuando den las notas si ese «opa» tiene más crédito que yo, bueno, después de eso su madre trajo dos vasos de jugo de naranja muy agrios y un pastel mediano que estaba entero, lo corto ahí mismo dando una rebanada a cada uno y se fue, después le pedí que trajera otra rebanada para repetir porque el jugo estaba ácido y cuando regreso el muy «opa» me dijo que la cerda de su mamá se lo había tragado todo ella sola, no entiendo porque tiene que joder a sus invitados de esa forma.
Casi queriendo chocar la frente con la mesa, Marcelo le reclamo — Tu lengua se pasa de larga, estas en una casa ajena y ya te dieron la cortesía, no entiendo porque siempre te metes con su mamá, si ella te trata bien desde que somos niños, además, no puedes decirle eso a quien te copia en la mayoría de los exámenes.
— No solo le dije eso, se enojó cuando le recordé que por eso su padre lo abandono, porque ya no podía soportar a la cerda de su mamá, mentiras no le dije, así que después me hecho a la calle cuando el sol estaba en modo horno afuera, yo tampoco tengo ganas de hablarle.
Después de tanta charla y con todos ya formados una profesora los silencio para que se callaran, Salo, soltó los hombros de Marcelo para formar correctamente, no sin antes decirle una última cosa al oído — Aun así, hoy me siento a tu lado.
A veces no entendía que se traían contra el sí solo era sincero, lo que le parecía estúpido era estúpido, quien era fea era fea, quien era gorda era gorda, no podía cambiar la realidad de los adjetivos calificativos.
Cuando el discurso de inicio de jornada termino subieron a su curso a paso lento, ese día le tocaba ser quien abriera todas las ventanas por su número de lista lo cual le fastidiaba, comenzó a quejarse con Marcelo en voz alta para que lo escucharan todos cuando terminó de hacerlo.
— ¿Por qué la inútil de la presidenta no hace algo bien? Se supone que invento esa regla para que ella o alguien de nuestra mesa directiva no tenga que cumplir con su deber.
Dándole un pequeño golpe en la nuca, Marcelo vio que la presidenta de curso volteo con los ojos dando una expresión de desagrado así que lo reprendió en voz baja — Cuida lo que dices, sabes bien que todos debemos abrir las ventanas y recoger el desayuno por orden de lista, ni que fuera todos los días.
Salo también se dio cuenta de que ella volteo, pero no le importo y siguió — Oye Marce, entiendo que esa pulga te guste, pero, hay que ser críticos con quien nos lidera, ¿no escuchaste eso del discurso de hoy?
Noto que Marcelo tenia cara de: Una palabra más y recoges tus dientes del piso.
Sin dar tiempo de que la situación avance el profesor llego para dar el respectivo saludo, el vicepresidente ordeno a todos ponerse de pie en voz alta y comenzar con la oración del día.
— Ya llegó el estimado señor cara de asno.
Después del saludo fue obligado a fingir que oraba, para sí mismo solo cerraba los ojos moviendo los labios sin emitir sonido, juraba que si se reía en media plegaria saldría en las noticias con el encabezado largo de: “Estudiante de dieciséis años es asesinado por su profesor, un resentido fanático religioso en medio de la clase”
— ¡¡¡Amén!!!
Todos tomaron asiento sacando el libro de texto con un mini pizarrón para resolver ejercicios y ganar puntos extras.
Cada cinco minutos Marcelo verificaba que Salo no se quedará dormido a su lado, cuando lo veía siquiera entrecerrar los ojos le punzaba el brazo con su bolígrafo manteniéndolo despierto, su plan funcionó casi al terminar su clase, solo faltaban quince minutos.
Salo le dijo en voz baja — Ayúdame a tener una participación al menos.
Rodando los ojos Marcelo le compartió su pizarra para que se copiará.
El profesor habló — Ya terminó el cuarto tiempo, levanten sus pizarras los que ya acabaron.
Sonriente, Salo levantó la pizarra con ambas manos posándola sobre su cabeza, por orden de fila cada estudiante le mostraba los resultados al profesor mientras el anotaba los puntos extras de participación.
Mostrando su pizarra dijo en voz alta: — Mi procedimiento saco 4x soy Marcelo número nueve de la lista.
Cuando fue su turno Salo levantó la pizarra al frente mostrándosela al profesor — Yo saqué 4x soy Salo número veinte de la lista.
El profesor se quedó mirando su ejercicio hasta que de manera escalofriante se levantó de su escritorio y se acercó a su asiento a paso lento sin quitar la vista de su mini pizarra.
— Tú procedimiento está mal y aun así te salió el mismo resultado ¿Cómo lo hiciste?
Con la mente en blanco, sin saber que decir y con todos sus compañeros en silencio expectantes solo pudo mirar a su amigo con cara de auxilio.
Marcelo en su interior solo podía sentir pena ajena por él — “¡Idiota! Si vas a pedirme ayuda al menos aprende a copiar bien ¡Más opa no puedes ser carajo!” — Desvío la mirada para no verlo, desde el asiento de adelante en primera fila Fabián esperaba que se salvará de alguna manera.
— Si no me respondes eso quiere decir que te has copiado ¿De quién?
Normalmente no tendría problemas con delatar a Marcelo señalándolo al instante, pero si ya tenía a Fabián enojado no podía darse el lujo de hacer enojar a Marcelo y más porque en dos días tenían exámen de mecánica.
— Nadie me copio, vi a propósito el pizarrón de mi compañero de al lado sin que se diera cuenta.
— Ya veo ¡Atención todos, pasaremos los últimos ocho minutos de la clase viendo a su compañero correr tres vueltas por todo el patio!
Al escucharlo se sorprendió protestando — ¿Por qué tres vueltas?
— La primera por copiarle a tu compañero, la segunda por intentar mentirme y la tercera por cambiarte de asiento, crees que no me di cuenta, tu sitio es adelante en la primera fila.
Al verse acorralado no le quedó de otra que salir bajando por la barandilla, el sol estaba en su máximo esplendor con el cielo celeste sin ninguna nube acompañando su inmensidad, correr bajo ese sol abrazador era una tortura inhumana, no paraba de maldecir a su profesor con todas las groserías que se le ocurrían en su mente.
Todos sus compañeros salieron a verlo en la baranda junto al profesor, Marcelo y Fabián hablando entre sí apostaba a que se burlaban de él. Con lo inmenso que era el patio supuso que cuando terminará sería un pollo rostizado, bastaba estar un minuto afuera para sentir la piel quemando — A puesto a que la menopaúsica de su esposa lo está engañando con algún vagabundo y por eso se desquita conmigo, claro, como de seguro la tiene pequeña no satisface ni a una vieja. — Antes de terminar la tercera vuelta el timbre de cambio sonó y muchos salieron de un salón para pasar educación física, ahí es cuando vio a toda una fila de niños de tercero viéndolo con curiosidad, de entre esa multitud pudo ver a una de sus ratas, era la grasienta. Cuando por fin termino ya pudo subir de regreso.
Apenas tuvo energía para regresar a su salón, sobrevivió como pudo a la siguiente clase, pasado el tiempo toco el timbre de recreo.
En uno de los bancos cerca de los barandales estaba recostado en los muslos de Fabián y con los pies encima de Marcelo, tenía un cuaderno en la cara cubriéndolo, no mentía cuando decía que estaba deshidratado, pero justo cuando iba a pedirle a Fabián que fuera a comprarle un vaso de «somó» el cuaderno fue quitado de encima, pudo contemplar un rostro armonioso.
— Mi guapurú ¿Qué haces acá? Se supone que nos veríamos en el patio de abajo. — Para su buena fortuna ella le extendió un vaso de «somó» frio junto a un «cuñape» sacándole una sonrisa.
Con algo de pereza se levantó haciendo espacio para que ella se sentara al lado de Fabián muy apegada a su hombro. Al terminar de acomodarse ella lo beso , sosteniendo su mejilla por unos segundos hasta que se separaron.
— Hoy casi muero rostizado y deshidratado, no vieras como me puso a correr el asno del profesor.
Muy preocupada pregunto al instante — Te hizo correr con tremendo calor que hace ¿Por qué? ¿Qué paso?
En ese momento Marcelo intervino — Porque no sabe copiar bien ni aunque yo le ponga las respuestas en bandeja de plata, dale un golpe Sandra, se lo merece.
Ignorado lo dicho Salo lo miro de reojo y agrego — Mas bien fue porque alguien tiene una letra de indigente iletrado que no alcance a ver bien.
Sandra sabía que ese tono en la voz de Salo pronto se transformaba en gritos este en donde este por lo que trato de apaciguar la situación con una pequeña intervención por lo que muy animada dijo — Mi guapurú, vamos a la tienda un rato, quiero comprar chicle, se me olvido. — Lo llevo de su brazo para que caminaran juntos.
Ambos amigos dijeron — Llévatelo, no nos importa, hasta luego, Sandra.
Su novia era de cabello claro, largo con flequillo y ondulado con un cuerpo aceptable, lo único que no toleraba de ella era el como hablaba, para el tenía el acento de una prostituta que vivía en una casa de tierra, tan ordinaria que se avergonzaba de ella cuando abría la boca.
Ella tenia mucho cuidado al hablar con él, y suavizaba la voz para llegar al tono que le gustaba escuchar, como si asesorara cada expresión — Salo ¿tienes entrenamiento en la cancha mas rato?
— Si, no es necesario que me esperes porque saldré otra media hora tarde.
— No debes estresarte demasiado, está bien que te permitas faltar si estás muy ocupado, debemos estar libres para nuestra cita de la próxima semana, ahora que cumpliremos diez meses desde que…— Ya no la estaba escuchando, con la iluminación del patio y ahora que su vista se recuperó noto que los rastros de acné no se le habían quitado del todo por lo que se apartó unos centímetros.
— Hasta que no se te termine de borrar la sarna de la cara no pienses que te llevare a ningún sitio, no me digas que te apareciste frente a mis amigos con esa cara.
Ella sostuvo su mejilla diciendo desconcertada — Me cubrí con algo de maquillaje, solo falta poco para que se desaparezca, no pensé que te importaría tanto.
— Te lo dije muy claro, me da asco, encima te bese hace rato, ya me terminaste por arruinar el día, mejor lárgate a lo que sea que tengas que hacer, me voy a entrenar, no quiero verte hasta que se te borre la sarna del rostro.
Que se fijara tanto en las imperfecciones era manía de hace varios años, es lo primero que nota cuando ve a una persona, esta vez logro no darse cuenta hasta después de un buen tiempo, asqueado fue a cambiarse y entrenar en la primera fila, justo antes de comenzar el profesor hizo que todos se reunieran en un círculo para darles una noticia.
— Aquí quiero ver su pasión por el deporte y sé que todos tienen un buen desempeño en la cancha, pero el director me ha informado que muchos de los que están en el equipo que son de diferentes cursos están descuidando otras materias. Dicen que los entrenamientos les quitan tiempo y lo ponen de excusa para no presentar sus tareas, si seguimos así, lo siento, pero los voy a sacar del Futsal.
Era obvio que se refería a él específicamente, los ojos clavados en el eran signo de: — Al primero que votaré será a Salo y quiero que todos lo sepan.
Podría asegurarse de sacar testosterona si tan solo la rabia no escalara por todos los pequeños detalles no se transformarán en una bola de enojo a punto de estallar todos los días provocando que solo quiera desquitarse con alguien.
Cuando el entrenamiento termino ya no tenía ganas de regresar patinando a su casa, no le quedo de otra que tomar el autobús para regresar, por puro milagro una persona se bajó y alcanzo a tomar el asiento vacío, sentándose mientras comía semillas de girasol saladas, escuchando música con audífonos.
— Joven ¿Podría cederle el asiento a la señora y a su niña?
Pausando la música miró al señor que le hablaba con sus ojos profundos y despreocupados.
Su voz en un tono alto y divertido resonó en los oídos de todos — No, gracias por preguntar.
Tanto el señor y la señora se les desencajo la mandíbula al oírlo, aún más a la señora que olía a perfume barato y bestia de mal gusto. Con desconcierto el señor se agarró la barbilla y le increpo — Eres un maleducado, no ves que la señora es una mujer mayor y encima viene con una niña, tú te ves muy joven y en forma, no te cuesta nada pararte y ser un caballero, se nota que tú mamá no te ha educado bien o, es más, no debes tener de seguro.
El señor intento tomar su brazo, pero no se dejó.
Apretando los dientes se levantó, no para ceder el asiento si no para demostrar que era aún más alto que el hombre que lo reprendía.
— Escúcheme mi estimado señor cara de asno con sida, con mi madre no te metas soy el único que molestas habiendo tantas personas alrededor y está mujer no se ve tan mayor como para estar pidiendo asiento. “Mami” me enseñó a que el que se sienta es quien llega primero, ella si es educada y no molesta a la gente cuando encuentra el bus lleno, con su permiso, buenas noches mula.
Procedió a volver a sentarse y fingir dormir a gusto salvó que todavía era tarde con el sol iluminando su rostro.
Todos son molestos, todos son basura, la gente que lo rodea es peor que moscas volando por su alrededor, odia los ruidos que hacen, su forma de vestir, trata de contener la respiración a veces porque todos huelen a putrefacción y desechos más al abrir la boca mostrando sus dientes amarillos con gingivitis.
Pronto recordó que ese día su maestra había hecho una pregunta muy interesante en clase, desde su asiento rayaba su libro dibujando bigotes a las imágenes de las mujeres y pechos a las imágenes de los hombres; su atención se redirigió a la profesora cuando dio un anuncio.
— ¿No les molesta la pobreza?
De inmediato levanto su cabeza asintiendo con la cabeza.
— En nuestra ciudad es una problemática creciente por lo que el ministro de educación manda una convocatoria a los jóvenes, deben redactar una propuesta o solución para combatir la pobreza, presentare las cinco mejores de la clase y todos deben hacerla porque es el proyecto final, vale tres casilleros completos así que tómenselo en serio.
No sabía cómo decírselo, pero, a nadie le importaba, sus compañeras se maquillaban en medio de la clase, sus compañeros están jugando con sus celulares en el fondo y a los únicos que mínimamente podrían sentir un gramo de interés eran cinco personas de las treinta tres, si no lo hubieran puesto sentado adelante hubiera estado jugando videojuegos en los asientos de atrás. Volteo la mirada para ver con desprecio a la gente dentro de ese autobús y supo que era lo que debía hacer.
Llego a su casa, saludando a su madre y hermano menor que comían kiwi picado mientras veían juntos la televisión, entro a su habitación para cambiarse encendiendo la radio, la música ceso para dar a conocer un anuncio interesante: — Interrumpimos la programación de música alternativa para que conozcas la buena noticia de la semana, la marca “Deliciosa” lanza una promoción imperdible como cada año, en cada palito de cualquier helado habrá un mensaje escrito en el que te indicara que ganaste otro helado, una bicicleta o un auto, como lo escuchaste, si no te sale nada descuida, sigue participando.
Cambiándose de ropa su atención se dirigió a la radio cuando escucho la palabra auto — Que más da, seguramente el auto no lo gana nadie y máximo solo te duplican el helado, me gustan más los helados de Pandi.
Escribió su propuesta que sin duda no pasaría desapercibida en la clase, escribiendo tan rápido como si la idea incrustada en su cabeza fluyera en la hoja, en eso se resumía su vida, algo patética para sus estándares: pelear con sus amigos, copiarse las tareas de todas las asignaturas, recibir llamadas de atención por parte de los profesores, intimidar a compañeros menores que él, hacer sentir mal a su novia e insultar y maldecir cada vez que podía. todo lo que hacía no podía hacer que se sintiera mal consigo mismo.
Se quedó dormido el resto de la tarde por su falta de atención hasta que su madre lo llamó para la hora del té.
Bajó somnoliento a paso lento saludando a su papá que había llegado de su trabajo.
— No debes dormir fuera de la hora, luego se te desordena el horario y en la escuela estás sin ganas de hacer nada.
— Está bien papá— dijo acomodándose en la silla — llegue muy cansado.
Su hermanito dirigía las miradas de los tres mientras contaba lo bien que le había ido con su dinosaurio de plastilina.
— Le hice el cuello muy largo y me preste pintura morada y verde de mi amigo, a todos les gusto, me quedo muy bonito.
Masticando su sándwich de palta Salo pregunto — ¿Y dónde está? quiero ver que tal te quedo.
Negando con la cabeza su hermanito dejo de tomar de su matero para responderle — La profesora lo guarda con los demás en su depósito, no nos los podemos llevar.
Pronto su madre le acaricio la nuca felicitándolo — ¡Qué bien, mi cielo! todos quieren a nuestro Ramirito.
El pequeño sonrió entusiasmado, era muy alegre, no había duda de que todos lo quisieran, maestras y compañeros lo adoraban, solamente tenía seis años y ya conquistaba miradas.
A sus ojos su hermanito era a niveles lejanos y tridimensionales el ser más puro que puede existir en la tierra en comparación a otros niños de su edad o ha como era a esa edad, si tan solo fuera creyente de alguno de esos circos creería que Ramirito era la encarnación de Jesucristo en persona.
Es todo lo contrario a él, ni siquiera sabe en qué escala tan alejada estarían si las personas fueran separadas según que tan buenos o malos eran, quizás Ramirito estaría hasta la cima de la escala, en cambio Salo reconocería que estaría en los límites de lo más bajo, pero que se podía hacer, ese pequeño estaba frente a él en la mesa degustando su pan con palta y queso sin saber que lo rodeaban alabanzas en secreto.
— Salo habrás hecho tú tarea para mañana.
Todavía masticando respondió — Si, no me queda más para hacer. — Dio las gracias y se fue a dormir con total tranquilidad, sin problemas grandes.
En casa no sabían que el día antes, días antes, la anterior semana, el mes pasado, el año pasado, el anteaño pasado, mañana, pasado mañana, la siguiente semana, el siguiente mes y quizás el siguiente año, tenia como actividad favorita torturar física y psicológicamente a dos compañeros de escuela de grado inferior, tenia a su primera denominada victima grasienta y a su segunda denominada victima comunista.
Miro la ventana pensando en la dinámica del día siguiente — Ayer la rata comunista tuvo buen rendimiento para reventar los insectos con la cabeza de la rata grasienta, debería repetirlo mañana pero al revés, seguramente le gustara comer los bichos del piso.
No hay motivo para hacer daño, simplemente no hay nada mejor que hacer.








