Capítulo 1: Primer paso en la arena
El sol pegaba fuerte en la pista de aterrizaje de la isla Melemele, pero no tanto como para incomodar. Más bien, era ese tipo de calor envolvente que parecía invitar a quedarse, a respirar despacio.
Élise bajó del pequeño avión con paso medido, como si pisar tierra firme después de tanto encierro fuera una prueba que no había estudiado. A su lado, un Eevee de orejas caídas olfateaba el aire cálido con desconfianza.
—Alola… —murmuró sin saber muy bien a quién se lo decía. Tal vez al viento,ez al Eevee, tal vez a sí misma.
En el borde de la pista la esperaba una mujer de rostro redondo, vestido floral y mirada brillante. Anela, la hermana mayor de su madre, no la veía desde que era niña. Pero ahí estaba, agitando una flor de hibisco como si fuera una bandera de bienvenida.
—¡Élise! —gritó con voz alegre—. ¡Mira qué alta estás! ¡Eres toda una entrenadora!
Élise hizo un amago de sonrisa. Su tía hablaba como si no notara la mochila pesada, la venda asomando bajo el pantalón, o el Eevee que caminaba muy pegado a sus tobillos.
Pero tal vez eso era lo bueno.
—Gracias por recibirme —dijo con voz baja, y Anela no preguntó nada más.
El trayecto hasta el hogar fue tranquilo. Élise se dejó llevar por la vista: palmeras balanceándose con el viento, niños corriendo descalzos, Wingulls revoloteando cerca de los tejados. Alola no se parecía en nada a Kalos. No había edificios de piedra ni relojes de torre ni calles ruidosas. Solo mar y tierra abierta.
La casa de su tía estaba en lo alto de una colina. Había muchas ventanas, muchas plantas y muchas cosas hechas a mano. Todo olía a madera tibia, fruta madura y lavanda. Eevee saltó a un cojín sin dudar, como si hubiera decidido que ese lugar sí le parecía bien.
—Te dejé la habitación del fondo —dijo Anela, guiándola con una sonrisa serena—. No te preocupes, no hay reglas estrictas aquí. Pero sí hay desayuno a las siete.
Élise soltó una risa suave, casi sorprendida por su propio sonido. Anela guiñó un ojo y se fue.
Ya sola, la joven dejó la mochila en el suelo y se sentó en la cama. Observó su reflejo en el espejo: rostro serio, cabello desordenado por el vuelo, y los ojos… bueno, los ojos ya no eran como antes. Pero estaban ahí. Y eso contaba.
Eevee se subió a su regazo y se enroscó, dejando escapar un suspiro largo. Élise acarició su lomo con suavidad, sin decir nada. No hacían falta palabras.
Desde la ventana abierta, entraba la brisa del mar. Y por primera vez en mucho tiempo, ese aire no le dolía al respirar.
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Poke-Fic OSI OSI
La tía es la seño que en el anime le daba frutas a litten que posteriormente sería de Ash.








