Fuego y Furia: amantes de la nobleza

Summary

La trama fan-fic de la serie juego de tronos, le da un enfoque diferente a algunos personajes, siguiendo un romance prohibido entre un Barateon y un Targeryan, además de añadirle nuevos enfrentamientos y batallas que te dejarán deseoso de más.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter I.- El ciervo y el dragón

El eco de pasos resonaba en los pasillos desiertos de la Fortaleza Roja. Era tarde, y solo los murciélagos y algunos susurros atrevidos se atrevían a vagar por los muros de piedra.Robert Baratheon entró sin anunciarse en la sala de los tapices, con el pecho aún sudado tras una noche de vino y mujeres. Su risa gruesa se apagó cuando lo vio: Rhaegar, solo, de pie ante una chimenea, con los ojos clavados en las llamas.


—¿Tú aquí? —gruñó Robert, cruzando los brazos—. No pensé que los dragones se arrastraran tan silenciosos.


—Y yo no pensé que los ciervos supieran encontrar la entrada sin derribar la puerta —replicó Rhaegar sin mirarlo.


Robert se acercó, con la sonrisa torcida de quien está a medio paso entre la burla y la violencia.


—¿Qué haces solo, príncipe? ¿No deberías estar componiendo otra de tus canciones para alguna doncella inocente?


Rhaegar giró apenas el rostro. Sus ojos brillaban oscuros, pero tranquilos, casi peligrosos.


—¿Y tú, Robert? ¿Cuántas amantes más necesitas para llenar el vacío que nunca confiesas?


Eso lo hizo callar por un segundo. Luego Robert soltó una carcajada grave.


—Eres más ácido de lo que pareces. Pero sabes qué... me intrigas.


Hubo un silencio pesado. El fuego crepitó. Ambos hombres se estudiaron. Había tensión, sí, pero no de la que sus ejércitos habrían esperado.


—No viniste solo a hablar, ¿verdad? —dijo Rhaegar, su voz baja, más cerca, más firme.


Robert tragó saliva. No lo admitiría. No esa noche. Pero tampoco retrocedió.


—Las mujeres hablan de ti como si fueras poesía viva —murmuró Robert, con una sonrisa ladeada—. Tal vez quería ver si los rumores eran ciertos.


—¿Y tú, Robert? —Rhaegar se acercó un paso más, su voz apenas un susurro—. Siempre tan ruidoso... pero dime, ¿alguna vez has sido realmente escuchado?


El ciervo y el dragón se quedaron frente a frente. No como enemigos. No como pretendientes del trono o rivales por el corazón de Lyanna. Sino como dos hombres en la frontera entre el deseo y la negación.


Entonces, sin una palabra más, Robert lo empujó contra la pared, no con violencia, sino con la urgencia de quien ha deseado sin entender por qué. Y Rhaegar no se resistió.


El fuego siguió ardiendo, consumiendo lentamente la leña... y lo que quedaba de las mentiras que ambos llevaban consigo.