Diario de Luna

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Summary

“Diario de Luna” es una historia íntima y conmovedora basada en hechos reales. Narra el primer día de una joven, Luna, tras la repentina desaparición de su gata Nube, su compañera inseparable durante años. A través de las páginas de su diario, Luna vuelca el dolor, la esperanza y el amor profundo que siente por ella. En medio de la tristeza, Luna encuentra apoyo en Martín, su mejor amigo, quien permanece a su lado sin condiciones, ofreciéndole consuelo en los momentos más oscuros. Paralelamente, conoce por internet a Andrea, una chica que también perdió a su gato y le propone una forma peculiar de buscar a Nube: hablar con los gatos callejeros, contándoles lo que ocurrió, como si entre ellos pudieran ayudarse a reencontrarse. Lo que parece un acto ingenuo se convierte en una expresión de fe y amor incondicional. Esta historia es un homenaje a los vínculos invisibles que compartimos con nuestros animales, a la empatía humana, y a la forma en que incluso los desconocidos pueden tocar nuestras vidas en los momentos más difíciles. Una historia sencilla, pero profundamente humana, escrita desde el corazón y nacida de una pérdida real.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Querida Nube,

Hoy fue el primer día sin ti.


Todavía no entiendo cómo desapareciste. Ayer por la tarde te vi dormida en la ventana, justo donde siempre te gusta estirarte para sentir el sol. Salí un segundo a atender una llamada, y cuando volví, ya no estabas. Pensé que te habías metido en algún rincón oscuro, como sueles hacer cuando escuchas truenos o el timbre, pero esta vez fue diferente. Llamé tu nombre mil veces. Busqué en cada rincón, hasta en los cajones. Nada. Solo el eco.


Dormí mal. Cada sombra, cada ruido me hizo imaginar que habías vuelto. A veces creo escuchar tus patitas corriendo por el pasillo. A veces creo que me estás mirando desde alguna esquina. Pero no. Solo es mi cabeza jugando conmigo.


Esta mañana salí temprano a pegar carteles por el barrio. Usé esa foto que te tomé el día que nevó: tú, acurrucada en el sofá, con cara de princesa molesta porque no podías salir. Algunos vecinos fueron amables. Otros apenas me prestaron atención. Y yo, con el nudo en la garganta.


Martín vino enseguida. Ni siquiera tuve que pedírselo. Él ya sabía. Me trajo chocolate caliente y me acompañó a buscar por la zona. Incluso se arrastró bajo un coche cuando pensé que había algo allí. No era nada. Solo una bolsa arrugada. Pero él no se rió. No se cansó. Me abrazó. Me dejó llorar. Le dije que me sentía tonta por llorar así, y él solo me miró y dijo: “No es solo un gato. Es tu Nube.”


Más tarde, cuando ya estaba en casa y el cansancio me caía encima como una piedra, hablé con una chica por internet. No la conozco en persona. Se llama Andrea. La encontré en un grupo de gente que ha perdido a sus mascotas. Ella me dijo algo raro, pero bonito. Me dijo que cuando perdió a su gato, salió a la calle cada día y le hablaba a todos los gatos que encontraba. Les decía el nombre de su gato, les pedía que le ayudaran a encontrarlo. “Los gatos se entienden entre ellos”, me dijo. “Y si alguno la ha visto, tal vez le diga cómo volver.”


Así que mañana pienso hacerlo. Voy a salir con tu nombre en la boca. A mirar a los gatos callejeros y decirles: “¿Has visto a Nube? Es blanca, como tú, pero más suave. Dile que la estoy esperando.” Quizás suene loco. Pero no me importa. Si eso te trae de vuelta, lo haré mil veces.


Hoy fue el primer día sin ti. Y dolió más de lo que pensé posible. Pero también fue el día en que alguien me enseñó una forma nueva de buscarte, y en que alguien más —Martín— me recordó que no estoy sola.

Te espero el tiempo que necesites para volver.

Luna