Prólogo
Dedicado a todos aquellos que compartieron conmigo las aventuras que están plasmadas en este libro.
Pese a que mis memorias sobre lo acontecido sean vagas e irregulares, trataré de relatar estos acontecimientos con la mayor precisión para que usted pueda comprender, casi tan bien como yo, al hombre del que sólo yo guardo recuerdo, pero que debemos admirar como un héroe.
Esta historia se remonta tiempo antes de que el orden y el caos conviviesen en equilibrio en nuestro mundo.
Nos encontramos dos mil y un años después de la creación de los continentes. Era un día que podría considerarse mágico, un día recordado por muchos desde entonces. Por mucho que el Sol iluminara el día con su luz, las estrellas del firmamento brillaban tanto que no podían ser ocultadas, todas ellas juntas formaban un precioso espectáculo en el cielo. Una pareja que vivía en el campo, a las afueras de la ciudad y su contaminación, observaba con cariño este hermoso fenómeno en lo alto de su casa, sin poder apartar la vista del firmamento. De pronto, una de esas estrellas se empezó a hacer más y más grande, su estela empezó a rasgar todo el cielo con un manto brillante y asombroso, ambos, impresionados por la hermosura que presentaba el cielo en aquel momento, se fundieron en su belleza, cerraron los ojos y pidieron un deseo.
La hermosa luz de la estrella fue, poco a poco, atenuándose hasta casi desaparecer. La mujer y el hombre se miraron, ambos sintieron lo mismo, no lo podían explicar con palabras, pero sentían como si algo hubiese cambiado. ¿Se habría cumplido su deseo? Por desgracia, se les desdibujó la sonrisa de la cara cuando se dieron cuenta que esa misma estrella, que antes parecía ser una simple estrella fugaz, se estaba acercando cada vez más y más hacia ellos, desde ahí, parecía que la estrella iba a impactar contra su casa. Ambos se agacharon, atemorizados, en un intento de protegerse. Por suerte, la estrella pasó por encima de ellos, pero terminó impactando en su terreno de cultivos. Sobresaltados, fueron corriendo a apagar el fuego que había comenzado en el lugar del impacto, se acercaron rápidamente, para evitar que el fuego se propagase aún más y dañase del todo su cosecha, sin embargo, en cuanto estuvieron a escasa distancia del humo y las llamas, vieron algo escondido tras la cortina de polvo. Tanto la mujer como el hombre empezaron a acercarse lentamente y con cautela. Tras atravesar el humo, se encontraron una especie de caja de metal muy dañada, estaba envuelta en llamas y la densa humareda aún les impedía ver con exactitud que era esa cosa.
Acercándose cada vez más, con cuidado, ambos pronto se dieron cuenta de que no era una simple caja de metal, lo que tenían en frente, por extraño que les pareciese, aparentaba ser una especie de nave espacial, pero era demasiado pequeña como para servir de transporte a seres como los humanos. Su forma era similar a la de una bala y presentaba una cristalera roja, ahora quebrada, que cubría la mitad del cuerpo de aquel objeto, además, la punta de la nave estaba entreabierta y algo estaba haciendo ruidos extraños en su interior. La pareja abrió aquella pequeña cápsula muy lentamente, esperando encontrar algún tipo de alienígena enano dentro, no obstante, quedaron perplejos cuando vieron que había un niño dentro, completamente sano y salvo.
Este niño era un bebé que, claramente, era un recién nacido, con un único mechón de pelo negro en la cabeza y unos ojos morados que casi no se podían apreciar por las lágrimas que brotaban de sus ojos entrecerrados. Estaba arropado con una manta y él era el que estaba haciendo esos ruidos al llorar sin parar. La pareja, sin pararse a pensarlo, decidió llevarse al niño a su casa para ponerlo a salvo y después escondieron los trozos de la nave. Cuidaron al niño a la espera de que algo o alguien viniera a por él.
Sin embargo, pasaron los días, días en los que custodiaron a este bebé, sin prueba alguna de que fuese distinto a los humanos, así que en vista de que nadie venía a por él, al final decidieron adoptarlo, nombrándolo como: ''Edas''.