El Chico Con Tus Ojos

All Rights Reserved ©

Summary

Un hombre joven sufre la pérdida de su persona amada, desconsolado y aturdido, tratará de llenar ese vacío lúgubre que dejo su querida esposa, al menos que algo, o quizás alguien, la regrese a la vida.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Un hombre joven sufre la pérdida de su persona amada, desconsolado y aturdido, tratará de llenar ese vacío lúgubre que dejo su querida esposa, al menos que algo, o quizás alguien, la regrese a la vida.

ADVERTENCIA: Esta historia contiene temas que no podrían ser del agrado de todos, tales como la homosexualidad, secuestro, creencias religiosas y brujería, usted ha sido advertido. Absténgase de leer si no esta de acuerdo con los temas a tratar.


CAPÍTULO 1: "TE AMO"

Mucha gente dice que la muerte es algo cotidiano, que puede llegar en cualquier momento y llevarse a la persona amada, y que no podrás hacer nada para evitarlo. No creía en ello hasta que te llevó a ti, ¿Pero por qué ahora? cuando solo llevábamos un año de casados.

¿Qué haré ahora que tú no estas Jane?...

Aún recuerdo las despampanantes luces de las ambulancias, tus dóciles latidos que poco a poco disminuían, tu sangre y mi sangre cubriéndonos enteros y tus ojos, esos lindos ojos, que se iban cerrando con delicadeza enfrente de una grotesca situación. Si tan solo te hubiese hecho caso cuando mencionaste que los frenos del auto ya no servían, quizás, si lo hubiese llevado al mecánico un día antes de nuestra salida, si me lo hubieras repetido más de una vez, si en vez de confiar en mi, tan descuidado y desatento, lo hubieses llevado tú al mecánico; quizás, quizás, quizás aún seguirías conmigo.

No tuve el valor de acercarme a ti durante tu entierro, me remordía la culpa, tan solo con ver a tu madre, tan parecida a ti, llorando enfrente tuyo me hacía sentir como tu asesino, tu amado y bello asesino, porque de todos los hombres que te seguían, decidiste escoger al torpe de anteojos, desagraciado, y que muy probablemente nunca había besado a nadie a su edad de 20. Pensar en lo que diría tu padre de mi, al quien le caía tan bien por tener el mismo pasatiempo de recolectar estúpidas hojas, me hizo querer estar bajo tierra junto a ti, porque a mi nadie me extrañaría ni amaría tanto como todos tus amigos y conocidos que estuvieron ahí por más de dos horas, rezando y pidiendo por tu alma. El cura que te acompañaba no paraba de decir que "Dios te había llamado" y que "ahora estás sentada junto a Él, en el Reino de los Cielos"; que frases más absurdas había escuchado ese día, porque habría de llevarte alguien que supuestamente te hizo para que vivieras, que razón habría para llevarte con Él; lo siento, lo siento si lo maldigo, porque sé que para ti la religión es muy importante, pero no puedo creerlo del todo, porque al fin de cuentas decidiste casarte con la persona que más lo repudia en este mundo, supongo que el amor puede cambiar ese sentido de fe, y eso es lo que más amé y seguiré amando de ti; que hayas visto más allá de lo visible.

Al día siguiente no tuve más remedio que levantarme de la cama e intentar continuar con mi vida, después de todo era profesor, y como tú solías decir: "A mal tiempo, buena cara". Así que me obligué a bañarme y arreglarme, hice lo mejor que pude por verme bien, supongo que eso era lo que hubieses querido; pero como era de esperarse, ni tu pérdida me hizo llegar temprano al trabajo, me volverán a descontar mi sueldo, al menos esta vez no podré gastarlos en lindos vestidos y zapatos de buenas marcas. Que día más agotador fue, los universitarios cada vez son más atrevidos con uno, si estuvieras aquí quizás tratarían de comportarse mejor, tu manera de hablar los hubiera cautivado, esa sonrisa tuya, tan coqueta y cálida, haría que todo el campus cayera ante ti. Pero yo no puedo ni provocar una risa en ellos, me encanta mi empleo, aunque a veces quisiera regresar a las escuelas secundarias, donde son igual de incompetentes que acá, pero por lo menos puedo vengarme de ellos con una anotación. Caminé por la ciudad buscando un lugar donde cenar, no quería volver tan temprano al departamento y no encontrarme con nadie quien me preguntase como había ido mi día; me decidí por el café cerca del metro, era nuevo y quise darle una oportunidad, no había mucha gente, supongo que nadie quiere disfrutar de su café mientras escucha los alborotosos gritos de la gente corriendo al último tren de la noche. Mientras esperaba mi pedido de donas de chocolate, entró una mujer al lugar, era muy voluptuosa y llevaba un elegante vestido negro con botas que le llegaban casi hasta las rodillas y unas pantimedias que no dejaban ver absolutamente nada de ella, como si fuese un insulto observarla de tal forma. Empezó a entregar volantines a todas las mesas, cuando llegó a la mía se paró frente a mi, estuvo ahí unos pocos segundos, pareciese que me miraba de pies a cabeza, como si quisiera ver más allá de mi, de la nada y sin avisar se sentó al frente mío, me saludó y comenzó a charlar, no sabía que todo esto cambiaría mi forma de ser, y de amar.

Esa noche quedé cautivado por los hechos que me había contado aquella misteriosa dama, las reencarnaciones, otras vidas y distintas personas; todo ello era... impresionante; tan impresionante pero a su vez tan difícil de creer, me contó que ella podía ver a través de las almas humanas, suena ridículo, también lo pensé, pero el solo hecho de mencionarte, de mencionarte a ti Jane, nunca creí imaginarlo. Parece de un loco creerle pero siempre he sido una persona que cree en ese tipo de cosas, claro que lo deje de pensar en cuanto conocí a ti y a tu familia, tan religiosos, todos los domingos iban a misa, y yo esos días lo pasaba junto a mi madre en su puesto de lectura de mano, no has de imaginar las maravillas que podía ver mi madre, siempre acertaba con sus predicciones y lecturas, si tan solo no hubiera conocido a ese maldito monstruo...

La intrigante mujer desapareció del lugar luego de entregarme uno más de sus volantines, "REENCARNACIONES DEL MÁS ALLÁ" decía en el papel, tenía un nombre interesante, "regresar a la vida solo para volverte a ver" fue lo que me dijo; no tenía nada que perder si iba, después de todo, lo único que aún no había perdido eras tú, y haría todo lo que fuese para que volvieses conmigo, porque te amo, Jane.