I
Hace muchos años, en un lugar nevado. Un joven, no mayor de 30 años, estaba debilitado, terminando de escalar una gran montaña. Ya no había rastro de vida, y a este punto, debido al cansancio y la extrema cantidad de neblina, ya no veía ni sus manos, que intentaba usar para mantener el equilibrio.
—Mierda —dijo irritado—. A este punto… moriré… antes de encontrar esa maldita roca…
Siguió caminando hasta llegar a un punto sin neblina. Su confusión no tardó en llegar: todo su cansancio y el casi insoportable frío se habían desvanecido con ella. Hasta que, de pronto, la confusión se convirtió en intriga al mirar hacia abajo y ver casi todo el suelo rojo debido a la gran cantidad de cadáveres que se encontraban en el lugar. Al principio, pensó que era gente que no corrió con la misma suerte, pero a medida que iba avanzando, se dio cuenta de que habían sido víctimas de asesinato.
Quackity ya había visto la gema, pero un insaciable morbo hizo que se acercara a uno de los cadáveres del lugar. Se puso de cuclillas y levantó la cabeza de una mujer joven. Tenía los ojos rojos, lo suficientemente abiertos como para aparentar estar viva, pero lo que le llamó la atención era la extraña sonrisa que aún prevalecía en ella. Cuando la soltó con asco, se dio cuenta de que todos los cadáveres tenían esa misma sonrisa.
Al llegar a la gema, sintió un leve dolor de cabeza, seguido de una calma y seguridad que jamás había experimentado. Cuando la agarró, quiso incrustarla cerca de su muñeca, pero apenas la tocó, se le pegó como un imán a ella.
Los gritos de Quackity se escucharon hasta lo más bajo de la montaña, donde estaban los guardias que la protegían.
Era un tranquilo lunes por la mañana en el pueblo de Borderwood. Tommy, un niño rubio de unos 16 años, bajaba las escaleras con mucha emoción, ya que pronto iba a ser “el mejor día de su vida” en la gran escuela: La Cuna Celestial ''El Castillo de las mil habitaciones''. Missa, su hermano mayor, se encontraba dormido en el sofá, por lo que Tommy, molesto por las prisas, volteó el sofá para tirarlo al suelo.
—¡APÚRATEEEE! —gritó Tommy, mientras corría para agarrar de vuelta su mochila.
Missa, en el suelo, permanecía dormido, hasta que escuchó su alarma, que era una pequeña cosita que abunda en Venas llamada bit, que fue lo que lo despertó.
—¡TOMMY, ¿POR QUÉ NO ME AVISAS QUE SE NOS HACE TARDE?! ¡ES TU SUEÑO Y YO ESTOY MÁS AL PENDIENTE QUE TÚ!
Tommy, en respuesta, solo rodó los ojos y ambos salieron con prisas. Su primera parada fue en una tienda donde querían comprar unos fideos instantáneos para desayunar rápido. La tienda parecía como una cabaña descuidada. Lo único que la diferenciaba era el letrero con las luces descompuestas que indicaba lo que era. Aun así, se veía bastante bien en comparación con el resto de la zona, en especial por aún conservar cierta cantidad de pintura de color amarillo opaco.
—¿Sabes a qué hora llegará ese escarabajo? —preguntó Tommy mientras avanzaba en la fila.
—Los escarabajos no tienen hora, Tommy. Solo esperamos a que lleguen y nos subimos. Solo hay que ser rápidos para que no nos lo ganen —respondió Missa.
Seguido de esto, Missa pagó los fideos y ambos salieron del lugar disfrutando su comida.
—Vaya sistema de mierda tienen —dijo Tommy, retomando la conversación, hablando con la boca llena.
—Neh, somos de Borderwood, no tenemos tanta prisa.
Cuando Missa terminó de decir esto, una pareja había llegado, bajando de su escarabajo, que era casi la mitad de estatura de la tienda. Era uno clásico, con la montura hecha de cuero y los poco cómodos asientos de madera, y claro, como siempre, lleno de hojas y ramas que la gente no les ayuda a quitar.
—¡AHÍ HAY UNO! —gritó Missa, justo antes de ver a otros hermanos queriéndose subir.
Hubo un silencio en el cruce de miradas, hasta que de pronto, los dos bandos corrieron, Missa y Tommy tirando sus fideos al suelo para llegar más rápido que ellos. A la hora de subirse, se burlaron de los desconocidos que se quedaron atrás y acomodaron sus cosas mientras el escarabajo avanzaba.
—¿Bien, tienes todo? —preguntó Missa.
—Ehhh, sí —respondió Tommy, intentando desatorar su chamarra de mezclilla que se le atoró en los estribos de la montura—. ¡Wooh! —soltó al casi caerse, seguido de una risa al sentir el agarre de su hermano que lo salvó.
Después de unos cuantos minutos, llegaron a la estación del tren. Tommy, al bajar, le dio unas palmadas al escarabajo antes de voltear y ver una gran cantidad de estudiantes que vinieron de todos lados para cumplir el mismo sueño.
—Ja, tienes tanta suerte de que nosotros quedemos cerca de Eclipse. Esta gente ha tardado semanas en llegar hasta acá —comentó Missa, bajando su maleta.
—Wow… Tantas especies diferentes… ¡MIRA, HASTA HAY ALEBRIJES! ¡Y DEMONIOS CLÁSICOS! ¡SOLO LOS HABÍA VISTO EN LA TELE! —dijo Tommy maravillado, apreciando su alrededor—. No puedo creer que Faker me aceptara…
—Ah, sí… Él era de mis profesores favoritos antes de que se volviera uno de los directores —respondió Missa, inspirado—. Nunca fui a la Celestial, pero me gustaba verlo en las noticias.
El tren había llegado. Missa y Tommy se despidieron sin tanta emoción de por medio, ya que se visitarían regularmente. Al subir, Tommy intentó cruzar miradas con los estudiantes a ver quién le cedía el asiento, pero nadie le ponía atención. Honestamente, él era algo tímido para pedir uno. Después de un rato de cuestionarse si ir parado, se encontró con unos cuernitos que resaltaban en la esquina de un asiento.
—¿Hola? —preguntó Tommy asomándose—.
Apenas lo vió un poco mejor, Tommy lo reconoció en seguida, instantaneamente emocionandose al encontrar a su viejo amigo de vuelta.
-TUBBO! - Gritó con emoción, haciendo que los demas pasajeros lo miren con molestia por el ruido- PENSÉ QUE YA NO EXISTÍAS.
El castaño volteó con sorpresa para ver quien era el que estaba haciendo tanto escandalo por el, sus ojos se abrieron al reconocer a Tommy, su único amigo en la infancia.
—TOMMY? —respondió torpemente intentando tragar su postre, guardando el resto de su en su mochila—. PENSÉ QUE TE QUEDASTE EN LA ZONA VENENOSA.
—MI HERMANO Y YO LOGRAMOS ALCANZAR UNO DE LOS ULTIMOS TRENES —le sonrió antes de abrazarlo—. ¿CÓMO HAZ ESTADO? ¿TAMBIEN VIENES A LA CUNA CELESTIAL?
—Pues sí, no es que a los jóvenes les guste ir a Eclipse a turistear —rió un poco—. Aunque realmente no sé qué estudiar… probablemente termine curando gente… ¿Y tú?
—No te tengas tan poca estima —Tommy le dio una palmada en la espalda, mientras Tubbo lo veía con una expresión de “cállate” al ser mirados mal por el resto de pasajeros indignados porque muchos iban a curacion—. Seguro puedes hacer algo mejor que eso.
—Bueno, tampoco está tan mal —respondió Tubbo con la voz temblorosa, intentando ignorar al resto—. Cambiando de tema… no respondiste mi pregunta idiota, ¿Qué quieres hacer?
—No lo sé… Bueno, sí, pero no… Me da vergüenza decirlo, la verdad.
Tubbo, sin insistirle más, solo asintió con una sonrisa respetuosa. Después de un rato de estar callados, Tommy tosió para romper el silencio, bueno, tosió cerca de su rostro para ser específicos, haciendo que Tubbo hiciera una mueca de asco. Tommy prendió el viejo televisor del tren; era del tamaño de una maleta pequeña, pero no estaba en tan mal estado, solo soltaba algo de estática.
—No creo que haya algo interesante —dijo Tubbo, desinteresado por los programas.
—Lo sé, pero creo que hoy entrevistan a Jschlatt —respondió Tommy, encogiéndose de hombros.
—¿De verdad te gusta Dsmpate? —preguntó Tubbo con desagrado—. Es un programa mediocre, literal él mismo confirmó que hasta le copió el nombre a la serie que salía en el 24-4.
—Sí, bueno, quizá el humor sea algo estúpido, pero eso lo hace único… Era bueno verlo en familia.
Tubbo solo rodó los ojos, sacando un libro de su mochila y unos audífonos para no oír la entrevista.
El programa estaba empezando. Anthony Padilla, famoso por su descontinuado programa Smosh, estaba haciendo algunos chistes para dar tiempo, ya que Jschlatt estaba tardando más de lo normal.
—Bueno, supongo que está muy ocupado fingiendo ser un rey con un disfraz de bajo presupuesto como para asistir en algo bueno —cuando terminó de decir esto, se tapó la boca mostrando la palma a la cámara y con una voz aguda dijo—: “¡Idiotaa!” —antes de fingir un puchero.
—Te reto a decir eso de vuelta, imbécil.
Jschlatt llegó dedicándole una mirada amenazadora y dominante mientras se arreglaba la ropa, antes de que la cámara lo enfocara y los gritos de emoción se escucharan, haciendo que su expresión cambiara totalmente a una más agradable.
—¿Cómo están, familia? —preguntó con una sonrisa, abriendo los brazos, acercándose y caminando cerca del público—. Se ven encantadores, especialmente usted, mi señora —tomó la mano de una de las mujeres en el público, besándola y poniendo tímida a la espectadora.
—Bien, bien —interrumpió Anthony—. Jschlatt, tardaste como una hora en llegar e hiciste sentir mal a tu público, incluyéndome a mí, tu anfitrión, pensando que nos abandonarías como papá. ¿Tienes alguna razón?
—No más que estarme ligando a tu madre con mi traje de rey —respondió Jschlatt riéndose con el público.
Anthony se rió incómodamente para no quedarse atrás.
—Supongo que no es tan malo como creía, ¿eh? —se sirvió algo de whisky y le dio un trago mientras el público terminaba de reír—. Bien, Jschlatt, tenemos poco tiempo, así que ¿por qué no vamos a la temática de una vez? Debemos jugar, ya que ahora vamos a ser padre e hijo.
—Bien, ¿Qué tienes para mí?
—Por favor que no sea el falso noticiero… —dijo Tubbo.
—¡Que sea el noticiero! —dijo Tommy con emoción.
—“¡EL NOTICIERO!”
—¡NOO!
—¡SÍ!
Anthony tronó los dedos y apareció en un set de noticiero con un bigote falso que se notó cuando dio vuelta en su silla. Chistes forzados, pero algunos bastante memorables, empezaron a aparecer uno tras otro. Siguieron insultándose de forma pasivo-agresiva hasta que, después de media hora, ya estaban cerca de terminar el programa.
—Y bueno, para terminar, tendremos a nuestro hermoso invitado dándonos el pronóstico. De las figuras más importantes en Xólotl, venido específicamente de Mar, ¡Ibai!
Ibai apareció en la pantalla tras ellos, haciendo que los dos voltearan a verlo.
—¡Hola chicos! ¡Es un gusto estar aquí de vuelta! Me encuentro en Limbo, Xólotl, y para estar lloviendo, el clima en general se siente agradable.
—Uhhh, Limbo. Oí que siempre es de noche ahí, se ve más futurista de lo que imaginaba —dijo Jschlatt, tomando de su botella de agua.
—Pues al ser la mezcla de la zona Grafiti y Mar, es un lugar bastante agradable para vivir. Muchos no lo esperan por estar en Xólotl, pero actualmente es de mis lugares favoritos además de mi hogar, Mar —contestó Ibai, inspirado.
—¿Agradable? Claro, un lugar con poderes ilegales cerca de la maldita zona Grafiti. Ni de loco voy ahí, Ibai, a nadie nos lavas la mente —respondió Anthony con risas de burla, que el resto del público le siguió al estar de acuerdo—. La única zona linda de Xólotl es Mar. Información para los solteros: hay chicas muy lindas ahí —guiñó el ojo haciendo que el público hiciera un “uhhh” de forma coqueta.
Ibai intentó responder, pero un trueno lo interrumpió.
—¿Y el clima agradable, Ibai? —dijo Jschlatt con una risa antes de que cerraran la transmisión.
—Entonces, Jschlatt, ¿tú cómo opinas que va a ser el clima en Eclipse y Sunpart, que básicamente son lo mismo?
Tommy y Tubbo rodaron los ojos con ese comentario.
—Ha estado algo inestable, así que seguramente les espera algo explosivo —dijo imitando el acento y forma de hablar de Ibai, mirando a la cámara y alzando una ceja.
El programa acabó con sus risas desvaneciéndose, haciendo que Tubbo instantáneamente apagara la televisión.
—¡Hey! —Tommy lo miró molesto.
—Perdón, solo no soporto a ese tipo de gente, mucho menos a Jschlatt —respondió Tubbo, encogiéndose de hombros.
—Mmm…
Pasó un poco menos de una hora. El paisaje parecía volverse más hermoso a medida que avanzaban. La magia abundante y las hermosas construcciones hacían notar que ya estaban en Eclipse. Aún faltaba un poco para llegar a la Cuna Celestial, aunque ya podían verla; no es sorprendente tomando en cuenta que abarca casi todo Eclipse. A la hora de pasar el puente, que estaba encima de un enorme barranco donde pasaba un río, un fuerte golpe soltó una onda expansiva color azul que desbalanceó el tren.








