Capítulo 1
El viento resoplaba bruscamente haciendo revolotear los dorados mechones del bello ser, con el semblante inexpresivo observaba el turbio panorama que le rodeaba.
Suspiró pesado sintiendo la fría ráfaga de viento golpear contra su rostro, refrescando su tormentosa inquietud, los nervios poco a poco amenazaban con dominarlo, pero debía aparentar serenidad.
El momento había llegado.
Giró la mirada a uno de sus costados percatándose de las presencias angelicales que le acompañaban, que al igual que él, eran víctimas de la tensión, ya que el inicio de una guerra jamás es algo alentador.
El mundo se encontraba en peligro tras la expulsión y el descenso del "ángel rebelde" y al ser guardianes, su deber era detenerlo, mejor dicho, destruirlo para evitar que la corrupción en la humanidad continuará.
Se trataba de seres celestiales, llenos de luz, portadores de todo lo bueno y puro, hermosos de pies a cabeza, con facciones hipnotizantes y actitud galante e inquebrantable. Ángeles, eran los que se encontraban en la frontera entre el cielo y el infierno al que llamaban Tierra.
Cientos de ellos aguardaban ansiosos las órdenes de los arcángeles para poder descender y pelear en nombre de la "paz".
— ¿Estás listo? — Una armoniosa voz captó la atención del rubio.
— ¡Jin! — Exclamó sobresaltado, a lo cual el mayor sonrió divertido, pero aquella alegría se vio ensombrecida — Ésta será mi primera vez en la Tierra —dijo con un toque de tristeza sin observar a su acompañante — Vaya forma de conocerla.
— Jimmy... — Murmuró en tono dulce el castaño — ¿Qué ocurre? — Pausó notando la incomodidad en el más bajo — Tú siempre deseaste conocer el mundo.
— Perdóneme —dijo agachando la cabeza — Es solo que me imaginé este momento diferente.
— Lo sé, lo sé...a mí también me hubiera gustado que las cosas fueran diferentes.
— ¿Usted no tiene miedo? — Indagó tímido.
— Sí, pero no por mí —respondió levantando la mirada con dirección a un alado de hebras negras —. Sino por los que aprecio.
— Comprendo —susurró decaído.
— ¿Y tú? ¿A qué le temes?
"A verlo"
Retumbó en su cabeza.
— A-a nada —contestó al instante, poco convencido el castaño se aventuró a preguntar:
— ¿Jimmy, acaso tú...? —. Sus palabras se vieron interrumpidas por el sonido de las trompetas anunciando la llegada de los arcángeles a la frontera.
Los presentes hicieron una breve caravana ante los recién llegados, Jimmy junto a Jin observaron como los siete imponentes arcángeles se mostraban serios, mientras que uno de ellos, el más alto y larga cabellera rubia con rasgos finos pero masculinos comenzaba a entonar palabras de aliento al ejército.
Palabras que aunque los conmocionaban, sabían muy en el fondo que no les serviría a la hora de la guerra, no serían su espada o su escudo como decía en esos instantes el arcángel Miguel, tan sólo sería una venda que cubriría sus ojos para evitar el miedo a morir por querer proteger a seres tan despreciables como la humanidad.
Jimmy era consciente de que no era como los demás, él no sentía esa empatía ni compartía ese pensar de que su llegada al mundo fue simplemente para proteger a una especie que entre ellos se matan y traicionan, él no era capaz de entender por qué querían salvar a la humanidad, si ellos eran el origen del daño.
Simplemente, no lo entendía.
He ahí su disputa interior, ya que tampoco deseaba su fin. Su opinión era clara, pero sabía que si la daba a conocer ocurriría lo mismo que hace más de un milenio, en donde su amigo más cercano fue desterrado del paraíso por simplemente tener una visión diferente y desobedecer en un intento de que los dioses pudieran darse cuenta al igual que él, de los defectos en su creación, cosa que no ocurrió.
El discurso y las palabras de aliento terminaron, pero Jimmy ni siquiera había prestado atención.
A decir verdad, se sentía extraño y fuera de lugar.
Una extraña inconformidad le estaba carcomiendo, intentaba frenar esos pensamientos cuando las trompetas volvieron a ser tocadas.
Los seres celestiales se colocaron en la orilla de las nubes con el pulso acelerado y las emociones a flor de piel, los presentes extendieron sus hermosas alas dando a relucir un plumaje tan blanco, tan puro al igual que las almas de sus portadores.
Jimmy mantenía su mirada fija en el abismo delante de él, desvió la mirada a sus costados y pudo percibir los semblantes inexpresivos de sus compañeros, una máscara de la que todos eran portantes, una máscara que ocultaba sus temores y miedos.
—Buena suerte mis pequeños...—. Fueron las últimas palabras que alcanzó a escuchar el rubio antes de que todos se elevarán y la orden fuera dada.
—¡AHORA! —gritó uno de los comandantes.
Cientos de ángeles comenzaron a bajar a la Tierra, su descenso debía ser rápido y concreto, ya que a pesar de que en la Tierra fuera de noche existía la posibilidad de que sus enemigos los detectarán; por ello cada uno sabía perfectamente el sector al que debía acudir, Jimmy caía en picada mostrándose neutro cuando en realidad estaba más nervioso que nunca, sus mechones revoloteaban al contacto con el frío viento, mientras que su cuerpo se encontraba tenso al igual que sus alas retraídas.
Instantes después pudo visualizar pequeñas colonias de luz que sobresalían del oscuro panorama, ciudades enteras eran la causa de que sus pupilas se dilataran conforme más se acercaba a ellas.
El momento de aterrizar llegó, Jimmy al igual que los demás extendió sus majestuosas alas para disminuir su velocidad, aterrizando en una zona boscosa muy cercana a la ciudad cuyo nombre era Roma, dando así inicio a un tormento sin fin.