Capítulo 1
Mirando por la ventada no hay nadie fuera, no hay velas encendidas, solo los relámpagos que iluminan por unos segundos los pasillos del castillo y las calles de Luminia, nadie puede ver ni oír.
En el cuarto de las princesas, el crepitar del fuego es el único sonido que rompía el silencio en medio de la enorme habitación, es lo único que comparten en medio, casi puedes ver una línea pintada entre ellas, cualquiera a simple vista puede notar las diferencias entre ambas. Del lado de la hermana menor todo está teñido de un rosa pastel, zapatos y vestidos fuera del armario, las joyas desbordan de los alhajeros, aun no le dan los días suficientes para llegar a usar todo lo que se encuentra en la habitación, pero más que usarlos a Zafiro le gusta admirarlos, las cortinas de su cama rosas con brillos y flores que cuelgan que pide cambiar cada tres días para siempre oler un jardín completo en la comodidad de su alcoba, las pares blancas que lo decora con cuadros de ella misma. Del lado de Alejandra, la hermana mayor, todo esa perfectamente organizado, los vestidos y zapatos en el armario y cada atuendo arreglado para cada ocasión, las cortinas de las ventanas y su cama teñidas de azul oscuro, una colección de libros de todo el mundo, una alfombra de piel blanca y almohadones turquesa que rodean la cama. Por más grande que sea el castillo las princesas son felices de compartir su habitación, aunque sean tan diferentes, conviven en armonía.
Alejandra ya se encontraba en la cama, por quedarse dormida cuando unos movimientos en las sabanas la desorientan, Zafiro como cada noche se escabullía para dormir con ella, traía un camisón corto con bolados y moños color crema, se acomoda junto a su hermana que siempre se siente fría.
Alejandra – debes empezar a acostumbrarte a dormir en tu cama, haces que las sirvientas se desorienten cuando no te encuentran en ella.
Zafiro – luego me pasare de nuevo, no me regañes a mi… es mi trabajo mantenerte caliente, siempre estás tan fría hermana.
Alejandra – estoy bien, aun así, sabes que amo cuando te encuentro en mi cama, pero esta noche tardaste un poco más de lo habitual ¿puedo saber por qué?
Zafiro – bueno…es que quería pedirte algo – en un movimiento se pone sobre Alejandra sentándose en su vientre y su voz se escucha más aguda y seductora, se recuesta sobre ella y le respira levemente a su cuello.
Alejandra – ¿qué es lo que quieres pedirme? – no puede evitar aceptar la cercanía de Zafiro y la abraza de la cintura, aun sobre su ropa puede sentir lo cálido de su cuerpo.
Zafiro- mañana iremos a la casa del norte, hace mucho tiempo no vamos y esta vez padre y madre no irán con nosotras.
Alejandra – si es verdad, hace tiempo que no vamos, esta vez podría ser especial.
Zafiro – por eso mismo, quiero que sea especial, ¿tu podrás hacer que el comandante nos deje salir? Estar aquí es tan aburrido.
Alejandra – sé que estas ansiosa pero no creo poder cumplir tus deseos esta vez.
Zafiro – lo haría yo misma si pudiera, pero el comandante no me hace caso, está loco por ti hermanita, estoy segura que haría lo que sea por ti.
El comandante siempre fue evidente en las intenciones que tenía hacia Alejandra y es de las pocas personas que no cayo cautivado al encanto de Zafiro, en cuanto obtuvo su cargo de alto rango no desaprovecho la oportunidad para postularse como candidato para desposar a Alejandra, sería normal que fuera por ambición y poder como cualquier otro.
Alejandra- con que ya lo has intentado.
Zafiro – supongo que por eso dejamos de ir, creo que yo lo incomodo, pero él fue uno de tus candidatos para ser tu amante, esto segura que cedería a cualquiera de tus peticiones.
Alejandra- no sé si sea buena idea mi bella rosa- mientras acaricia su cabello dorado- si nuestro padre se entera se molestia mucho.
Ella empieza a molestarse con Alejandra, normalmente es más fácil convencerla, ella se arregló y se puso el camisón favorito que alguna vez le dijo que le quedaba precioso.
Zafio- supongo que deberé encontrar la forma de divertirme yo sola. - esconde su rostro entre la almohada y el cuello de Alejandra, ocultando su sonrisa traviesa ya anticipando la reacción de su hermana.
Alejandra tras escucharla se preocupa porque las cosas que es capaz de hacer sin su supervisión, aunque no se lleven muchos años, Zafiro suele ser descuidada y torpe, ya hay muchos rumores sobre ella dentro del castillo. Ella es consciente de su encanto, su apariencia y personalidad aniñada no coincide cuando se propone algo y es capaz de usar todos sus recursos, algo muy malo cuando está en manos de una princesa y aún no sabe contra quien usarlos o en qué momento debe de comportarse de diferente manera. Bueno, sabe perfectamente cómo hacerlo con Alejandra.
Alejandra – sabes que no debes hacer nada si es que yo puedo hacerlo por ti. - con determinación la sentó frente a ella y el tomo de los hombros, la diferencia de tamaño entre ambas es notoria, zafiro es delgada, casi sin curvas y pequeña, mientras que Alejandra tiene curvas más voluminosas y aunque sea delgada tiene más masa muscular debido al entrenamiento al que se somete por gusto.
Zafiro- ¿eso significa que lo harás querida hermana? – su rostro se ilumino y una enorme sonrisa parecía alegrar todo el cuarto y sus risos dorados que caen graciosamente tapando parte de sus ojos verdes brillantes como diamantes
No pareciera que afuera la noche es oscura y fría mientras que dentro de ese cuarto lo más cálido no es el fuego de la chimenea.
Alejandra- no me gusta cuando me subestimas, pero hare lo que pueda por ti y para mantenerte feliz, ese es mi trabajo. – corriendo el cabello para verla a los ojos y con la otra mano bajando de su hombro por su brazo para tomar su mano y llevándosela hacia su corazón.
Zafiro – y mi trabajo es mantenerte caliente. - abrazándola y arqueando su espalda hacia ella, están tan junas que no hay aire que corra entre ellas.
Entre las sabanas las hermanas están igual de entrelazadas, las piernas enredadas, Alejandra acariciando su espalda con el rostro de zafiro en su pecho, ella levanta la mirada y ve a Alejandra que esta con los ojos ya cerrados y no puede evitar pasar su lengua por los labios de Alejandra como un cachorro da un beso a su amo y suela una risa risueña.
Alejandra con los ojos aun cerrados – sabes que no puedes hacer eso, ya te vestiste así de hermosa para mí, es necesario que sigas jugando conmigo… o acaso fue un premio?
Zafiro- dijiste que no podía hacerlo fuera de nuestra habitación.
Alejandra- tienes razón, aun así, no deberías, si yo fuera hombre no sabría cómo resistirme, es un alivio que aun así disfrute de tus juegos.
Aunque la apariencia de Zafiro sea de una joven inocente y delicada, su dulce mirada y ojos color esmeralda que encarnan en un rostro angelical capaces de cautivar y manipular a quienes la rodean. Ella misma inconscientemente creo una personalidad de niña torpe, carismática y dulce que combina a la perfección con la luz que irradia, pero tras su sonrisa y mejillas ruborizadas, esconde una personalidad oscura y siniestra. Es consciente del efecto que provoca en los demás y sin duda utilizara su encanto para conseguir lo que quiere.
Especialmente con Alejandra, quien es su juguete favorito.
A zafiro le encanta gustar, ya sea un lord de alto rango, la servidumbre o un guardia, mientras sea alagada y amada no le importa de quien provenga, por lo mismo el Rey, su padre, la tiene por menos, dentro del castillo ya ha causado muchos rumores por su personalidad, que dicen que por las noches se escapa a las alcobas de cualquier hombre que resida en el castillo. Alejandra siempre se ha ocupado mejor que su padre para reprimir a quien sea que hable a espaldas de su hermana.
Como Zafiro no tiene poder aristocrático por sobre los demás, más que el título de ser la segunda princesa de la familia Everard, no vio mejor camino que resguardarse en su hermana protectora, solo le basto encontrar una mínima debilidad para tenerla entre sus manos.
Alejandra es una mujer de presencia imponente, su piel clara contrasta con su cabello negro y largo que cae elegantemente por sus hombros. Ojos negros y de mirada fría, denotan su determinación inquebrantable, aunque en momentos de vulnerabilidad relevan una pasión latente, encarna la lucha del deber y el deseo opresivo. Solo dentro de su habitación y para Zafiro puede olvidarse de seguir las convenciones sociales.
Como la mayor, Alejandra creció únicamente bajo la crianza y supervisión de su padre, ocupando todo su tiempo en su educación, su niñez fue una danza constante de estudio y preparación, desde el amanecer hasta que la luna le sirva como velas para continuar.
En el palacio rodeada de lujos y riquezas Alejandra no conoció el descanso. Sus lecciones comenzaban temprano, en una sala adornada con tapices que contaban historias de héroes y dioses. Un sabio anciano quien le enseñaba antiguos textos sagrados, aprendió a leer y escribir en diferentes lenguas, incluso las de pueblos tan alejados que hoy son olvidados.
Un tutor militar le enseño las artes de la diplomacia y la estrategia, mostrándole los mapas de reinos lejanos y explicándole las tácticas de sus grandes batallas, Alejandra entendía la importancia de comprender los movimientos de sus enemigos y aliados.
Por las tardes las doncellas la guiaban en las complejas danzas que serían pare de su educación en etiqueta real. Sabía que en los banquetes y eventos de la corte debía destacar no solo por su sabiduría, sino también en su gracia y elegancia, cualidades que admiraban quienes visitaban el palacio.
Cada lección tenía un propósito claro, Alejandra estaba siendo preparada para algo mucho más grande que su propia felicidad. Su educación no solo tenía la intención de formar una mujer sabia y culta, sino también una Reina, una diplomática, una madre y esposa que perpetuaría el linaje real.
Cada día era igual de estricto y rutinario como el anterior, así por más de dieciocho años hasta que un día llego su madre con Zafiro.
La reina había quedo nuevamente encinta cuando Alejandra tenía cinco años y después de ver como su esposo trataba a su hija y las expectativas que le tenía, no quería la misma vida para su próxima hija asique decidió criar a Zafiro bajo su supervisión.
Zafiro creció sola junto a su madre en la casa del norte, de vez en cuando su padre iba a visitarlas, pero nunca mostro gran interés hacia su hija menor quien claramente no tuvo la misma educación que Alejandra.
Su madre le dio la educación básica que cualquier mujer noble tendría y la etiqueta real suficiente para comprender y comportarse en algún evento importante.
La diferencia entre ambas fue notoria al primer instante, así también Alejandra quedo maravillada por la energía y alegría que emanaba Zafiro, en ella encontró la alegría que perdió hacía tiempo y decidió que protegerla seria su motivación, por lo que le suplico a su padre que la dejara incluir a sus clases, lecciones de combate y entrenamiento con armas, solo para ser más fuerte y capaz de cuidar a Zafiro ante cualquier peligro que la ponga en riesgo.
La princesa más joven con el tiempo tomo la lealtad de su hermana mayor y la trasformo en obsesión asía ella, la hizo su caballero con armadura y poder, mientras que, para Alejandra su hermana menor era su frágil princesa. Ambas enredadas en una danza de amor y control del que eran conscientes, pero ya cómodas de bailar.
Zafiro sutilmente baja por el cuerpo de Alejandra, quita su rostro que estaba escondido y con una sonrisa suave rozando su rostro con el suyo – Sabes... no entiendo por qué te preocupas tanto.
Su rosto es coqueto como si estuviera disfrutando de ver a su hermana en una encrucijada.
Zafio -puedes soltar todo por una noche, no hay nadie quien nos vea ni nos escuche…no pasara nada.
Alejandra se siente atrapada por la proximidad entre ellas, no es nuevo, pero algo en esta ocasión se siente diferente.
Alejandra- No sabes lo que dices mi pequeña flor- Con un tono firme y tomándola de la cintura la acomoda al lado de ella y la abriga para que duerma, mientras siente como su corazón se acelera, quisiera arrancárselo para no sentir el peso de reprimir sus deseos.
Zafiro siente la frialdad y firmeza de sus manos, pero acepta sus palabras, por más provocativa que pueda ser, solo quiere jugar con los límites de Alejandra.
En la mañana, el sol ya se asomaba por la ventana del cuarto de las princesas y tocan la puerta de esta para despertarlas.
Zafiro se encuentra en su cama rodeada acurrucada por peluches de felpa y muñecos, es tan escurridiza que Alejandra nunca nota cuando entra y se escapa de sus brazos, pero le alegra que, aun en la cama de en frente, sea lo primero que vea.
La hermana mayo ya está sentada en su cama y con una campanilla deja entra a sus doncellas que las ayudaran a levantarse, especialmente a la princesa menor que suele despertar de muy mal humor.
Las doncellas entran una a una y se forman en fila frente a la puerta para empezad con el protocolo de las mañanas, dan una reverencia y saludan a las princesas, aunque la única que las recibe es Alejandra con una sonrisa.
-Esperamos que hayan descansado bien majestades- enuncian en coro las doncellas dando una reverencia.
Alejandra- espero que ustedes también hayan descansado, imagino que es un día atareado, ¿la lluvia causo algún problema el día de hoy?
Sirvienta- no su excelencia, es un día hermoso, el sol brilla para ustedes.
Alejandra- es un alivio, me alegra que no cause destrozos.
Zafiro- creo brilla muy fuerte- aún está dormida, sin abrir los ojos y con el ceño fruncido siente como la luz besa su rostro.
Mientras ambas se levantan de la cama algunas doncellas preparan opciones de conjuntos para las hermanas, arreglan su cabello, asean y maquillan.
Sirvienta- hoy irán a la casa del norte, ¿no es así princesa Alejandra? ¿Desea que preparemos el equipaje?
Alejandra- sí, así es, seria mucha ayuda, por favor preparen algo de ropa y llevare algunos libros, ya sabes cuales son mis preferidos.
Sirvienta-por supuesto majestad, tiene algunos nuevos que sé que podrían agradarle, alistaremos todo con gusto.
Zafiro- yo igual, quiero llevar este, este, ese y esos alhajeros, también preparen mi equipo de caza y algunos frascos.
Algunas sirvientas hacen una pequeña mueca de disgusto, mientras no las ven, saben con el contenido en el que volverán esos recipientes.
Alejandra- es cierto, la casa tiene un amplio jardín, solías encontrar algunos animales ahí, en ese caso podría aprovecharlo también, por favor alista una de mis espadas.
Sirvienta- por supuesto princesa.
- pero… por favor sean discretas, no hay que altear al rey, es la primera vez que nos dejara ir solas, no quisiera que se preocupe.
Las doncellas responden con una sonrisa y una reverencia hacia Alejandra
Mientras las doncellas finalizan los preparativos para el viaje, las princesas salen de su cuarto, tras la gran puerta las espera un caballero que una reverencia y cordialidad las saluda y anuncia
-sus altezas, el Rey y la Reina solicitan vuestra presencia en el salón del trono antes de vuestra partida princesas.
Alejandra intercambia una mirada de confusión y preocupación con Zafiro, ambas sorprendidas por la inesperada convocatoria, el Rey nunca dejaría algo a último momento, con el no hay espacio a sorpresas ni errores.
Las hermanas se dirigen al majestuoso salón del trono, escoltadas por el caballero, por cada paso Alejandra abandona su estado de calma y vulnerabilidad que tenía en el cuarto, por cada paso la espalda se vuelve rígida y las manos se tensan, ya no es Alejandra sino la princesa Alejandra. Zafiro nota la seriedad de su hermana mayor e intenta imitar su seriedad y postura, pero esa no es su naturaleza, por más que lo intente no puede dejar de ser la pequeña princesa, pero aun así está más tranquila que antes, no importa que pase en el gran salón, ahí estará Alejandra.
Al entrar lo primero que se ve es el gran ventanal y la luz que ilumina el trono real cubierto de oro, en el sentado el rey, de porte imponente y mirada severa, sus movimientos y gestos siempre imposibles de leer. La reina sentada a su lado, en su trono notoriamente más pequeño, que en un día de buen humor del rey pidió ponerlo a su lado, siempre parece preocupada mas no triste, sino consiente de que acaba de pasar algo y no tiene el control de absolutamente nada,más que el ser una buena madre , casi que ese es su rol como reina también, aunque no tenga poder político, y no porque no pueda sino por no querer involucrarse, lo único que debe ser es mostrarse como un concepto para reino, ni siquiera el reino la ve como una santa.
Por lo generar las mujeres de la familia real son alabadas como Santas, mujeres con poderes divinos capaces de salvar de todo mal, quienes iluminan al rey para gobernar, pero aun así nadie la ve como tal, por más que el sumo sacerdote la nombrara Reina de la luna, supongo porque nadie asocia la noche como algo bueno, la luz de la luna solo ilumina a los ladrones y asesinos, pero nunca a sus víctimas.
-Mis queridas hijas
Comienza el rey resonando en el amplio salón.
-Hemos decidido permitirles este viaje a la casa del norte para que disfrutéis de un tiempo de esparcimiento y reflexión. Sim embargo, es imperativo que recordéis las responsabilidades que conllevan vuestra posición, Zafiro eres miembro de nuestra familia por lo que no está de más decir que espero un comportamiento acorde y Alejandra, espero no olvides tus obligaciones, volviendo de este descanso hay mucho trabajo que hacer y cuento con tu participación y compromiso como debe ser.
-Por supuesto padre, seremos prudentes y mantendremos el decoro que se espera de nosotras – responde Alejandra con total serenidad, sin emociones, sin desviar los ojos de los de su padre.
La reina se acerca a Zafio, tomando sus manos entre las suyas
-Mi niña, mi luz del amanecer, sé que tu espíritu es libre y aventurero, pero ruego que sigas las indicaciones de tu hermana mayor y evita cualquier imprudencia, no podre estar cerca de ti para cuidarte, confío en que estarás bien.
Zafiro solo sonríe con dulzura, pero se distingue un toque de amargura y desprecio en tales ojos redondos llenos de color y brillo, ¿será que es consciente de la energía que emana? Si es que lo es, no cualquiera podría percibirlo, la reina no es alguien a quien aprecie, por más que le haya dedicado todo su tiempo y esfuerzo a criarla. Suavemente se suelta de las manos de su madre para tomar la de Alejandra, con un pequeño gesto la invita a imitarla saludando a sus padres y dando media vuelta para retirase al fin del castillo.