Lirios en mi corazón

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Summary

En 1182 un samurái y una dama de la nobleza se enamoran desde la primera mirada que se dieron, de ahi forjan un amor lleno de peligro varias adversidades, por un par de años. Romantizando cada paso que dan mientras el suelo bajo sus pies se cae. *Historia ficticia*, solamente inspirada en la guerra Genpei, en el Periodo Heian en Japón.

Status
Ongoing
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El cabezal de cuadra bajo sus manos era sumamente áspero, acoplándose a la textura de sus manos donde tenía grietas debido a la guerra. El cielo se encontraba tranquilo, repleto de oscuridad y de estrellas, galopaba a paso lento junto con sus demás compañeros, su destino, el palacio imperial, se encontraba más cerca.

Llegaron en un instante, entraron con permiso de los guardias imperiales, siendo vigilados de una forma indiscreta por los mismos, se veía un lugar amplio repleto de vegetación y en medio el palacio alto y rojo, con techo de tejas verde.

Adentro de dicho lugar en el shinden-zukuri, un salón abierto, se encontraban, el emperador y nobles junto con sus familias y el resto de bushi, ellos siendo parte de los tres clanes más poderosos de todo Japón, el clan Fujiwara, Minamoto y Taira, aquellos reunidos por la ceremonia el Kagura, una danza ritual sintoísta, caracterizada por entretener y honrar a los dioses.


Esto era un suceso que no se presentaba habitualmente, debido a la guerra Genpei y el odio de los dueños del conflicto civil, los Taira y Minamoto. Los detestaban a toda costa, pero esta fue una reunión especial donde requerían a los clanes más importantes, así que su clan envió a una cierta cantidad de samuráis, incluyéndose en ese grupo, y nobles, con el fin de no ser descortés. El camino había sido relajante comparado a la alta tensión que había en el lugar.


Decidió hacer caso omiso y cuidar de los nobles, el lugar era grande y sumamente sofisticado, los jarrones, los papelógrafos, las pinturas, absolutamente todo.


Se sentó en las filas más alejadas de la presentación, quería tener vigilancia total del área, los asientos eran cojines que estaban sobre tatamis, lo que cubría todo el piso.


Comenzaron con la primera parte de la presentación, la cual era un ritual para preparar el espacio, mientras eso sucedía veía con discreción a todos lados en busca de peligro, pero su vista cayo a las primeras filas del lado izquierdo, justo donde estaban los Taira. Encontró algo más allá de lo que buscaba, una larga cabellera negra sedosa sin recoger, solo con un simple tocado encima. Quedo atontado y no aparto la mirada, por suerte nadie lo veía, porque si no sería su fin.


La dueña de semejante cabellera pudo sentir la mirada y volteo a verlo fijamente, pero no con odio, con una mirada suave, que claramente decía lo refinada que era, a pesar de que las velas del público estaban apagadas, las de las personas del ritual seguían encendidas, así podía ver el traje y la cara de la dama.


Jamás en su vida había visto un rostro tan hermoso como aquel, aun cuando estaba cubierto de todos los productos de estética de la nobleza.

La señorita le sonrió levemente, a pesar de que no podía ver con claridad su sonrisa debido al ohaguro, aun así, imito el gesto.


Cada uno volviendo a su lugar rápidamente después de ver que el ritual terminaba, dando unos momentos para tomar aire fresco y seguir con la danza. Todos se levantaron y abrieron las paredes que eran puertas corredizas a su vez, para poder salir al jardín.


La señorita se reverencio muy poco, colocando el abanico semi abierto en su pecho y se fue, lo estaba saludando de una manera discreta.


Quedo sumamente embobado ante tal gesto, sus compañeros lo guiaron del otro lado del jardín. Mientras ellos hablaban del espectáculo él dijo algo sin pensar.


- ¿Quién era ella? –


- ¿Qué dijiste? – Respondió su kyōdai-bun, su hermano de lealtad y los demás lo voltearon a ver.


Sus ojos se abrieron de par en par.


- Solo pensaba en los detalles tan maravillosos del ritual-


Asintieron y siguieron sin darle mucha relevancia. Al rato volvieron todos a sus asientos para la danza.


De a ratos veía a la dama, en ningún momento volteo a verlo, solo se resignaba a ver su cabellera. En pocos instantes termino todo el espectáculo y llegaría la hora de volver a sus respectivas realidades.


Salió por la puerta de atrás para poder pensar un poco, el dolor de cabeza comenzaba a resurgir de nuevo, en las batallas siempre aparecía, pero ahora era tenía que tener los sentidos agudos en caso de cualquier problema, el cual uno era la joven dama.


Ya estaba decidido a irse cuando de repente escucho pasos mover las pequeñas rocas del suelo, subió la mirada y la vio.


Volvió hacer el mismo saludo anterior. Ahora notando las flores en el país del abanico.

- ¿Quién eres? – Supo que fue irrespetuoso, pero las dudas lo consumían.

- Curioso no saberlo. Me presento, soy Taira no Masako. -

Se sorprendió más de lo que podía, tenía que haberlo visto antes, su forma de caminar, sus modales, lo refinada y linda que era, claramente era una hime, hija de los nobles más poderoso del clan Taira. Había escuchado de la belleza de esta dama, sin embargo, jamás la había visto.


Se presento después de salir de sus pensamientos. -Mucho gusto, Minamoto no Takeshi. -