La ilusión de estar juntos
Cuando era joven y estudiaba en la preparatoria, había una chica que me fascinaba. Era, Dios, era hermosa; pero yo no me enamoré de su apariencia física, me enamoré de su personalidad de manera inconsciente, sin darme cuenta. Mi corazón palpitaba de alegría cuando ella me hablaba; latía con emoción cuando me miraba. Su presencia en sí me hacía sentir seguro; me sentía eufórico. Algo que nunca experimenté en mi infancia. Siempre buscaba una excusa para conversar con ella: pidiendo tareas, a pesar de que yo las completaba todas para tener tiempo libre; preguntas ingenuas, etc.
Bueno, nos volvimos amigos cercanos al poco tiempo. Charlábamos, reíamos; incluso cuando ella se reía, su mano tocaba o rozaba mi brazo o incluso mi mano. Eso me hacía sentir especial. Pero me di cuenta de que era algo habitual en ella; ella lo hacía con cualquier amigo o amiga, ya sea hombre o mujer. Me sentí algo desilusionado al saber que no era único; más bien, estaba consumido por el amor que sentía por ella, que no me di cuenta de que ella no sentía nada por mí.
Pasaron los años. Era el último año de nuestro bachiller juntos. Un día, ella me preguntó, justo antes de nuestra graduación: “¿Crees que soy atractiva?”. Yo quedé sorprendido ante esa pregunta; pero sonreí y le respondí: “Eres muy cautivadora para mí; cada persona tiene sus gustos, y tú estás en mi lista de la mujer más encantadora que he conocido". Ella se rió, pensando que era una broma; mi corazón se hundió, pero fingí una risa falsa.
Cuando nos graduamos, nunca más volví a saber de ella. Entramos en universidades diferentes; ella se fue lejos de la ciudad, y como yo era una persona con una economía precaria, tuve que quedarme en la ciudad. El problema era que nunca me atreví a declararme, a expresar mis sentimientos verdaderos. Cuando respondí su pregunta, creí que ella entendió la insinuación en mis palabras. Yo tenía miedo; ese miedo de ser rechazado. Lo pensé tantas veces; pero el miedo siempre me ganaba. Tal vez, si lo hubiera hecho, tal vez ella sí sentía algo por mí y no lo sabía; pero tenía tanto miedo de expresar mis sentimientos que solo viví con esa ilusión de estar con ella; que ella esté a mi lado, en mis brazos, riéndose de mis chistes; tener una vida feliz… Junto a ella.
- Rodrigo D. Frutos.