𖥔 ・゚✧:・゚✧ 𝐏𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫 𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 ✧・゚:✧・゚𖥔
Era lunes por la mañana, y mientras los demás estudiantes murmuraban con desgano, Julieta miraba por la ventana deseando que aquel día pasará rápido... Cómo todos los demás.
Había dicho nada desde que entró a clase. No por elección, sino porque hablar dolía. Desde muy pequeña, aprendió que sus palabras no importaban, que sus lágrimas estorbaban, y que soñar era algo que otros podían permitirse, pero no ella.
Pero sin embargo, algo cambió ese día.
La puerta se abrió con suavidad y entró una mujer de mirada cálida, cabello liso castaño claro y una sonrisa suave.
—Buenos días, soy la profesora Andyna —dijo con voz de terciopelo—. Espero agradarles a todos y aprender cosas nuevas.
Julieta no supo por qué, pero sintió un nudo diferente en el pecho. No era tristeza... era algo que hacía mucho no sentía: curiosidad.
En la última fila de la sala de clases. Julieta levantó la mano.
—Profe... ¿puedo compartir mi cuaderno de cuentos?
Julieta, tenía ojos grandes, un peluche colgando de su mochila, y una forma de hablar tan dulce que parecía un susurro.
Ese fue el primer día que Julieta notó que no estaba tan sola como creía.
Julieta, con sus cuadernos de colores y palabras simples, con sus risitas nerviosas y su forma de aferrarse al osito como si fuera su mundo entero…
Julieta la observó. Sintió una extraña conexión. Como si aquella chica habitara un lugar al que ella también pertenecía, pero había olvidado cómo llegar.
Cuando terminó la hora de clase, Julieta decidió acercarse a la maestra.
—¿Te gustaría que cierre la puerta? Así no hay ruidos de afuera.— Andyna parecía captar su incomodidad de querer hablar.
Julieta asiente con la cabeza.
—Está bien… gracias.
Andyna se sienta al borde del escritorio, sin apuro y Julieta abraza su mochila como si fuera un salvavidas.
—A veces no tenemos palabras para todo lo que sentimos… y está bien.— Andyna suspiro.— Pero estoy aquí si alguna de esas palabras quiere salir.
Julieta mira el piso con nerviosismo.
— sé que apenas te conozco, pero no tengo a alguien A quién decirle esto. Pero siento... Siento que no encajó. Y todos me dicen que debo ser fuerte. Pero no puedo.— Suspira y traga saliva para intentar desenredar su nudo en la garganta.— Que hay algo en mí que es como… muy frágil. Como si yo fuera chiquita por dentro.
—¿Sabes algo, Julieta? Hay personas que llevan una niña dentro… una muy especial, que solo quiere ser cuidada. Y eso no es algo malo. Es algo muy valiente de reconocer.— dice Andyna acercándose despacio, con respeto.
— Solo siento que nadie me comprende y me siento sola en este mundo... Y mi familia no parece comprenderme, y ni se da el tiempo para darme un abrazo.—
—Aquí no tienes que fingir ser fuerte, ni esconder esa parte tuya. Aquí puedes ser tú, completa… incluso si eso significa ser muy, muy pequeñita por dentro.— Dice Andyna con ternura, sentándose a su lado.
Julieta se queda en silencio. Una lágrima cae, y no la esconde. Andyna no dice nada más, solo extiende los brazos. Julieta duda... pero luego, se deja caer en ellos, como si lo hubiera estado esperando toda la vida.
—¿Está mal… querer ser niña otra vez?— Julieta susurra mientras una lágrima cae por su mejilla.—
—No, mi amor. A veces, es justo lo que necesitamos para sanar.— Andyna la abraza sin dudarlo.
—¿Está mal si... a veces imagino que soy así?— pregunto mirando sus manos que descansaban en su regazo.
—No está mal. Al contrario, es precioso que puedas imaginarlo.— Andyna dice con voz dulce, mientras la ve con unos ojos de amor materno.








