A.T.A.F: Los 4 Titanes (Edición Roja)

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Summary

(Esta es una versión directa. Sin prólogos, sin notas, sin dibujos. Solo la historia) Hace milenios, la Tierra tembló ante la furia de cuatro bestias prehistóricas elementales: el mar se tragó civilizaciones, el cielo rugió, el fuego quemó los bosques desde dentro y la tierra caminó sobre piernas de titán. Eran más que bestias. Eran la furia de la naturaleza. Y fueron sofocados por los propios ciclos de la misma Pero en la actualidad, un culto extremista malinterpretó las advertencias del pasado y al desenterrar cuatro reliquias ancestrales, liberaron el fin del mundo.

Genre
Scifi/Action
Author
R Gmz
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1 - Primer Despertar

El mundo era verde, salvaje y antiguo.

Los árboles se alzaban como grandes torres, cubiertos por lianas. El aire era espeso, saturado del aroma húmedo de la vegetación podrida, y el cielo pasaba del rojo al dorado cada tarde como si se incendiara desde los bordes.

En el corazón de esta tierra indomable, una manada de Parasaurolophus cruzaba un río tranquilo. Las crías balbuceaban mientras bebían, y los adultos levantaban sus crestas a cada sonido extraño. A lo lejos, sobre las colinas, el silbido grave de un gran Apatosaurus respondía con pereza.

A ras del suelo, los ojos afilados de un Dromaeosaurus juvenil brillaban entre las sombras. Sus plumas se mecían con el viento como si fueran parte del follaje. Caminaba sin apuro, siguiendo rastros invisibles, acechando sin hambre, guiado más por el instinto que por la necesidad.

El ecosistema era brutal, sí, pero también estaba en equilibrio.

Bajo el agua, los ríos se comunicaban con lagunas, donde los Plesiosaurios flotaban como serpientes de cuello largo y mirada tranquila. A veces, un Mosasaurio joven irrumpía entre ellos, desatando la huida como una exhalación repentina.

En los cielos, Pteranodones volaban por las corrientes de aire. Sus alas membranosas les permitían hacerlo.

Pero la extraña paz de este mundo antiguo, estaba cada vez siendo mas perturbada, porque el mundo estaba cambiando.

Por pura presencia de algo mas grande.

En lo alto de una meseta abrasada por el cálido sol, una sombra descansaba inmóvil, como si fuera parte del suelo mismo. Medía más que cualquier criatura, con una vela dorsal tan grande como un barco, y un cuerpo que exhalaba vapor al contacto con el suelo. Dormía. Pero de su respiración escapaban pequeñas ondas de calor que hacían aumentar la temperatura.

Más allá, en una fosa marina profunda, algo se movía entre las grietas. Cuando se desplazaba, las corrientes cambiaban de dirección, e incluso los Mosasaurios mas grandes huían de los lugares mas profundos.

En la jungla densa, una figura alada, de proporciones imposibles se levantaba entre los árboles. Sus alas dobladas parecían grandes montañas. Cuando volaba, su mirada seguía los movimientos del mundo con la paciencia de un depredador que no necesita correr.

Y en el valle... entre grandes coníferas, un cuello largo como un edificio se movía lentamente, casi en cámara lenta, con cada paso que daba, pequeñas ondas sísmicas emergían a su alrededor.

Estos Titanes no pasaban desapercibidos.

Tampoco eran leyendas, eran reales. Y el mundo temblaba bajo su paso.

El gran Quetzalcoatlus descendía desde los cielos, con alas tan grandes que llegaban a formar una sombra colosal, y levantaba a los jóvenes Judiceratops entre sus garras solo para soltarlos desde lo alto y observar el impacto.

El Megalodón titánico emergía en mitad de los océanos, arrastrando Pliosaurus enteros a las profundidades, dejando tras de sí corrientes teñidas de rojo.

El Sauroposeidon gigantesco aplastaba bosques enteros al caminar, aplastando con facilidad a mas de un Giganotosaurio con cada pisotón.

Y el Dimetrodon colosal, envuelto en vapor, devoraba a cualquier criatura que se acercara a los lagos termales que reclamaba como suyos.

Las demás criaturas, por enormes, feroces o letales que fueran, sabían que estas cuatro presencias reinaban sobre ellas.

Eran más antiguos que el miedo.

No eran parte del ecosistema.

Eran el desequilibrio encarnado.