Prólogo
La luz volvió y el comunicador que llevaba años sin usarse empezó a reproducir un mensaje.
— ¿E-está f-fu-funcion-nando?— Se escuchó una voz joven y distorsionada,prácticamente irreconocible. Se notaba que esta cosa tenía tiempo sin usarse.— T-tengo que hac-er esto rápido.
La respiración del dueño de aquella voz se escuchaba agitada, como si acabara de terminar de correr. Nadie podía creer nada de lo que pasaba, habían estado horas intentando hacer funcionar el maldito aparato, pero no había forma de pedir ayuda, ¿y de la nada llegaba un mensaje de un desconocido que ni siquiera sabían si podían fiarse de él?
— Ellos... me están buscando, saben que lo tengo... crearon a "eso" para atraparme.— El mensaje continuó, nadie sabía a qué se refería con "eso", ya habían enfrentado varias cosas a las cuales no se les podía dar ningún nombre.— Aunque no lo creáis... me conocéis... ellos lo saben, ellos también os persiguen y "eso" esta entre vosotros.
Nadie decía nada al respecto, esa última frase dejó a todos en shock pero seguían sin saber quién era. No había ninguna lógica en todo esto, no conocían a nadie que fuera capaz de mandar un mensaje así, y lo más importante: todos estuvieron juntos desde el minuto uno... O al menos eso creían.
— Él... esa cosa... no soy yo. Sabe disimular bien...pero hay una pequeña diferencia entre él y yo— La confianza que tenían entre ellos se esfumó más rápido que la luz hace unas horas, nadie era capaz de decir nada, el miedo recorría cada parte de su ser. La tensión se notaba en el aire.— Los recuerdos de mi vida... no tienen orden alguno, ni siquiera para mí... Eso os da una ve-ven-taja— La conexión estaba volviendo a fallar— Pero eso... su misma existencia no admite e-errores, n-no permite ningún hueco vacío...
Esa era una buena pista, ¿el problema? Fácil. Si aquello tenía sus recuerdos perfectamente y no como el original tendría que buscar desde la raíz de todo de que antes empezará, pero el mensaje continuó.
— Quizás no solucione mucho lo que dije, pero sólo tenéis que estar atentos y veréis otros comportamient- — Se escuchó un fuerte estruendo, un golpe, a todos se les puso la piel de gallina, temiendo por la vida del desconocido. — Mierda... — Susurró—... So-lo puedo dec-ciro-os una cosa m-ás...— Lo que parecían pasos se empezaron a escuchar, rápidos, ruidosos y para nada humanos... — De-debeis i-ir a...— Otro golpe, más fuerte, más desesperado... Un grito desgarrador, nada bueno podía estar pasando ahí.— ¡Joder!.... ¡Ir a- — Un último golpe se escuchó y la comunicación se cortó.
Las respiraciones de todos era lo único que se escuchaba, nadie entendía nada, nadie confiaba en nadie y por último, todos sabían que nada bueno estaba por pasar.