MALDECIDO POR TU AMOR ♟️

All Rights Reserved ©

Summary

> En un mundo dulce e inocente… como cualquier Omegaverse. ¿No es así? Error. Aquí todos son tus enemigos. Todos están listos para apuñalarte por la espalda. La confianza es el primer paso hacia la traición. Los Omegas son las amenazas disfrazadas de dulzura. Los Betas, con su falsa neutralidad, siempre juegan a dos bandos… pero si les conviene, te venderán. Los Alfas son los depredadores: si se obsesionan contigo… ya no escaparás. Aquí, el amor no es un regalo. Aquí, el amor… es una maldición.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Primera regla

Primer capítulo


Primera regla


Primera regla: Aquí nadie es tu amigo.

Segunda regla: El amor será tu maldición

Tercera regla: todos usamos máscaras

Cuarta regla: Si confías estás cometiendo un error

Quinta regla: Para sobrevivir tienes que Dañar


Así son las cosas aquí.


¿Te enamoraste?


Jajaja… no me hagas reír.

Me das lástima.


Porque en este mundo, amar es un privilegio… solo para los tontos.

Es un capricho egoísta.

Un error que se paga con cicatrices, con lágrimas… y a veces con destrucción.


Muy pocas relaciones sobreviven.

Y las que lo hacen… solo aprenden a ocultar las heridas.


Aquí, el amor no te salva.

Aquí, el amor te maldice.


¿Quieres que sea más claro?


Imagina esto:

Dos personas se enamoran. Al principio todo es dulce:

Cariño, atención, promesas eternas, lo que toda pareja "perfecta" debería tener.


Pero recuerda lo que dije…

Es solo un capricho.


Cuando uno de los dos se aburre…

Desecha al otro. Lo hiere. Lo rompe.


Y aunque ya no lo ame…

No lo deja ser libre.


¿Por qué?

Porque así es este mundo.


Tal vez ya no te amen…

Pero aun así te siguen reclamando como suyo.


Porque para ellos… aunque ya no seas amor…

sigues siendo propiedad.


Jajaja… Bienvenido a tu condena.


Oh.. y antes de que lo olvide..


Este mundo tiene 3 jerarquías


El reino de los híbridos.

El reino humano.


Y....


El reino silencioso ¿Por qué silencioso? Bueno como tal no es una jerarquía pero... Haci se les llama a grupos conformados por OMEGAS y BETAS ALFAS y BETAS...


Así funcionan las cosas..


—pasos



---


—Bueno aquí tienes, lo que querías. —dijo amablemente con un sonrisa.


—Muchas Gracias, eres muy amable..


—Se lo agradezco. Si no es mucha molestia… ¿podría saber su nombre?


El otro pareció dudar un segundo.

Sus labios se curvaron apenas.


—¿Mi nombre…?


—¡Sí! Su nombre —dijo Adeleine con una sonrisa dulce, pero su tono tenía un filo invisible.


La otra persona forzó una sonrisa.

—Mi nombre… es muy común. No creo que le interese.


—Oh, no importa. —Adeleine inclinó apenas la cabeza, sin borrar su sonrisa—. Puede decírmelo. Me gusta saber el nombre... De mis clientes.


—Qué interesante pasatiempo —respondió el otro con una sonrisa forzada. Su mirada, sin embargo, se volvió incómoda.


—Maxwell, ese es mí nombre —dijo al fin. Su voz arrastraba cierta molestia.


—Que hermoso nombre, Maxwell —comento con un tono suave, aunque sin el menor rastro de sinceridad.


—Y ahora... ¿tú me puedes decir tu nombre? Estamos en confianza...


—Sí, mucha confianza —dijo Adeleine, con una sonrisa que ahora estaba cargada de una molestia apenas contenida—. Adeleine. Ese es mi nombre.


—Adeleine. Es un gusto.


—El gusto es mío... Maxwell.


Adeleine sonrió más, conteniendo el creciente enojo que le ardía bajo la piel.


—Me retiro, Adeleine —dijo Maxwell, acercándose con esa tranquilidad ensayada. Le dio unas palmaditas suaves en el hombro. Calmadas... pero cargadas de algo más oscuro.

Dominio. Burla. Juego.


Adeleine sostuvo la sonrisa, pero sus ojos hablaron por él.


—Ya quiero volver a verte...


Su voz fue suave, pero su mirada decía otra cosa. Algo más profundo. Más venenoso.


Maxwell se giró con pasos suaves, casi silenciosos… pero firmes, decididos.

No necesitó mirar atrás.



---


—Hasta que te dignas a llegar! —dijo una voz llena de odio y reclamo.


—¡¿Qué querías que hiciera?! Ese maldito chico está jugando con fuego —espetó Maxwell, la voz quebrada entre furia e impotencia.


—No puedo creerlo… —Dominic habló más bajo, pero cada palabra llevaba plomo—. Eres un completo idiota.


—Ese tal Adeleine... ¡Es un hijo de...! —Maxwell respiró hondo, temblando de rabia—. Está jugando con lo que no debe.


Dominic entrecerró los ojos. Lo miró como si ya estuviera enterrándolo en su mente.


—Maxwell, tenías una sola. Puta. Tarea —su voz sonó como un filo apretado entre los dientes—.

Y si no la cumples…

Terminamos el trato. Así de simple.


—¡Oh no, no! —gritó Maxwell, con los ojos abiertos por la rabia—. ¡No vamos a terminar el trato!


Dominic soltó una risa seca. Una carcajada sin humor, solo para dejar claro que ya había ganado.

—Lo sabía.

Su tono era tan firme que no dejaba lugar a discusión.

—Entonces cumple tu parte del trato. Si quieres que siga ayudándote… haz lo que te toca.


—¡Está bien! —gruñó Maxwell, tragándose la frustración—. Pero ese maldito Adeleine me está colmando la paciencia...


—¿Crees que me importa?


El silencio fue duro. Maxwell bajó la cabeza, murmurando como un niño castigado:


—Ok... ok...


Su mirada cambió, se volvió más suave, más enfermiza.


—Tú... tú sigue vigilando a mi precioso Riusak.

Es tan hermoso. Tan perfecto...~


> Maldito loco enamorado... pensó.




—Bueno, Maxwell… tienes una tarea. —Dominic se acercó despacio, como un depredador al acecho.


Pasó el brazo por encima de sus hombros con una falsa familiaridad. Maxwell apenas se tensó… sabía lo que venía.


Dominic se inclinó, sus labios apenas rozando el borde de su oído.


—No es tan difícil lo que te pedí… —susurró con voz baja, serpenteante—.

Así que no hagas una estupidez…

Una de esas que terminas lamentando.


Maxwell tragó saliva. Su cuerpo tembló, pero no dijo nada.


Maxwell solo pudo quedarse en silencio.

Tragó saliva con dificultad, sintiendo cómo el aire se volvía más pesado.


Dominic lo observaba. Esperó unos segundos más antes de continuar.


—Bueno… ya sabes lo que tienes que hacer —dijo con una sonrisa maniaca, como si disfrutara cada segundo de su control.


—Sí… —murmuró Maxwell en voz baja, derrotado.


—Ah… y una cosa más —Dominic bajó el tono, pero su voz se volvió más áspera—.

No quiero que el niñito Adeleine le haga... o toque al lindo Omega Mike.


—Entiendo...


Dominic se acercó lo suficiente para que Maxwell sintiera su aliento helado.


—Si me llego a enterar —alzando la voz con un tono peligrosamente serio— que alguien daña a Mike...


> Tú pagas las consecuencias, Maxwell. ¿Oíste?




Maxwell tragó saliva otra vez.

Y esta vez… no pudo responder.


—Ahora... Asegúrate de vigilar bien a Adeleine —dijo con una mirada severa y llena de advertencia — más te vale que no se te escape de la vista...


—si.. entiendo —se fue con pasos despachos y la respiración entrecortada por el miedo.