¡No me toques! ⤿ woosan

Summary

"No soy un juguete usado... Soy una joya..." - Lenguaje inapropiado. - Escenas sexuales. - Relatos violentos. - Muertes. - Manipulación. - Drogas. - Maltrato físico.

Status
Complete
Chapters
30
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Tomó la botella de cerveza, bebiendo con lentitud mientras sus ojos recorrían aquel club. Su mandíbula se encontraba por completo tensa, molesto por estar perdiendo el tiempo en aquel lugar.

Su ceño se frunció cuando la iluminación cambió por completo y la música, que segundos antes era estridente y bordeando lo irritante, cambió por una suave y relajante. Entonces, la voz delicada, casi como terciopelo, envolvió cada lugar y todo el estruendo de risas y voces se redujo a un instante. Ése instante.

— ¿Y eso? —preguntó confundido, sin esperarse en verdad que aquel hombre de estampa delicada y elegante apareciera en el escenario; demasiado fuera de lugar, desentonando por completo en ese club. Escuchó la risa llena de diversión del hombre tras la barra, mas su mirada siguió en trance con el pelirrojo en el escenario.

— ¿Te gusta? —el hombre preguntó ante el notorio interés que aquel hombre mostraba en el cantante. Mismo interés que no mostró en absoluto por las chicas que bailaban ahora al ritmo de las notas que el pelirrojo entregaba—, lástima. No debería. Es intocable.

Lo miró por unos segundos, sorprendido ante sus palabras.

¿Intocable?

Sonrió; tampoco le interesaba en realidad. Bebió de golpe su cerveza, dejando el dinero sobre la barra y levantándose para perderse en los obscuros pasillos de aquel club. Se alejó de aquella voz hipnótica tan rápido como pudo, ignorando que de igual forma, terminaría siendo su perdición.


Observó su teléfono por un momento, moviendo su cuello hasta hacerlo tronar. Podía sentir la tensión recorrer cada músculo de su cuerpo, pero se forzó a mantener su expresión neutral. Volvió a guardar el móvil en su bolsillo, chasqueando la lengua con cierta molestia cuando el único lugar tranquilo que encontró en aquel Club, fue ocupado por una pareja que estaba demasiado preocupada en sí misma como para notar su presencia.

Salió de la bodega que se había convertido en su lugar seguro y se adentró por el único pasillo que no estaba iluminado con luces de neón, lo que contrastaba con el resto del ambiente, perdiéndose hasta enfrentarse a una puerta. Inhaló y exhaló un par de veces, su mano masajeando con suavidad su cuello para disminuir en algo los nudos que allí se formaban y entonces, golpeó con sus nudillos sobre la dura superficie. Guardó silencio, ignorando el sonido de la música que seguía llegando a sus oídos de manera lejana ya; segundos después, la puerta se abrió con lentitud, en una invitación tácita a continuar.

Entró con actitud tranquila, sin denotar que pese a ello, se encontraba por completo a la defensiva. Sus ojos obscuros vagaron por la oficina, analizando de manera crítica al hombre que cerró la puerta tras él. Era de su estatura, pero su contextura era por lejos, mucho más corpulenta que la de él mismo. Una de sus comisuras se alzó con burla, porque nadie mejor que él comprendía que habían habilidades mucho más valoradas que la fuerza bruta. Un cuerpo enorme no te garantizaba nada en una situación de vida o muerte.

—No parece agradarte demasiado mi amigo de seguridad—. La voz de Song Mingi lo devolvió a la realidad, captando su atención por completo. Se detuvo frente al sofá que aquel hombre ocupaba, manteniéndose impasible ante el profundo juicio al que estaba siendo sometido por el castaño frente a él. Mingi bebió lentamente del vaso de whisky que sostenía, arqueando una ceja con diversión al ver la nula respuesta del pelinegro, suspirando derrotado luego de un rato. —Ve afuera, necesito privacidad con nuestro invitado —ordenó al tercer hombre en la habitación.

—Sí, Señor—. El guardia le dio una última mirada, dejándole claro que cualquier movimiento en falso sería una estupidez, y abandonó la oficina sin decir algo más.

Mingi sonrió entretenido apenas se encontraron solos. —Así que Choi San. Me alegra que hayas aceptado mi invitación. Es un placer tenerte en mi amado Velvet.

—El placer es mío, Señor Park. Su invitación fue en verdad generosa, lo agradezco.

— ¿Y? ¿Qué tal te pareció el lugar?

San meditó por un momento, sonriendo luego de unos segundos a Mingi al encontrar la respuesta que buscaba. —Tal como dicen, el mejor lugar para ser feliz en todo Seúl, Señor.

— ¿Y tú? ¿Fuiste feliz, San? —dijo con una sonrisa que distó mucho de mostrar felicidad—, ¿Lo escuchaste?

—Lo escuché, pero no estoy en este lugar para disfrutar del ambiente, Señor Song. Creí que necesitaba mis servicios profesionales.

Mingi se levantó, parándose frente a San quien, pese a la cercanía, no se movió ni un sólo milímetro. La mirada de Mingi se clavó en la suya y pese a que éste seguía manteniendo aquella actitud despreocupada, San pudo notar la amenaza inminente en cada una de sus acciones. Era un hombre peligroso y no debía gozar de una inteligencia considerable para darse cuenta de ello.

—Así es, te traje porque eres efectivo en tu trabajo. Te investigué profundamente; tanto, que podría asesinar incluso a tus putos abuelos si decidieras cometer el tonto error de actuar contra mí—sonrió, palmeando la mejilla de San de forma condescendiente—, así que ten claro que por más que me agrade tu destacable historial profesional, odio las traiciones. Te traje porque eres el mejor, y mi joya necesita ser cuidada por profesionales y no esos imbéciles que están cuidando mi maldito club.

— ¿Guardaespaldas? —preguntó, mas teniendo claro en verdad que Song Mingi lo había llamado como un simple niñero. Un muy costoso y letal niñero.

Una sonrisa curvó los labios de Mingi cuando la puerta de la oficina se abrió, alejándose de San para acercarse al pelirrojo que ahora los acompañaba. San se mantuvo en su lugar, ignorando la forma en que Mingi atrajo al pelirrojo en un beso profundo, que claramente estaba dado para demostrar poder y posesión. Quiso reír, porque en verdad poco le importaba qué tipo de trabajo debía realizar, pero odiaba aquellos arrebatos emocionales.

Cuando Mingi al fin finalizó aquel beso, los ojos del pelirrojo se dirigieron hacia San, recorriéndolo de pies a cabeza con una sonrisa llena de burla, mas San evitó reaccionar. Incluso en el momento en que Mingi volvió a tomar asiento en el sofá, esta vez con el pelirrojo sobre su regazo, se mantuvo en silencio. Estaba allí para trabajar, no para juzgar las demostraciones territoriales de su jefe.

— ¿Y él? —el pelirrojo preguntó con diversión, dejando que la mano de Mingi recorriera una de sus piernas con ritmo parsimonioso.

—Choi San, trabajará con nosotros, bebé—respondió contra su cuello, lamiendo sutilmente su piel. El chico de cabello rojizo frunció el ceño con molestia, lo que provocó cierta curiosidad en San.

— ¿Es una broma? ¿Contrataste un jodido niñero? —intentó zafarse, pero Mingi cerró sus manos alrededor de su cintura, manteniéndolo en su lugar con firmeza.

—Eres mi bien más preciado, Wooyoung. No puedo dejar que otros te lastimen, porque todos saben que por ti soy capaz de todo.

—Esto es estúpido... Puedo cuidarme solo, no soy una de tus putas bailarinas que ruegan por tu atención.

—Necesito que mi joya se mantenga a salvo y si debo pagarle una suma obscena de dinero a este agradable hombre para que te mantenga fuera de peligro y se encargue de asesinar a quien se atreva a acercarse a ti, voy a hacerlo. Así que controla tu carácter y deja que te mantenga a salvo, no quieres enojarme, ¿Verdad?

San observó sin emitir palabras, viendo la expresión de Wooyoung cruzar fugazmente por el miedo antes de que su sonrisa arrogante volviera a curvar sus labios.

—Bien, págale a este tipo entonces, pero olvídate de que volveré a estar jodidamente encerrado por tu estúpido miedo a que algo suceda.

—Eso es, bebé. Tú sólo deja que cuide de ti. Ya veremos si te ganas el permiso de abandonar tu hogar en algún momento.

Mingi sonrió, besando de forma hambrienta los labios del pelirrojo mientras su mano se perdía entre sus piernas. El pelinegro tuvo el instinto de maldecir al escuchar el gemido que escapó de la boca de Wooyoung ser amortiguado por aquel beso. Entonces, el pelirrojo se giró hacia él con una sonrisa ácida, extendiendo su cuello cuando Mingi siguió besándolo.

—Así que, Choi San —dijo con burla, sus ojos fijos en los del pelinegro mientras Mingi se encargaba de acariciar y besar su cuerpo—, ¿Piensas quedarte ahí toda la noche o vas a regalarnos privacidad? Quizá te gusta mirar.

Escuchó la risa de Mingi ante las palabras de su joya, suspirando antes de hacer una ligera reverencia a la pareja. — Cuando esté listo para volver, puede encontrarme en la barra, Señor.

—Te veo en un rato, niñero.

Wooyoung rió, entregándole su atención a Mingi por completo ahora. El pelinegro abandonó la oficina, ignorando la mirada del guardia personal de Mingi y se dirigió a la barra, sentándose con brusquedad, levemente fastidiado ante el primer encuentro con su protegido.

Intocable había dicho el tipo tras la barra y ahora comprendía. La forma en la que Mingi se relacionaba con el pelirrojo era completamente peligrosa y tuvo claro que Wooyoung estaba fuera de todo límite.

Jung Wooyoung era su joya, y claramente Song Mingi no permitiría que nadie pusiera un dedo sobre él.


¿Cuánto tiempo más tardaría aquel jodido pelirrojo en salir de esa oficina?

Se sentía fastidiado ya bajo aquellas luces de neón y música estridente; de tanto en tanto, las ganas de abandonar el Club parecían ganarle a su profesionalismo habitual; sin embargo, se obligaba a mantenerse en su lugar de manera impasible, bebiendo lentamente su cerveza con la vista fija en alguna de las mujeres que se movían a su alrededor, en un intento por distraerse pese al desagrado que brotaba silencioso por momentos.

Aquellas chicas que se balanceaban con ritmo lento, frotándose a veces contra los clientes —aquellos que denotaban un alto nivel social—, comprendían a la perfección aquel negocio. Era divertido ver lo fríamente estudiado que tenían el límite entre seducir a sus clientes y pasarse de plano a la prostitución.

Porque en el Velvet todo era perfectamente legal. Siempre al borde, mas nunca rompiendo ni una sola ley.

Arqueó una ceja con cierta entretención cuando la pelinegra que llevaba largos minutos con sus ojos fijos en él se acercó al fin, montándose sobre una de sus rodillas y enredando sus delgados brazos alrededor de su cuello con total confianza, sus rostros quedando a escasos centímetros. Pudo sentir el aroma de su perfume golpearlo directamente. Demasiado dulce. Demasiado fácil. Cada detalle en ella estratégicamente estudiado para volverse el infierno de algunos de esos pobres hombres que caían en ese Infierno disfrazado de Paraíso.

—Nunca lo había visto en este lugar — la chica dijo con una sonrisa tenue y sus ojos examinando cada una de sus reacciones—, hubiese memorizado su rostro y me hubiera convertido en su favorita.

Una de sus comisuras se alzó al escuchar la seguridad en sus palabras. — ¿Memorizas el rostro de cada uno de tus clientes...?

—Jade. Mi nombre es Jade, Señor.

La pelinegra se restregó, jadeando débilmente para entrar por completo en aquel juego tan bien planeado, no porque realmente disfrutara. Sus ojos destellando con deseo fingido, esperando que su nuevo cliente —o víctima—, cayera en su totalidad..

Quiso reír ante la comprensión de sus nombres. Las joyas de aquel lugar que brillaban para atraer la atención de hombres desesperados y ansiosos de poseerlas. Joyas, que en apariencia, debían ser finas y delicadas, mas que en ese lugar sólo se ensuciaban y perdían cualquier vestigio de su real valor.

Y allí, entre toda aquella corrupción y suciedad, relucía aquel pelirrojo que Song Mingi había catalogado como su joya más preciada.

—Hey, niñero; no sabía que te pagaban por estar restregándote con las bailarinas.

Sus ojos se cruzaron con los del pelirrojo, quien se mantenía con aquella sonrisa arrogante luego de pronunciar aquello, dejando claro el poco interés que tenía por sus compañeras. La chica, Jade, se levantó de manera automática al escuchar a Wooyoung, sonriendo con un respeto que claramente no sentía y alejándose tal cual llegó para dejarlos solos. San bebió el resto de su cerveza de un sólo trago, levantándose con desinterés para enfrentar al pelirrojo que esperaba con fastidio.

— ¿Está listo para salir del Club, Señor?

Wooyoung frunció el ceño al notar el sarcasmo en sus palabras; era obvio que San comprendía a la perfección que su jefe no era el pelirrojo y que no lo veía como una figura de autoridad. —Eres un imbécil insolente.

— ¿Vamos o no, Señor? —repitió, optando por ignorar el enojo de su protegido.

—Hijo de puta... De todos modos sigues siendo mi jodido perro, no deberías estar intentando salir de tu lugar.

San suspiró. —Claro, jamás querría aquello, Señor.

Wooyoung chasqueó su lengua por completo frustrado, caminando hacia la salida sin preocuparse de las miradas molestas de cada persona que se cruzaba en su camino, consciente de que tampoco podían hacer mucho para recriminar por su actitud; San exhaló agotado, siguiendo los pasos del pelirrojo a una distancia prudente. Ya fuera del Club, vio a Wooyoung detenerse y mirar alrededor, rodeando su cuerpo con sus brazos ante el frío nocturno que lo golpeó. Su ceño se encontraba profundamente fruncido y su labio inferior se abultó de forma sutil por unos segundos antes de mirar, ahora con fastidio, al pelinegro.

La duda clara en su expresión.

— ¿Dónde está tu auto? —preguntó con tono molesto y sin un poco de respeto.

San quiso reír ante la actitud del pelirrojo. Le quedaba claro que Song Mingi se había encargado de hacerle creer que el mundo se encontraba a sus pies y por supuesto, Wooyoung se veía bastante cómodo con aquella idea, por lo que se volvía imposible relacionarse con él.

—Aquí está su carruaje, Señor —habló con tono apático, acercándose a la motocicleta que se encontraba aparcada frente al lugar.

Vio los ojos de Wooyoung ampliarse antes de que una carcajada llena de incredulidad escapara de sus labios.

—Olvídalo. No voy a subirme en esa jodida cosa— dijo molesto, odiando la forma en que el pelinegro lo observó. Podía notar a simple vista que no le agradaba a su nuevo niñero y tampoco iba a esforzarse por cambiarlo.

San bufó, revoleando sus ojos de manera inevitable. —Me pagan por mantenerlo a salvo, así que deje sus juegos y larguémonos de una puta vez. Dudo que al Señor Song le agrade saber que terminó con un resfrío por su berrinche.

— ¿Berrinche? Oh, Dios... Vete a la mierda. Al Señor Song tampoco le agradará saber que estás siendo un hijo de puta conmigo— habló destilando molestia, dando un par de pasos hacia el Club y sobresaltándose cuando sintió el agarre en su brazo, observando confundido—, ¿Qué crees que haces?

—Suba a la motocicleta, sólo estamos retrasando las cosas y ambos sabemos que terminará obedeciendo de igual forma— murmuró, liberando el brazo de Wooyoung. El pelirrojo chasqueó su lengua, caminando hasta la motocicleta con expresión molesta.

Luego de haber visto la forma en que Mingi había tranquilizado a Wooyoung, tenía claro que aquella actitud del pelirrojo era una simple demostración de superioridad, por lo que no le interesaba demasiado si amenazaba con ir y delatar su forma de actuar. Lo vio devolver su mirada, molesto y sin ganas de aceptar su derrota, en espera de que su niñero lo siguiese.

— ¿Piensas quedarte ahí toda la noche? Muévete de una vez, imbécil.

—Sí, Señor.

Sin más palabras, entregó el casco para su protegido y se montó en la motocicleta seguido de Wooyoung; los brazos del pelirrojo se ciñeron en su cintura con renuencia, apegándose aún más cuando emprendieron la marcha a toda velocidad.

Tenía los datos necesarios para llegar al apartamento que el pelirrojo ocupaba, por lo que el viaje acabó antes de que pudiese volverse molesto para ambos. Ya frente al lujoso edificio, Wooyoung entregó con brusquedad la protección y entró sin siquiera molestarse en esperar; el pelinegro dejó escapar un profundo suspiro, siguiendo al chico en silencio hasta el último piso del lugar.

Tal como su trabajo debía ser, desbloqueó la cerradura electrónica y entró al apartamento antes que el pelirrojo; su mano descansando sobre la empuñadura de su arma en forma casual, pero por completo alerta. Revisó con rapidez el lugar, frunciendo el ceño al ver a la chica rubia paralizarse en la habitación al verlo. Suspiró, volviendo a la sala para encontrar a Wooyoung apoyado contra la isla de su cocina, observando con evidente burla al pelinegro que ahora era seguido por una aterrorizada pelirrubia.

— ¿No hay monstruos bajo mi cama, niñero? —se burló de la exagerada atención que San estaba mostrando en su trabajo.

San relamió sus labios, conteniendo el impulso de revolear sus ojos una vez más al escucharlo. —Asegure la puerta apenas yo me marche; la seguridad del edificio no ha tenido fallas según la información que me envió el Señor Song, de todos modos es mejor evitar problemas; estaré a primera hora mañana para llevarlo al Club.

—Esto es ridículo... —rió, caminando hasta el bar que decoraba la amplia sala y sirviendo con molestia el líquido transparente que San asumió, era vodka—, no soy una de sus jodidas putas que lloran por su atención... No necesito que me vigilen de esta forma... No es como si alguien tuviese la valentía para hacer algo sabiendo que le pertenezco a mi Mingi.

—Lo veo en la mañana —dijo ignorando a su protegido, regalándole una última mirada a la pelirrubia que se mantenía en silencio.

El pelirrojo observó a su niñero abandonar el apartamento y una sonrisa curvó sus labios, tomando la botella luego de un par de segundos de dudas. Sus ojos recorrieron el amplio lugar, caminando hacia su habitación con los pasos de la chica tras él, como cada noche.

—Prepárame un baño, estoy agotado, Yerim-ah —ordenó, sintiendo su cuerpo tenso.

La chica sonrió. — ¿Tu nuevo guardaespaldas? No creí que luego del anterior, el Señor Mingi fuese a arriesgarse otra vez.

—Supongo. De cualquier modo, fue un idiota y rompió las reglas; se merecía terminar como lo hizo —respondió con desinterés—, el perro nuevo está adiestrado mejor que el último imbécil.

—No te ves muy feliz con esto, Wooyoung-ah.

El pelirrojo sonrió, bebiendo un largo sorbo de la botella para luego desnudarse por completo, entrando en la bañera apenas el agua estuvo a tope.

—A veces olvido que sigo siendo una cosa, Yerim-ah...

—Wooyoung... Una cosa que necesita ser custodiada.

—Da igual, al menos estás conmigo. Puedes ir a dormir ya; buenas noches, Yerim-ah.

Yerim asintió, haciendo una pequeña venia hacia el pelirrojo que ahora observaba en silencio el techo, su brazo cayendo inerte fuera de la bañera con la botella en su mano, como si nada lo alcanzara realmente.

—Buenas noches, Wooyoung. Espero puedas descansar hoy.

Escuchó los gráciles pasos de la rubia alejarse, suspirando con cansancio antes de volver a beber un largo trago de la botella, dejando que el ardor del alcohol al bajar por su garganta, fuese adormeciendo su mente por completo, acallando cualquier pensamiento inadecuado. Porque era una joya, y su trabajo era brillar para Mingi en cualquier circunstancia.


Me encantaría dar créditos a quien lo merezca pero solo me mandaron el archivo como “Untouchable” y los capítulos :( pero sea quien sea, le doy los créditos correspondientes. Si alguien sabe quien es, por favor comentarlo y así la agregaré en la descripción de esta novela. ❤️‍🔥