PARAMNESIA

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Summary

Cuando eres una persona solitaria, se te hace difícil amar. Te acostumbras tanto a ser independiente emocionalmente, que tiene que llegar una persona muy especial para que cambies eso.

Genre
Fantasy
Author
Marion
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

COURTNEY

Courtney se acomodó los audífonos, esperando que suenen 5 timbres en sus oídos.

Tin, tin, tin, tin, tin.

Como todos los días, tendió su cama, las sábanas blancas y un par de almohadas del mismo color. Quería creer que es casi su estilo, la verdad, no había otro que fuera gustarle, o mas bien, no podía.

Se sentó en su escritorio, abrió su cuaderno medio descuidado, buscando la hoja blanca y empezó a escribir. Casi siempre sonreía o reía mientras escribía.

A la misma hora, 8am su puerta sonaba.

— Adelante. — dijo, sin apartar la mirada de su cuaderno.

— Buenos días.

Courtney miró a la mujer, que la conocía desde que tenia memoria. Ella se veía alegre, en sus manos llevaba una bandejita de desayuno: jugo de naranja, pan integral tostado y un pequeño frasquito de plástico que contenía unas caramelos, mis favoritos. La verdad, es que a veces olvidaba tomarlos o los dejo por ahí y lo olvido después.

— Anna, buenos días —sonrió—. Estoy escribiendo.

— Me alegra mucho que te sientas inspirada.

— Lo estoy. ¡Aprendiste otra palabra en señas!

— ¿Lo dije bien?

— Sí, aunque sabes que no tienes que aprender por mí, ¿sabes? Son un montón de palabras y muchísimas señas que memorizar.

— Bueno, por lo menos puedo memorizar las palabras que mas uso contigo.

Courtney sonrió. Tomó el frasquito de plástico que contenía los caramelos, eran muy pequeños, redondos, blancos y se lo tragó, echando la cabeza hacia atrás, luego tomo su jugo. Observo como Anna dejo la bandeja sobre el velador, al lado de su cama. Acomodándooslo para que no este al borde.

— ¿Alguna novedad? — pregunto, nerviosa.

— Bueno, hay un nuevo voluntario. Joven, un poco mas de tu edad.

Mmm… esto es interesante.

Courtney miró a Anna, esperando que le diera mas detalles. Tenia curiosidad.

— ¿En serio? —la observó— ¿Y cómo es?

— ¿Quieres que observe por ti y luego pasarte información para tu historia? — sonrió, levantando una ceja.

— Tal vez… — suelta una pequeña risa—, me ayudaría a inspirarme.

— Bien. Tal vez te lo presente. Cuando se sienta seguro.

— ¿Es tímido? Vamos…

— No lo sé, pero tendría que explicarle sobre tu condición.

— ¿Qué? ¿Qué soy sorda? No hay problema. Solo espero que pueda aprender señas y no sea alguien gruñón. ¡O tal vez sí! Serviría para mi historia. — sonríe.

Anna negó la cabeza con una sonrisa. Apoyando un puño en su cadera.

Vestía con ropa blanca, un uniforme como vestido que le llegaba hasta debajo de las rodillas, unos tenis blancos, su peinado de siempre era un moño atrás bien hecho. También llevaba un parche con su nombre en su pecho, en la izquierda que estaba bordado con hilo negro: “Anna”.

— Bueno, debo irme. Quizás, vuelva luego para presentarte. O nos vemos en el almuerzo.

— Entendido, capitana. — ríe.

— Te dejo para que sigas escribiendo.

— ¡Gracias! Ya sabes que pronto seré una escritora muy famosa.

— Deberías incluir tus dibujos. Eres muy buena en eso.

— ¡Buena idea! — abrió los ojos.

Tomó otro papel medio arrugado, de su vasito de lápices tomo el primero que atrapo y empezó a dibujar. A dibujar lo que pasaba en su mente.

Anna sonrió apenas, casi le salió una mueca, pero agradeció que no la viera. Soltó un suspiro y retrocedió. Salió de la habitación y cerro la puerta despacio.

Courtney no se dio cuenta, seguía dibujando. Empezó a tatarear una melodía que siempre se inventaba. Para ella no creía que sonaba mal. Solo sabía que era como una nota baja que sonaban en su mente.

La verdad, es que era una artista muy talentosa. Tanto en la escritura como en los dibujos. Se imaginaba algo para dibujar justo la parte que mas le gustaba de su historia. En su habitación tenia un pequeño mueble donde estaban sus libros de dibujos de anatomía humana, anatomía animal, y también tenia otro de paisajes de fantasía: castillos, escaleras que van al cielo, puentes de maderas apenas colgados de los árboles, hongos gigantes, unicornios, hadas […] todo sobre la fantasía.

Siempre intentaba averiguar la personalidad de cada uno de sus personajes, aunque la mayoría eran inspirados con las personas que vivía.

Courtney se preguntaba cómo era el chico nuevo, aunque esperaba que fuera guapo. Y de ahí, tal vez, podría conquistarle su corazón como en los cuentos de hadas. Donde el príncipe rescata a la princesa, la lleva en su caballo hasta el Castillo, donde se dan un beso de recién casados.

Al mediodía, dejo su pelo suelto ondulado. La verdad, es que ni se había peinado, pero casi no se notaba. Es decir, a nadie le importaba. Cada uno tenia su estilo propio, por ejemplo: uno tenia cara amargado, otra tenia un moño apenas bien hecho, otra tenia una cola bien alta con unos mechones sueltos.

Courtney abrió su puerta y cerró tras ella, las demás personas vestían como ella. Todos iban al mismo lugar que ella. Se toco una vez mas sus audífonos, asegurándose que no se caigan. Con una sonrisa, avanzo. No sabia por qué estaba muy feliz. Quizás, le emocionaba conocer al nuevo voluntario.

Busco con la mirada un nuestro rostro, así sabrá que es el nuevo voluntario. Solo esperaba que fuera alguien amable.

Tomo la bandeja y fue al puesto de almuerzo, esta vez sirvieron mejor que la anterior: pechuga de pollo, puré de papa, y ensalada de lechuga con zanahoria; de postre fue gelatina con un pequeño plato de frutas. Agradeció mentalmente, que no sirvieran papaya. La verdad, es que odiaba la papaya. Aunque dicen que es la “mejor” para la gastritis, el hígado, la vesícula. La verdad, no lo creía. Solo era algo para engañar a su mente, estaba segura.

Busco con la mirada una mesa vacía, la verdad, es que le incomodaba sentarse con los demás. Aún no era tan sociable, o quizás, iba ser difícil por su condición auditiva. Aunque, no era tan malo comer sola y disfrutar del almuerzo. Podía comer y observar a su alrededor e imaginarse que estaba en un lugar precioso, como en un bosque encantado. Donde habían mariposas azules volando, una oruga gigante con zapatitos fumando y soltando humos en formas de letras, un unicornio tan blanco como la nieve…. Hasta que todo eso desapareció gracias al mismo chico pesado que apareció frente a ella, Elliot, su compañero.

— ¡Hola Courtney! — sonó tan alegre, de hecho, exageradamente alegre.

— ¿Qué quieres? — rodeó los ojos.

— Preguntarte cómo estás.

— Estaba bien, hasta que apareciste.

Elliot jadeó, ofendido.

— Pero por dentro, sé que me quieres. ¡Lo sé! ¿Viste? Acabo de decirte en señas. —se sentó a su lado—. Oye, ¿oíste del nuevo que acaba de llegar?

Courtney trago duro su pollo, la verdad, es que olvido mascar.

— No. ¿Qué nuevo? ¿Otro loquito como nos dicen?

— Sabes que no nos dicen “locos”, Courtney. —rodeo los ojos.

— ¿Entonces?

— Otro voluntario. Creo que es joven, como mi edad. —sonrió.

— ¿En serio? ¿Y quieres comértelo o qué?

— Tendré que ver si es guapo.

— Pensé que te gustaban las chicas.

— ¡Ay! Te pusiste celosita. Descuida cariño, aún eres mi favorita.

Courtney rodeo los ojos, clavando su tenedor al puré de papa.

— Bueno, creo que me aburrí de las chicas. Creo que es momento de darle la oportunidad a un muchacho.

— ¿Y crees que le gustaras a un chico?

— Tal vez sí, tal vez no… jijiji. Tal vez al nuevo.

“Al nuevo”

Y apenas era un poco mas del mediodía.

Courtney soltó un suspiro, la verdad, es que estaba mejor en su mundo cuando estaba sola. Pero con Elliot, a su lado le ponía de mal humor, en especial cuando siempre olía a cigarro. Normalmente, estaba prohibido, pero cuando recibía visitas, sus amigos muy, muy pesados, les entregaban paquetes de cigarros y fumaba en el jardín, lo mas lejos posible. Luego tomaba una menta, pero a veces, el olor a cigarro se notaba mas ya que cubría en todo su cuerpo. No entendía cómo nadie le dijo nada.

— Oye, ¿quieres jugar después? Muero por ganarte una partida de ajedrez.

— ¿Para qué? ¿Para que luego me enfade cuando pierda y te lance sobre la cabeza con el tablero de ajedrez?

— No querrás que ellos —apunto con la cabeza a unos hombres con el uniforme color beige, la camiseta y el pantalón, también llevaban unos tenis blancos al igual que Anna— te tomen de los brazos y te lleven al lugar “oscuro”, ¿no?

— Entonces, no me provoques.

— Es divertido.

No, no lo es.

Elliot bufo, rodeando los ojos mientras encogía los hombros. Observo a su alrededor buscando algo qué juzgar, burlarse y reírse de su propio chiste.

Otros de aquí se veían muy tranquilos, relajados, conversando con sus compañeros y también habían otros tan solitarios como ella, en su propio mundo.

— ¿Y qué tal tu historia?

— Todavía no tengo inspiración.

— Y… ¿qué tal la pintura?

— Tampoco tengo inspiración.

Elliot bufo, de nuevo.

— ¿Acaso ya no tienes inspiración? Tal vez, podrías dejar de tomar los…

— No. — le interrumpió.

Elliot levanto las manos, abriendo mas los ojos, sonriendo.

— Yo solo decía, pequitas.

No supo qué más decir. Pero ya lo conocía muy bien, sabía lo que diría él. Tenía la misma sonrisa de siempre, la sonrisa de “tengo ganas de joderte un poquitito” . Aunque, lo quiera mucho, pero a veces es tan pesado que se arrepiente de haberle enseñado algunas palabras en señas, no esta mal, le hace sentir cómoda y es fácil comunicarse. De hecho, creo que el único de, ¿cómo lo dicen? “Nuestra especie”.

Courtney fue llevada de vuelta a la habitación por orden de Anna, casi protestaba. Solo bufo, pero quedo convencida cuando ella le dijo que podría continuar con su historia y sus dibujos y pintura. Que podría entretenerse el resto del día y que le llevarían comida a la habitación. Ahí quedo mas que convencida, al menos, no tendrá que soportar al pesado de Elliot. Aunque, a veces su actitud le ayuda para inspirarse en algún personaje para su historia. Después de todo, es algo útil.

Anna le había dicho que estuviera tranquila, que alguien la visitará y que no olvidara hacer ejercicios de respiración.

Poca convencida de sus palabras, no hizo una pregunta. Aunque, sospechaba que algo tramaba, algo muy, muy malo. Quizás, alguien iba a atacarla y la dejaron indefensa, o tal vez, era una señal de que le ayudara a escabullirse y que su príncipe encantado estará ahí, esperándola para rescatarla e irse a vivir juntos y felices.

Se miro al espejo, trato de peinarse un poco. Hizo una mueca al notar unas ojeras bajo sus ojos, pero ojalá que disimulara con su pecas.

Solo rogaba que no se acabara la pila en medio de la conversación. O tal vez, sí. Para la excusa perfecta e ignorar al viejo o vieja que le presentarán. Porque era nuevo que recibiera visitas. Nadie lo hizo. Pero sí, era raro.

Quizás, no tan raro si es alguien de sus fantasías.

JULIAN

Tenía los brazos cruzados sobre su pecho, poniendo atención cada palabra del jefe de su nuevo trabajo, Charles.

Él estaba sentado frente a la mesa, observando los papeles de cada archivo. Como si buscara a alguien especifico, porque ni se molestaba en leer si uno tenia mas grave que el otro. O así lo entendió. De todos modos, se quedo callado y esperando.

Julian empezó a observar la oficina: las paredes eran grises, los muebles de madera, el sofá que estaba al lado de la puerta era color verde esmeralda, también habían unas plantas en unos rincones, una lámpara sobre el techo, detrás de él un mueble grande donde estaban todos sus libros y archivos por abecedario y en la pared de la izquierda unos certificados.

— Aquí esta — dijo, mientras ponía el archivo sobre todo los demás—. Perdóname la demora, es que con tantos, es difícil en estos días.

— Descuida, director.

— Verás, ese caso es especial. Y por lo que leí en tu currículum, tienes mucha paciencia.

— Solo quiero ayudar.

— Por supuesto, verás… ella… ¿cómo lo digo? — subió un poco sus lentes de medialuna— Sé que todos son especiales, tratamos a todos por iguales. Pero, esa señorita… va mas allá. Y la verdad, hemos intentado todo por ayudarla, pero creo que no se siente muy cómoda ya que todos de aquí somos mayores, viejos… —soltó una risa— Y creemos que, tal vez podría mejorar con alguien cerca de tu edad. Quizás, entenderla. Pero, se requiere, mucha, muchísima paciencia.

— Entiendo.

Él soltó un suspiro, entregándolo el archivo color bronce, dentro habían bastantes papeles: informes, estudios, análisis, resultados, todo. Julian con la expresión relajada, trato de no imaginarse a alguien muy, muy… cof, cof… loca.

Bueno, tal vez lo sea, pero esperaba que no taaaaan loca.

— Vemos cómo avanzan, si hay mejoras o no. Aquí, esta tu cuaderno de notas. Puedes anotar todos sus cambios de humor, ideas, sus gustos… algo para que pudiéramos mantenerla cómoda hasta que pueda sanar. Pero hay algo importante.

— Dime.

— Es sorda, bueno… solo perdió el 80% de audición en los dos oídos. Aunque, usa audífonos, pero podrías hablarle mejor de frente.

— Entiendo.

— En tu currículum dice que fuiste interprete.

— Correcto. Uno de familia es sordo, y toda la familia nos comunicamos con lenguaje de señas.

— Maravilloso. Entonces, supongo que no será ningún problema.

— ¿Cuándo empiezo? — preguntó, firme.

— Si es posible, puedo presentarte ahora. Y vemos si hay un nuevo progreso.

— Mhm… — asintió.

— Acompáñame, por favor.

Ambos se pararon y salieron de la oficina, mientras caminaban por los pasillos, él le explicaba cada lugar que pasaban. Julian asentía, poniendo atención.

Observo a algunos con curiosidad. De hecho, escuchaba perfectamente las conversaciones ajenas. También oía los pasos por todos lados, las gotas de los grifos de un baño que acaban de pasar. También, oyó algún grito lejano. El sonido de la naturaleza en la que se encontraban, el canto de los pájaros.

Ambos se detuvieron frente a una puerta marrón, había un letrero de madera que decía “Courtney”. Estaba pintado como abstracto.

— ¿Es artista?

— Bueno… eso cree ella.

Julian frunció el ceño. Observando el arte, estaba seguro que era artista. Tenía talento.

Charles dio un par de toques con los nudillos. Julian sabia que había alguien adentro, la escuchaba muy claro. Parecía inquieta, podía escuchar el movimiento de un lápiz, luego el borrador. Sonaba frustrada.

No esperaron respuesta, simplemente, Charles abrió la puerta e hizo la señal para llamar su atención: prendiendo y apagando la luz un par de veces. Hasta que Courtney volteó hacia ellos.

— Courtney… quiero presentarte a alguien.

Casi quedo paralizado por su belleza: tez blanca, un… buen peinado recién hecho, notó sus pecas sobre su nariz puntiaguda, labios gruesos. Casi, casi quedo flechado por sus ojos grandes y grises.

Aclaro la garganta, juntando las manos tras la espalda. — Es un placer conocerla, señorita Courtney. — dijo, frente a ella. — O….. Es un placer conocerla. — dijo, esta vez en señas.

Aquello hizo sorprender tanto a Courtney, sus ojos y su boca se agrandaron tanto que termino en una sonrisa.

¿Eres sordo?

— No. Interprete.

— Oh —dijo, sin dejar de sonreír. Se veía encantada—. Bueno, igual puedo hablar.

Charles sonrió, pero apenas se notó. — El joven Caleb, esta dispuesto a acompañarte y ayudarte.

— ¿Ayudarme? — frunció el ceño.

— A que estés mas cómoda.

— ¡Oh! ¿Cómo un príncipe rescatando a su doncella? — sonrió divertida.

Julian casi sonrió ante aquella —para él— broma. A primera impresión, parecía una chica común, quizás, tranquila. Notó un cierto acento extraño, aunque sabía que los sordos, al no pronunciar bien, hace que sus formas de pronunciar suenen diferentes. Pero, para eso estaba aquí. Para cuidarla, conocerla, vigilarla y quizás, pueda ayudarla. En un lugar como este, podría necesitarla. Mas que nada, por su condición auditiva. Era la única del lugar y sabía que —sin contar Charles— sería complicado poder comunicarse con ella. Se preguntaba cómo había aguantado ser la única que no podía oír. Debió ser muy frustrante apenas escuchar a su alrededor.

— Bueno… los dejo para que se conozcan antes de la hora del té.

— Gracias.

Charles les regalo una sonrisa a ambos antes de dejarlos. Entonces, estaban solos.

Aunque, Julian se aseguro que sus pasos sonaran mas lejos y mas bajitos. Y que nadie se acercara a interrumpirlos.

Ahora sí estaban completamente solos.

Observó alrededor de su habitación. Era simple: una cama de dos plazas bien ordenada, al lado había un velador con una lámpara. Un escritorio donde se encontraba junto a su silla. Un mueble donde guardaban varios libros. Al lado de la puerta de la entraba había un ropero pequeño con un espejo.

— Sé que mi habitación es muy simple, pero trato de decorarlos con mis dibujos. Solo que ahora me quede sin cinta adhesiva.

— Ya veo. Quiero decir… me gusta.

— Gracias.

— ¿Puedo… sentarme? — señaló la cama.

— Por supuesto. Hay que conocernos —sonrió—. ¿Tienes tu seña?

— Sí. J…..N

— ¡Oh! Con la seña empezando con la “J”, moviendo hacia la izquierda en un veloz terminando en la “N”.

— Correcto. ¿Y el tuyo?

— Con la “C”, desde mi cabeza, moviendo en ondas hasta abajo. Por el rizado de mi pelo.

— Ingeniosa.

— Gracias.

COURTNEY

Las personas mágicas existen.Aparecen de la nada. Son aquellas que saben ganarse tu confianza rápido y de forma inesperada. De pronto un día llegan a tu vida, empiezan a hablar de todo, de alegrías, daños, experiencias, penas y heridas.

Cuando te das cuenta, no recuerdas como era tu vida antes de que las conocieras. Así son las personas mágicas.

Y allí están, llegan a tu universo para darte un aire más liviano, para brindarte su amistad, su mano y elevar su energía juntos. Llegan para abrazarte y muchas veces para quedarse.

No tenía idea de cómo ese milagro se cumplió, pero solo rogaba que durara por mucho tiempo.

Solo moría las ganas de contárselo a Elliot.

Era el único con quién conversaba de todos lo que viven aquí.

Mientras lo miraba, lo miraba… se dio cuenta de algo, era… exactamente al personaje de sus sueños. Sonara raro, incluso una locura, pero él se veía exactamente como el caballero que viniera a buscarla y rescatarla de la torre mas alta en la que se encontraba. Solo faltaba tener una melena tan largo como Rapunzel.

— ¿Sabes? Eres exactamente cómo mi sueño.

— ¿Tu sueño?

— ¡Sí! Tu pelo oscuro, musculoso —doblo los brazos hacia arriba— y creo que estas bronceado.

— Sí, pase un tiempo en el sol.

— Supongo que en la playa, dentro del mar, haciendo castillo de arena…

— Sí, estuve en el mar.

— Y ahora estas aquí, conmigo —llevando las palmas a su pecho—. Como si mi sueño invadiera tu mente para que te aparecieras aquí.

— Supongo que sí, pero no me quejo.

Aplaudió, emocionada.

Él estaba sentado sobre la cama. Dando un vistazo rápido a toda la habitación, sobre sus piernas llevaba un archivo.

Podía imaginarse a su compañero Elliot echándole una mirada, es un poco pesado, pero lo aguanta. Y decirle lo que le pasa por su pequeña cabeza, aunque también es algo idiota. Porque se cree muy superior a todos los chicos de aquí. Es soportable, pero lo quiere mucho Es mas, es el que mas le cuido aquí.

Se preguntaba cómo iba ser esa “aventura”, si se podía decir. Tal vez, si llegara a confiar en ella, podían salir y explorar el mundo exterior.

— ¿Sabes? Es curioso que a veces, imaginaba que alguien viniera a rescatarme de este lugar y llevarme muy lejos. ¡Y llegaste tú! Dime, ¿tienes un plan? — junto los dedos, moviendo entre ellos. Con una sonrisa maliciosa.

Observo su sonrisa mientras negaba la cabeza. Era tan… ¡perfecto!

— La verdad, no… por ahora.

Courtney jadeó, sonriendo mas.

— Pero, pronto tendrás un plan, ¿cierto?

— Tal vez demore un poco, pero lo tendré y para cuando la tenga, te sacaré de aquí.

— No viniste casualmente a “estudiarme”, ¿cierto?

— No del todo. Vine porque creo que tienes algo especial.

— Pero si apenas me conoces, ¿cómo es posible?

Julian se inclinó hacía ella, de nuevo con esa sonrisa maliciosa.

— ¿Crees que es la primera vez que te veo? ¿No me viste antes… tal vez, en tus sueños?

El pulso se le acelero mas.

— Tranquila, puedo escuchar tu pulso. Respira — tomo las manos, confiado—. Inhala… ahora, exhala.

Courtney no dijo nada, pero por dentro quería gritar mil cosas bonitas. Después, se calmó. Su pecho, su corazón, su pulso ya iba a un ritmo normal. Sus ojos jamás se apartaron. Pero, le gustaba.

JULIAN

El hecho de poder escuchar su pulso, le daba escalofríos. Aún no acostumbra ruidos muy fuerte. Al menos, para alguien que escucha como él. Tenía que mantenerla lo mas tranquila posible.

Le preguntó lo que ya sabía gracias al archivo personal, solo para conversar y que se sienta mas cómoda. Empezar una confianza. Poco a poco.

Y el resto, ella sabrá lo que sucede a su alrededor. Solo tenía que cuidarla, protegerla. Porque ese es su deber. Es lo que ella deseaba.

Quiso distraerla y olvidar lo de hace un momento, al estudiar su habitación, logro hacer la pregunta sin tomarle mucho tiempo en pensar.

— ¿Qué tal si me enseñas tus bocetos? Apuesto que tienes bastantes cuadernos de dibujos.

Quedaba encantado con esos ojos grises. Aproximadamente el 3% de la población mundial tiene ojos grises naturales.

Observo como se buscaba alrededor de su habitación, tomo el primer cuaderno que estaba sobre la mesa. Pero se frustro al saber que se equivoco de cuaderno. Luego tomo otro y sonrió. Rápidamente, se sentó a su lado.

COURTNEY

Qué placer da a veces el simple hecho de coincidir. Ni más ni menos, sin importar que pase.

Simplemente estar ahí.

Mismo lugar, mismo tiempo, mirándonos fijamente.

Que bonito es coincidir.

Nerviosa, movía las manos. Esperando una reacción de parte de él. Pero se mantenía serio, aunque por el movimiento de sus ojos diría que estudiaba cada detalle de cada boceto, se preguntaba si le gustaba, si no le gustaba, si debía mejorar o si esperaba algún consejo.

Aunque, se mantuvo callada, estaba muy, muy ansiosa.

La verdad, no estuvo segura como tuvo el valor de enseñar uno de sus cuadernos mas “sagrados” si se podía decir. Normalmente, las personas de aquí, solo veían las hojas que dejaban sueltas y uno que asentía, otro levantaba los pulgares mientras sonreía. La verdad, no estaba segura si eran expresiones honestas u opiniones honestas. Porque, podría jurar… podría jurar que le dicen algo de frente y cuando le dan la espalda, dicen otra cosa. No estaba segura cómo, porque no escuchaba bien y tampoco podía leer los labios, pero algo le decía que comentaban cosas negativas. Pero él… Julian se mantuvo callado, solo mostraba expresiones.

— La verdad… tienes un gran talento.

— ¿En serio?

— Sí, en serio. —sonrió Julian.

— Gracias.

— ¿Sabes? Si logras… ya sabes, estar mejor. Tal vez, pueda contactar a mis conocidos y presentar tus obras. Claro, en obras mucho mas grandes.

— ¿Y vender?

— ¿Y venderlos?

— ¿Me lo prometes?

— Si me prometes tú, que vas a mejorar.

— Lo haré.

Sin pensarlo, se lanzo hacia él a abrazarlo, sin querer lo lanzo hacia la cama. Notó como se tenso su cuerpo bajo de ella, pero no le importo. Tenia que aprovechar esa suerte que le estaba pasando. ¡Es surrealista!

¿Ella? ¿Presentando obras? ¿Exponiendo en lugares famosos? ¿Caminando con tacones altos, un vestido negro, su pelo suelto y ondulado, con el maquillaje simple? ¿Acompañada de ese galán? ¿VENDIENDO UNA OBRA?

— Tú y yo vamos a tener muchas aventuras. — le dijo.