Prólogo
Era el mediodía de un viernes cualquiera, hace un mes había comenzando la primavera, si me lo preguntas es la mejor estación del año. Todo está más vivo, se siente como una nueva manera de empezar. A la salida del instituto, me fui al gimnasio para despejarme un poco y aunque esté en mi estación favorita, este año no estaba siendo fácil: perdí a mi mejor amiga y mi novio me terminó. Comencé el último año del instituto con el pie izquierdo, pero al menos con el pasar de los meses, sentía que por fin tenía todo bajo control.
No niego que a veces extrañaba a Cory, mi ex, que de un día para el otro me confesó que ya no me amaba. Fue doloroso. Él fue mi primer y único novio. Y en cuanto a Phoebe, mi mejor amiga... bueno desgraciadamente cambió para mal. Sus comentarios se volvieron hirientes, constantes, como si todo lo que yo hacía le molestara. Aunque la quería, de su parte el cariño que nos unia ya no existía. No podía seguir permitiendo que me lastimara una y otra vez, sólo por miedo a no perderla. Aún así, por momentos la extrañaba.
Pero debía enfocarme en mi futuro. Tenía una meta: estudiar medicina en Stanford. Quería ser oncóloga. Deseaba encontrar la cura del cáncer, esa enfermedad maldita que me arrebató a mi madre.
Cuando volví del gimnasio, papá no estaba. Seguramente se encontraba en su despacho, como de costumbre. Y no lo digo por presumir, pero mi padre, Owen Jones, es uno de los abogados más prestigiosos del Estado de Arizona. Hace tres años atrás, cuando murió Elizabeth, mi madre, ambos fuimos el sostén del otro. Él perdió al amor de su vida y yo a mamá. En honor a la memoria de su difunta esposa, plantó orquídeas en el jardín --las flores favoritas de mi madre-- para tenerla siempre presente. Le agradezco a Dios por darme un padre como Owen, no lo cambiaría por nada del mundo.
Esa noche, después de cenar, subí a mi habitación. Revisé Instagram y la primera historia que me apareció fue la de Cory. Al verla, sentí como se hundió mi pecho: era él abrazando a una chica. De fondo sonaba Yellow de Coldplay. La dedicatoria decía "Los mejores tres meses a tu lado". Lo irónico es que habíamos terminado hace cuatro meses.
Me sentí traicionada, como si nunca le hubiera importado, le entregué dos años de mi vida mientras él me engañaba con otra.
Cuando terminó la historia, apareció una publicidad de una aplicación para hablar con desconocidos. Se llamaba Nexo. Estaba tan distraída y despechada que la descargué sin pensarlo.
Quería pensar en otra cosa, distraerme. Como era anónima, me puse de nombre de usuario @clarodeluna, por la canción de Beethoven. Elegí una foto de perfil donde sólo se veía mi cuerpo: llevaba unos vaqueros ajustados y un top negro que hacía que se destaque mi cintura.
Apenas creé la cuenta, comenzaron a llegar mensajes. Muchos. Demasiados saludos genéricos. Ninguno interesante.
Excepto uno.
Un usuario con el nombre @cerogrados me llamó la atención. Tenía dos fotos: en una mostraba su torso definido, y en la otra, sus ojos. Eran celestes como un cielo. Eran hermosos.
Chat con cerogrados:
-Puedo hacerte una pregunta?
¿Qué tanto puede preguntar un extraño?
No lo sabía en ese momento, pero ese mensaje fue el principio de todo. El primer paso hacia un torbellino del que no saldría ilesa.