La rosa blanca
Desde que tengo memoria, siempre estuve en búsqueda de algo que llenara mi alma. Iba de iglesia en iglesia, sentándome en bancas ajenas, sintiendo que nada me pertenecía. Hasta que un día, sin esperarlo, llegué a un lugar distinto. Era una iglesia sencilla, pero mi corazón la reconoció como su hogar. Ahí, por primera vez, sentí que Dios me decía: “Este es tu lugar”.
El 10 de junio del 2022 tomé la mejor decisión de mi vida: me bauticé. No fue un simple acto simbólico, fue una entrega real, una rendición de mi corazón a Aquel que siempre me esperó. Pero lo que marcó ese día de una manera especial fue lo que sucedió después.
En el jardín de mi casa apareció una rosa blanca. Al principio pensé que a alguien se le había caído, pero estaba tan perfecta, tan intacta, que parecía puesta ahí con intención. Blanca, pura, como un recordatorio de que algo nuevo había comenzado en mí. Esa rosa era mi señal. Dios me había hablado en silencio.
Pero como pasa con muchos, me alejé. Dejé de ir a la iglesia. La rutina, el ruido del mundo, las dudas, me fueron apartando poco a poco. Hasta que hace dos semanas, algo cambió.
Mi cuarto, que siempre había sido mi refugio, se volvió un lugar de miedo. No podía dormir, sentía cosas que no podía explicar. Oscuridad espiritual. Y fue en ese miedo que recordé la rosa blanca. Recordé el día de mi bautizo. Y con eso, supe que debía volver. No a cualquier iglesia. A mi iglesia. A mi casa.
Con miedo, crucé esa puerta. Algo dentro de mí intentaba detenerme, pero respiré profundo y entré. Me quedé al segundo servicio, y Dios habló. Palabra tras palabra me llegaba como respuesta. Al final hablé con el pastor. Le conté todo, y él oró por mí. Me dijo que ya no tendría miedo. Que mi cuarto volvería a ser mi lugar seguro. Y así fue.
En la prédica, el pastor dijo algo que se me quedó grabado:
“Uno debe buscar al hombre de los Cantares”, y explicó:
“Ese hombre eres tú mismo. Si no hubieras escuchado a tu interior, no estarías aquí hoy tomando la santa cena del Señor.”
Y entonces dije: “Wow”. Tenía razon
“No ignores las señales que Dios te da, ni los susurros que te llaman a volver. A veces, el miedo es solo la antesala de una restauración. Tu alma sabe cuándo es tiempo de regresar a casa. Escúchala. Dios siempre te estará esperando con una rosa blanca en el jardín.”