Deseo Que Seas Mi Regalo 🎁 Kookmin "One Shot" by Kerfi at Inkitt
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Deseo que seas mi regalo 🎁 KOOKMIN "ONE SHOT"

Summary

Un deseo hecho con amor. Una infidelidad. Consecuencias que lastimaron a dos seres que se amaban. Una decisión Un solo amor ☆ Historia 100% mía. ☆ Un solo capítulo. ☆ Prohibido su copia, plagio o como gusten llamarlo.

Genre
Drama
Author
Kerfi
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

DESEO QUE SEAS MI REGALO

Lo Ășnico que pedĂ­ era que mi novio estuviera el dĂ­a de mi cumpleaños, solo pedĂ­ que Ă©l fuera mi regalo. No necesitaba nada mĂĄs, solo lo necesitaba a Ă©l.

—Mira, mi amor, una estrella fugaz. Pide un deseo —la suave voz de Jungkook resonó en su oído mientras sus fornidos brazos rodeaban su cintura.

Deseo que seas mi regalo, Jungkookie.

Un deseo lleno de amor pidiĂł mientras cerraba sus ojos y tocaba las manos de su contrario.

—¿No me dirĂĄs quĂ© pediste?

—No, Kookie. Si te lo digo, no se cumplirá —sonrió tiernamente.

Palabras que nos han dicho desde pequeños: "pide un deseo, pero no se lo digas a nadie o no se cumplirå". Palabras que tan solo son eso, creencias a las que nos aferramos porque nos dan esperanza de que lo que pedimos un día se haga realidad.

—Mi pequeño amor —sonriĂł cĂĄlidamente para luego dejar un beso en sus cabellos rubios.

Llevaban ya una relación de un año, un año donde compartieron tanto. Un año donde el de cabellera rubia pensaba que conocía muy bien a su novio, donde juraba que este lo amaba incondicionalmente. Donde su Kookie, como lo llamaba con cariño, era el mejor novio del mundo.

—Hace frío, Kookie. Entremos —dijo, haciendo que este lo tomara de la mano e ingresaran a su habitación.

Durante ese año habían decidido vivir juntos y no por separado. El departamento era pequeño pero acogedor: dos habitaciones, sala, comedor y cocina, y por supuesto, un pequeño balcón que daba una hermosa vista hacia el exterior.

Jungkook trabajaba en una academia de canto. La paga era buena, demasiado buena, suficiente para costear por sĂ­ solo los gastos que implicaba un hogar.

Jimin, en cambio, era profesor de baile: su sueño hecho realidad. No se quejaba de la paga, era buena aunque menor que la de su novio. Los dos trabajaban en el mismo edificio, solo que en diferentes åreas y horarios.

—Odio los lunes —se quejó Jungkook tirándose sobre la cama boca abajo.

—TĂș odias todos los dĂ­as, Kookie —soltĂł divertido mientras se subĂ­a a horcajadas sobre Ă©l.

Era domingo por la noche, dĂ­a en que ninguno trabajaba y el tiempo se lo dedicaban el uno al otro.

ÂżPero por cuĂĄnto tiempo durarĂĄ?

—Eso es mentira, Minnie. Amo los fines de semana donde puedo pasar todo el día junto a ti.

En un movimiento limpio se dio la vuelta sin hacer que Jimin se quitara de encima.

—TambiĂ©n amo pasar tiempo contigo, Kookie, pero nuestros trabajos no ayudan mucho.

—Lo sĂ©. Por eso aprovecho al mĂĄximo teniĂ©ndote junto a mĂ­ —se apoyĂł en sus codos e hizo un poco de presiĂłn para que lo besara.

Jimin tan solo sonrió tiernamente al ver tal gesto, que hacía que su corazón latiera desenfrenado, y lo besó. Besó esos labios que tanto amaba y que eran solo de él... ¿o no?

—Te harĂ© mĂ­o, Park Jimin —susurrĂł con voz ronca, haciĂ©ndose ver mĂĄs sexy de lo que ya era.

—Siempre he sido tuyo, Jeon Jungkook —respondió para fundirse en sus brazos.

Y ahĂ­, una vez mĂĄs, se entregaron, uniendo sus cuerpos como la primera vez que lo tomĂł. Una vez donde hacĂ­an el amor y no solo era sexo.

Pero siempre dicen que no todo es color de rosa, que no todo es miel sobre hojuelas, que no todo es perfecto. Siempre, a pesar de los años que puedan transcurrir en la Tierra, habrå algo que lastime y haga daño, algo que borre la felicidad que un día se experimentó.

¿Cómo puede ser posible que las cosas cambien de la noche a la mañana en un abrir y cerrar de ojos?

Jimin había experimentado aquello con su novio. Un día simplemente despertó y su novio ya no era el mismo. ¿Dónde había quedado el chico tierno, cariñoso, cursi, amable, comprensivo? ¿Dónde había quedado la persona que todos los días le recordaba cuånto lo amaba, que todas las noches, a pesar del cansancio, le susurraba un "te amo mås que ayer"? El rastro de aquel chico se había esfumado como cuando sueltas la calada de un cigarrillo.

Las caricias, besos y hasta la intimidad poco a poco se fueron disipando. Las noches se sentían frías al no tener a un pelinegro recostado a su lado. Pensando positivamente que todo pasaría y que cuando volviera a abrir sus ojos solo habría sido un sueño, el rubio cayó en los brazos de Morfeo, y una vez mås dormía solo en la amplia cama.

—Kookie, ¿he hecho algo mal? —la voz del rubio denotaba tristeza.

Muchas veces, por no decir todas, se cuestionaba si era su culpa el cambio de actitud de su novio. Si tan solo tuviera menos horas de trabajo, quizås podría pasar mås tiempo con él.

—No... Âżpor quĂ© lo dices? —no se atreviĂł a mirarlo.

—Has cambiado, Kookie. Ya no eres el mismo.

No dijo nada, pues sabía muy bien el motivo del porqué había cambiado la forma de tratar a su pequeño novio.

—Si algo no te gusta, puedes decírmelo, Kookie.

—No te preocupes, Minnie. Es solo que tengo mucho trabajo encima.

—Ya veo... y el que tiene que pagar por ello soy yo.

Él tambiĂ©n tenĂ­a trabajo encima, quizĂĄs hasta mĂĄs que el pelinegro, pero no por ello habĂ­a cambiado su forma de ser.

—Jimin, por favor, no comencemos...

—Nunca comenzamos, Jungkook. Nunca quieres hablar del tema, siempre lo evades. Has cambiado, y tĂș lo sabes. Y no me digas que es por tu trabajo, porque yo tambiĂ©n tengo trabajo acumulado, pero no he cambiado.

Definitivamente se habĂ­a enojado. Era la primera vez que hablaba con rabia, ira y molestia; la primera vez que se dirigĂ­a de esa manera hacia su novio.

Pero, como suelen decir, siempre hay una primera vez para todo.

—Yo... yo lo siento, mi amor.

No sabía qué mås responder, pues todo lo que su novio decía era verdad. Había cambiado. Cambió desde aquella tarde en que un nuevo estudiante ingresó a la academia.

Un estudiante descarado y mĂĄs fĂĄcil que la tabla del uno. Y aunque el pelinegro aclarĂł que tenĂ­a un novio al cual amaba, el otro no le prestĂł atenciĂłn.

Aquella tarde, el pelirrojo lo miró con una sonrisa pícara que lo hizo sentirse incómodo. Y antes de despedirse, le robó un beso. Un beso que, días después, se convirtió en algo mås.

Había engañado a su Minnie. Se odiaba por eso, se lo recriminaba cada día, pues un día juró serle fiel. Pero ese juramento se fue por el caño en cuestión de segundos.

Los encuentros con el pelirrojo se hicieron mĂĄs constantes. No era como si lo quisiera para algo serio, pero la tentaciĂłn lo cegĂł... y terminĂł entre sus piernas.

TerminĂł follĂĄndolo tan duro y sin piedad que el otro solo gemĂ­a su nombre sin parar. TerminĂł teniendo sexo en mĂĄs de una ocasiĂłn.

Y en cada ocasión, el nombre "Jimin" retumbaba en su cabeza, haciéndolo sentir como una completa escoria.

Mientras él se follaba a alguien mås, su querido novio lo esperaba en casa, solo, deseando que regresara a llenarlo de mimos... cosa que nunca pasó.

—Dime que volverás a ser el de antes, Kookie —se acercó, quedando frente a frente.

—Lo prometo, mi amor. Lo prometo —miró esos ojos avellana que tanto amaba, y en los que veía cómo el brillo desaparecía poco a poco... todo por su culpa.

—Por el meñique —sonriĂł como un niño pequeño.

JamĂĄs le gustaba estar peleado con su novio. Siempre buscaba arreglar las cosas, aun cuando no tuviera la culpa de nada.

—Por el meñique.

Juntaron sus meñiques y ahí, una promesa realizaron...Una promesa que... ¿serå que acaso la cumple?

Los dĂ­as habĂ­an pasado. Como habĂ­a mencionado el pelinegro, las cosas cambiaron, y Jimin lo habĂ­a notado.

Claro que cambiaron... pero quizás —y solo quizás— fue porque el pelirrojo ya no asistía más a la academia. Había pedido permiso por motivos personales, pero regresaría una vez que estos se resolvieran.

Aquella despedida terminó en un polvo. Aquella promesa se rompió en un abrir y cerrar de ojos. No solo prometió cambiar su forma de actuar, también se prometió a sí mismo que no lo engañaría mås, que le sería fiel.

—Kookie, basta... no más cosquillas, me duele el estómago —la risa tierna y cautivadora del rubio resonaba en la habitación.

—No, me gusta verte sonreír, mi amor —no dejaba de mover sus hábiles manos sobre el cuerpo de este.

—¡Ya, Kookie, detente o juro que te quedarás en abstinencia! —gritó divertido, sorprendido por lo que se le había ocurrido decir.

—¿Ah, sĂ­? —detuvo sus movimientos mientras lo observaba, mordiĂ©ndose el labio inferior.

—S-sí... —tartamudeó; el modo en que lo miraba siempre lograba ponerlo nervioso.

—Solo por eso te harĂ© el amor, y harĂ© que grites, gimas y pidas mĂĄs —se acercĂł sutilmente y aprisionĂł esos labios carnosos y rojos que tanto amaba.

Jimin no pudo formular palabra alguna, pues sus labios ya habĂ­an sido atrapados, y como siempre, las palabras tan directas de Jungkook lograban hacerlo sonrojar.

ComenzĂł con un beso tierno, pero que poco a poco fue subiendo de intensidad. Sus cuerpos siempre reaccionaban con solo estar cerca. Jungkook comenzĂł a dejar besos hĂșmedos sobre el cuello del menor, haciendo que Jimin mordiera su labio para evitar soltar un gemido.

—No te calles... solo gime para mí —su voz ronca y el beso succionado en su cuello hicieron que gimiera.

En un abrir y cerrar de ojos, ya le habĂ­a quitado toda prenda, dejĂĄndolo desnudo ante su vista. Lo admirĂł detalladamente: era hermoso. Su cuerpo lechoso y delicado lo volvĂ­a loco, definitivamente.

No se hizo esperar y comenzĂł a besar cada centĂ­metro de su piel. Se abriĂł paso entre sus piernas y volviĂł a aprisionar sus labios, haciendo que sus hombrĂ­as se rozaran y gimieran al unĂ­sono.

Mostrando dos de sus dedos, Jimin ya sabía qué hacer. Los lamió de forma tan sensual que Jungkook sintió cómo su erección se ponía mås dura de lo que ya estaba.

Volviendo a besarlo, introdujo uno de sus dedos, haciendo que un gemido se perdiera entre sus labios. Lo moviĂł lentamente, dĂĄndole tiempo para acostumbrarse. Siempre fue delicado, y esa noche no serĂ­a la excepciĂłn.

__ Ahh Kook...

Ese gemido lo hizo introducir un segundo dedo. ComenzĂł a moverlo en cĂ­rculos y luego a modo de tijeras. A Jimin le resultaba torturante.

—Ko-Kook... ya...

—¿Ya quĂ©, mi amor? —sabĂ­a a quĂ© se referĂ­a, pero querĂ­a escucharlo de sus labios.

—¡Joder, Jungkook, ya mĂ©tela!

—Como ordenes, amor —sonrió pícaramente.

Se posicionĂł en su entrada, ya mĂĄs que preparada. TomĂł su miembro, lo alineĂł y lo introdujo de una sola estocada, haciendo que Jimin gritara.

ComenzĂł con embestidas lentas pero profundas. Jimin gemĂ­a sin parar; Jungkook siempre supo cĂłmo llenarlo de placer. Absortos en la lujuria, el placer y el amor, las embestidas se hicieron mĂĄs rĂĄpidas. El sudor se deslizaba por sus cuerpos, los gemidos de ambos inundaban la habitaciĂłn, y no faltaba el sonido hĂșmedo y obsceno de sus cuerpos chocando: la mĂșsica de fondo que jamĂĄs se cansarĂ­an de escuchar.

—Da-date la vuelta, mi amor —ordenó, haciendo que quedara en cuatro sobre la cama.

La vista era incomparable. Jungkook no podĂ­a apartar la mirada mientras masajeaba las redondas nalgas de su novio.

__ Ahh—jadeó al sentir cómo este le había mordido una de ellas.

Una vez mĂĄs, introdujo su erecto y bien dotado pene en la entrada rosada, logrando que al instante Jimin gimiera y arqueara su esbelto cuerpo. Lo penetrĂł con un ritmo marcado, sin duda disfrutando ambos del momento.

El chapoteo era constante. Entraba y salĂ­a a su antojo.

— Ahh.. sí, más... más, Kookie

HabĂ­a encontrado su punto dulce, y sin mĂĄs, comenzĂł a embestirlo con fuerza, llenĂĄndolo por completo.

— Ahh... Ko-Kook... estoy por venirme —dijo al sentir el cosquilleo en la parte baja de su abdomen

— Ahh.. un poco más y nos venimos juntos—sujetó el miembro del rubio, masturbándolo mientras intensificaba las penetraciones.

—Ahh...

El gemido conjunto indicĂł que ambos habĂ­an llegado al clĂ­max al mismo tiempo, como tantas otras veces.

—Ven aquí, mi amor —se acostó a su lado, con la respiración agitada.

Tiraron al suelo la såbana donde Jimin se había corrido y, antes de que este se acomodara, el pelinegro limpió su entrada, ya que había terminado dentro de él.

—Te amo, Kookie —susurró, acurrucándose en su pecho.

—TambiĂ©n te amo, mi amor.

Las lågrimas se hicieron presentes en los ojos de Jungkook. Se odiaba por haberlo engañado. La culpa no se iba... y quizås no se iría nunca.

Sin mĂĄs, ambos se quedaron dormidos.

—Basta, no pienso ni quiero engañarlo de nuevo —dijo, quitando las manos que se habĂ­an posado en su pecho.

—¿QuĂ© ha cambiado en este tiempo que me fui? Eso no decĂ­as cuando estabas entre mis piernas.

El pelirrojo había vuelto y con ello, sus intenciones de volver a tener al sexy profesor sobre él, embistiéndolo sin piedad alguna.

—CambiĂł que no quiero seguir siendo el mismo hijo de puta que engaña a su novio con el primer ofrecido que se le pone enfrente —sus palabras fueron duras, pero necesarias.

—Este "ofrecido" hizo que te corrieras mĂĄs de una vez. No se quedarĂĄ asĂ­, Jeon —estaba furioso. ÂżY quiĂ©n no lo estarĂ­a al ser llamado "ofrecido"?

—Solo era sexo, nada mĂĄs. No habĂ­a sentimientos contigo, no te engañes. Ahora alĂ©jate de mĂ­, no quiero tenerte cerca —su mirada era frĂ­a y seria, de esas que te pueden asesinar con solo un gesto.

El pelirrojo no dijo nada mĂĄs. SaliĂł echando humo. QuizĂĄs pensĂł que podĂ­an tener algo... pero se equivocĂł.

Los días pasaron. El pelirrojo no volvió a la academia, cosa que a Jungkook no le importó. Su relación con Jimin estaba mejor que al inicio, pero la espina del dolor seguía allí, recordåndole que lo había engañado. El temor de perderlo si se enteraba lo acompañaba día y noche.

Algunas noches, las palabras "no se quedarå así, Jeon" le quitaban el sueño. Temía que ese sujeto apareciera y destruyera su felicidad.

Se cuestionaba a diario si debía contarle él mismo lo que había hecho antes de que alguien mås lo hiciera. Pero su valor nunca pasaba del pensamiento. Su mente reproducía incontables escenarios, y todos terminaban igual: Jimin llorando, diciendo "Te odio, Jungkook. No te quiero volver a ver. Lo nuestro terminó."

Definitivamente no querĂ­a ese final.

—Mi amor, Âżno me dirĂĄs quĂ© deseo pediste aquella vez? —preguntĂł Jimin, mientras dibujaba corazones con sus dedos sobre el brazo de su novio.

—No, Kookie, no te lo dirĂ©.

—Anda, dime —rogĂł como un niño.

—Te lo dirĂ© el dĂ­a de mi cumpleaños, Kookie —respondiĂł tapĂĄndose la boca, juguetĂłn.

Definitivamente, juntos eran la combinaciĂłn perfecta.

—EstĂĄ bien, esperarĂ© ese dĂ­a. SerĂĄ el mejor, mi amor —lo atrajo a su pecho y lo abrazĂł con fuerza.

No faltaba mucho para el cumpleaños de Jimin. Exactamente una semana. Una semana en la que, quizås, todo podía cambiar... para bien o para mal.

—Hola, Âżeres Park Jimin? —un desconocido se acercĂł a Ă©l.

—SĂ­, Âżcon quiĂ©n tengo el gusto? —respondiĂł, tan amable como siempre.

—Soy Kim Taehyung —sonrió hipócritamente.

Aquel pelirrojo no era otro que Kim Taehyung, el chico con quien el pelinegro se habĂ­a acostado. HabĂ­a vuelto, y no precisamente con buenas intenciones. QuerĂ­a venganza, pues nadie, absolutamente nadie, lo rechazaba como Jungkook lo hizo.

—¿En quĂ© puedo ayudarte? —lo mirĂł, confundido por su sonrisa.

—Me dijeron que eres profesor de baile, y querĂ­a ver si aĂșn puedo inscribirme.

MentĂ­a. No le interesaba el baile. Solo querĂ­a acercarse.

—Sí, soy profesor. Pero lo siento, el cupo ya está lleno. Tal vez para la próxima temporada.

—¿Y no puedes hacerme un espacio? En serio quiero entrar.

Rogar no era lo suyo, pero lo hizo.

—De verdad quisiera ayudarte, pero el cupo es limitado. No puedo hacer nada, son las reglas de la academia.

Pasaron los minutos, y el pelirrojo seguĂ­a insistiendo. Jimin respondĂ­a siempre lo mismo, con diferentes palabras. Nunca habĂ­a tratado con alguien tan persistente, pero al final cediĂł.

—Bueno, al menos lo intentĂ© —dijo antes de marcharse.

—QuĂ© persona tan rara —susurrĂł para sĂ­ mismo.

—¿Por quĂ© tienes esa cara, mi amor? ÂżPasĂł algo malo? —preguntĂł Jungkook preocupado, al verlo llegar.

—Estoy bien, amor. Solo me topĂ© con un chico extraño —dijo, dejando su bolso a un lado del sillĂłn.

—¿Un chico extraño?

—Sí, un tal Kim... Kim Taehyung.

Ese nombre cayĂł como un balde de agua frĂ­a sobre Jungkook. SintiĂł que un tren lo habĂ­a golpeado. Sus manos sudaban y su cuerpo temblĂł.

—¿Estás bien, amor? —preguntó Jimin, notando su palidez.

—Cla... claro que sí, mi amor —intentó verse normal, si es que eso era posible.

—¿Y quĂ© te dijo?

—Me pidió un cupo para clases, pero le dije que no. Fue muy insistente, no me gustó. Pero no había forma de ayudarlo, no hay espacio —se encogió de hombros.

Jungkook se sintió algo aliviado. Pero la presión en su pecho se intensificó. Taehyung había regresado, y eso no era buena señal.

—No le des importancia, amor —lo atrajo a su pecho. Necesitaba tenerlo cerca.

Después de ese encuentro, el pelirrojo no dio señales de vida. Pero eso carcomía a Jungkook por dentro.

Faltaba un día para el cumpleaños de Jimin. A pesar del temor, Jungkook había preparado una sorpresa para él. Incluso pidió permiso en la academia, tanto para él como para su pareja.

El dĂ­a llegĂł. Apenas amaneciĂł, Jungkook despertĂł a Jimin para que se alistara. Lo llevarĂ­a a un lugar especial.

—No debiste hacer esto, Kookie.

—Claro que sĂ­. Es tu cumpleaños, y tengo una sorpresa —tomĂł su mano y comenzaron a caminar.

—¿Quieres que te diga cuál fue mi deseo?

—AĂșn no, Minnie. Me lo dices cuando lleguemos —le robĂł un beso rĂĄpido.

—Está bien —sonrió con ternura.

Caminaron unos diez minutos. Jungkook había reservado una mesa entre dos lagunas con forma de corazón. Había un pastel, decoración en tonos pasteles —sus colores favoritos— y un ambiente romántico, sencillo pero elegante.

—No los abras todavĂ­a —reĂ­a por lo bajo, cubriĂ©ndole los ojos.

—No lo harĂ©, pero tengo miedo de caerme, Kookie —hizo un pequeño puchero.

—No dejarĂ© que caigas —lo tomĂł en brazos y siguiĂł caminando.

—Feliz cumpleaños, mi amor —le quitĂł la venda de los ojos.

La felicidad que sintió fue inmensa. Todo se veía hermoso, y saber que lo habían hecho para él lo llenó de emoción.

Las lĂĄgrimas de felicidad no se hicieron esperar, y su abrazo estilo koala tampoco.

—Te amo, mi amor. Gracias por esto —susurró cerca de sus labios antes de besarlo.

—Ahora te dirĂ© cuĂĄl fue mi deseo —lo mirĂł con ese brillo caracterĂ­stico.

—DeseĂ© que tĂș fueras mi regalo, Jungkookie. No hace falta nada mĂĄs... solo te querĂ­a a ti en este dĂ­a tan especial.

Estaban a punto de besarse, cuando unos aplausos interrumpieron el momento.

—Felicidades —la voz grave de un chico resonó.

Ambos, confundidos, miraron a su alrededor. Supuestamente estaban solos.

—¿TĂș? —exclamaron al unĂ­sono.

—TambiĂ©n tengo un regalo para ti, Jimin —el sarcasmo era evidente.

—Lárgate de aquí —ordenó Jungkook con voz fría.

—¿Por quĂ©? TambiĂ©n te concierne a ti, Jungkook —dio un paso al frente.

—¿Se conocen? —Jimin los miró confundido.

—¿No le hablaste de mĂ­? QuĂ© mal, Jungkook —fingiĂł dolor.

—Vámonos, mi amor —le tomó la mano. Sabía que Taehyung no tenía buenas intenciones.

—Bien, Jimin, te darĂ© mi regalo antes de que tu "novio" te saque de aquĂ­ —guiñó un ojo.

—¿QuiĂ©n eres y quĂ© carajos quieres?

—Soy Kim Taehyung y vengo por mi venganza —lo dijo serio, mirándolo con odio.

—¿Venganza?

Jungkook apretaba los puños. Quería golpearlo, hacerlo callar.

—Soy el amante de tu novio —sonrió con malicia.

—Kook... —Jimin lo miró, esperando una respuesta... que nunca llegó.

—Mi amor, no...

—SĂ© hombre, Jungkook. Para follarme sĂ­ lo eras —lo interrumpiĂł.

—¡CÁLLATE! —gritó Jungkook.

—Kook...

—Bueno, feliz cumpleaños, Jimin —dijo, alejĂĄndose. Ya habĂ­a conseguido su objetivo: arruinar el dĂ­a especial de ambos.

—Kook... dime que todo eso es mentira. Dime que solo lo dijo para dañar nuestro dĂ­a.

—Lo siento, mi amor... de verdad, lo siento —tomó sus manos.

—Lo Ășnico que querĂ­a como regalo... eras tĂș. Pero al parecer, yo no era suficiente —se soltĂł.

—Mi amor, yo...

—Y pensar que creí que yo tenía la culpa de tu comportamiento... —sus lágrimas querían salir, pero se contuvo.

—Me equivoquĂ©, lo sĂ©. PerdĂłname, por favor. Él no significĂł nada...

—Nunca piensas. Solo actĂșas. No te importan las consecuencias. No te importan mis sentimientos.

El dolor era evidente. La decepciĂłn, la ira y las ganas de llorar lo consumĂ­an.

—Mi amor, perdóname, por favor —se acercó.

Pero es tonto de humanos preguntar lo que sabemos que nos destruirĂĄ:

—¿Cuántas veces, Jungkook? ¿Cuántas veces me fuiste infiel? —la tristeza opacaba el brillo de sus ojos.

—Lo-lo siento, mi amor...

—¡¿CUÁNTAS, JUNGKOOK?! —gritó, desgarrado.

—Algunas veces... de verdad, lo siento —miró al suelo. Sabía que lo había destruido.

—Ahorra tus disculpas, Jungkook. No borran el daño que me causaste. Te creĂ­ diferente, pero fuiste igual que los demĂĄs.

—SĂ© que fui un hijo de puta... pero...

—Terminamos, Jungkook.

Las palabras salieron como cuchillas, desgarrando todo a su paso.

—No... no, mi amor... por favor —suplicó, con lágrimas en los ojos.

—Adiós, Jungkook... y gracias por los momentos felices que me diste —dijo entre lágrimas.

Se soltĂł de su agarre, lo mirĂł por Ășltima vez... al hombre del que se habĂ­a enamorado profundamente... y saliĂł corriendo.

Jungkook cayĂł al suelo. Su llanto fue tan fuerte que su garganta dolĂ­a... pero no tanto como su alma.

—Perdón, mi amor. Perdón por arruinar tu día. Perdón por haberte lastimado —sus lágrimas no se detenían—. Perdón por no haberte podido dar la sorpresa que tenía...

Apretaba con fuerza una pequeña caja negra de terciopelo. Como si su vida dependiera de ella.

—Perdón, mi amor.

Todos creemos conocer a la persona que amamos. Pero solo conocemos lo que ellos deciden mostrarnos.

Jimin no volviĂł al departamento que compartĂ­a con su ahora exnovio. No podĂ­a verlo, no tenĂ­a dĂłnde quedarse. No tenĂ­a amigos cercanos... solo a Jungkook. Y ahora, ya no lo tenĂ­a mĂĄs.

Con unos cuantos wones en el bolsillo y el corazĂłn hecho pedazos, susurrĂł:

—Un motel será, Jimin...

Esa tarde y esa noche, dos personas fueron las mås heridas. Uno por ser engañado. Y otro, por haber sido quien traicionó y perdió al amor de su vida.

Jungkook intentĂł llamarlo, pero el celular estaba fuera de servicio. La preocupaciĂłn lo devoraba, pues conocĂ­a bien su historia, y el miedo a perderlo para siempre lo consumĂ­a.

Los dĂ­as pasaron. No tuvo noticias de Jimin. Y eso lo estaba matando lenta y tortuosamente.

Jimin, encerrado en la pequeña habitación que alquiló, no comía, no bebía. Solo lloraba. Las lågrimas... no cesaban.

—¿Es familiar del señor Park Jimin? —una voz grave se escuchaba detrĂĄs de la lĂ­nea.

—¿QuiĂ©n es y por quĂ© tiene el celular de mi novio? —su voz sonaba fuerte.

—Tranquilo, señor, fue el primero en aparecer en sus contactos. Al señor lo estĂĄn trasladando al hospital.

Su mundo se detuvo al escuchar "hospital". Si su corazĂłn pudiera detenerse, ya lo habrĂ­a hecho.

—Señor, señor, ÂżestĂĄ ahĂ­?

El llamado constante hizo que el peli-negro reaccionara.

—¿A quĂ© hospital lo llevan?

DebĂ­a mantenerse cuerdo, eso era lo que tenĂ­a que hacer, debĂ­a llegar a su lado.

—Park Jimin —dijo apenas puso un pie en el hospital, buscando con la mirada a su rubio y llamando la atención de las enfermeras.

—Por acĂĄ, señor —la voz de una de las enfermeras captĂł su atenciĂłn.

A pasos torpes la siguiĂł; lĂĄgrimas caĂ­an al verlo recostado en la camilla frente a Ă©l, inconsciente, con el rostro demacrado y aĂșn mĂĄs delgado de lo que ya era.

—Mi-mi amor —susurró mientras tomaba su mano.

—Él estarĂĄ bien, señor. EstĂĄ deshidratado, tal vez no ha comido ni bebido nada en dĂ­as y eso ha provocado que quede inconsciente. Le hemos administrado unos sueros —hablĂł el doctor con bata blanca, con cierto aire de tristeza.

El peli-negro no podía formular palabra alguna, todo era su culpa. Si tan solo no lo hubiera engañado, si tan solo no se hubiera dejado llevar, su pequeño Minnie no estaría en estas circunstancias, no estaría sufriendo.

Las horas pasaban y el rubio no despertaba; Jungkook no se separĂł ni un solo momento de su lado.

El doctor entrĂł para su revisiĂłn, pero su rostro denotaba preocupaciĂłn.

—¿QuĂ© sucede, doctor? ÂżPor quĂ© aĂșn no despierta?

—No podrĂ­a decirle exactamente, señor. Es como si no quisiera despertar, debemos esperar —fue lo Ășnico que dijo antes de salir de la habitaciĂłn.

El llanto se hizo presente nuevamente.

—Todo es mi culpa, mi amor. Yo hice que estĂ©s en este estado —comenzĂł a hablar con la voz rota.

HabĂ­a pasado una semana, una semana y aĂșn Jimin tenĂ­a sus pequeños ojos cerrados. Los doctores no daban buenos resultados y llegaron a la conclusiĂłn de que habĂ­a entrado en coma, un coma que no sabĂ­an cuĂĄnto durarĂ­a.

Pero lo que todos desconocĂ­an era que Jimin, aunque parecĂ­a dormido, los podĂ­a escuchar.

—Señor Jeon —la voz del doctor resonĂł en la habitaciĂłn.

—Sí, doctor.

—SĂ© que no deberĂ­a decir esto en estos momentos, pero es mi deber informarle.

—¿QuĂ© sucede? No me asuste. —tomĂł la mano de Jimin.

—No sĂ© si le habĂ­an informado, pero estĂĄ debiendo una semana la estadĂ­a de su novio.

—¿QuĂ©? —no entendĂ­a nada, nadie le avisĂł que debĂ­a pagar nada.

—Por lo visto no le avisaron una vez que lo trasladaron a esta habitación. —el doctor se rascó la nuca incómodo.

—No, nadie lo hizo.

—Lo siento, pero debe cancelar o se lo deberán llevar.

—¿QuĂ©? No pueden hacer eso. —estaba molesto.

FrotĂĄndose la cara con frustraciĂłn y tratando de calmarse, hablĂł nuevamente.

—¿Cuánto es la deuda? —lo miró.

—Llega a los **********.

ÂżCĂłmo es que una cantidad tan grande llegĂł apenas en una semana? Estaba atĂłnito por el valor a pagar. Sin duda alguna, el estado y la habitaciĂłn en la que se encontraba el rubio era demasiado cara.

—¿Me pueden dar algo de tiempo?

—Tiene hasta la noche, señor. —y sin mĂĄs, saliĂł.

Un suspiro soltĂł mientras veĂ­a a su rubio recostado.

(la parte que estĂĄ en cursiva es el pensamiento de Jimin, quien puede oĂ­r todo a su alrededor pero que aĂșn no despierta)

Lo siento, Kookie, lamento no haber sido mĂĄs fuerte.

—No dejarĂ© que te saquen de aquĂ­, mi amor.

Es mucho dinero, Kookie, demasiado.

—PerdĂłn, mi amor. JamĂĄs me cansarĂ© de pedirte perdĂłn, por mi culpa, por mi culpa estĂĄs asĂ­. —el sollozo se hizo presente.

No llores, Kookie, jamĂĄs me gustĂł verte llorar.

—Si tan solo no me hubiera dejado llevar, si tan solo yo... no te hubiera engañado, tĂș no estarĂ­as aquĂ­... estarĂ­as a mi lado, sonriĂ©ndome.

Kookie...

—PerdĂłn, amor mĂ­o. SĂ© que no puedo volver el tiempo atrĂĄs y evitarte este dolor. SĂ© que siempre fui un cabeza dura que no piensa las cosas. De verdad me arrepiento, te amo tanto, mi amor, por favor despierta. Si no me quieres volver a ver, lo entenderĂ© y me alejarĂ© de ti, pero por favor, despierta, mi amor. —se habĂ­a escondido en el brazo del rubio mientras hablaba y lloraba a la vez.

Siempre fuiste un tonto, Kook, siempre.

Sorbiéndose la nariz y esta vez miråndolo, habló.

—VolverĂ© en un momento, mi amor, no demorarĂ©. —dio un casto beso en su frente y, posteriormente, en esos labios que tanto amaba.

¿Qué vas a hacer, Kook?

—Puedes estar tranquilo, amor. Acabo de pagar la cuenta. —dijo una vez ingresando a la habitación.

ÂżDe dĂłnde sacaste dinero?

—No te lo había dicho, mi amor, pero tenía escondida una libreta donde iba ahorrando dinero a tu espalda. Lo hice desde el primer día en que te conocí; aquel día supe que eras la persona con quien quería compartir el resto de mi vida, pero...

Mi tonto y cursi Kookie.

—Ese dinero era para darte una gran y hermosa boda, mi amor. QuerĂ­a que fuera la mejor boda del mundo. Te iba a proponer matrimonio el dĂ­a de tu cumpleaños, pero la caguĂ©, mi amor, la caguĂ© como siempre. —lĂĄgrimas rebeldes rodaban por su mejilla.

TĂș...

—No podrĂ© cumplir nada de eso, mi amor, y de verdad lo siento. QuerĂ­a que fueras el señor Jeon

...

—Te amo, mi amor. Por favor despierta, solo quiero que despiertes, mi amor. AceptarĂ© sea cual sea la decisiĂłn que tomes.

La noche cayĂł y con ello un peli-negro habĂ­a caĂ­do dormido a un costado del rubio.

Te ves demacrado, Kookie. Has pasado metido aquĂ­ y te has descuidado.

—Lo siento tanto, mi amor. —susurrĂł entre sueños.

El suave acariciar sobre las finas hebras de mechones negros hacĂ­a que un peli-negro sonriera aĂșn con los ojos cerrados; se sentĂ­a como un sueño, un sueño que era real.

—No habrá boda. —susurró el rubio, quien ya había despertado, pero no se había movido en absoluto.

—Lo siento, mi amor. —respondiĂł el peli-negro aĂșn entre sueños— La boda...

Y ahĂ­ se levantĂł agitado, mirando cĂłmo Jimin lo observaba silenciosamente.

—Mi amor, despertaste. —se abalanzĂł sobre Ă©l, abrazĂĄndolo tan fuerte como pudo.

Éste tan solo sonriĂł; lo amaba y no podrĂ­a dejar de amarlo. Lo habĂ­a escuchado desde el inicio, cuando no podĂ­a abrir sus ojos. Lo escuchĂł pedirle perdĂłn incontables veces, lo escuchĂł culparse una y otra vez por el estado en que lo habĂ­a puesto, lo escuchĂł llorar como un niño pequeño arrepentido, lo escuchĂł todo, simplemente todo.

—Me-me aplastas. —apenas pudo hablar.

—Lo-lo siento, mi amor, lo siento. —se apartó con lágrimas en los ojos.

No dijo nada y tan solo lo observĂł.

—No me volverĂ© a acercar. PerdĂłn, tenĂ­a miedo de que...

—Me ocultaste algo más, ¿verdad? —habló sin apartar su mirada.

A pesar de todo y la situaciĂłn en la que se encontraban, estaba un tantito molesto de que le hubiera ocultado lo del dinero.

—¿QuĂ©? No, no.

—Jungkook. —su tono era serio.

—No, mi amor, no hay... nada... más.

—¿QuĂ© hay sobre una libreta? —arqueĂł una ceja.

Sus ojos se abrieron tanto; se suponía que solo él sabía de la libreta. La había ocultado tan bien que nadie lo podría saber.

—Co-como sa-sabes eso? —estaba tan sorprendido.

—Tengo mis mĂ©todos.

—No querĂ­a ocultĂĄrtelo, era una sorpresa que yo arruinĂ©. —bajĂł la mirada.

—Y perdiste el dinero.

—Claro que no, no perdĂ­. Lo empleĂ© muy bien y no me arrepiento de ello. —lo mirĂł, pues era verdad, y si no hubiera tenido ahorrado, habrĂ­a hecho lo que fuera para conseguirlo y no dejar que lo sacaran del hospital. Lo habrĂ­a tenido ahĂ­ hasta el dĂ­a que despertara, aĂșn si tomaba años.

—PerdĂłname, mi amor. Todo lo que te ha pasado ha sido mi culpa. —dio un paso atrĂĄs; ya no querĂ­a seguir lastimĂĄndolo, y si implicaba dejarlo ir y Ă©l morir de dolor, lo harĂ­a.

—¿AĂșn me amas, Jungkook? —dijo al ver la acciĂłn que hizo.

—En esta y en las demĂĄs vidas que pueda llegar a tener, te amo tanto que puedo hacer cualquier sacrificio con tal de verte feliz, aĂșn si eso conlleva apartarme de ti. Te amo y me odio por haberte lastimado.

—No dejarĂ© que te deshagas de mĂ­ tan fĂĄcilmente pero tampoco serĂĄ fĂĄcil el que vuelva a confiar en ti, Jeon Jungkook. —se habĂ­a levantado y sentado en la cama.

—Mi amor. —susurró.

—DeberĂĄs hacer mĂ©ritos.

—Los harĂ©, me ganarĂ© tu confianza, mi amor. Gracias por darme una segunda oportunidad. —lo abrazĂł sin previo aviso— No te volverĂ© a fallar, mi amor.

El tiempo pasĂł en un abrir y cerrar de ojos. Jungkook hizo de todo para ganarse la confianza de Jimin y lo consiguiĂł, cubriĂł el dolor que un dĂ­a le dio por felicidad y amor.

Todos en algĂșn punto merecemos dar una segunda oportunidad y Jungkook no fue la excepciĂłn.

Hoy sería un día especial: después de meses, Jungkook le había pedido matrimonio. No lo hizo enseguida porque quería hacer las cosas bien, quería ganarse su confianza, y lo logró. Jimin aceptó, mås que feliz, convertirse en su esposo.

Se veĂ­an hermosos con sus trajes y ese brillo que emanaba amor. La boda fue pequeña, pero eso no importaba. Lo Ășnico que importaba era que iban a unir sus vidas para siempre.

Acepto.

Acepto.

Los declararon esposos.

Un beso lleno de amor sellĂł lo que habĂ­an unido ante Dios.

Fin.

Pequeña historia que fue creada como regalo de cumpleaños, a una personita que le gusta sufrir con las infidelidades pero que al final puedan quedarse juntos

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Great Character

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