Capítulo Único
Volvió a salir corriendo de aquella casa, un lugar que se supone debería llamar hogar, sin embargo aquel lugar no era su lugar seguro. Boom nuevamente huía de aquellos malos tratos, aquellas personas que se supone deberían brindarle consuelo no hacían más que traerle sufrimiento, ni siquiera notó la diferencia de sus zapatos, no le importó la lluvia que lo empapaba o los gritos de su hermano pidiéndole volver, el simplemente quería huir y alejarse de todos ellos, corrió hasta que sus pulmones no pudieron respirar más y comenzaba a jadear, corrió hasta donde la espesura de la lluvia le permitió ver, corrió tanto que llegó hasta la orilla del bosque que rodeaba al pequeño pueblo en el que vivía.
La espesura de aquel bosque había sido su refugio muchas veces atrás y esta vez no era distinto, siguió caminando intentándose más en el extenso bosque hasta que sus piernas no resistieron más y lo hicieron colapsar en el suelo, sentado y recargado sobre una piedra se permitió llorar, dejando escapar todo el dolor que le arañaba el pecho, sus lágrimas se mezclaban con la lluvia, sus gritos eran silenciados por el estridente sonido de los truenos, permitiendo que aquel tormentoso clima se llevara todo su dolor.
Aou observaba todo a la distancia cubierto por un paraguas, los gritos provenientes de la casa al final de la calle siempre le habían puesto la piel de gallina, se preguntaba por el aspecto de la persona que los emitía y cuál era la razón por la que alguien sería tan cruel con una persona. El chico llevaba apenas tres semanas en aquel pueblo y los gritos raramente se dejaban de escuchar, los vecinos murmuraban, sin embargo poco se atrevían a hacer. Pero aquel día mientras miraba la lluvia comenzar desde la ventana en su sala de estar, una figura corriendo llamó su atención y sin dudarlo se puso su impermeable mientras tomaba un paraguas de la entrada, corrió detrás de aquella figura, intentando no perderlo debido a que la lluvia comenzaba a aumentar, se detuvo al ver que habían llegado al límite del pueblo, al verlo ingresar al bosque trató de llamarlo pero debido a los truenos aquello parecía imposible, dudo un rato antes de decidir seguirlo al interior del bosque, sus piernas se resbalaban debido al lodo que se había formando ante la tormenta, un fuerte grito atravesó el bosque, erizándole la piel igual que tantas veces anteriormente, lentamente continuó acercándose al lugar donde creía se había dirigido el chico solo para detenerse después de un par de pasos, unos metros más adelante recargado sobre una gran roca estaba aquel chico, su rostro reflejaba tanto dolor mientras miraba al cielo que su pecho comenzó a doler y ocasionalmente lograba escuchar uno de sus gritos que le continuaban erizando su piel, no sabía si temblaba por el frío o por el dolor que aquel chico estaba liberando.
Aou no conocía aquel chico, no sabía su nombre o la razón de su sufrimiento, sin embargo aquello no lo detuvo de caminar hacia él y abrir su paraguas para cubrirlo de la lluvia, los ojos de Boom se abrieron de golpe al notar que la lluvia ya no lo cubría, para su sorpresa frente a él, sosteniendo un paraguas sobre su cabeza había un chico que parecía de su edad. Cuando sus ojos conectaron parecía que todo a su alrededor se había detenido, la tormenta desapareció, el dolor se esfumó junto con las preocupaciones.
Sin romper el contacto visual Aou se puso en cuclillas para quedar a la altura del chico — No sé qué fue lo que te hizo escapar en una tormenta como esta, pero no tiene que atravesarlo solo — comenzó a hablar, su voz era casi un susurro, pero estaba seguro de que el chico frente a él lo escuchaba — Si me dejas quiero estar para ti, quiero ser el paraguas que detenga tus lágrimas, o un abrigo que te de calor y seguridad, déjame ser tu apoyo — las lágrimas volvieron a llenar los ojos de Boom y sin dudar se aferro al desconocido frente a él.
No sabía quién era el chico o como se llamaba, pero la calidez que lo llenó cuando este le devolvió el abrazo hizo que todo lo malo se alejara. Aou lo dejo llorar sobre su hombro mientras le frotaba la espalda mientras aquello fue calmando poco a poco al chico en sus brazos.
Cuando al fin alzó la mirada, sus ojos aún estaban enrojecidos, pero una chispa de esperanza brillaba en ellos. Aou le sonrió con suavidad, queriendo decirle sin palabras que ya no tenía que cargar solo con su dolor, que ahí, en ese instante, estaba a salvo.
El chico respiró profundo y se aferró con más fuerza, como si temiera que aquello fuera un sueño que terminaría al abrir los ojos. Y Aou, con una paciencia infinita, prometió en silencio que estaría allí para sostenerlo cuantas veces hiciera falta, hasta que volviera a sonreír sin miedo.








