Lujuria
Siento fuego en mi cuerpo,
una llama ardiente.
La fusión de dos almas,
dos almas que no temen perderse.
Toco tu pecho,
para nada inocente.
Rozo con mi palma,
aquella desnudez tan obediente.
La Luna es el único testigo,
nuestro pecado es el mismo.
El fuego no se apaga,
no apartamos la mirada.
Mis ojos en tu busto,
para nada puro.
Pides que sea más rudo,
me haces perder el rumbo.
La llama no se apaga,
se vuelve más caliente.
Te doy lo que aclamabas,
no te parecía suficiente.
La habitación se enciende,
el calor aumenta.
El deseo flota en el ambiente,
el éxtasis es la tormenta.
El calor disminuyó,
pero la llama no se apagó.