𝐒𝐨𝐮𝐫 𝐚𝐧𝐝 𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 | ᴏɴᴇꜱʜᴏᴛꜱ

Summary

╰┈➤𝐓𝐨𝐤𝐲𝐨 𝐑𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞𝐫𝐬 「ꜱᴇ ᴄóᴍᴏ ᴍᴇ ᴍɪʀᴀꜱ, ʏ ꜱé ʟᴏ ǫᴜᴇ ᴇꜱᴏ ꜱɪɢɴɪꜰɪᴄᴀ」 ⌦ ೯Fem. OC ( Hani)

Status
Ongoing
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1
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n/a
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18+

𝐇𝐎𝐓 | ꜱʜɪɴɪᴄʜɪʀᴏ ʏ ᴡᴀᴋᴀꜱᴀ

╰┈➤❛ [ǫᴜɪᴇʀᴏ ᴅᴇꜱʟɪᴢᴀʀᴍᴇ ᴇɴᴛʀᴇ ᴛᴜ ᴘɪᴇʀɴᴀ ʏ ᴛᴏᴍᴀʀᴛᴇ ] ❜

El sol cae sobre Tokio, derritiendo el asfalto y colándose como una maldición por cada rendija del taller de Shinichiro. El zumbido débil del único ventilador girando perezosamente contrasta con el zumbido del exterior. Aún con las puertas abiertas del taller, no había corriente de aire suficiente para calmar la sensación de que todo estaba a punto de prenderse en llamas.

Shinichiro tiene la cara y el cuello perlados de sudor, las mangas de su overol arremangadas hasta los codos y manchas de aceite frescas en los brazos. Estaba inclinado sobre la estructura casi armada de una motocicleta, enfocándose en alinear una pieza del motor mientras Takeomi sujetaba con esfuerzo el costado metálico para que no se cayera.

—¿Podrías, no sé, mover al menos un dedo para ayudar, Wakasa? —pregunta Takeomi entre dientes con la mandíbula apretada mientras el sudor le goteaba por la frente

Wakasa, sentado cómodamente en una silla plegable con las piernas cruzadas y el cuello de su camiseta holgado, no hizo ni el intento de moverse.

—No quiero sudar —contestó con una calma que rozaba lo insultante

Shinichiro entrecerró los ojos, alzando la mirada con desaprobación desde su posición. Pero Wakasa se limita a encogerse de hombros como si no fuera su problema.

En el mostrador, Hani esta recargada con los codos sobre la madera caliente. Se abanica con una factura doblada en dos mientras su mirada esta fija en el vacío, como si el calor la hubiera dejado en estado catatónico.

El ventilador giraba apenas, apuntando a Wakasa.

—¿Y por qué carajos no han arreglado el aire acondicionado? —pregunta Wakasa, girando apenas el rostro para hablar con Takeomi

Shinichiro alzó una ceja.

Girando la cabeza lentamente hacia su amigo.

—Sí, Takeomi. ¿Por qué no lo has arreglado?

Takeomi evitó la mirada de ambos, como si encontrara repentinamente muy interesante el suelo.

—Porque se gastó el dinero en una apuesta —interrumpe Hani con tono monótono

Como si relatara la trama de una telenovela que ya todos sabían en qué iba a acabar

Wakasa resopló una risa seca.

—Idiota.

Takeomi suspiró, como si no tuviera fuerzas para defenderse.

No las tenía, en realidad.

El calor lo había reducido a un simple soporte humano para piezas de motocicleta.

—Wakasa—dijo de pronto Hani —Es mi turno con el ventilador.

El ni se dignó a voltearlo a ver.

—Lo estás usando desde hace una hora…Es mi turno —declaró, abanicándose aún con la factura doblada

—Yo lo saqué y lo limpié, eso lo convierte en propiedad personal. Hay jurisprudencia —argumentó Wakasa con una sonrisa ladeada

Esa sonrisa típica de quien sabe que está diciendo una tontería pero la defiende como si fuera la Constitución.

—Eso es injusto —protesta Hani, finalmente volviéndose para mirarlo

Wakasa palmeó su propio regazo con aire tranquilo.

—Puedes compartirlo conmigo —dijo sin más

Takeomi soltó un bufido ahogado, y Shinichiro parpadeó, confundido.

Esperaban que ella lo ignorara, como solía hacer cuando Wakasa comenzaba con sus bromas, pero no.

Sin decir una palabra, Hani dejó la factura sobre el mostrador, caminó hacia él como si le pesara el alma y, con lentitud medida, se sentó en su regazo, cruzando las piernas con elegancia.

Wakasa se quedó paralizado un segundo, sorprendido.

Luego, su sonrisa se ensanchó lentamente.

—Limpiaste muy bien el ventilador —murmuró ella

Mirando al frente sin mucho entusiasmo, como si su dignidad se hubiera derretido junto con la temperatura

Shinichiro soltó una risa seca.

—Tiene demasiado calor para resistirse a tus coqueteos, Wakasa.

—Siento que me estoy derritiendo —dijo Hani

Dejándose caer un poco más en el cuerpo del chico, mientras se abanicaba con una mano floja.

Takeomi giró su rostro lentamente hacia Shinichiro y murmuró con voz grave.

—Hoy conocí la envidia.

—Yo también —asintió Shinichiro.

Wakasa rodeó la cintura de Hani con los brazos, en movimientos habilidosos y completamente disimulados estruja sus pechos sin vergüenza.

—Hueles bien —susurró, y Hani lo empujó levemente con el codo

—No me abraces —se quejó

Shinichiro rodó los ojos.

—¡Ya basta de idioteces, Casanova! Tráeme la caja de herramientas que está en el depósito.

Wakasa levantó una ceja.

—¿Y por qué no lo hace Takeomi?

Takeomi apenas alzó la mirada con cara de muerto en vida.

—¿Quieres sostener el motor?

Wakasa hizo una mueca inmediata de horror.

—Paso.

—Si te vas —intervino Hani con aire victorioso—El ventilador es mío.

Wakasa la miró fijamente.

Una tensión silenciosa se alzó en el ambiente. Hani lo retó con la mirada, Wakasa apretó los labios.

Shinichiro levantó ambas manos manchadas de aceite.

—¡Por el amor de Dios, dejen de pelear! ¡Solo traigan la maldita caja de herramientas!

El tiempo parecía haberse detenido dentro del taller, suspendido entre el sonido del metal, el zumbido cansado del ventilador y el murmullo persistente de las chicharras más allá de las paredes.

Wakasa, que hace apenas minutos estaba firmemente anclado a la silla sin intención alguna de mover un dedo, ahora se encontraba junto a Shinichiro y Takeomi, sujetando con un guante manchado una de las piezas más pesadas del motor mientras Shinichiro ajustaba una llave inglesa con precisión.

A unos metros, Hani permanecía sentada en la silla que Wakasa había abandonado, las piernas cruzadas y un helado derretido en una mano, adquirido minutos antes tras una súplica dramática al repartidor que pasaba por la calle. Observa con una mezcla de diversión y lástima cómo sus amigos trabajan bajo el sol que aún se colaba implacable por los portones abiertos.

—Oye, Shin —soltó Wakasa de pronto, ladeando la cabeza mientras sostenía el costado del motor— ¿Por qué no la pones a hacer algo? Mírala, está ahí sentada como la reina del lugar.

Shinichiro levantó la vista brevemente, resoplando mientras se enjugaba el sudor de la frente con el antebrazo.

—Hani, ¿Por qué no estás ayudando?

Hani alzó una ceja, bajando lentamente el palito del helado ya terminado.

—Porque yo soy la imagen del local —respondió con una sonrisa triunfal, como si hubiera recitado una ley universal

Takeomi se gira hacia ella con el ceño fruncido.

—No seas chistosa ¡Al menos voltea el ventilador, nos estamos asando!

Ella palmeó su mentón fingiendo estar pensativa y luego negó con lentitud, como si la sola idea de moverse fuera trágica.

—Hani… —dijo Shinichiro con tono cansado, esa voz de jefe indulgente que ya no tiene paciencia—El ventilador. Por favor.

Hani hizo una mueca como si le hubieran pedido escalar el Monte Fuji, pero finalmente se levantó, arrastrando los pies con dramatismo. Caminó hasta el viejo ventilador y lo giró hacia los tres hombres que seguían trabajando.

El celular de Takeomi empezó a sonar de pronto, vibrando sobre la mesa con insistencia. Todos se detuvieron un segundo por la interrupción.

—Hani —dijo Takeomi, extendiendo la mano hacia ella sin siquiera mirar—Ven a ayuda a Wakasa a sostener el motor, tengo que contestar.

—¿Qué? No.

—Tengo que atender esta llamada, deben ser mis hermanos. ¡Y ya te moviste, no pongas excusas!

Ella suspiró dramáticamente, como si la estuvieran enviando a la guerra.

—¿Qué parte de “imagen del local” no entienden? —refunfuñó mientras caminaba hasta el lado opuesto de la moto

Wakasa se apartó apenas para dejarle espacio, sonriendo con descaro.

—Vamos, que esta es tu oportunidad para sudar con estilo —le dijo, burlón

—O para que me resbale y se me caiga el motor encima —masculló ella, acomodando las manos en la pieza pesada de metal caliente

Takeomi ya estaba con el teléfono pegado a la oreja, caminando hacia la parte trasera del taller mientras hablaba con voz profesional. Shinichiro se inclinó con más decisión sobre el motor.

—Sólo tengo que apretar unas últimas tuercas y terminamos.

—Eso dijiste desde que empezaron tu y Takeomi —dijo Hani frunciendo el ceño mientras el sudor comenzaba a deslizarse por su cuello

Shinichiro se sonrojó de inmediato, atrapado por la verdad de sus palabras. Wakasa soltó una carcajada que resonó entre los hierros.

—¿Cuánto apuestas a que dentro de diez minutos sigue diciendo lo mismo? —bromeó Wakasa

Hani lo miró por encima del hombro con media sonrisa.

—Voy a apostar que me deben una bebida fría cada uno.

—Hecho —dijo Wakasa.

—Ni lo sueñes —replicó Shinichiro, sonrojado hasta las orejas mientras ajustaba las tuercas con más fuerza del necesario

El ambiente, aunque denso por el calor, se sentía más ligero con la broma compartida. Entre miradas cómplices, sudor y grasa, los cuatro seguían ahí, cada uno aportando en su propio caos.

—¿Y por qué la imagen del local tiene que estar haciendo esto, eh? —preguntó Hani después de un rato, con una sonrisa pícara en los labios.

—Porque hasta las reinas tienen que aportar de vez en cuando —le respondió Shinichiro sin levantar la vista, pero con una sonrisa en su voz

Hani soltó una risa suave, resignada y divertida al mismo tiempo.

—Pues no digan que no cooperé. Quiero mi nombre en la placa de la moto.

El sonido metálico de las herramientas y el chirrido ocasional del ventilador se interrumpieron cuando Takeomi dejó la llave inglesa sobre la mesa con un suspiro profundo. Se secó la frente con la parte interior de su camiseta antes de mirar a sus amigos.

—Tengo que irme —anunció, sacando su celular del bolsillo trasero mientras leía el mensaje que acababa de llegarle.

Wakasa alzó una ceja, todavía sosteniendo parte del motor junto a Hani.

—¿Y eso?

—Senju se lastimó entrenando. Dice que no es grave, pero quiero pasar a verla —respondió Takeomi, ya con la mirada ocupada en buscar las llaves de su moto

—Ve, no te preocupes —dijo Hani sin pensarlo, con ese tono ligero pero genuino de quien se preocupa por los demás—. A estas alturas ya soy parte oficial del equipo mecánico.

Takeomi le sonrió de lado mientras Shinichiro asentía.

—Dale mis saludos a Senju —dijo Shinichiro, levantando la vista por un momento

—Claro. No se maten mientras no estoy —soltó Takeomi, saliendo por la puerta del taller con paso apurado

Apenas el rugido de la moto de Takeomi se perdió en la distancia, Wakasa habló, con una media sonrisa de esas que solo significaban problemas:

—No sé ustedes, pero para mí que fue a una cita.

Hani soltó una risa incrédula y se cruzó de brazos mientras sostenía el costado del motor con dificultad.

—Nos vio la cara, ¿verdad?

—Así es Takeomi —murmuró Shinichiro, sonriendo mientras ajustaba los últimos tornillos con esfuerzo visible

—¿Cuánto tiempo más tengo que sostener esta maldita cosa? —preguntó Hani, frunciendo el ceño mientras trataba de reajustar su postura.

Su espalda ya le dolía y el sudor le caía por el cuello.

Wakasa la miró con una sonrisa traviesa.

—¿Todavía la estás sosteniendo?

Hani parpadeó y luego soltó una queja ahogada.

—¡Con razón se siente tan pesado, lo estaba aguantando yo sola! —gimió, removiendo los dedos dormidos

Wakasa soltó una carcajada mientras Shinichiro negaba con la cabeza.

—Ya puedes soltarlo, Hani. Terminamos.

—¡Soy libre! —exclamó, dejándose caer hacia atrás dramáticamente antes de ponerse de pie, sacudiéndose los dedos con muecas de dolor

Wakasa la observó con media sonrisa y voz burlona.

—La imagen del local tiene la falda manchada.

Hani bajó la mirada y soltó un grito ahogado.

—¡Ay, no! ¡La odio! —se quejó, girando sobre sí misma para examinarse

—Cosas del trabajo —dijo Shinichiro con un encogimiento de hombros, como si él no tuviera manchas de grasa hasta en las orejas.

—Por eso prefiero solo ser la imagen —respondió Hani, caminando con aire cansado hacia el banco frente al ventilador

Lo giró hacia su rostro, se sentó y dejó caer la cabeza hacia atrás como si acabara de correr un maratón.

— ¡Ya recordé!—soltó Wakasa desde el otro lado del taller—En el cuarto de Shinichiro hay aire acondicionado.

Hani se enderezó de golpe, los ojos brillando como si acabaran de anunciarle la segunda venida del mesías.

—¡¿Qué?!

—Iba a decir que no lo usen… —empezó Shinichiro

Pero fue demasiado tarde Wakasa ya había dejado las herramientas, y Hani corrió tras él, riendo como si acabara de ganarse la lotería. Shinichiro se quedó de pie, señalando al aire con una llave inglesa en la mano.

—¡Oigan! ¡Ey! ¡Yo no dije que…!

Pero ellos ya habían desaparecido tras la puerta de su habitación.










La brisa fresca del aire acondicionado era un bálsamo caído del cielo. Hani saltaba de alegría en medio del cuarto mientras el aire comenzaba a refrescar el ambiente.

—¡ESTO es vida! —gritó, girando sobre sí misma como bailarina de ballet

Wakasa, sin pérdida de tiempo, se había dejado caer sobre la cama de Shinichiro, acomodado como si fuera suya. Las manos tras la cabeza, los ojos cerrados, expresión de gloria absoluta.

—Mmm… aire fresco—murmuró

—Haz espacio —le dijo Hani, dándole un par de palmadas en el brazo

—No.

Ella entrecerró los ojos y sin pensarlo dos veces, se dejó caer sobre él.

—Entonces yo hago mi espacio.

Wakasa rió con esa risa baja que siempre le salía cuando estaba cómodo.

—Tú sí que no das tregua —dijo, rodeándola por la cintura y bajando las manos hasta su trasero

—No te pases de listo —respondió ella con una ceja arqueada

—No puedo evitarlo —dijo Wakasa con una sonrisa suave, y cerró los ojos —Me gusta tocarte.

En ese momento, la puerta del cuarto se abrió y apareció Shinichiro, ya cambiado en ropa limpia, con una camiseta blanca y pantalones deportivos.

—¡Ey! ¿Qué están haciendo en mi cama?

—Buscando la paz —respondió Wakasa sin moverse

—Aire acondicionado bendito —dijo Hani al mismo tiempo

Shinichiro resopló mientras caminaba hacia ellos. Los miró y luego miró su cama como si calculara si valía la pena discutir o simplemente rendirse.

—Muévanse, yo también quiero paz.

En cuestión de segundos, los tres estaban recostados. De alguna forma, Hani terminó acostada entre los dos, con una pierna sobre Wakasa y la cabeza recargada en el hombro de Shinichiro.

—¿Cómo es que ustedes dos invaden mi privacidad tan descaradamente? —preguntó Shinichiro con una mezcla de resignación y molestia

—No tienes nada que esconder —dijo Hani, señalando con la barbilla el cajón entreabierto—. Tus boxers de ositos no son novedad para mí.

Wakasa estalló en carcajadas.

—¡Cállate! —masculló Shinichiro, rojo hasta las orejas.

—A estas alturas, Shin, es imposible sentir vergüenza —añadió Hani, estirándose


Wakasa murmuró, aún riendo.


—Nos hemos visto hasta la existencia.

—Son unos desvergonzados —refunfuñó Shinichiro, tapándose el rostro con el brazo

—No te avergüences, Shinichiro —le dijo Hani con tono meloso abrazándolo

—Déjame en paz —respondió, pero sin moverse ni un centímetro

Una de las manos de Wakasa se colocaron nuevamente sobre el trasero de Hani, el cual él no dudó en agasajar. E inclusive introducir la mano entre sus muslos.

—Deja de andar de divinidoso —le dijo Hani a Wakasa, que la tenía abrazada —Ni siquiera me pides permiso.

—No puedo evitarlo —repitió él con la misma sonrisa, cerrando los ojos —Me vi tentado.

—Eres un idiota.

Hani, recostada entre ambos, aún tenía una sonrisa juguetona en los labios mientras se burlaba de Shinichiro con esa voz ligera que usaba cuando lo provocaba.

—Vamos, Shin, no te avergüences es sexy que uses ropa interior de ositos—soltó, girando un poco la cabeza hacia él con malicia en los ojos

Shinichiro entrecerró los ojos, pero ni siquiera intentó defenderse. Ya había aprendido que pelear con ella era como echar gasolina al fuego.

—Sigue hablando, Hani —le advirtió en voz baja

Pero su amenaza quedó cortada cuando notó el cambio sutil en la expresión de Hani. Su cuerpo se tensó apenas, los labios entreabiertos en una inhalación suave, y sus mejillas se tornaron rosadas.

Wakasa, aún recostado detrás de ella, había comenzado a besar lentamente su cuello.

La sensación era tibia, firme, y sin prisa. Un roce que se prolongaba lo justo para hacerla estremecer. Hani cerró los ojos un instante, sin saber si golpearlo o hundirse más en esa quietud peligrosa que les envolvía a los tres.

—¡Wakasa! —dijo Shinichiro, sentándose un poco—. Eres un desvergonzado.

— Ups —respondió Wakasa con toda naturalidad — Es que mi mano quería tocarla.

Su voz salió ronca, un poco arrastrada por la cercanía. Y como no, si sus manos están apretando con descaro los pechos de Hani.

—¡No tienes vergüenza! —murmuró Hani, con las mejillas encendidas

Ella intentó girarse para empujarlo pero la presión que él ejerció en sus pechos provocó que un gemido saliera de sus labios.

—¿Y acaso tú sí? —bromeó Wakasa, con una ceja alzada —Ni siquiera traes brasier.

Y luego, con toda la desfachatez del mundo, miró a Shinichiro.

—Deberías ayúdame a desvestirla.

Shinichiro, en lugar de protestar, esbozó una sonrisa lenta y ladeada. Se inclinó hacia ella sin decir una palabra, y comenzó a bajar la falda de Hani por sus piernas.

El suspiro de Hani fue involuntario.

—¿Qué demonios estoy haciendo en medio de ustedes dos? —murmuró Hani, su voz cargada de una mezcla de nervios y expectación

Pero en lugar de respuesta, recibió un apretón en su trasero por parte de Shinichiro, quien la colocó boca arriba mientras se acomodaba entre sus piernas.

Wakasa se colocó sobre ella, acortando la distancia hasta que sus labios rozaron los de Hani con una sonrisa ligera, con una intensidad callada y firme la besó.

Soltando un gran gemido Hani dejó caer la cabeza hacia atrás. Shinichiro le está dando la atención necesario entre sus piernas. La legua de este, lamé de manera hábil el punto más sensible de la chica.

—¿Cómo…? ¿Cómo es que siempre termino así con ustedes? — jadea

En respuesta Wakasa le quitó la blusa, en donde sus pechos quedaron expuestos, ya que Hani no llevaba un brasier.

—Que bonitas tetas— murmura —¿Puedes amamantarme?

Un suspiro sale de la boca de Hani, ya que Imaushi introduce uno de sus pezones a su boca.

—¡Shin! — gimió

El nombrado introdujo uno de sus dedos en su interior.

—¿Por qué solo dices su nombre? —le cuestina Wakasa — Se supone que yo también te estoy dando placer.

Succiona con más fuerza su pezon y le da una mordida que hace que Hani gima con fuerza.

—Duele…— dice en voz baja

—¿Puedo meterla?— cuestiona Shinichiro

Hani sabe a lo que se refiere. Últimamente ella ha permitido que solo Shinichiro lo haga sin condon con ella.

Ya que a diferencia de Wakasa quien tiene una vida sexual muy activa, con la única persona que Shinichiro ha tenido relaciones sexuales es con ella.

La chica asiente.

—¿Por qué a él lo dejas hacerlo sin condón? —suelta Wakasa ofendido

—¿Quieres hablar de tu vida sexual mientras cogemos?— le cuestina Hani

Wakasa suspira.

Hani arquea su espalda al sentir el glande de Shinichiro en su entrada y deslizándose lentamente en su interior.

—Mierda, necesito que me hagas un oral.

—No…No quiero…—jadeo

Wakasa pellizcó con habilidad los pezones se Hani quien tiró la cabeza hacia atrás.

—Desgraciado…—dice entre dientes

—No he hagas hacerte llorar— se burla Wakasa —… Me pregunto que pasará si aprieto más fuerte…

La presión sobre sus pezones la hizo por instinto contraer su interior. Shinichiro jadeó por esa acción, ya que el interior de Hani se contrajo.

—Bien…—suspira —…S-sácalo…

Wakasa se sentó en una esquina de la cama para liberar su miembro, mientras que Shinichiro penetraba a Hani la cual gemía sin parar su nombre, sobre todo porque él pudo encontrar el punto de placer exacto en Hani.

—Chupa, linda— ordena Wakasa colocando su pene sobre sus labios

Con habilidad Hani engulle el miembro de Imaushi en su cavidad bucal, provocando que este la tome de su cabello y la embista con fuerza su boca.

—Mierda…— murmura —Más rápido…

Hani se sentía en extasis completo, ya que su vagina no solo era penetrada por Shinichiro, sino que su boca estaba siendo prácticamente forzada a realizarle una mamada a Wakasa.

Un acontecimiento que solo creyó que podía pasar en lo más profundo y perverso de sus propias fantasías.