Uno: cielo nublado
Chan echó la cabeza hacia atrás con un gran suspiro atorado en la garganta. En el cielo, las nubes grises (que por poco llegaban a ser negras) servían como recordatorio de la fuerte tormenta que hubo la noche anterior, y avisaba de una posible lluvia en un futuro para nada lejano, pero tenía en cuenta que al menos en las mañanas no llovía fuerte.
El rugido del motor se escuchaba en el fondo, acompañado del canto de los pajaritos y el viento soplando. Incluso habían madrugado para estar en el menor tráfico posible, por eso, las calles estaban vacías.
Todo parecía estar bien.
Pero no podía convencerse de ello del todo.
Desde la noche anterior se le llenó la cabeza de ideas fugaces que le hacían pensar que el viaje no era una buena idea. Cosas simples —como el clima o el auto recién reparado— pero que podían llegar a ser importantes en algo así.
¿Y si chocaban?
¿Y si los frenos de la camioneta fallaban en alguna curva? Pero aunque funcionaran, ¿qué le aseguraba que el coche no iba a derrapar en el suelo húmedo de la carretera, haciéndolos caer directo al barranco?
Miles de desastres se le cruzaban por la mente sin necesidad de concentrarse demasiado.
Estaba siendo demasiado pesimista, su novio se lo dijo, afirmandole varias veces que todo estaba en orden. El clima no era tan malo, Chan era un buen conductor como para manejar en un camino así de complicado, lleno de curvas por las montañas; además de que ya lo habían hecho antes, decenas de veces y en peores condiciones.
Tomó una gran bocanada de aire y agachó la cabeza, intentando relajarse.
Todo estaba bien.
Sacudió la cabeza de un lado a otro, intentando despejarse. No quería arruinar el ambiente, pues sus amigos se veían tan emocionados y contentos. Intentó sonreír, volteando los ojos hacia Seungmin, Felix y Changbin que hablaban animadamente junto al auto.
—¿Creen que haga falta bloqueador? —preguntó el pecoso, moviendo el recipiente en el aire frente la cara de los otros dos chicos—. Está muy grande, si no es necesario lo voy a dejar.
—Llévatelo, hay muchísimo sol —rió Seungmin, empujando la mano del menor con el bloqueador de forma juguetona.
—No le hagas caso, el bloqueador siempre es importante. Si no te cabe dámelo a mi —Changbin extendió la mano, tomando el bote para meterlo en su mochila antes de cerrarla.
La arrojó en la cajuela, esa fue la última maleta.
—¿No prefieren ir al cine? Y hacemos esto entrando el mes que viene, ya habrá dejado de llover. Podríamos aprovechar para ir a unas cabañas con alberca o a la playa —sugirió Chan, como último recurso para despistar a todos.
—Cómo va a ser el próximo mes, si para la semana que viene ya vamos a estar hasta el copete con la universidad y el trabajo —regañó Changbin mientras cerraba la cajuela.
—¿Qué es esa expresión? —Se burló Felix, antes de subirse en la parte trasera del auto.
Changbin lo siguió, empujándolo entre risas para que le hiciera espacio en la camioneta, acción que Felix le devolvió.
Seungmin observó a Chan con cuidado por cuarta vez en el día, mientras caminaba hacia él. Tocó su brazo suavemente antes de abrazarlo con dulzura—. A la próxima los mandamos a la mierda cuando lleguen con la estúpida idea de un viaje y nos quedamos a ver películas en casa.
Chan soltó una pequeña risa nasal, seguido de un suspiro pesado. Asintió sonriente, tomando la cintura de Seungmin entre sus manos.
—Te amo —susurró dulcemente, apretando al menor contra su pecho.
—Te amo —respondió el más alto de inmediato. Con suavidad pasó una mano por los cabellos castaños del australiano.
El repentino sonido del claxon fue lo que los hizo separarse despacio. Chan rió bajo, volteando hacia la camioneta, donde se veía por el grande vidrio trasero que Felix estaba estirado entre los dos asientos de adelante para poder alcanzar el volante y Changbin los miraba con una enorme sonrisa burlona, haciéndoles una seña para que fueran ya.
—¿Ya le llamaste a tus papás? —preguntó Chan, caminando hacia la puerta del conductor—. Yo les mandé mensaje a los míos y mi hermano hace un rato pero no contestan.
—A lo mejor siguen dormidos —dijo con calma, caminando también—. Los míos nos desearon un buen viaje. Y dicen que no dejes que Changbin siquiera se acerque al volante —comentó divertido en lo que tomaba asiento de lado del copiloto.
—Una vez, solo una vez tiro un pequeño poste y todo el vecindario me condena de por vida.
—¡¿Pequeño?! ¡Y era el del internet! Tuvimos que vivir sin internet cuatro días por tu culpa —reclamó Felix riendo.
—Mentiroso... Solo fueron tres días —rodó los ojos indignado, mientras sacaba el teléfono de su pantalón para contestar la llamada entrante—. Hola. Sí, ya nos vamos —una voz femenina se escuchaba al otro lado de la línea, algo decaída—. Ya mamá, solo es un fin de semana. No es como que vayamos a morir.
Chan apretó los dientes. No le pareció gracioso, ni un poco. —Cállate —sentenció con una expresión bastante sería, mirando a Changbin por el retrovisor, quien solo sonrió divertido. Aquello dejó ver que no estaba bromeando, cosa que Seungmin notó y por la que le acarició la pierna en un intento de calmarlo.
Otro suspiro salió de entre sus labios, con el cuero del volante crujiendo en sus manos por la fuerza con la que lo apretaba. Finalmente arrancó el auto en reversa para salir del pequeño lugar de estacionamiento.
Cuando se acomodó en la calle para avanzar, un fuerte ruido los alertó de pronto, haciendo que al menos Felix pegara un brinquito en su asiento. Al asomarse, vieron una rama grande, aparentemente pesada, en el suelo. Se había caído del enorme árbol que cubría parte de la acera frente a su casa.
—¡No inventen, por poco! —exclamó sorprendido el rubio pecosito, mirando con asombro la escena. Rápidamente sacó su cámara para tomar una foto. La mayor parte del tiempo, Felix se la pasaba tomando foto a todo y todos.
—Mierda qué alivio, ni siquiera hemos terminado de pagar la camioneta —murmuró Seungmin, sosteniéndose el pecho con fuerza.
—Pero tiene seguro, ¿no? —dudó Changbin mientras se giraba con lentitud hacia Seungmin, separando ligeramente el celular de su oreja.
—Obvio que tiene —respondió el menor, girandose un poco en su asiento para verlo con obviedad y burla, recibiendo un manotazo en el brazo como respuesta.
—Ah, nada... Solo que estuvimos a punto de ser aplastados por el arbolote de Chan y Seungmin —comentó el más bajo, dirigiéndose al teléfono de nuevo—. Ajá, ya sé. No, tranquila, solo...
La voz del chico se fue haciendo lejana entre los pensamientos del mayor. Miraba una última vez la rama en el suelo, con una mezcla de alivio y nervios. Aún así, comenzó a conducir sin más poco después de eso.
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Buenos días, buenas tardes o buenas noches
Esto se me ocurrió luego de ver las películas de Destino Final. Me pregunté qué harían los perdidos en una situación así. Entonces pensé y pensé, hasta que un día llegó a mi mente el que sería el accidente. Ya de ahí surgió todo a lo loco gracias al hamster de mi cabeza lol
Estoy emocionada por la historia, aunque algo estresada a la vez. En primera porque será un reto para mí por tener que pensar en una trama un poco más compleja. En segunda por la temática en sí. A mí me encantan las historias bonitas con finales felices y esto no va por ahí.
Tengo fe de terminarla porque será muy cortita. Además, estoy intentando un nuevo estilo de escritura más simple. Siento que me va a ayudar a que no me abrume el solo pensar en escribir
Bye bye ฅ^•ﻌ•^ฅ









Holaaa