Prólogo
—La historia de un villano que acaba siendo el héroe —bufó Carlota, poniendo los ojos en blanco—. Götte, bitte, eso no es posible. El villano es malo: siempre acaba encerrado, muerto o huyendo. ¿Pero enamorado y siendo el héroe? No, no me gusta este final.
Andrea y Kai se miraron el uno al otro sin saber qué hacer o decir. Andrea, que siempre se había identificado con el malvado de las historias, no por actos violentos, sino por su forma de afrontar los problemas —es decir, de la manera equivocada—, se sintió ofendido con el comentario de su amiga. Sabía que no debía tomárselo así: él no era ese villano ni ningún otro, solo un niño travieso lleno de energía —o eso le decía siempre su padre—, pero aquel giro en la historia lo había tomado por sorpresa y lo había emocionado a partes iguales.
—Carlota, sé que no es lo que esperabas, pero ¿no crees que deberíamos dejar a un lado los prejuicios y valorar esa opción? —dijo Elías, mirándola con ternura y comprensión—. Tú no quieres que Dante acabe enamorado de Devonle ni que se libre de la cárcel porque "no es lo propio de los cuentos", pero... ¿y si este chico no es tan malo como piensas?
—Pero tú dijiste que todo el pueblo está aterrorizado por su culpa, que ha hecho cosas horribles.
—Eso es lo que he dicho, sí.
—¿Ves? Entonces, ¿por qué debería querer que ande por ahí libre o que se enamore de la princesa? No lo entiendo, götte.
Los dos chicos seguían en silencio, mirando de Carlota al cuentacuentos.
—Ahí es donde entra la segunda parte del cuento —sonrió Elías, reservándose lo mejor para el final, algo que sabía confundiría aún más a la niña—-. El villano, sí, ha hecho cosas que no están bien, pero... ¿no crees que todo lo demás podría ser infundado?
—¿Infun... qué?
—Todo lo que he contado sobre Dante es lo que piensa el pueblo, lo que creen ellos. Pero aún no te he contado su versión. No sabes la verdadera historia, así que no sabes qué tan ciertos o exagerados son esos rumores —explicó Elías con su voz calmada y paciente, como siempre hacía. Era también el padre de Andrea, y le encantaba enseñarles a reflexionar—. Eso no quiere decir que no tengas razón: podría ser realmente un mal hombre, y confiar en él sería un error fatal. Pero esta vez quiero que pensemos en la otra cara de la moneda, en lo que significan los rumores y el miedo... y en lo que podría sentir Dante si todo eso fuera falso.
—No sé... musitó Carlota, más confundida que antes. No sé si puede ser, pero... intentaré darle una oportunidad.
—Así me gusta, schatz. ¿Vosotros también queréis escuchar la segunda parte del cuento? —preguntó mirando a su hijo y a Kai con brillo en los ojos.
Ellos asintieron con una sonrisa tímida, mirando de reojo a la niña.
A Elías, el cuentacuentos, le encantaba narrar sus nuevas ideas a los tres niños antes de publicarlas oficialmente. Era un ritual para él, una de las partes más importantes de su proceso creativo: no había mayor sinceridad que la del público al que iba destinada la historia. Por eso, antes de presentarla al mundo, necesitaba la aprobación de sus tres mosqueteros.