𝑷𝒓𝒐𝒙𝒊𝒎𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆
✒ ❝Si la vida después de la muerte todavía puede darte tranquilidad... como las palabras que el mar le dice al pez. Están equivocadas.❞
—Sé que es muy injusto de mi parte pedírtelo, Xing Xing. Pero me conoces. Sabes lo egoísta que puedo llegar a ser. Después de todo, soy de la realeza. —Escuchó el susurro como una letanía su fantasma seguía persiguiéndolo a donde fuera. Él solo quería terminar con la tortura. A estas alturas, el mayor debería haberlo perdonado, pero Yixing sabía que nunca lo haría. No cuando él fue quien condeno a su pueblo a vivir en ese castigo. En aquel frío infierno, que los consumía día con día, sin explicación aparente. No comprendía en qué punto había comenzado su tragedia, si conociera el punto de retorno, no dudaría en dar marcha atrás.
Lo dudaba, no había escapatoria de los sentimientos. Que por amar al hombre, se condenaba a algo que estaba escrito desde mucho antes. Una vez más, si estaba escrito, él no podía interferir en un destino o eludirlo, pero sí que lo había sellado y nunca sería perdonado por ello. Pensó con melancolía, observando las ruinas del ala noroeste donde todo había ocurrido mucho tiempo atrás. Con un suspiro, su mano se envolvió al rededor de su abrigo, buscando el interruptor para modificar la calefacción del mismo, dándose cuenta que no había más por hacer, se rindió. Nunca podría ir mucho mas allá sin morir de hipotermia. Ni con toda la tecnología que manejaba su pueblo, podrían acercarse a ese lugar por mucho que lo intentaran. Se conocía que la tormenta de nieve había nacido de ese lugar y, por lo que habían visto todos esos años, nunca se detendría.
La ventisca helada que lo acompaño en su camino de vuelta al castillo, tan fuerte y devastadora, anunciaba que pronto los días menos desagradables terminarían, dando paso a un frío mas aterrador que en esta ocasión, se le apetecía sombrío. Después de todo se cumplía la primera década de la desaparición de su rey, de su amado esposo al que condenó por salvar una vida que sería la perdición para su pueblo. Su excusa era que él no podía saberlo en aquel circunstancial momento, pero entonces, ¿Cómo LuHan sabía con certeza quién era él y que podía ayudarlo con sus heridas?, él había sido cómplice y por eso ahora YiFan lo hostigaba desde el mas allá. Se había convencido de ello desde entonces. Alzó sus ojos hacia el oscuro y atemorizante cielo nocturno, deleitando su vista un momento con el amplio espacio frente a él, rebuscando en sus memorias la respuesta al misterio sin resolver a sus ojos. Las brillantes estrellas que alumbraban en la penumbra de la lejanía solo lo hacían sentir más melancólico. Sabía que últimamente se encontraba tan mal, que estaba asustando a todos, y de esa forma no podría cumplir con el ultimo mandato que le dejó su rey.
—Yixing, escúchame primero. —Volvió a susurrar en su oído el viento, deteniendo la maraña de pensamientos y recuerdos confusos que lo abarcaban por completo. Se aferró a su voz con uñas y dientes, peleando contra la enfermedad, aún tan demandante y grave, casi como si lo tuviera enfrente, el recuerdo llegó.
La nitidez en que su rostro surcó su memoria lo atrajo al pasado un fugaz momento, recordándole el propósito que su vida tenía en aquella guerra. Zhang Yixing seguía siendo el Guardia Real. Sus manos se aferraron a seguir curando el herido brazo de su majestad, sin perder la concentración por la gravedad de la misma, si no tenía cuidado, él podría perder su brazo.
—Sé que es muy injusto de mi parte pedírtelo, Xing Xing. Pero me conoces. Sabes lo egoísta que puedo llegar a ser. Después de todo, soy de la realeza. —El mayor le sonrió con suavidad, pese al dolor que sentía no perdía su habitual calma y semblante neutral. Al medico solo lo hacía exasperar, había tratado de convencerlo de llevarlo a un refugio y buscar una línea segura de comunicación para pedir ayuda al reino vecino, pero había fallado miserablemente. El hombre estaba decidido a pelear por todo su reino desde que se enteró del ataque por medio de LuHan. La pareja de consortes, habían indagado en todas las posibles soluciones y se temía que el Monarca había escogido la mas peligrosa de todas.
—Yixing, escúchame primero. —Amonestó, retirando con brusquedad su brazo, lastimándose por la fuerza bruta empleada se quejó por el dolor, solo para buscar atraer mas cerca al menor que siguió con su trabajo de suturar la herida, ya estaba por terminar y no lo detendrían, eso el mayor lo sabía.
—Por favor —agregó un momento después cuando recuperó el habla, su brazo ardía por la piel siendo restirada, y no tenían un buen botiquín para hacer lo que hacían, pero Yixing sabía que bastaría con su don de sanación para terminar. Sentado sobre su regazo consiguió dejar que el Rey se dejara de mover como un niño pequeño y prosiguió su labor después de dedicarle una iracunda mirada.
—Te escucho, su majestad. —Murmuró en respuesta, sin perder su habitual concentración, de eso estaba seguro el mayor, el hombre se tomaba en serio su trabajo de ser su Guardia, pero ya no era solo eso, también es su consorte y Wu Yifan se encargaría de protegerlo a toda costa.
—Protege a Dèjún y GuangHeng, por favor. Edúcalos para ser unos dignos príncipes. Cuida de ellos en mi lugar. Cuida también de ti, Yixing. Ustedes tendrán que guiar al pueblo sin mi. —Le relevó su trabajo, sabía que era su deber proteger a su familia, pero también era consciente que aquello tendría que dejárselo a él. No había hecho una mala elección al desposarlo, la profecía nunca se habría equivocado. Se escuchó un bombardeo en la lejanía, pero a la vez tan cerca de donde se encontraban, si su visor lateral estaba en lo correcto, el ala noroeste había caído y con ello sus comunicaciones. El plan A había fallado, no podrían pedir ayuda, era momento de que se despidieran y pudieran seguir con el plan original del rey. La mirada dolorosa que se compartieron habría devastado a quien los viese en aquel momento, el mayor sostuvo el rostro de su esposo, deleitándose con su belleza una ultima vez antes de robarle su ultimo beso. Sus labios compartieron su calidez, su anhelo y el deseo de que ese no fuera su adiós, antes de separarse.
—Refúgialos, ponlos a salvo, no lo olvides. —Le dijo, antes de desaparecer por el pasillo que lo conduciría hasta su muerte.
El recuerdo acabo, dejándole un sentimiento de vacío por su despedida tan abrupta. Odiaba ese sentimiento podrido que lo carcome día y noche. Su psique estaba sufriendo severos daños que no lograba contrarrestar con su don, no sabía si se debía porque no podía o simplemente no quería. Los recuerdos solo lo hacían sentir peor, por no poder distinguir la veracidad de las cosas que sucedieron en aquel momento. Su mente viajo de nuevo a un recuerdo, uno dulce y cálido esta vez, para aliviar el frío que sentía su cuerpo. Recordaba a su viejo yo, el que siempre había amado estos días, que por el frío, le daban la satisfacción de ser envuelto en suaves y fornidos brazos, el calor de un duro pecho sobre su espalda, la cálida respiración del hombre en su oído y, dulces besos que lo hacían sentir amado. Y ahora, ese hombre, el cual toda la nación necesita en medio de la crisis conspirativa que los esta consumiendo desde hace diez años, había desaparecido en el inicio de la misma. Apretó con suavidad la mano de uno de sus hijos que lo mantenía en pie en ese momento, era quien le daba cordura en esos duros momentos en los que solo quería dormir y no despertar nunca. Cerró sus ojos un instante para alejar las lagrimas que sabía si no detenía en ese momento, no lograría parar nunca. Los abrió y mirándolo con pesar al percibir su aura devastada, ni con todos sus poderes curativos podría sanar el alma herida de un niño, que desea saber que ocurrió con su padre aun si la respuesta podría destruirlo mas en el camino, respondió a su pregunta.
—Esas ruinas nunca sanarán, más que por sí solas. —Murmuró Yixing, fingiendo que no dolía admitir la verdad, fingiendo ser fuerte y sensato como YiFan fue alguna vez.
—Se dice que el emperador está ligado a su castillo, por una maldición. —Prosiguió, endureciéndose como el consorte real que es, tratando de aligerar la carga de su corazón, que solo aumentaba al percibir la dolencia de su niño. Estaba creciendo tan rápido que temía no haberlo educado tan bien.
—Cuando ocurrió el ataque, estábamos juntos, pero uno de los grupos atacados habían sido niños, y yo debía ir a brindarles sanación. —Susurró, su mirada clavada en la de su hijo como una muestra silenciosa de sus disculpas, antes de volver a fijar su mirada en las ruinas de la lejanía.
—Solo recuerdo que prometimos volver a vernos, y no sucedió. YiFan no apareció de nuevo —sucumbió a su pesar se dejo llevar de nuevo por sus rotas memorias perdidas.
❝¿Tienes miedo de vivir sin mi?❞
⟳ 06/29/2020
⟳ 03/06/2022








