Capítulo 1
Fueron muchos años de ahorro, pero al fin había logrado abrir su propia cafetería.
Sero siempre había soñado con esto: el vapor de la máquina de expreso, los pastelitos en vitrinas de vidrio, los licuados cremosos, las recetas hechas con paciencia.
Quizá por ahora solo eran tres metros cuadrados en una esquina cerca de la plaza principal, pero para él... esos pocos metros eran su sueño, cobrando vida frente a sus ojos.
Esa primera semana de inauguración fue ajetreada, los clientes entraban y salían sin descanso, Sero terminaba agotado después de cada jornada, pero le gustaba. El mundo estaba amando su trabajo y eso era suficiente para continuar cada día.
Sin importar lo cansado que estaba, el pelinegro siempre recibía a los visitantes con una gran sonrisa y un sentimiento cálido de compañía. La gente poco a poco fue atraída por su carisma y su muy buena actitud, creando así clientes bastante fieles.
—Me alegro que lo hayas logrado Sero— lo animó su amigo de la infancia Kirishima, mientras se sentaba frente a la barra donde atendía el pelinegro— hacia falta un lugar así por acá ¿Cómo te recibieron las personas?
—La verdad es muy cómodo y ya tengo muchos clientes y creo que la mayoría son de la oficina donde trabajas —Sero terminó esa frase con una pequeña risa, dejando el latte frente a su amigo
—Con un jefe como el mío... —Kiri le puso azúcar a su bebida y comenzó a moverlo— estoy seguro que todos quieren escapar de ese lugar y despejar su mente con un café.
—¿El niño rico sigue siendo un idiota?
—¡Es el diablo en persona! —Eijiro bebió su café— hoy nos gritó a todos porque la fotocopiadora se quedó sin tinta, y arrojó los papeles de mi proyecto cuando se lo presenté.
—¿Por el cual te trasnochaste? —Kiri asintió— ¡Es un desgraciado!
—Naah, déjalo así, todos saben cómo es él, Todoroki debe estar encabezando la lista de maldiciones de muchas personas...
El sonido de la campanita de entrada sonó, obligando a Sero a levantar la mirada y esperar con una sonrisa a su nuevo cliente, sonrisa que poco a poco se fue desvaneciendo, cuando lo vio.
Traje oscuro, caro, con un peinado bicolor perfectamente acomodado. Con esos ojos heterocromáticos que analizaban el lugar detalladamente, como si buscase algún defecto. Juzgando en completo silencio.
Shoto Todoroki. El principal heredero de la familia Todoroki.
Todos sabían quién era él, sus habilidades con los negocios lo habían impulsado por sobre sus hermanos, destinándolo a heredar la empresa de su padre.
No era cualquier empresario, su fortuna y su carácter maquiavélico, habían destruido un sinfín de negocios, causando pavor a cualquiera que quisiera hacerle frente.
Además de esa elegancia y frialdad, su buen parecer y perfecto perfil lo habían llevado a ser portada de muchas revistas, haciendo que su nombre esté en todo lugar marcando su poder y autoridad.
Kirishima tragó saliva en seco cuando lo vio acercarse a la barra, rogando que no lo haya oído, para así conservar su empleo.
Por su parte, Sero mantuvo la compostura, aunque por dentro... algo se tensó.
—Bienvenido —dijo con su sonrisa habitual— ¿Qué puedo ofrecerle?
Todoroki lo miró por un segundo más largo de lo necesario. Analizándolo de pies a cabeza, como si buscara algún defecto.
—Un expreso doble —dijo finalmente con un tono frío.
—Claro, enseguida.
Sero giró hacia la máquina sin esperar más. No le gustaba el tono que había usado el bicolor, pero ya había tratado con gente así.
—Que esté perfecto —añadió Todoroki, para después ver su derecha y hablar con el pelirrojo— No me gusta perder el tiempo en lugares mediocres... ¿No es así? Jefe de ventas Kirishima
—Eh... Es verdad señor... —Eijiro continuaba nervioso estando tan cerca de su jefe.
Eso causó una sonrisa de burla por parte del bicolor. A él le gustaba eso, saber que todos temblaban ante su presencia, ser temido y respetado. Tener el control y poder de todo al rededor.
—Aquí tiene —Sero lo trajo de nuevo a su realidad— no sé si es perfecto, pero lo hice con mucho empeño.
Ese último diálogo no tenía ni una pizca de miedo, ni una pizca de respeto, el pelinegro defendió su propio trabajo, y se había dado su lugar frente al empresario.
Eso causó una nueva sensación en Shoto, una chispa se encendió dentro de él.
Mientras llevaba el café a su boca, no despegó la mirada de Sero ni un segundo, una mirada que no cedía, que también se mantenía firme frente a él.
—Es mediocre —dijo finalmente dejando la taza en la barra.
—Pues entonces déjelo ahí, lamento no llenar sus expectativas —el tono que usaba Sero tenía un toque de sarcasmo e ironía.
La chispa dentro de Shoto crecía más, poco a poco.
El biciolor le dio un último sorbo a su café, terminándolo por completo. Dejó la taza en la barra junto a un billete, y se fue.
—Se... Sero... —habló dudando el pelirrojo— ¿Qué fue eso? ¿Cómo lo hiciste?
—¿Hacer qué?
—Prácticamente lo echaste de aquí a patadas.
—Bueno, solo defendí mi negocio —levantó la taza que Todoroki dejó— no voy a permitir que alguien venga y haga menos el trabajo de mi vida.
—Woow... Eso fue genial. Necesito que me enseñes.
Ambos chicos continuaron con su charla, burlándose del bicolor o simplemente compartiendo anécdotas de sus días laborales.
Hanta tenía la certeza de que no volvería a ver a Todoroki por ahí, ya que él era un hombre autoritario, y seguramente la forma como lo trató lo espantó para siempre de su cafetería.
Necesitaba un baño.
Antes de que todos vieran el bulto que crecía bajo sus pantalones, necesitaba encontrar un baño.
Shoto corría desesperadamente en los pasillos de su oficina en busca de su objetivo.
Esa chispa del café de antes, había crecido más y más, convirtiéndose en un incendio dentro de él. Jamás se había sentido así, nunca nadie lo había desafiado de esa forma.
Entró al cubículo e inmediatamente se bajó el pantalón comenzando a masajear su miembro sin cuidado alguno.
En cada movida, veía el rostro desafiante de Sero, la forma en como no se doblegó a su autoridad.
El cómo se impuso frente a él.
“Pues entonces déjelo ahí”
Esa frase...La frase que terminó por completo con su cordura. Sin una pizca de miedo, sin dudarlo...
Nunca lo supo hasta ahora, pero amaba que le hablen así.
El sólo imaginar a Sero jalándolo de la corbata, obligándolo a beber la taza de café de la barra, lo terminó de llevar al clímax.
Con un gemido silencioso, mientras se cubría la boca con la otra mano, veía como el líquido blanquecino caía al inodoro. Ese líquido que fue causado por aquel pelinegro.
—Maldición... —suspiró apoyado en la puerta del cubículo rendido ante lo que acababa de hacer.
No podía perder el control de nuevo...No debía.Si alguien supiera cómo reaccionó ante ese barista... Sería una humillación. Un desastre.
No volvería a suceder, no regresaría a ese lugar.
Abrazos
~Talita.