La guerra de mil años

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Summary

Luxen nació en un mundo consumido por la corrupción. Uno donde ni las distintas razas se salvaban de ella. Su infancia, una vez llena de amor y luz, fue destruida por la crueldad de los poderosos. Con el corazón ardiendo en pena, decide enfrentar de frente a los nobles corruptos responsables del sufrimiento de tantos. Para ello, reúne un grupo de personas —algunos brillantes, otros simplemente valientes, o incluso diferentes— y forma un ejército con un único objetivo: poner fin a la raíz del mal. ¿Podrá un solo niño encender la chispa del cambio en un mundo tan oscuro... o se apagará su llama antes de cumplir su promesa?

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: El niño bendito

Se cuenta que, en una noche cualquiera, el primer hijo del barón fronterizo Glenn Stone estaba a punto de nacer. Y que, en cuanto aquel niño vino al mundo, la luna brilló. No como lo hace normalmente, sino con una luz tan intensa que por un momento pareció un segundo sol.

Ante tal milagro, el niño fue nombrado Luxen. Luxen Stone, el niño que la luna bendijo.

Aquel día hubo una celebración descomunal. Pero no por el resplandor de la luna, sino por algo más simple y hermoso: era el primer hijo de los Stone.


Con los días, el tiempo comenzó a correr, y los padres del niño no tardaron en notar que era especial. A los tres meses, Luxen ya rechazaba la leche materna. A los seis, se sostenía de los muebles para ponerse de pie y balbuceaba palabras simples. A los ocho, ya hablaba casi con soltura. Al año y dos meses, corría por los pasillos como si tuviera tres años. Y al año y medio, parecía consciente de sí mismo más allá de lo que ningún adulto esperaba.

Y fue precisamente a esa edad, al año y medio, cuando sus recuerdos comenzaron a asentarse. Ahí empieza su verdadera historia.

O mejor dicho: “Este es el comienzo de mi historia”, pensó Luxen, mientras su nana le contaba su nacimiento antes de dormir.


Al día siguiente, despertó con más energía de lo habitual. Como cada mañana, se arrinconó al lado de la puerta, esperando el momento justo.

Apenas se abrió, echó a correr por los enormes pasillos fríos de piedra. Su nana, como siempre, lo perseguía gritando:

—¡Amo Luxen, espere! ¡Debe vestirse bien primero!

Pero él la ignoraba con una sonrisa traviesa. Aún le faltaba tamaño y velocidad para escapar de ella, claro, y en cuanto lo atrapaba, lo regañaba con una mezcla de severidad y ternura. Eran regaños llenos de amor, y aunque Luxen lo sabía, nunca dejaba de intentarlo.


Después de vestirse, salía a recorrer los jardines. Miraba flores, insectos, aves, nubes. Todo despertaba su curiosidad. Y en cuanto las preguntas lo dominaban, corría directo a buscar a su madre.

—¿Qué te llamó la atención hoy, cariño? —le preguntaba lady Alíe Stone, recibiéndolo con los brazos abiertos y un beso cálido en la mejilla.

Para Luxen, ese era uno de sus muchos momentos más felices.

Pasaban horas juntos en un verdadero interrogatorio de niño.

—¿Por qué las mariposas vuelan?

—¿Por qué el viento sopla a veces fuerte y a veces se esconde?

Lady Alíe respondía sin aburridos tecnicismos. Prefería envolver las respuestas en pequeñas fantasías que alimentaran su imaginación. Luego lo tomaba en brazos y lo llevaba al comedor para desayunar.


En el gran salón, su padre ya lo esperaba. Luxen corría a abrazarlo antes de sentarse. Comían, reían, compartían. Era un hogar cálido, lleno de vida.

Después del desayuno, el pequeño se escapaba para ver entrenar a su padre. Glenn Stone era un espadachín majestuoso, y cuando empuñaba su espada, una extraña aura cálida llenaba el aire. Luxen lo sentía: era como si todos estuvieran a salvo solo por verlo luchar.

Aunque era apenas un niño, trataba de imitarlo. Tenía una coordinación sorprendente para su edad, y aunque su cuerpo pequeño no le permitía hacer mucho, sus movimientos eran una copia imperfecta pero sorprendente.


Al mediodía, volvía a comer con sus padres. Por las tardes, jugaba con los insectos del jardín o exploraba los muros del castillo fronterizo. No era un lugar elegante, pero sí grande, sólido y funcional. Para Luxen, era su mundo entero. Y en ese mundo, no existía tal cosa como el aburrimiento.

Por la noche, sus padres trabajaban en la administración del feudo, así que cenaba con su nana. Ella siempre le leía un libro antes de mandarlo a dormir.

Así fue su vida.

Día tras día.

Hasta que cumplió los dos años.

Y ese fue el momento en que todo empezó a cambiar.