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Distrito de Trost
Alrededor de las 6:45 de la maΓ±ana, el detective Jean Kirstein llegΓ³ a su oficina que estaba dentro de un edificio de mala muerte, subiΓ³ las escaleras y sacΓ³ de su abrigo la llave que abrΓa su oficina. AdentrΓ‘ndose en ella, dejΓ³ su cafΓ© caliente sobre su escritorio y colgΓ³ su abrigo en un perchero de madera. RΓ‘pidamente, dirigiΓ³ su vista a su escritorio, sintiendo una presiΓ³n en su pecho pues la carta que sostenΓa su cenicero era la evidencia de que habΓan irrumpido en su oficina. Se quedΓ³ observando a su alrededor y se paseΓ³ de manera cautelosa por el lugar, rodeando su escritorio, hasta llegar a la esquina donde estaba la carta.
Esta, estaba sellada con una cera roja, sin insignia, solamente su forma circular; era evidente que cualquiera que hubiera entrado a aquella sala, intentaba llamar la atenciΓ³n del joven detective.
Tras una minuciosa bΓΊsqueda del intruso, no pudo encontrar nada que lo delatara, los cajones estaban con llave, y no habΓa muestra alguna de violencia a sus bienes materiales, ni siquiera la puerta habΓa sido violentada, lo que lo llevΓ³ a pensar que alguiΓ©n habΓa hecho una copia de su llave sin que Γ©l se diera cuenta. Dentro de la carta habΓa un pequeΓ±o mensaje, escrito por una persona seguramente zurda y con una pluma nueva.
"El poder no se toma, se infiltra"
En la parte inferior de aquella carta estaba una ubicaciΓ³n, que acompaΓ±aba la hora en la que su cliente solicitaba verlo. Sin nada mΓ‘s, quedΓ³ expectante al nuevo trabajo que se le habΓa requerido, tomando su primer cigarro del dΓa.
Al acercarse el atardecer, emprendiΓ³ su camino al sitio fijado, ubicado en el distrito Ehrmich, aunque la hora establecida era a las 9:00 de la noche, preferΓa llegar antes a su cita y asegurarse que ningΓΊn peligro acaeciera a su persona. En su auto viajΓ³ por los caminos y posibles rutas de escape, rodeando la plaza que era el punto de encuentro, frente a la iglesia. Era un lugar bastante transitado lo cual era una buena seΓ±al para Jean, pues ya sean civiles comunes o borrachos en busca de alcohol entre las varias cantinas, no existΓa silencio ni vacΓo de almas en el lugar.
AparcΓ³ su auto cuando creyΓ³ que era hora de esperar y se adentrΓ³ a la plaza. CaminΓ³ durante un rato y encendiΓ³ un cigarro. Constantemente revisaba su reloj, dejando clara la frustraciΓ³n y desesperaciΓ³n de que esta persona sin huellas ni rostro llegara hasta Γ©l, derribando cualquier mΓ©todo que habΓa establecido para llevar a cabo sus casos y las tΓpicas reuniones con sus clientes. Jean apagΓ³ el cigarro con la suela del zapato y echΓ³ un ΓΊltimo vistazo a la plaza. No habΓa seΓ±ales de que lo estuvieran esperando, pero tampoco de que estuviera solo. A esa hora, la gente iba y venΓa, algunos demasiado borrachos para notar su presencia, otros demasiado sobrios para no hacerlo.
DecidiΓ³ sentarse en una banca de madera, cruzado de brazos. Eran las 8:57 p.m. No le gustaba esperar.
A las 9:00 en punto, una mujer se deslizΓ³ entre la multitud y se detuvo a un par de metros de Γ©l. VestΓa un abrigo largo, de esos que ocultan mΓ‘s de lo que muestran, un bolso mediano colgando de su brazo; y llevaba un sombrero de ala ancha que dejaba su rostro a medias sombras. No dijo nada, se sentΓ³ junto a Γ©l y metiΓ³ una mano en su bolsillo, sacando un sobre de manila doblado, lo deslizΓ³ por la banca y sacΓ³ un libro para disimular.
Jean no lo tomΓ³ enseguida.
βEspero que valga la pena βmurmurΓ³, con la mirada fija en ella.
βSi no lo toma, alguien mΓ‘s lo harΓ‘. Y crΓ©ame, no quiere que eso pase.
Su voz era firme, pero no desafiante. Jean tomΓ³ el sobre y lo abriΓ³ con los dedos Γ‘speros de tanto fumar. Dentro habΓa varias fotos en blanco y negro, recortes de periΓ³dicos con lΓneas subrayadas y una nota escrita a mano.
"Siguen desapareciendo. Nadie investiga. Nadie se atreve."
Jean frunciΓ³ el ceΓ±o.
βΒΏQuΓ© espera que haga con esto?
La mujer soltΓ³ una risa seca.
βDescubrir la verdad. Lo suyo es encontrar gente, ΒΏno?
Jean la mirΓ³ un instante antes de cerrar el sobre y guardarlo en el bolsillo interior de su abrigo.
βDepende de si quieren ser encontrados.
La mujer exhalΓ³ con frustraciΓ³n y mirΓ³ a su alrededor, como si alguien pudiera estar escuchando o siguiendo. Luego se inclinΓ³ apenas hacia Γ©l y susurrΓ³:
βLos llaman Hidra.
Jean sintiΓ³ un escalofrΓo recorrerle la espalda. Claro que habΓa escuchado ese nombre antes.
Y sabΓa que meterse con ellos significaba una cosa: no salir entero.
Jean no pronunciΓ³ palabra alguna, sabiendo que si decidΓa meterse en este caso, no podrΓa asegurar su futuro. ObservΓ³ a la mujer, quien tenΓa una expresiΓ³n seria, inmersa en su libro, claramente notando que ella estaba conciente con lo que solicitaba.
βNo me ha dicho su nombre βdijo Jean, intentando saber mΓ‘s de ella y saber la razΓ³n por la que verdaderamente lo necesitaba.
Ella despegΓ³ la vista de su libro por un momento, dudando.
βNo sirve de nada que lo sepa.
Jean soltΓ³ un resoplido y llevΓ³ un cigarro a su boca, sin encenderlo, solamente sosteniΓ©ndolo con sus labios y dedos.
βSiempre sirve de algo.
Ella lo mirΓ³ por un momento, como si intentara decidir si confiar en Γ©l o no. VolviΓ³ su vista al libro y poco audible soltΓ³:
βJoliet.
Jean asiente lentamente, memorizando aquellas seis letras.
βEstΓ‘ bien, Joliet, dΓgame cΓ³mo quiere que prosiga con esto.
βQuiero que siga las pistas, que descubra quiΓ©nes estΓ‘n detrΓ‘s de esta red y que me ayude a sobrevivir en el proceso.
Jean exhalΓ³ lentamente, alzΓ³ sus cejas sin sorprenderse por lo ΓΊltimo dicho, y sacΓ³ el encendedor de su bolsillo, finalmente tomando aquella inhalaciΓ³n con nicotina.
βYo trabajo solo, si quiere que la ayude tendrΓ‘ que mantenerse al margen.
Al soltar un suspiro lleno de humo, se escuchΓ³ el motor de un auto encenderse. Un coche negro con vidrios cerrados que pasaba desapercibido por la oscuridad de la noche comenzΓ³ a moverse lentamente, como si la persona dentro estuviera observando a su presa.
Ambos sintieron escalofrΓos, y quiΓ©rase o no, ya estaban metidos en este asunto. La mujer se levantΓ³ de su asiento y guardΓ³ el libro en su bolso, nerviosa da un ΓΊltimo vistazo al hombre y le advierte que es momento de irse.
βEstarΓ© en contacto.
Ella se desvaneciΓ³ dentro de la plaza. Un pinchazo en su pecho se hace presente pues siente que no debiΓ³ dejarla sola en un momento como este, pero al perderla de vista se resigna y decide regresar a Trost, con mucha precauciΓ³n.