Capítulo 1 Esto es para ti
“Mi alma está muy triste, hasta la muerte.” — Jesús (Mateo 26:38)
Quiero comenzar contándote algo que no es fácil de decir.
Yo también estuve ahí.
También pensé en quitarme la vida.
No fue un impulso. No fue una emoción pasajera.
Fue un plan.
Un plan silencioso, detallado, eficaz.
Uno de esos que, si lo hubiera llevado a cabo, no me estarías leyendo ahora.
Pensé en cómo hacerlo sin que nadie lo notara. Sin dejar preguntas. Sin dejar rastro.
Y te confieso algo: en mi mente, sonaba lógico. Sonaba hasta “tranquilo”.
Pero algo dentro de mí —pequeño, débil, pero vivo— me llevó a hablarlo con alguien. Solo una persona.
Y esa conversación lo cambió todo.
Dios me habló a través de esa persona. No con relámpagos ni con voces del cielo, sino con algo más fuerte: verdad, amor y presencia.
Me mostró que lo que yo creía era “mi final” en realidad era una herida abierta que necesitaba ser sanada. Y no es para nada fácil, cuando sientes que tu mundo se está viniendo encima de ti. Pero fue la mejor decisión.
Y así comenzó este camino.
Un camino de sanidad, un camino de perdón,
Un camino hacia la vida.
Y hoy, con el corazón lleno de compasión, quiero decirte:
Esto es para ti!.
-Cuando crees que ya no puedes más…
Tal vez llegaste a este libro sin planearlo. Tal vez alguien te lo envió. O lo encontraste por ahí en un momento de crisis.
Pero lo cierto es que no estás aquí por casualidad.
Hay una razón por la que estás leyendo estas líneas.
Y no es porque seas débil.
Es porque todavía hay una parte de ti que quiere vivir.
Aunque sea pequeña. Aunque esté casi apagada.
Y esa parte merece ser escuchada.
Tu historia no ha terminado
Sé que puede doler tanto por dentro que pareciera que lo único lógico es desaparecer.
Pero quiero que sepas algo: el suicidio no es un pensamiento natural!.
No viene de ti. No nace de tu esencia.
Es una señal de que estás agotado o agotada. De que tu mente y tu corazón están sobrecargados.
Es una distorsión causada por el sufrimiento, no un deseo auténtico de morir.
Tu cuerpo fue diseñado por Dios para vivir, para luchar, para resistir.
Incluso tu mente, aunque ahora te juegue en contra, fue creada para sanar.
-Jesús también sintió el peso del dolor!.
Mucha gente piensa que Jesús siempre fue fuerte, invencible, sin emociones.
Pero eso no es verdad.
Antes de morir, Él mismo dijo:
“Mi alma está muy triste, hasta la muerte.” Mateo 26:38
¿Lo sabías?
Jesús también sintió el peso del sufrimiento.
También sintió soledad, angustia, desesperación. Realmente no alcanzamos a imaginar el nivel de angustia en el momento en que su cuerpo sudaba sangre, y era Dios en su versión más humana, de carne y hueso, como tú y como yo mi amado.
Y por eso ÉL puede entender lo que tú sientes ahora.
No vino a la tierra por los “fuertes”, ni por los “perfectos”.
Vino por los quebrados, vino por los cansados! Vino por los heridos.
Vino por tí!
-No tomes decisiones eternas por dolores temporales.
Tu mente está agotada.
Y en este estado, no es justo que tomes decisiones definitivas.
Sería como tratar de arreglar un avión en picada… mientras tú mismo estás dentro.
Tómate un momento. Respira,
Haz esto conmigo ahora:
Inhala profundo… y suéltalo lentamente.
Hazlo otra vez.
Y repite en voz baja:
“Estoy herido… pero aún estoy aquí.”
Eso es más que suficiente por ahora.
-Háblalo !, Escríbelo, Sácale voz al dolor.
Si puedes hablar con alguien de confianza, hazlo.
No importa si no sabes cómo empezar. Solo dilo:
“Estoy mal. Necesito hablar.”
Y si no hay nadie cerca, escribe.
Toma papel y lápiz.
Escribe cómo te sientes. Sin censura. Sin vergüenza, no te imaginas lo terapéutico que puede llegar a ser escribir tus emociones.
Sacar lo que está adentro es un primer paso hacia la sanidad.
-Hoy no. Solo por hoy… decide quedarte.
No te pido que decidas por el resto de tu vida.
Te pido solo esto:
No tomes esa decisión hoy.
Solo por hoy, elige quedarte.
Decídelo con firmeza:
“Hoy no me rindo. Hoy sigo.”
Puede que mañana sea diferente. Puede que no.
Pero hoy… hay una semilla de esperanza.
Y eso basta.
-Y si crees en Dios… o si apenas estás buscando…
Háblale!
No necesitas palabras religiosas. No necesitas saber rezar.
Solo habla como si hablaras con un amigo.
Y si no sabes si crees en Él, dile eso también.
Él no se ofende por tus dudas.
Él no te rechaza por tu dolor.
Al contrario: te busca en medio de él.
“ Tu vida es de gran valor. Aunque no lo veas ahora.
No eres una carga!.
No eres invisible!.
No eres irreparable!.
Eres amado, aunque no lo sientas!.
Tu historia no ha terminado.
Tu propósito no ha caducado.
Y Dios todavía tiene muchos planes contigo.
En este momento, que estás con vida, para Dios eres pieza fundamental e indispensable para su propósito en día de hoy .
Por eso estoy aquí, para acompañarte en este valle. Para caminar contigo en la oscuridad… hasta que vuelva la luz.