Conversaciones en la lluvia

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Summary

Leo es un chico reservado y con una perspectiva un tanto negativa acerca de la vida, esto se debe a que carga con un secreto familiar que le pesa y que lo carcome día con día; hasta el punto donde ha dejado de disfrutar, ha dejado de ir a fiestas, hablar y conocer gente nueva y reírse de tonterías. Un día, conoce a Matias quw lo ayudará a salir de este hoyo donde se ha metido y descubrirá que no es la única persona con secretos que pesan más de una tonelada

Genre
Lgbtq/Drama
Author
Giovanna
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1: El chico de la ventana

¿Alguna vez has sentido que ves tu vida pasar como si fuera una película? ¿Como si todos tus amigos, familiares, hermanos pequeños y molestos estuvieran viviendo su día a día y tu solo fueras un espectador semi concentrado en lo que pasa frente a tí?¿Un camarógrafo viendo todas sus actividades y sus pláticas a través de un lente de una cámara en lugar de con sus propios ojos?¿Sintiéndote como un personaje secundario en tu propia historia? ... yo si.

Un día eres pequeño y entras a un nuevo colegio, te haces amigo de la primer persona que conoces o con la que te toca sentarte. Aún aunque lo único que tengan en común en ese momento, sea que ambos escuchan a Blink 182 o que ambos ven Ben 10 en cuanto regresan a casa. Después parpadeas y tienes a tus padres preguntando:

¿Por qué te cuesta tanto hacer amigos?

Como si fuera culpa de uno. Yo no nací con problemas, esos me los dieron y me los apropié.

Esa pregunta constantemente me revolotea cuando me encuentro en un espacio donde intento ignorar lo que se me presenta. Por el momento es lo que sucede. Las calles y las casas de terrenos amplios y verdes pasan por el retrovisor y yo les poniendo nombres en mi cabeza "la casa de las rejas altas", "la casa verde", "la casa fea de ricos"

-¿Por qué la cara larga?.- me interrumpió la voz de mi madre. Un sonido extraño salió de mi boca, la idea era que fuera una respuesta.- ¿Ahora eres mudo?

- Digamos que el hecho de que a esta edad tu madre tenga que llevarte a la escuela no es mi idea de un buen primer día.

- Vamos, maximizas mucho tus problemas. Hay mucha gente que podría estarla pasando peor que tu

- ¿Eso como porque me alegraría?

- Tienes salud.- repuso

- Hasta donde sabemos

- Tienes vida.- trató de salvar.- existes en un planeta hermoso y lleno de seres muy bellos.- levanté las cejas.- hay que disfrutar y verle el lado bueno al día a día. Vida solo es una

- Por suerte.- pude escucharla poner los ojos en blanco.

Mis padres no perdían la oportunidad de recordarme que era un pesimista patológico. Hacia tiempo que había abrazado mi naturaleza y había aceptado lo que era ¿Cuál era el punto de negarlo?

Soltó un largo suspiro y se giró hacia mi.

- Pasaré por ti un poco más tarde, tengo que pasar por la ropa a la tintorería, dejar la camioneta y llevar el coche a mantenimiento.- explicó en voz alta mi madre, algo que le encantaba hacer en presencia de la gente, incluso gente desconocida.- ay y tengo que ir a la junta de padres de Nano .- dijo con cero por ciento de entusiasmo

Solté una risa para mí

- ¿Al fin te acorralaron para obligarte a ir a eso?

- Si.- dijo enfadada.- la última vez tu hermano no salía y tuve que bajarme por él. En el transcurso me encontré con la directora y me puso contra las cuerdas. Dijo que era importante asistir a ese tipo de juntas para el desarrollo de nuestros niños. Como si a tu hermano realmente le afectara la cara de desaprobación que le doy cuando me entrega calificaciones.

- Si...no parece importarle mucho su impresionante colección de seises incluso parece orgulloso.- dije con sarcasmo, buscando una canción nueva.- creo que no le damos suficiente crédito, no cualquiera puede conservar una colección tan impresionante ¿sabes lo difícil que es sacar un seis exacto?

Mi madre me miró con desdén.

- Ojalá pudiera reírme como tu.

- Podrías intentarlo, no cuesta tanto trabajo cuando te ves enojada.

- Si claro, el día que tu hermano no tenga futuro por tu culpa-

- Wow, relájate. Maximizas mucho tus problemas, hay mucha gente que podría estarla pasando peor que tu.- golpeó el volante con su dedo índice, señal de que se estaba molestando.- eso no va a pasar, Nano es más inteligente de lo que piensas. Además recuerda que tienes salud.

El coche se detuvo de golpe en un semáforo, con tanta fuerza que me tener que aferrarme de las puertas y poner los pies como soporte. Odiaba su manera de manejar, siempre se frenaba a la ultima hora por lo que lo hacia muy fuerte, pero hacer un comentario de eso implicaba que me sacar su discurso acerca de que podría manejar yo mismo a la escuela si no hubiese reprobado, así que me ahorré el comentario.

- ¡Caramba!.- si, esa era su palabra cuando quería expresar algo muy "fuerte", mi madre no dice groserías.- Justo lo que me faltaba, que me tocara el semáforo infinito cuando tengo el tiempo contado.

- No tendrías porque afligirte, yo puedo llegar perfectamente a la escuela sin necesidad de escolta.

- ¿Ah si? No me digas que justo ahora quieres sacar ese tema.

Carajo, había entrado justo al hoyo que no quería entrar.

- No, de verdad no quiero.- asintió satisfecha y volteó de nuevo al camino.

- Me alegra, porque me molestaría demasiado tener que sacar el verano de detención que tuviste que cumplir y el año que perdiste por culpa de tus constantes peleas y de tus faltas.

- Era una pregunta retorica ¿verdad?.-

- Tienes suerte de que aceptaran que regresaras para este año. No es fácil que te acepten en otras escuelas con un historial manchado. Tu vida académica podría haber terminado.

- Ojalá que esta conversación ya hubiera terminado.

Llegamos a la entrada de la escuela y pude ver a varios compañeros bajándose de sus autos. Algunas caras eran bastante conocidas, otras no mucho y algunas caras nuevas. Mis antiguos compañeros de clase habían pasado a 3ro.

- Aquí déjame, está bien.- tomé mi mochila y la abrí para buscar algo

- No seas ridículo, te llevaré hasta la puerta.- dijo entre risas

- Ma.- la vi con odio y detuvo el coche.

- ¿Ahora quien es el aguafiestas?

Me bajé sin decir una palabra más y antes de sacar mis audífonos, un grupo pequeño de alumnos de primero pasaron frente a mí, llamando mi atención por lo fuerte que hablaron. No fueron ni dos segundos que los vi, ya que cuando dos chicos notaron que los veía cambiaron su actitud y avanzaron más rápido; era la típica reacción que obtenía a diario, sobre todo de los más chicos.

Anya decía que mi cara no era la más agradable de ver ya que volteaba a ver a la gente como si quisiera matarlos, lo cual no siempre se alejaba mucho de la realidad.

Me bajé lo más rápido posible; mientras lo inevitable estaba acercándose, solo podía pensar: "no lo digas, no lo digas, no lo digas" al tiempo que aceleraba el paso.

- ¡Te amo bebé!.- gritó desde la ventana del auto tan fuerte como pudo. Me giré disgustado y lo último que hizo fue guiñarme el ojo. Otra condena que tendría que pagar.

En mi escuela había todo tipo de personas. Los típicos fresas y populares como en las películas que se la pasan haciendo tiktoks o blogs en medio del pasillo y fingiendo vergüenza cuando alguien se les queda viendo. Usualmente yo soy ese alguien, pero no los veo por lo que ellos creen, sino por la misma razón por la que veo a alguien en la calle y no puedo evitar reírme, el chiste básicamente se cuenta solo con ellos, aunque mi cara no siempre lo demuestre.

También están los futuros "artistas" y los que creen que lo serán, no es difícil identificarlos, casi siempre vienen juntos en el mismo grupo y vestidos con algún tipo de sombrero, botas negras y con una camisa de cuadros roja atada en la cintura. De vez en cuando me gusta jugar con Anya a ver si logramos adivinar cuantos de ellos y de los Otakus terminarán en Diseño Gráfico. El número suele ser interesante.

Por otro lado están los típicos nerds que no pueden faltar, aunque cada vez se ocultan mejor. Sigue siendo posible identificarlos; casi siempre traen una tabla periódica o una calculadora, si traen ambas entonces es doble punto. Les encanta debatir en clase cualquier punto de vista que tenga el profesor o algún alumno y demostrar que están bien, como si eso les diera algún punto extra. Usualmente usan lentes con bastante aumento, aunque no siempre es una regla. Mi hermano usa lentes con mucho aumento y vaya que no es un nerd.

- Hola Russo.

Alguien me atropelló por detrás con su peso, haciéndome perder el equilibrio.

En seguida supe quién era.

- Hola Mentada.- la saludé sabiendo que odia que le digan por su apellido. No cuesta trabajo saber porque.

- ¿Algún niño al que hayas espantado hoy?.- abrí la boca por un segundo y Anya me silenció enseguida.- tus hermanos no cuentan.

- Entonces no.- finjo molestia.- ¿Alguien a quién hayas golpeado con tus lentes? Algunas personas necesitan espacio para caminar en el pasillo ¿sabes? No puedes solo ocupar todo.

- Todavía no, pero...¿Por qué esperar?- respondió poniéndome el pie y volví a tropezar, esta vez una risa se me escapó.- ¿sabes? Mis ojos son tan bellos que necesitan una vitrina propia, no siempre se tiene ese tipo de privilegio.

- Si, es un graaaan...- okey ya, pidos pidos.- cerré la boca antes de que me golpeara en el estómago, que era usualmente como terminaban nuestras pedradas.

Conocí a Anya en "verano de detención". La mandaron ahí por casi romperle las bolas con unas mancuernas a un tipo que se quiso pasar con ella en una fiesta. Lo más gracioso es que el imbécil era su novio en ese momento. Ella era de las pocas personas en la escuela que me agradaba; no era una persona hipócrita, me escuchaba y me criticaba sin juzgarme, teníamos el mismo sentido del humor y más importante... creía que la mayoría de aquí eran unos idiotas.

- ¿Escuchaste que Trini de tercero entró al área diseño?.- dijo demasiado sorprendida mientras intentaba seguirme el paso hasta el salón, debido a que le saco más de una cabeza, usualmente corría mientras yo caminaba.- ¡espera piernas largas!

No pude evitar reírme en mi interior

- Si, escuché que tenía eso en sus planes el año pasado cuando se presentó frente a toda la clase, parecía llamar tanto la atención y peleaba tanto con los profesores que de verdad creí que entraría al área de humanidades, si cerraba los ojos, podía verla en derecho.

- Creo que yo aposté a nutrición, parecía que terminaría siendo chica fresa.- dijo chasqueando la boca en forma decepcionada.- ¡Tenía hasta el nombre!.- intentó acelerar el paso una vez más, estaba yendo demasiado rápido hoy.- ¿A dónde vas con tanta prisa?

- Tengo primera hora con Plasencia y es mi primer día, no puedo llegar tarde y ya voy tarde.

- Uy ese es un maldito

- Gracias

- Mis compañeros de primero dicen que es una pesadilla con los que llegan tarde.

- Que graciosa

- Sobre todo con los recursados

- ¡Okey Jódete!.- le grité sin poder evitar reírme.- le mostré el dedo del medio para despedirme y se fue despidiéndose igual y mandando un beso.

Como era de esperar, la primera hora fue horrible, como de costumbre. Al igual que la segunda y tercera, ya que las tres me tocaban con Plasencia. Entró dando zancadas y alcancé a entrar antes de que terminara de cerrar la puerta. No era exactamente el tipo de entrada que planeaba hacer, era más de pasar desapercibido. No dijo nada, pero me vió con el seño fruncido y la boca hecha un nudo.

Anya tenía razón en algo, odiaba a los recursados. Fui a la primer persona a la que paró para presentarse en público en cada clase, incluso cuando el ya sabía mi nombre; o al menos eso esperaba, ya que las 2 o 3 veces que suplió a mi profesor de calculo el año pasado, fue suficiente para hacerse de su nombre en mi salón.

2

Después de salir del salón, Anya me escribió como de costumbre para encontrarla en la cafetería. Esa había sido nuestra rutina durante el verano en detención, solo que ahora la diferencia era que sus amigos se encontraban junto con ella.

Odiaba ir a la cafetería desde que tenía memoria, siempre estaba demasiado llena de gente, sobre todo los deportistas y los grupos de porristas, que eran los que ocupaban la mayor parte de las mesas. Estaba seguro que chantajeaban a los de primer año para apartarles las bancas. La otra parte la ocupaban los de primer año, que al momento en que se enteraban de la cantidad de comida que aterrizaba en las mesas, no volvían a pisarla. Ese lugar era para valientes y gente con poco gusto por la comida de la escuela.

Yo salía huyendo al jardín cerca de las bancas o a lado del cerezo enorme enfrente de las canchas; no porque realmente amara la luz natural, la verdad es que siempre he odiado que el sol me dé en la cara.

Pero en el día a día, mi estado anímico era bastante tranquilo, al menos eso es lo que percibía la gente, ya que en mi cabeza las cosas siempre están a mil por hora, con pensamientos corriendo las veinticuatro horas y estar rodeado de tanta gente hablando a todo volumen suele abrumarme demasiado.

- ¡Hola Leo! Amigo.- me saludó Cameron. Era parte del grupo de basquet.

Con la finalidad de evitar su inminente pregunta, seguí caminando. Esperaba que decidiera quedarse atrás.

- Hola Cameron.

- Escucha, conoces a Anya ¿verdad? he notado que te juntas mucho últimamente con ella-

- No le hablaré de ti, no te diré su signo zodiacal y no le voy a dar tu número, si quieres salir con ella ve y pregúntale tu mismo.- respondí sin detenerme.

- ¿Entonces está soltera de nuevo?.- preguntó emocionado acomodando su afro.

Que estupidez era esa de no hablar con la persona a la que si le interesara su plática.

- ¿Por qué no le preguntas?

- Escuché que fue con su novio a una fiesta de fraternidad y que...- se acerca a mí para susurrarme.- pasaron un par de cosas. Después me enteré que algunas personas los vieron peleando y luego que tuvo detención todo el verano por romperle las bolas.

Una sonrisa interna salió, recordé lo satisfactorio que fue cuando Anya me lo platicó en detención.

- He escuchado algunas teorías bastante interesantes acerca de unas fotos compartidas.

- No pienso hablar de esto contigo, yo no sé nada.

Apreté los puños a mis costados.

- No no, esa es la cosa. Hay varias teorías acerca de lo sucedido porque ella se niega a hablar de eso. Pero creo saber cual es cierta.

- Entonces ¿Por qué me preguntas sobre ella?

- Porque si es el caso de la opción dos... ¿Quién no quiere probar algo nuevo estos días?.- me giré para verlo con desaprobación

¿Era en serio que este idiota me estaba diciendo estas cosas? ¿Por qué siempre se me acercaban este tipo de personas?

Supongo que los rumores del año pasado de que era bueno para pelear se habían esparcido y era considerado "chico cool" para ellos...que asco.

- ¿Sabes qué? Te daré un consejo.- me acerqué a él de la misma forma.- cuando te acerques a hablarle dile acerca de tus teorías.

- ¿En serio?

- Si. A ella le gustan los chicos lanzados, que le digan la verdad y que hagan suposiciones. Es más, le prende.

- ¿Tú crees?.- asentí quiñándole el ojo y le dí unas palmadas fuertes en la espalda.- wow, eres increíble, muchas gracias wey.

Llegué a casa refunfuñando, estaba cansado, más de lo normal. Había comenzado a angustiarme un poco por los exámenes que venían aunque faltara tiempo, uno de los temas que se me habían complicado el año pasado, no lo habían puesto en el examen. Pero este año, todos decían que el examen sería de puros ejercicios sobre eso. Anya dijo que me ayudaría, pero en cuanto a conocimientos ella y yo podríamos estar al nivel. Así que no me parecía tan buena idea.

Un camión de mudanzas estaba estacionado afuera de la casa a lado de la mía. Cuatro personas bajaban una caja por una. Esa casa había estado vacía desde que nosotros llegamos. Tenía mucha hierva seca en las paredes cuando llegamos, pero ahora estaba cubierta de flores en el techo de la entrada y las paredes.

- Parece que ya llegaron sus cosas.- dijo mi mamá

- ¿Los conoces?

- Me encontré con la mamá en la mañana que regresé por tu hermana. Tienen dos hijos, solo el menor vive con ella. Solían vivir aquí hace un tiempo, pero se fueron por el trabajo de su esposo y acaban de regresar.

- ¿Todo eso lo sabes solo porque te la encontraste?

- ¿Crees que me puse a preguntarle?

- Si.- dije asintiendo completamente seguro de que era exactamente lo que había pasado.

- Fíjate que salí a despedir a tu papá esta mañana y ella casualmente pasó por ahí y empezó a preguntarme. Algunas personas son simplemente amables, por mucho que te cueste creerlo.- Entrecerró los ojos en cuanto nos alejamos un poco de la otra casa.- aunque ella... es decir se ve amable, pero tiene un matiz muy pálido, tiene cara de tomar medicina.

- O quizás es la típica tía amante de las esencias y especies relajantes, todo el mundo sabe que toda familia tiene una.

Soltó una risita y cerró el coche. A pesar de la conversación viboreadora sobre la primer experiencia de mi mamá con los nuevos viejos vecinos, mi cerebro se había quedado atrapado con otra cosa.

- ¿Papá salió de viaje de nuevo?.

- Si, dijo que tenía unas juntas fuera, regresa mañana por la mañana.

Se metió sin decir una palabra más y me quedé parado afuera un rato "...regresa mañana por la tarde". El estomago se me revolvió y sentí el trozo de sandwich que había logrado comer hasta la garganta.

- Si claro...- antes de meterme, la casa de a lado captó mi atención.

La casa tenía pinta de tener tiempo abandonada, aunque no sabría. Teníamos poco de vivir en esta casa, desde que papa tomó un trabajo como agente de bienes raíces hace un año. Poco después nuestra situación mejoró mucho y pudimos venirnos a vivir a este fraccionamiento visualmente mejor. Y lo más importante, no me he tenido que cambiar de escuela desde que empecé la prepa, pero hice un buen record recorriendo los institutos disponibles en la zona tiempo antes de eso.

- ¡No olvides cerrar el bote de basura!.- gritó mi madre desde la casa.

Me detuve a observar un poco la casa, tenía buen aspecto y era un poco más alta que la nuestra, pero tenía una vibra rara que no podía identificar. Mis ojos siguieron las hierbas que cubrían cada centimetro de las paredes de ladrillo oscuro hasta llegar a la ventana del lateral de la casa a donde llegaba lo más alto de las ramas de un cerezo, otro poco que creciera y podía llegar a romper el vidrio.

En la ventana pude distinguir una persona sentada, un chico; se sentaba pegado a la orilla de la ventana cerrada con un libro en mano, parecía bastante distraído por él. Usaba una gorra café que se perdía entre sus rizos cobrizos. La poca luz que se filtraba a través de las ramas del árbol que tapaban su ventana, iluminaba un poco de su cara y su libro.

De pronto volteó justo a donde estaba yo y me atrapó viéndolo desde abajo, se me ocurrió no decir nada y solo meterme, creí que se vería mucho menos tétrico de lo que se veía. Seguro pensaba que era un raro. El chico en cambio plantó una pequeña sonrisa ladeada y me saludó con la mano. Me sorprendí bastante, pero parecía amable, a diferencia del resto de su casa. Lo saludé de regreso y entré a mi casa.

- ¡Cuidado Leo, arruinas mi zapatos nuevos!.- me regañó mi hermana con un empujón.- ¿todo bien? Pareces... sorprendido...alterado...!conmocionado! Si, creo que queda mejor

- ¿Qué?.- respondo concentrándome en que carajos dice

- Estoy repasando mis sinónimos, para crear un léxico mucho más amplio...extenso...!Vasto!

- Ah que bien Nora- digo sin ánimo y rodeándola para subir.

- Puedes ayudarme.- dice interrumpiendo mi paso de nuevo.

- No traigo un vocabulario muy agradable el día de hoy.

- Pero solo tienes que darme ejemplos, ¡yo sacaré los sinónimos!- dice volviendo a ponerse en frente

- Pídele a Nano que te ayude.- respondí fastidiado.

La rodeé para subir por las escaleras.

Llegando a mi cuarto, cerré la puerta y me recosté en mi cama. No podía dejar de pensar en la extraña situación del chico de a lado. Tenía la impresión de haberlo visto antes, pero no podía recordarlo, no ayudaba mucho que no lo hubiese podido ver bien. Si yo viera a alguien viéndome atentamente como un pervertido desde la calle en la comodidad de mi cuarto, probablemente lo primero que haría no sería sonreír y saludar.

No, probablemente no.