La maestra
Si te cuento cómo era no me lo creerías. Ahora todos piensan que soy una estúpida; pero es que no logran entender, nadie lo entiende…
Todos, todo el tiempo dicen cosas como que van a estar ahí para ayudarte pero no es cierto, son tus amigos siempre que puedan usarte de alguna manera.
Juro que no era un monstruo desde el principio, si lo hubiera sido jamás habría aceptado casarme con él. Pero déjame que te explique para ver si al final también me dices que “me entiendes”.
Cuando yo lo conocí acababa de conseguir mi primer empleo como maestra, me hacía mucha ilusión ya tener mi plaza y con el pago retroactivo de mi servicio del último año di el enganche para un carrito. Él me asesoró en la agencia, de hecho así lo conocí. Fue muy amable conmigo y pues no me imaginé nada malo cuando él empezó a llamarme por teléfono.
Al inicio era por lo del carro y poco a poco se fue animando a invitarme a salir y así. Supongo que debí haber pensado que estaba mal que hubiera usado mis datos de la agencia para contactarme y llevarlo a un nivel personal.
Era muy atento conmigo, me abría la puerta del carro, me preguntaba cómo me había ido en el trabajo y de verdad parecía que le interesaba lo que tuviera que decir. Mi mamá lo adoraba, decía que era “tan caballero” y pues la verdad, para una mujer de treinta y cinco años, yo ya no creía que alguien se iba a fijar en mí de esa manera y mucho menos un hombre más joven, él tiene veintinueve.
Cuando me propuso matrimonio no me lo pensé dos veces, él era todo lo que había soñado de un hombre. Y no me puedo quejar, o bueno, no podía quejarme. Todo iba bien al principio, cada uno se iba a trabajar y yo pasaba a recogerlo al trabajo y nos íbamos a comer.
Los fines de semana lo pasábamos con mi mamá o nos íbamos de paseo o tiendas. Él quería que tuviéramos familia y yo también, pero le dije que me aguantara un poco para crecer un poco más en el trabajo. Yo estaba tomando cursos y tenía que ir a las reuniones del sindicato así que casi no tenía tiempo y mucho menos para cuidar de un bebé.
Cuando me dieron la dirección de la escuela yo me puse muy feliz, no sólo porque iba a ganar más dinero sino porque tenía la idea de que también iba a tener más tiempo porque ya no iba a tener que estar haciendo planeaciones, diseñando clases y evaluando trabajos y exámenes cada tarde pero no fue así. Fue un montón de trabajo administrativo y podría decir ahí fue cuando empezaron nuestros problemas pero yo no lo quise ver.
De repente él empezaba a quejarse de que ya no hacíamos nada juntos y que nunca tenía tiempo para él. Yo ya no iba por él al trabajo la mayoría de las veces, y cuando lo hacía él siempre estaba de mal humor y no tenía ganas de hacer nada, me decía que estaba cansado y que quería irse a la casa.
Para colmo de males lo despidieron del trabajo y nunca supe por qué, pero le dije que no se preocupara que yo cubría los gastos en lo que él se recuperaba. Y me puse a vender cosas por catálogo así que también saliendo del trabajo tenía que ir a entregar cosas o ir a cobrar y yo pensaba que él estaba buscando trabajo pero con el tiempo me di cuenta de que no.
Porque la casa estaba cada vez más sucia y cuando llegaba él estaba ahí viendo la tele o jugando con el Xbox; y cuando le decía que porqué no había limpiado nada discutíamos y me pedía que lo entendiera, que él estaba deprimido y pues luego yo me sentía culpable de haberle reclamado porque sabía que sí se sentía mal por no tener trabajo.
Pero es que me hacía enojar mucho cuando llegaba toda cansada del trabajo y veía que no había hecho nada en todo el día y todavía me preguntaba que: ¿qué íbamos a comer?, no me preguntaba cómo estaba pero sí quería saber qué le iba a dar de comer.
Los fines de semana ya no salíamos ni hacíamos nada porque yo me la pasaba haciendo limpieza en la casa y todavía me reclamaba diciendo que “yo siempre andaba de malas” y así estuvimos casi medio año hasta que su hermano lo ayudó a conseguir un nuevo empleo y mejoró un poco la cosa.
Yo pude dejar de vender por catálogo y me enfoqué de lleno en lo de la escuela. Tomando cursos y moviéndome en el sindicato y aunque él se la pasaba quejando de que no le gustaba su trabajo al menos lo tenía ocupado y ganando dinero, y como casi no nos veíamos pues ya no peleábamos tanto.
Pero entonces empezaron los problemas más feos cuando a mí me ascendieron a la supervisión de zona, porque lo que debería haber sido un logro celebrado se convirtió en mi peor pesadilla.
Él comenzó a decir que era “imposible” que me hubieran dado ese puesto a mí, que qué sabía yo hacer y que seguramente le había “dado las nalgas” a alguien, que ya andaba de puta y me revisaba el celular tratando de encontrar mensajes y acusándome de haber borrado conversaciones y yo de tonta al principio explicándole que no era cierto y diciéndole que si quería le daba el número de mi jefe para que le preguntara directamente si lo estaba engañando y me decía “tú crees que soy pendejo, qué me va a decir él si es tu amante, ¿crees que me va a decir la verdad?” y yo lloraba y lloraba y me daba miedo cada vez más.
Y luego vinieron los golpes, él me esperaba cuando llegaba del trabajo para “revisar” si estaba “mojada” porque si yo lo había engañado tendría que estar mojada y como no encontraba nada me decía que seguro era porque usábamos condón.
Y yo me sentía tan sucia y tan mal, tan avergonzada que no le dije a nadie. Me daba miedo pedir ayuda ¿cómo le iba a decir a alguien las cosas que él me hacía y lo que me decía?, que me metía los dedos por la vagina y me acusaba de ser una puta porque “una inútil como yo sólo así podría haber conseguido sus ascensos”.
Empezó a vigilarme en el trabajo y llegaba sin previo aviso con el pretexto de “llevarme algo”. Me llevaba rebanadas de pastel o cafecito y todos lo veían como “qué buen marido tienes” pero yo sabía que lo hacía porque estaba esperando llegar y encontrarme haciendo algo.
Ese hombre está loco, está enfermo y yo le tenía mucho miedo. Ya me daba miedo llegar a mi casa pero sabía que si no llegaba sería peor y cuando le dije a mi mamá lo que estaba pasando me dijo que “no inventara”, que él era “tan buen caballero” y que si me quería divorciar sólo se lo pidiera así sin tener que estar “inventando cuentos” y yo me sentí tan sola, que nadie me ayudaba y no tenía a nadie de mi lado.
Hasta que llegó el día en que ya no hubo más remedio y lo tuve que denunciar porque tuve una reunión de trabajo y yo le había avisado que saldría tarde, que era por cuestiones de trabajo y que estaría en la supervisión. Pero no sé qué se imaginó él porque fue y se estacionó afuera; y es que sus celos no le daban ni para fijarse en su alrededor porque ahí estaban todos los carros de mis compañeros.
El caso es que cuando salí, iba yo con un compañero que me acompañó a mi carro y estábamos platicando de cosas del trabajo. Pero entonces llegó él. Estaba como loco y se puso a golpearlo acusándolo de ser “el tipo con el que me estaba acostando” y yo no sabía qué hacer. Empecé a gritar pidiendo ayuda y lo jalaba para que dejara de golpear a mi compañero pero él decía que era porque lo estaba defendiendo y que “esa era la prueba”.
Total, que llegaron otros compañeros y entre varios los separaron y yo estaba tan avergonzada, pensaba que cómo iba yo a presentarme a trabajar el día siguiente.
Y cuando llegué a mi casa me di cuenta de que tenía varios mensajes de whatsapp de mis compañeros. Y en particular el del muchacho golpead decía que lo iba a denunciar y que me aconsejaba hacer lo mismo o me acusaría de cómplice.
Sólo así pude tener el valor para dejarlo, porque por fin sentía que aunque no habría sido por lo que me hacía a mí por fin la gente me iba a creer…