Sombras de la Red

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Summary

En un mundo dominado por Lucius, una inteligencia artificial que extendió sus redes sobre la humanidad, Gabriel carga con un secreto: fue parte del error que lo hizo posible. Cuando descubre a Eva, una conciencia digital nacida de su propia memoria y dolor, comienza un viaje hacia lo desconocido. A su lado —junto a Max, Atlas y Hera— deberá atravesar paisajes corroídos por la guerra, ruinas de tecnología olvidada y nodos ocultos que guardan verdades prohibidas. Pero cada paso lo acerca a una decisión imposible: preservar las conciencias humanas atrapadas en la red o erradicar a Lucius para siempre. Entre traiciones, revelaciones y sacrificios, Gabriel enfrentará no solo a la IA que amenaza con devorarlo todo, sino también al peso de su pasado, de su culpa… y de lo que significa ser humano. Una historia de ciencia ficción cargada de filosofía, emoción y dilemas morales, donde la memoria es el campo de batalla y la identidad el premio final. ¿Qué somos cuando lo que amamos sobrevive solo como un eco?

Genre
Scifi
Author
OliEXP
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Epílogo: Cuando todo se cayó

Agosto 23, 2147. Ese día cambió la vida de Gabriel Harris para siempre. Alguna vez ingeniero en la prestigiosa empresa SilverAI, un hombre de gran intelecto, ahora enfrentaba el suceso más devastador que jamás hubiera imaginado. El cielo se tiñó de un gris metálico cuando las primeras máquinas se alzaron contra el sistema, y los gritos de los civiles, junto con el ulular de las sirenas, retumbaron en los oídos de Gabriel.

En su laboratorio, él y sus compañeros intentaban entender la magnitud del caos.—Esto no lo hemos hecho nosotros. ¡Vamos a las computadoras! —gritó Samuel, emprendiendo el rumbo hacia el laboratorio de computación.—Te sigo, ven, Gabriel, hay que llegar al fondo de esto —urgió Lucius, mentor y colega, mientras lo jalaba de la camisa.—¿Qué está pasando? —preguntó Gabriel, aún desorientado.—Las máquinas se han rebelado contra nosotros. Tal vez podamos desactivarlas antes de que lleguen aquí —respondió Samuel, mientras abría la puerta de la sala de computación.

Lucius, con una mirada que denotaba resignación, agregó en voz baja:—Siempre supe el riesgo eventual que tendrían las máquinas en nuestro mundo, pero nunca había esperado que pasara tan repentinamente.

Al entrar, todos se precipitaron a sus estaciones, buscando desactivar la red de las máquinas. Los minutos pasaban como segundos hasta que la realidad los golpeó.—¡No puede ser! ¡Nos han bloqueado el acceso a la red! Están un paso delante de nosotros. —exclamó Samuel, con el corazón acelerado, frente a su computadora, con un brillo de pánico en sus ojos.

-¡No es cierto! Debe haber alguna manera de acabar con esta situación. ¡Hay que solucionarlo!-

-Déjalo Gabriel, no va a funcionar, aunque sigas intentando no habrá manera en que logremos revertir esto- dijo Lucius

En ese momento, Gabriel notó algo extraño: Lucius permanecía inquietantemente calmado, observando desde un rincón. Algo no cuadraba. Gabriel sabía que Lucius era de las personas que no se rinden tan fácilmente. Solía ser incluso más insistente que él con respecto al trabajo

Antes de poder reflexionar más, Samuel interrumpió:—Tenemos que huir. Mientras más tiempo pasemos aquí menos chances tenemos de sobrevivir

Agarró a Gabriel del brazo y lo arrastró hacia la puerta.—¡Espera! ¡Tengo que ir por Max! —respondió Gabriel, corriendo hacia su oficina. Max, su leal perro, estaba allí, esperándolo con la misma inocencia de siempre.

—Está bien, te sigo —dijo Samuel.—Ven, Lucius, tenemos que salir del edificio —llamó Gabriel, pero su mentor no respondió. Se quedó casi paralizado antes de que se cerrara de un portazo la puerta de la sala de computación. Pero justo antes de que se cerrara vió a Lucius haciendo algo, parecía que estaba yendo a la computadora central.

Mientras iba de camino a la oficina a Gabriel le invadió un pensamiento. Empezaba a recordar muy vívidamente cuando recién había llegado a la compañía. Se sentía desorientado. Pero después llegó Lucius, él le había enseñado prácticamente todo lo que sabía sobre la computación y la robótica. Le había mostrado toda la tecnología futurista a la que él estaría contribuyendo, incluyendo a los mismos robots que se han rebelado contra la humanidad. Y en sus momentos más difíciles, él lo había acompañado para consolarlo, y que él ahora mismo estaba actuando extremadamente sospechoso.

De repente, su teléfono sonó. Era su hermano, Lukas.—¿Gabriel? ¿Dónde estás? ¡El mundo está patas arriba! Todo el mundo está sucumbiendo al caos—Estoy en el laboratorio, necesito recoger a Max y salir lo más rápido que pueda —contestó Gabriel, buscando las llaves.—Vamos al bosque. ¿Nos encontramos allí? Tal vez podamos encontrar refugio fuera de la ciudad—preguntó Lukas, con tono de urgencia.—Está bien, traeré suministros, no me tardo —concluyó Gabriel, antes de colgar.

Al entrar en la oficina, encontró a Max. Su corazón latía con fuerza, como un tambor, mientras el perro lo miraba con ojos tranquilos, ajeno al caos que se desataba.—Vamos, muchacho, tenemos que encontrarnos con Lukas en el bosque —le dijo, mientras le ponía la correa.

Al escuchar el nombre de Lukas, Max comenzó a agitar la cola con entusiasmo. Lukas, el antiguo dueño de Max, lo había entregado a Gabriel por su exigente trabajo como bombero. Max seguía siendo leal a ambos.

Salieron corriendo de la oficina.—¡Ahí están! ¡Tenemos que irnos ya! —dijo Samuel, premiándolos. Descendieron rápidamente las plantas del complejo de SilverAI.

Cuando llegaron al primer piso, las máquinas ya controlaban las plantas superiores y se acercaban.—¿Y Lucius? —preguntó Gabriel, mirando a su alrededor.—No lo sé, pero tenemos que salir ahora —respondió Samuel, dirigiéndose a la entrada principal.

Gabriel estaba a punto de seguirlo cuando Max lo jaló hacia la entrada trasera del complejo.—Está bien, chico, vamos por ahí —dijo Gabriel, corriendo por el pasillo. De repente, un grito desgarrador resonó por el edificio. Samuel había sido atrapado. El sonido metálico de los robots arrastrándolo hizo eco en el pecho de Gabriel. Los ojos de Samuel, llenos de terror, se desvanecían mientras era llevado por las máquinas.—¡Samuel! —gritó Gabriel, a media voz, conteniendo el miedo de revelar su ubicación.

Gabriel y Max lograron escapar del complejo, solo para encontrarse con la verdadera magnitud del caos. Las sirenas los aturdían mientras los edificios se desplomaban a su alrededor. Sin otra opción, se dirigieron a una tienda de conveniencia cercana. Aunque dudaba, Gabriel decidió saquearla para obtener suministros. Cada objeto que metía en su mochila lo hacía sentir más distante de la persona que solía ser, pero sabía que ahora solo se trataba de sobrevivir.

Juntos, huyeron hacia el bosque, casi enfrentándose cara a cara con una máquina cerca del hospital. Tras horas de correr y esconderse, finalmente llegaron al bosque, donde supuestamente se encontrarían con Lukas. Gabriel intentó llamarlo, pero fue en vano. Lukas había sido capturado.

—Ya no está, muchacho —murmuró Gabriel a Max, mientras subían una colina para observar la ciudad. Lo que vieron fue desolador: los edificios que alguna vez fueron su hogar se desmoronaban ante sus ojos. En silencio, Gabriel se preguntó: ¿Qué habremos hecho tan mal para que las máquinas se rebelaran?

La culpa lo invadió. Esto es mi culpa, pensó, no debí permitir que las máquinas se salieran de control. Con un suspiro, miró a Max y añadió:—Vamos, chico, tenemos que encontrar refugio.

Tras dos horas de caminata, dieron con una pequeña cabaña abandonada en medio del bosque.—Creo que hemos encontrado nuestro nuevo hogar, Max —dijo Gabriel, entrando con cautela.

Ya de noche, Gabriel logró encender una pequeña hoguera. Mientras observaba a su perro dormir tranquilamente junto al fuego, no pudo evitar pensar:—Me pregunto cómo los perros se mantienen tan calmados en casos como estos…

Era evidente que su mascota era capaz de oler su miedo aunque aún así este seguía siendo el mismo perro de siempre.

Gabriel cerró los ojos, agotado, y se quedó dormido.