Capítulo 1
I
El alcohol, las luces brillantes y el fuerte hedor a tabaco a mi alrededor parecían aumentar de intensidad a cada segundo que transcurría en este lugar.
—¿Keane?— me preguntó una voz entonces, sacándome de mis pensamientos —Si no quieres que me vaya, puedo quedarme.
—No es eso Jay. Puedes irte— respondí —Pásala bien, puedo cuidarme solo.
Habían pasado varias horas desde que mi mejor amigo y yo llegamos juntos a este concurrido y extraño bar. Nos pasamos la tarde pensando si era buena idea hacerlo y al final, termine siendo convencido de intentarlo.
—¿Seguro Keane?— volvió a preguntar por cuarta vez en la noche.
—Oficialmente tengo veinte años Jay. Creo que soy lo suficientemente grande como para poder volver a casa solo.
A pesar de mis palabras, aún podía ver la duda y la preocupación en su rostro.
—Acabaré mi trago y me iré a casa Jay. No te preocupes y vete, no creo que tu chica sea tan paciente como lo soy yo contigo— terminé anunciando junto a un suave golpe en su hombro.
—De acuerdo, pero llámame cuando llegues a casa. ¿Entendido?.
—Ya...suerte campeón— terminé por guiñarle el ojo antes de finalmente ver como se marchaba a lo lejos junto a una mujer algo mayor, pero con un cuerpo de infarto que gritaban las numerosas cirugías que tenía, que probablemente igualaban al número de su edad.
Mentiría si dijera que no estaba molesto con Jay por dejarme tirado el día de mi cumpleaños en este bar de mala muerte después de haberme rogado toda la tarde por hacerlo. Pasamos toda la mañana y parte de la tarde festejando juntos en su casa de campo, antes de finalmente aventurarnos al primer bar que vimos en este pequeño pueblo que se encontraba a diez minutos caminando desde su lujosa propiedad.
Solté un leve suspiro y cerré los ojos con fuerza para aclarar mi mente. A pesar de no haber bebido tanto como Jay, parecía que el alcohol había hecho más efecto en mi que en él.
Ya estaba listo para levantarme del mostrador y largarme a cualquier lugar. Había un límite marcado en mi mente de la bebida que mi cuerpo podía soportar.
Pero de pronto, oí un extraño gruñido justo al lado mío. Cuando levante la mirada, sentí un escalofrió recorrer por mi columna vertebral hasta acabar en la base de mis pies. Aunque la oscuridad se cernía sobre su enorme figura, supe que era el dueño de aquellos extraños y brillantes ojos que no se habían apartado de mi encima desde el instante en que había cruzado la sucia y desgastada puerta de este bar.
—Ten, para ti—entonces lo oí pronunciar con una voz gruesa, dejando un enorme tarro de cerveza frente a mi.
Aquellas palabras me tomaron por sorpresa, incluso más que su presencia allí y el hecho de que no lo hubiera sentido llegar. Pues pareció más una orden que una invitación, algo que no ayudaba en nada a aquel semblante intimidante que poseía. Aún así, mantuve la misma calma que él parecía tener, fingí no haberlo escuchado entre la bulla del lugar y puse un ceño de confusión antes de hablar.
—¿Disculpa?.
—Toma— repitió casi al instante, acercando más el enorme tarro espumoso de cerveza en mi dirección y tomando el asiento junto a mi que Jay había dejado atrás.
En ese instante las luces finalmente se posaron sobre él y entonces lo noté por primera vez. Algo que ya había sentido antes; alguna vez, mirando a chicas o incluso a otros chicos. Sin embargo, esta vez lo sentí de verdad. De una forma muy intensa, algo extraño que no podía explicar.
Algo que el hombre frente a mi parecía tener con naturalidad.
Un cabello rubio oscuro sobre la frente ligeramente desordenado, un leve rastro de barba desigual en un rostro masculino y marcado y una intensa y peligrosa mirada de ojos color ámbar. Vestía una camiseta negra de asas que apenas podía contener sus hombros abultados, sus grandes pectorales, su ligera barriga y sus enormes brazos, junto a unos pantalones chándal grises que parecían a punto de estallar en aquellas piernas notoriamente gruesas y trabajadas, sin dejar de lado al enorme bulto entre sus piernas que parecía no tener intenciones de ocultar.
Todo en él parecía estar hecho exclusivamente para llamar mi atención.
—¿No te gusta?— preguntó entonces, con el ceño levemente fruncido, claramente confundido por el silencio que dejé atrás.
Si, si que me gusta joder. Me hubiera encantado responder, pero era más que claro que no se refería aél.
—Ehm...no exactamente, solo creo haber bebido demasiado— le dije mientras fingía una sonrisa avergonzada.
—Se fue con una mujer.
—¿Mmhh?...
—El bastardo con el que estabas— declaró, soltando un resoplido tras tomar una gran parte de su enorme tarro de cerveza.
—Ya...
—Yo nunca te dejaría tirado así...— murmuró él.
—Vale...— asentí con el ceño fruncido— Soy Keane— continué, pues honestamente no sabia que debía de responder exactamente a esas palabras.
—Keane...— volvió a murmurar entonces. Dijo mi nombre como si lo paladeara con gusto, como si quisiera engullírselo y tragárselo por completo. Algo que me hizo sentir jodidamente cachondo y contento.
—Si...¿Y el tuyo?.
—Zar.
—Lindo nombre— sonreí y guiñe un ojo.
—Si no te lo vas a tomar— señaló entonces el tarro de cerveza que me invitó —Vámonos de una puta vez. Me estas rogando que te folle aquí y ahora mismo y no puedo aguantar más— confesó con los dientes apretados.
Aquellas palabras me tomaron de imprevisto y al mismo tiempo me pusieron más cachondo de lo que alguna vez pude imaginar estar. Su mirada, su extraño olor, sus manos, sus labios...todo en el parecía un torbellino, pura electricidad y un magnetismo desbordante. Era en parte confuso y a la vez emocionante.
No se molestó en esperar una respuesta mía y yo no me moleste en poner resistencia.
Con un movimiento brusco y rápido se levantó de su asiento y me tomó de la muñeca con fuerza. Sin demasiada delicadeza, tiró de mi en dirección a la entrada del bar. Me trastabillé un poco, un tanto mareado y confuso para seguir su ritmo apurado.
No estaba seguro de que acababa de pasar. Era casi irreal que solo bastaran unas pocas palabras para convencerme de tener un revolcón. Pero mi cuerpo me decía que esto era lo correcto. Dejarme guiar e irme con el hombre que acababa de conocer hace menos de cinco minutos era lo correcto.
Al estar a pasos de la entrada del bar, juraría que vi a dos hombres con los mismos ojos brillantes que Zar observándonos caminar. Tarde unos segundos en darme cuenta y recordar que ambos se encontraban en la misma mesa y en el mismo sitio apartado en el que por primera vez había notado la mirada fija de Zar al entrar en el bar. En el fondo sabía que aquello no era normal, que aquellas personas y Zar no eran...como los demás.
—¿A dónde vamos?— quise saber en el momento en que salimos al exterior. Donde el ruido, el denso olor a cerrado y el calor dieron paso a la lluvia, el frescor y un solo único aroma que extrañamente parecía provenir de Zar.
No recibí respuesta alguna, pero si podía oír sus jadeos graves y noté como su enorme espalda se elevaba y descendía con fuerza. Fue cuando sentí una punzada de pánico y miedo y justo como si Zar hubiera podido notar aquello, me apretó aún con más fuerza la muñeca y giró un poco el rostro dándome una breve mirada antes de volver la vista al frente. Una extraña orden que mi cuerpo pareció entender a la perfección.
Me llevó sin piedad por los charcos y las aceras mojadas en dirección contraria a la del bar. Traté de zafarme de él algunas veces pero eso solo provocaba que aumentara la fuerza de su agarre y soltara un gruñido de enfado. A estas alturas yo ya estaba con los nervios de punta por la situación y respiraba agitadamente, parpadeando de vez en cuando para acostumbrar la vista y enfocarla en la calle.
Tras algunos minutos de estar caminando bajo la lluvia, finalmente Zar se detuvo frente a una especie de apartamento viejo y pequeño de dos pisos, donde abrió la puerta principal de un tirón y nos adentramos en el. Lo primero que noté, fueron las paredes agrietadas y desgastadas que adornaban el pasillo del lugar y las puertas de las habitaciones no se quedaban atrás; pero, lo más extraño e inquietante que vi, fueron unos extraños borrones de pintura que habían sobre cada una de las puertas, parecían palabras, pero no estaba seguro de ello.
Al llegar al fondo, subimos unas escaleras bastante viejas con un pasamanos roto hasta alcanzar el segundo piso. Allí giramos por un pasillo hacía una de las puertas del final, en la que ponía “Zar” pero que al igual que las demás, parecía más un borrón si no te acercabas lo suficiente para observar. Zar sacó apresuradamente unas llaves de sus bolsillos y abrió la cerradura de la puerta con impaciencia, soltándome al fin mi muñeca y arrojándome al interior de la habitación. Allí dentro, el leve olor que sentía brotar de Zar, esta vez golpeó mi rostro e inundo mis fosas nasales con mucha más fuerza y densidad. Todo el piso parecía estar completamente impregnado del fuerte hedor a sudor de Zar y eso por más jodido y asqueroso que parezca, hizo que mi polla empiece a palpitar de necesidad.
Cuando cerró la puerta a mis espaldas de un golpe seco que retumbó por toda la casa, no esperó ni un segundo para embestirme con fuerza contra la pared del pequeño pasillo de la entrada. Sentí su enorme cuerpo mojado encima mío, aplastándome mientras me devoraba la boca con desesperación y locura, para enseguida rodearme el cuello con una mano y usar la otra para tirar de mi empapado pantalón, llevándose a su paso mi ropa interior y liberando mi mojada y palpitante polla de un tirón. Tras un buen rato de estar saboreando la exquisita y enorme lengua de Zar, ya empezaba a sentir la falta de oxigeno en mis pulmones, entonces traté de apartarme un poco para poder coger aire, solo un poco; pero, aquello solo provocó un gruñido y que Zar me sujetara con firmeza del cuello y su lengua penetrara con más fuerza mis labios. Intente quitar su brazo de un golpe, intente tirar de su cabello para separar su rostro del mío, intente morder su lengua con fuerza. Pero aquello solo ayudaba a que su agarre en mi cuello tome más fuerza. La adrenalina empezaba a correr por mis venas con rapidez y el pánico se apoderaba de cada célula de mi cuerpo. Mi respiración se volvió descontrolada, empecé a jadear con violencia e irregularmente sobre la boca de Zar, a la par que él gemía y me privaba de aire con más entusiasmo, hasta que finalmente justo en el momento en que sentí que estaba apunto de perder la consciencia, se apartó.
Un hilo de baba rojiza colgaba en los pocos centímetros que separaban nuestras lenguas ensangrentadas, mientras tomaba con desesperación todo el aire que podía para llenar mis pulmones casi vacíos. Sentía mis labios totalmente empapados e hinchados en tanto escurría por mis comisuras una gran cantidad de baba, la cual no estaba seguro de si era solamente mía. Mis ojos vidriosos trataban de enfocar el rostro enfrente mío, bajo mechones de cabello mojado que cubría mi vista. Mi cabeza daba vueltas, mientras el único pensamiento que se repetía en mi mente era el que... me había meado encima.
Mis manos temblaban alrededor del brazo lleno de rasguños y sangre que aún se mantenía firme, pero no con presión sobre mi cuello. Poco a poco empecé a calmar mi respiración y mis jadeos, haciendo más notorios a los de Zar. Nos mirábamos fijamente el uno al otro, entre los gruñidos y jadeos que ambos dejábamos escapar.
Debía sentirme asustado, debía sentirme humillado, debía sentirme asqueado, debía...debía mandar a la mierda al jodido enfermo enfrente mío y salir de allí rápido. Pero cuando Zar bajó sus pantalones lo suficiente para liberar su enorme, gruesa y venosa polla empapada de su propia corrida, simplemente mi cuerpo no respondió cuando de repente se puso de rodillas, arrancó como si no le costara nada mis pantalones y ropa interior que tenía por debajo y me cogió de ambas piernas, elevándome la suficiente para ponerme sobre sus hombros, con mi trasero totalmente expuesto a la altura de su rostro.
Mis gemidos y jadeos empezaron a llenar el piso. Zar parecía no conocer la palabra delicadeza. Restregaba su lengua, lamiendo con pasión y furia, y mucha pero mucha saliva. Primero se ocupo de empapar toda la abertura, una tras otra tras otra lamida; desde mi ano hasta la base mi escroto, mientras sentía su barba desigual barriendo todo lugar. Estaba al borde de la locura, mi polla se empapaba de liquido pre seminal, mientras Zar escupía y mordía todo lo que podía.
—¡Zar!— supliqué al sentir que ya no podía más —¡Detente!— rogaba una y otra vez entre jadeos y gemidos que no podía ocultar.
Zar pasó a ocuparse del exterior a ocuparse del interior. Sentí como su lengua se abría paso en mi estrecho canal, exigiendo que lo dejen entrar. Cogí la cabeza de Zar entre mis manos y empuje con fuerza más y más profundo entre mis piernas. Con apenas un hilo de voz, gruñí como un animal antes de cruzar las piernas y ahorcarlo con ellas, y con una última contracción me corrí, me corrí como nunca antes lo había hecho; mi polla no dejaba de bombear semen y mi ano no paraba de estrangular al invasor que empujaba aún con más fuerza en el interior. Fue como estar en las nubes.
Me contraía bruscamente aún sujetado firmemente contra la pared. Supe que Zar también se había corrido por segunda vez cuando sus jadeos, gruñidos y movimientos bruscos compitieron con los míos. Mi rostro se encontraba perlado de sudor salado, que escurría hasta mis labios, en tanto el ambiente denso y cargado me envolvía en un abrazo.
Mi mente todavía estaba en blanco, cuando sentí como Zar finalmente sacaba su lengua de mi palpitante ano, dejando una sensación de hormigueo y humedad a su paso. Aún jadeaba con fuerza, en el momento en que Zar sin previo aviso me cogió de ambos tobillos y de un rápido movimiento deslizó mis piernas abiertas por sus costados, hasta quedar cara a cara, yo sentado encima de su mojada y apestosa entrepierna.
Había algo en su rostro, quizás algo que faltaba, porque parecía un hombre totalmente enloquecido. Y yo solo podía preocuparme en si podría tomar y aguantar aquella monstruosa polla en mi interior, en tanto mi estrecho ano palpitaba con anticipación. A este punto me sentía atontado y me costaba racionalizar lo que estaba pasando.
—¡Mierda!— solté un grito ahogado, en el instante en que de una estocada Zar me había penetrado con fuerza.
Sentía la polla de Zar llenándome por completo en apenas un par de segundos, regalándome una increíble mezcla de dolor y placer. Su enorme miembro estirándome hasta el límite.
Tener una enorme polla invadiendo tu interior era algo indescriptible. Sentía sus músculos flexionarse y tensarse mientras se movía lentamente dentro de mi, con su cuerpo presionado fuertemente contra el mío, sus brazos siendo la conexión de nuestros cuerpos pegajosos y llenos de fluidos. Experimentaba algo intenso y abrumador, dejándome sin aliento y aferrándome a Zar mientras golpeaba contra mi con fuerza creciente. Desde el inicio mi cuerpo me había advertido que aquellos ojos brillantes en el bar gritaban peligro, que debía huir mientras podía, pero en este momento no parecía importarle más, todo lo que quería era llenarse de la semilla de Zar.
—¡Keane!, ¡Keane!, ¡Keane!— gruñía y repetía en mi oído mientras yo solo gemía y gritaba, y mi cuerpo se estremecía de placer y dolor. Sus embestidas comenzaron a tornarse erráticas, golpeando sin cesar dentro de mi.
Después de unas intensas embestidas más, finalmente Zar llegó al clímax corriéndose dentro mío, llenándome por completo, seguido de una inesperada y fuerte mordida a un lado de mi cuello.
—¡Hijo de puta!— gruñí con fuerza al sentir sus dientes demasiado afilados clavándose en mi piel, provocando en mi una inmensa ola de dolor —¡Quítate!.
Estaba siendo clavado por su polla y sus dientes contra la pared, en tanto yo tiraba con demasiada fuerza de su cabello, tratando de separarlo de mi cuello; hasta que de pronto, sentí como si su polla estuviera creciendo y se estuviera hinchando lentamente en mi interior.
—¡Zar duele!— grité hasta donde mis pulmones me lo permitieron.
El placer abandonó de golpe mi cuerpo y dejo únicamente al potente dolor que Zar me estaba provocando en ese momento. Moverme parecía solo intensificar la tortura que estaba sintiendo y en algún punto noté que mi cuerpo ya no podía soportar más algo tan intenso. Mis ojos llenos de lagrimas se hicieron cada vez más difíciles de mantener abiertos, mientras mis brazos y piernas iban perdiendo sustento.
Y con último jadeo, finalmente la oscuridad se fue apoderando de todo mi adolorido cuerpo.
Fue esa misma noche en la que cambió mi mundo por completo.