Capítulo 1
A pesar de ser finales de verano, jamás había sentido una brisa tan fría como aquella, llevándolo a fruncir sus labios con algo de fastidio; subiendo a su motocicleta y colocando su casco desempolvado, Katsuki tomó rumbo entre las calles de la ciudad para dirigirse a un solo lugar, lugar al que no ha ido desde hace ya un largo tiempo.
¿Por qué volvía?
Porque había finalizado una relación de prácticamente dos años con el que creyó ser su gran amor, sin embargo, las cosas no fueron así, y todo aquello se terminó yendo a la mierda.
Katsuki, conoció a Monoma Neito en una de las tantas fiestas de la universidad a las que había asistido, cuando lo vio por primera vez le pareció un tipo bastante atractivo, lindo en otras palabras; su figura era esbelta, su cabello era corto y lacio, era un poco más bajo por una cabeza, y sobre todo su sonrisa era amplia y encantadora, mucho más cuando está se expandía y sus ojos azules se amusgaban.
Era hermoso, y por esa razón, no dudó ni un segundo en ir tras él.
Al inicio todo podría decirse que era miel sobre hojuelas, pasaban la mayor parte del tiempo juntos, compartían momentos especiales y eso se estaba volviendo realmente increíble, hasta que poco a poco las cosas fueron cambiando.
Katsuki, tenía una personalidad y aspecto marcado desde hace tiempo; vestir la mayor parte del tiempo de negro, tener perforaciones y uno que otro tatuaje en su cuerpo, además de tener un carácter de los mil demonios, pero, jamás creyó que su aspecto y demás, comenzarían a ser un problema en su relación, hasta que un día se le ocurrió ir a ese maldit0 bar de mala muerte como Neito se refirió aquella noche, pues aunque su única intención era impresionar a su novio, la verdad es que todo terminó en caos.
En aquel lugar, no era un simple bar cualquiera, sino que también en ocasiones abundaban las peleas clandestinas. Todo era bajo control del dueño, en el sótano del lugar. Cuando Katsuki salió victorioso, corrió hacia su novio para celebrar su triunfo, sin embargo, al llegar junto a él no esperó recibir una fuerte bofetada, y mucho menos, que al levantar su mirada encontraría a Neito en un mar de lágrimas.
Y mucho menos creería que en ese preciso momento todo iría en picada.
La pelea de reconciliación fue realmente complicada, volver a estar juntos fue un valle doloroso, más para Katsuki que en ese punto estaba realmente enamorado.
Cuando consiguió la conciliación, se sintió realmente feliz, tanto, que comenzó a hacer cambios en su vida y hábitos solo para mantenerlo feliz.
Comenzó a vestir ropa más colorida y de mal gusto para él, retiró los piercings de todo su rostro y orejas, y su mal carácter tuvo que ser moderado.
Neito, lo había amoldado a su gusto, y eso incomodaba a Katsuki, pues al inicio no era así, pero ahora…
«—Me gustan los chicos malos, pero no con toda la producción encima. ¿Sabes? A veces era algo vergonzoso salir así contigo».
¿Vergonzoso? ¿Cómo podía decir eso? Es decir, Katsuki pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia moldeando su propia personalidad, se sentía orgullo de lo que consiguió al final, más cuando todos a su alrededor lo hacían ver y sentir genial, y creyó que Neito lo amaba tal y como era, pero poco a poco se dio cuenta de que no era así, si embargo, el saberlo no lo detuvo, y siguió cediendo a sus peticiones, a sus caprichos estúpidos.
¿La siguiente molestia? Fue su motocicleta.
Cuando sus padres se la regalaron por haber cumplido la mayoría de edad y haber finalizado la preparatoria, la amo como un loco, era su pequeña bebé por muy ridículo que se escuche. Aquella motocicleta, era su todo, pero ahora Neito no dejaba de repetir lo peligrosa que era, que se sentía preocupado y tenía miedo de que algo le ocurriera.
¿Lo consideraba un idiota? ¡Nunca le ha ocurrido nada! Podía tener un carácter de m13rda, pero jamás sería un imprudente.
Pero ver el llanto del pobre chico una vez más, le rompió el corazón, razón por la cual terminó metiendo su motocicleta al garaje. Había abandonado a su fiel amiga, y todo por petición de Neito. Y comenzar a usar el transporte público, comenzaba a ser un verdadero fastidio.
«—No seas tontito amor— dijo en tono burlón —, puedes comprar un auto, sería increíble llegar a la universidad de esa manera».
¿Un auto?
Mald1ta sea, no era millonaria, y el dinero que recibía era por sus padres y todo con medida, pues en sus palabras, ellos prometieron seguir viendo por él mientras siguiera estudiando, y el departamento fue un claro ejemplo de que sería todo lo que recibiría de ellos en el momento en que consiguiera un trabajo estable al terminar la universidad, no era como si simplemente sacará la tarjeta de su bolsillo y pagará por un auto.
Cuando le dijo que eso sería imposible, no imaginó recibir una pequeña berrieta de su parte, alegando al mismo tiempo que era la comodidad que merecía, y que estaba siendo un tanto insensible ante sus deseos.
«—¡Tú no me amas tanto como dices!».
¿Qué mi3rd4?
¿Cómo se atrevía a decir eso?
Había cambiado absolutamente todo en su vida solo por él, por mantenerlo feliz, aunque él ya no se sintiera bien consigo mismo.
Había dejado de lado toda su personalidad, su esencia, sus gustos y a sus amigos de lado por él, y, ¿se atrevía a decir tal estupidez?
Se estaba cansando, realmente estaba llegando a un límite que nunca imaginó que tocaría, y es que, en lugar de sentirse feliz, era todo lo contrario.
¿Cuál fue la gota que derramó el vaso?
Cuando tuvo la osadía de tomarse la libertad de mudarse a su departamento sin aviso, además de tirar muchas cosas que consiguió con esfuerzo y que eran una reliquia para él y ha coleccionado por años, todo para hacer más “acogedor”, el lugar para ambos, según Neito.
Katsuki, estaba realmente cansado, ya no podía más, y sin poder evitarlo, simplemente explotó de la nada.
Neito, se sintió realmente ofendido, llamándolo insensible por la forma en la que minimiza a todos los cambios que hizo por el bien de ambos, mencionando incluso que alguien tan frívolo como él, jamás sería capaz de amar de verdad, y que aquellos dos años, fueron un desperdicio de tiempo.
Y debido a las palabras dichas por aquel lindo rubio, Katsuki quedó realmente herido, pues no solo había deshecho su esencia y persona, sino que también habían invalidado sus sentimientos. Cómo si no tuviera un corazón latiendo como loco por él.
Por esa razón, aquella misma tarde no dudó en quitarse esa ridícula ropa y vestir sus antiguos atuendos, colocar nuevamente todos sus accesorios incluyendo pulseras de cuero y de más; retomando a su vieja amiga que para suerte suya aún conservaba algo de gasolina que retiró antes de dejarla parada por un tiempo.
Antes de emprender a su verdadero destino, llevó a su pequeña a su viejo mecánico, y en el momento en que le indicó que todo estaba en orden, se marchó hacia el único lugar que tenía en mente.
Al llegar, no imaginó ser recibido con asombro por la mayoría de los presentes que evidentemente lo conocían, mucho menos que en el interior hubo demasiados cambios durante su ausencia. Pero el olor a tabaco y ebrios por doquier, se sentía bastante acogedor.
Dirigiéndose hacia la barra, no tardó en ver el rostro incrédulo del sujeto que se encontraba del otro lado.
—¿Estoy soñando? — mencionó un joven azabache—. ¿En serio Katsuki Bakugo ha vuelto?
—Quita esa estúpida cara larga y dame un maldito trago de una vez.
Ante el arrebato tan asco de sus palabras, el azabache cumplió su petición, dando uno de sus tragos favoritos.
Katsuki, tomó la pequeña copa y de un solo trago consumió aquel líquido amargo, carraspeando su garganta al sentir el picor y calor en esta, pues al igual que muchas cosas, la bebida era una de las tantas cosas que Neito le prohibió consumir a menos que bebieran juntos, fue por eso que se terminó distanciando de sus amigos, además de que según, eran una mala influencia.
—A juzgar por tu cara, puedo ver qué tu relación con ese niño bonito ha terminado— mencionó, limpiando uno de los vasos sobre la barra—. O simplemente discutieron.
Bufándose de sus palabras, Katsuki extendió su vaso para que le volvieran a dar un poco más de aquella botella que el azabache sujetaba.
Justo en el momento en que se lo terminó, un sujeto ajeno a ellos apareció de la nada.
Mirándolo de soslayo, pudo ver a un enano de cabello verdoso y esponjoso.
—¡Hanta! Necesito una botella de tequila para la mesa ocho— dijo, esbozando una pequeña sonrisa.
Cuando el aludido giró sobre sus talones, Katsuki sintió atragantarse con su saliva cuando aquel joven de ojos esmeralda le miró, llevándolo a esquivar su mirada y regresando toda su atención al frente.
—Gracias— mencionó como último antes de alejarse.
Hanta, simplemente regresó a lo suyo, pues un cliente más había llegado a la barra.
Katsuki por su parte, espero a que este regresara a su lado.
—¿Desde cuándo hay meseros aquí? — preguntó, pidiendo otra bebida más con una sola señal.
—El jefe expandió un poco más el negocio, las escaleras— señaló hacia un costado—, llevan a un pequeño restaurante que su esposa decidió abrir, ese mesero que vino aquí hace un momento, es su hijo. Viene aquí cuando los clientes necesitan algo más fuerte que solo vino o refresco. Y en ocasiones se escapa un poco para ver las peleas. Cuando las hay, claro.
Frunciendo su entrecejo, Katsuki comenzó a reír, girando su pequeño vaso con sus dedos.
—¿Yagi tiene hijos?
—Dos para ser precisos. Él es Izuku, el menor. Su hermana Setsuna, es la chef.
—Vaya, todo un negocio familiar.
—Y que lo digas, muchos se sorprendieron, sabes que siempre fue muy reservado. Hablando del jefe, te echa mucho de menos, ¿sabes? Eres su peleador favorito.
—Dile que estoy de vuelta, que me llame cuando quiera.
Al escucharlo, Hanta levantó una de sus cejas, deteniendo toda acción solo para mirarlo.
Katsuki podía ser muy inexpresivo en ocasiones, pero gracias a su tiempo conociéndolo, puede saber que algo no está bien con él, el dolor y la decepción eran más que evidentes en esos ojos color carmín.
—¿Tan mal terminó? — preguntó, viendo como el rubio soltaba una pequeña risa y comenzaba a negar con la cabeza. Teniendo la mala suerte de que nuevos clientes comenzarán a llegar en ese momento.
Katsuki en ese momento, carraspeó su garganta al sentir el picor en ella, mirando hacia el techo, tratando de disipar esa maldita sensación de querer llorar en ese momento.
¿Terminar mal?
Esas palabras se quedaban cortas, o, mejor dicho, el terminar roto simplemente no encajaban en ese concepto.
(...)
Cuando llegó la hora de cerrar, Izuku salió del edificio junto a su hermana, quien se quejó por la repentina llovizna que se soltó aquella noche. Pero justo cuando se acercaron a la orilla de la acera, no tardaron en escuchar algo de forcejeo junto al callejón que daba acceso al bar de su padre, y segundos después, dos jóvenes se dejaron ver, y uno de ellos era el encargado de la barra.
—¿Qué sucede? — preguntó Izuku, viendo como Hanta comenzaba a forcejear con alguien más.
—Vaya, pero, ¿quién es ese chico? — preguntó Setsuna al mirar bien al otro sujeto.
Hanta, había salido tras Katsuki en el momento en que pagó su cuenta y mencionó que era hora de irse, y al ver que saco unas llaves de su bolsillo, encendió ciertas alarmas en su cabeza, pues a pesar de que el rubio era un buen bebedor y también no dejaba de alegar que estaba perfectamente bien para manejar, la verdad es que tuvo sus dudas, pues por el modo en que llegó y bebió, no podía dejarlo solo.
Pero para suerte de todos, un auto se estacionó frente al establecimiento, y de este salió nadie más que el dueño, quien fue a recoger a sus retoños.
Yagi, al bajar de su auto y notar al par de jóvenes, no dudó en acercarse para ver lo que sucedía.
—¡Joven Bakugo! — exclamó con cierta alegría—, pero qué sorpresa verte por aquí.
—Señor— se limitaron a murmurar ambos.
—¿Qué sucede aquí?
—Ha bebido mucho, solo eso, le estaba diciendo que no puede marcharse así— respondió Hanta.
—¿Es así?
—Estoy bien, no es para tanto.
—Quizá para ti, pero si Hanta dice que has venido de más, entonces tengo que darle la razón.
Chasqueando sus labios, Katsuki alborotó su melena rubia, sintiendo como Yagi rodeaba sus hombros para estrecharlo un poco.
—Escucha muchacho, puedo llevarte a casa, justo vine por mis hijos— señaló hacia el frente, dónde ambos solo miraban atentos toda la escena.
Cuando Katsuki los miró, se encontró nuevamente con aquel joven peliverde, con un semblante sereno, pero curioso a la vez.
Izuku por su parte, desvío su mirada al escuchar las tontas palabras de su hermana: «Pero que atractivo».
Sí, lo era y debía admitirlo, sin embargo, ¿por qué tenía que decirlo en voz alta hasta el punto en que su padre la escuchó y se echó a reír?
—Escucha, Hanta se hará cargo de llevar tu motocicleta hasta tu departamento. Así que, ¿qué dices? ¿Te llevamos?
Chasqueando sus labios una vez más, Katsuki terminó accediendo, después de todo Yagi no lo dejaría ir por su cuenta al igual que Hanta, a quien ahora debía concederle asilo sólo por aquella noche solo por el hecho de hacerle el favor de llevar a su nena sana y salva de vuelta a casa.
Cuando se acercó junto a Yagi, Setsuna solo agitó su mano como saludo y se subió a la parte delantera del auto. Mientras que Izuku, rodeaba el auto para entrar del lado trasero del conductor. Y Katsuki, sin más remedio terminó subiendo de igual manera.
Después de dar ciertas órdenes, Yagi subió también y se puso en marcha, escuchando a su hija durante todo el camino, riendo y bromeando entre ellos mientras el otro par permanecía en silencio.
Mirando de soslayo, Katsuki pudo ver a ese peliverde que se mantenía atento al camino nocturno, al bajar su mirada, pudo ver cómo sus dedos jugaban impacientes entre ellos, terminando por girar su rostro y seguir su ejemplo al fijar su vista en las calles de la ciudad.
¿Cómo es que su día terminó de esa manera?