Capitulo 1
Hace seis años…
El cielo ardía.
Las alas de los dragones cortaban las nubes mientras el rugido de la guerra se alzaba sobre los campos ennegrecidos. El suelo temblaba con cada impacto, con cada estallido de magia desatada. En medio del caos, banderas desgarradas ondeaban entre cenizas, representando reinos que una vez fueron aliados… y ahora se destruían entre sí.
—¡Cae sobre la línea este! ¡No dejen que crucen hacia la Torre de Altair! —gritó un general del Reino de Eryndor, con la voz quebrada por la furia.
Pero no era solo una guerra de conquista.
Era una purga de fuego y sangre.
En el corazón del campo de batalla, montado sobre un dragón escarlata, se alzaba el Rey Vaelor Draevor, soberano de Nareth. Sus ojos brillaban con un tono carmesí enfermizo, y en su mano empuñaba un cetro envuelto en magia negra. No era una leyenda. Era real.
Las palabras prohibidas que pronunciaba rompían el aire, distorsionaban la realidad. De la tierra nacían bestias imposibles, criaturas hechas de odio, hueso y oscuridad.
—¡Eso no es magia oscura…! —susurró alguien, paralizado—. Eso es magia negra… magia de sangre.
Y con ella, el equilibrio se rompió.
Entre la multitud, un joven de diecisiete años se abría paso. Su capa ondeaba con el escudo de Nareth, pero sus ojos estaban llenos de duda. Él no estaba allí para conquistar.
Estaba allí para detener a su padre.
—¡Él va a destruirlo todo! —gritó, alzando su espada imbuida en luz—. ¡Esto no es poder, es maldición!
Zarek, de once años en ese entonces, observaba desde lo alto de la muralla norte, aferrado al brazo de su madre. No podía entender del todo lo que veía. Pero esa imagen lo marcaría para siempre.
El príncipe mayor, el hermano que todos amaban, desapareció entre llamas, enfrentando al mismísimo Rey Vaelor.
Jamás se encontró su cuerpo.
Y con el final de esa noche… la guerra cesó.
Vaelor desapareció, los dragones fueron sellados, y la magia negra prohibida por los cinco reinos.
Pero las cicatrices…
Las cicatrices jamás sanaron.
