Nos encontramos sin querer

All Rights Reserved ©

Summary

Kael y Aelion no se soportaban, pero una actividad obligatoria cambió todo. Entre sarcasmos, celos, notas anónimas y besos inesperados, lo que comenzó con odio se volvió imposible de ignorar. Tensiones y sentimientos reales los llevarán a entender que a veces el amor llega sin querer… y se queda para siempre.

Status
Complete
Chapters
21
Rating
n/a
Age Rating
16+

No eres bienvenido

El internado Von Ehre se alzaba entre la neblina como un castillo atrapado en otra época. Las torres grises, las paredes cubiertas de hiedra, y el silencio casi sepulcral hacían que los nuevos se sintieran como intrusos en un terreno prohibido.

Aelion ajustó la correa de su mochila y miró el mapa que le habían dado. Iba tarde. Sus pasos resonaban en los pasillos vacíos, con eco incluido, y su ansiedad crecía a cada vuelta mal tomada. Las paredes parecían todas iguales. ¿Era esto un internado o un laberinto?

Giró a la izquierda por error y terminó frente a una enorme puerta de madera entreabierta. Desde dentro salía una melodía suave, pero dolorosa. Un piano.

Entró sin pensarlo.

El salón estaba vacío, salvo por un chico sentado al piano, tocando como si sus dedos estuvieran conectados a cada emoción reprimida. Alto, de espalda recta, cabello claro y elegante. Incluso desde atrás se notaba que era alguien que llamaba la atención. Aelion se quedó quieto, cautivado.

Pero la música se detuvo bruscamente.

—¿Disfrutando el show? —dijo el chico, sin voltear.

Aelion parpadeó.

—¿Esto era un concierto privado? No vi boletos a la venta.

El chico se giró. Sus ojos eran grises como tormenta. Y fríos.

—¿Te perdiste? —dijo con desdén, repasando a Aelion de arriba abajo como si evaluara si valía la pena molestarse en seguir hablando.

—Y tú tocas como si estuvieras practicando para un funeral. Muy conmovedor.

El chico arqueó una ceja.

—Qué lástima que tengas oído musical. Iba a burlarme de ti por completo.

—Tranquilo, aún puedes burlarte de mi sentido de la orientación.

—¿Aelion, cierto? —preguntó con una sonrisa ladina—. El nuevo del grupo de talentos especiales. De los que creen que tener sensibilidad artística te hace interesante.

—¿Kael, cierto? El típico genio arrogante que se cree el centro del universo. Y toca el piano porque seguro nadie quiere escucharlo hablar.

Kael se puso de pie, acercándose. La distancia entre ellos se hizo corta, tensa. Estaban a un paso de ser enemigos declarados.

—Ten cuidado —susurró Kael, justo al pasar por su lado—. Este lugar no es tan bonito como parece. Y yo tampoco.

Aelion lo miró salir del salón. Exhaló lentamente, con una sonrisa sarcástica.

—Perfecto. Mi primer amigo en este infierno.