Capítulo:"a veces recordar duele mas
Con el fin del verano acercándose, solo intentaban sobrevivir a los días que quedaban.
Ella con libros.
Él con cuerpos vacíos.
Ambos con un pasado que no se atrevía a quedarse atrás.

MIRABELLE✨
“Con el fin del verano acercándose, una parte de mí también sentía que algo terminaba. O tal vez ya lo había hecho y yo seguía sentada en sus ruinas.” -by Mirabelle
—¡Mierda... es mierda de pájaro! —gritó Mirabelle ,mientras se levantaba furiosa de la arena.
Justo ahí, segundos antes, estaba leyendo un enemies to lovers. Amaba esas historias, aunque no entendía cómo terminaron gustándole.
Si algún hombre la tratara mal como en los libros... lo mandaría directo a la mierda.
Mierda. La palabra volvió a su cabeza, recordándole que seguía llena de ella. Literalmente.
—Amo a los animales, pero justo ahora... me dieron ganas de tirarles un tiro —refunfuñó, de nuevo, la linda chica de mal vocabulario.
Con el poco ánimo que le quedaba, optó por caminar hacia el restaurante de su tío, en el muelle. Era un lugar pequeño que se había convertido en una especie de centro comercial costero. Bueno, en realidad solo tenía un par de restaurantes y algunas tiendas que vendían vestidos de baño absurdamente caros, al menos para su gusto.
—¡Oh, mi linda estrellita! Siempre es un placer reci—
El tío se interrumpió al verla.
—Wow. Pues cada quien es libre de tener su estilo propio, pero... el tuyo visualmente es horrible. Y ni hablar del olor. Ya decía yo de dónde venía ese tufo a mierda.
—Gracias, tío, por tus lindas palabras —respondió Mirabelle, caminando hacia la parte trasera del restaurante.
Se cambió el vestido de flores por un pantalón corto, dejando arriba solo el traje de baño. No le gustaba andar así, pero no tenía otra opción.
—Tío, ¿puedo pedir comida gratis? —preguntó cuando regresó al frente.
—No. Me vas a llevar a la quiebra. Mejor vete antes de que te cobre la comida de ayer.
Sin reprochar, Mirabelle salió del restaurante recordando su caótica mañana. Había salido de casa rumbo a la playa cercana, pero como era vaga, tomó un autobús en lugar de caminar los 15 minutos.
Se suponía que se encontraría con sus mejores amigas, pero ellas cancelaron a último minuto, justo cuando ya iba en camino. No le quedó más remedio que ir sola a leer.
Durante el viaje, entre la multitud, vio algo imposible de ignorar: una cabellera que reconocería desde lejos.
Su ex-mejor amigo.
Estaba con una chica. Iban agarrados de la mano.
“Pobre chica. Amiga, aléjate. Él no vale la pena”, pensó mientras los veía bajarse apresurados en la primera parada de la playa.
Ellos, tomados de la mano, se adentraron en la zona olvidada de la costa. Una cadena de restaurantes y hoteles abandonados hacía que ese tramo pareciera un fantasma del pasado. Algunas casas familiares incluso habían sido vendidas o abandonadas por estar tan cerca del desastre.
Mirabelle no le dio importancia al par de tórtolos. Se bajó en su parada habitual, caminó hacia su lugar secreto (el que usaba para leer o ver el atardecer), pero estaba ocupado por una familia de extranjeros.
“De todos los espacios que hay, tenían que instalarse justo aquí“, pensó frustrada.
Sin su lugar habitual, se dirigió al muelle, se sentó bajo una palma y comenzó a leer.
Y bueno... el resto, ya lo saben

STEVEN🖤
Ese día había invitado a salir a su nuevo ligue. La verdad, no estaba interesado en volverlo algo serio; solo quería un momento fugaz con alguien... y no iba a desaprovechar la tremenda oportunidad de estar con una chica tan guapa. Esperaba que ella buscara lo mismo.
Cuando subió al autobús, la vio.
Mirabelle estaba ahí, sentada, mirando por la ventana, absorta en sus pensamientos, como siempre.
No soportaba verla.
Y sin embargo, cada vez que lo hacía, algo en su pecho se sacudía.
Aún provocaba cosas dentro de él.
Con el corazón acelerado por verla, bajó en la primera parada, olvidándose por completo de que iba agarrado de la mano de aquella chica guapa.
Observó el lugar donde se había bajado, como si el simple acto de poner distancia entre ellos pudiera calmar el caos que le despertaba.
—Sabes... no sabía que te gustaban este tipo de lugares —dijo su acompañante con una sonrisa pícara.
Steven le devolvió la sonrisa.
—Pero ya que estamos aquí, unos amigos descubrieron un sitio en buen estado, habilitado para usarlo —añadió ella.
—¿Aquí? Suena perfecto. Un lugar para perdernos en el tiempo —dijo él con tono coqueta, acercándose a sus labios con la intención de besarla. Ella, sin embargo, giró la cara.
—Calma, león. Todo a su tiempo. Camina, te voy a guiar hacia el paraíso —dijo mientras empezaba a andar, meneando la cintura con la intención de provocarlo aún más.
Él la siguió, encantado por su actitud ruda y segura.
Llegaron a un hotel sorprendentemente lujoso y en buen estado para estar abandonado. Steven notó que en la planta baja había una suite con una cama gigante e impecable. Hacia allí se dirigía ella.
—Entonces... ¿me vas a explicar qué podemos hacer en este paraíso? —preguntó él, ya dentro, mientras se acercaba y le rodeaba la cintura con las manos. Le quedaba perfecta entre sus dedos.
—Sabes... más que explicártelo, te lo voy a demostrar.
Ella se arrodilló frente a él, quedando a la altura de su entrepierna. Con todo el atrevimiento del mundo, comenzó a desabrocharle los pantalones, mirándolo con una sonrisa atrevida.
Primero bajó los pantalones. Luego, encima del bóxer, le dio pequeños besos en su zona íntima.
Steven ya estaba desesperado. Quería que lo hiciera rápido, pero ella parecía disfrutar llevándolo al borde.
Finalmente le bajó el bóxer y empezó a llevárselo al paraíso, lentamente, casi como un juego sádico.
Él, impaciente, la tomó del cabello, guiándola a hacerlo más rápido, más profundo.
Estaba perdido en el éxtasis del momento...
hasta que en su mente llegó ella.
No la chica que tenía delante.
Sino otra.
Cabello ondulado. Risa brillante.
“¡Steves, corre, nos van a atrapar!”
Gritaba Mirabelle.
Sus recuerdos lo golpearon sin piedad.
Una imagen tras otra.
Su risa.
Sus carreras juntos.
El olor a mar.
La forma en la que lo miraba
cuando aún lo admiraba.
Una punzada en el pecho.
Y entonces, como un reflejo, empujó a la chica y se subió el bóxer y el pantalón lo más rápido que pudo.
Ella lo miró desde el suelo, con respiración agitada y ojos llorosos... pero no de tristeza.
Estaba excitada.
Había creído que él quería más. Que estaba enloquecido por ella.
—¿Te dio miedo llegar al paraíso? No entiendo... —se agarró los pechos, mordiéndose el labio—. Tengo todo para hacerte venir sin tocarte —añadió mientras abría las piernas y dejaba ver que no llevaba ropa interior bajo la falda.
—Ven, apresúrate —dijo, insinuando meterse un dedo.
—¡ALTO! —gritó tan fuerte que la chica se levantó del susto.
—Sabes... así no es como quiero llegar al paraíso.Hace mucho tiempo que perdí el mío. Creo... creo que me voy a regresar a casa —dijo, agitado.
Steven salió del lugar alterado, sin entender por qué había hecho eso.Si él mismo había ido con esa intención.Quería distraerse. Perderse un rato.Pero la palabra “paraíso” le sonaba vacía.Y los recuerdos de Mirabelle lo estaban agobiando.
Verla en el autobús, tan tranquila, tan ella, lo había descolocado por completo.
Había pasado todo el verano evitándola.
Sabía que ella era su todo.
Pero por tonto, por orgulloso, por estúpido...
La había perdido.

“Con el fin del verano acercándose, una parte de mí también sentía que algo terminaba. O tal vez ya lo había hecho y yo seguía sentada en sus ruinas.“-by Mirabelle