KELIATH [TRONO DE LUNA CENIZAS 🔥]

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Summary

La primera vez que maté a un ángel, no lloré. Tampoco cuando estrangulé a ese demonio en el barro de las Catacumbas del Olvido. Pero cuando **Aurelia** me miró con esos ojos de eclipse y susurró: "Esa cicatriz en tu alma... la escribiste tú, ¿verdad?", rompí mi regla de oro: nunca dejar que nadie vea el poema sangrante que llevo dentro.. "Cuando el cielo y el infierno se desangran... dos almas escribirán su propio destino.."

Genre
Lgbtq
Author
Kari2021
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

LA MARCA DEL CAOS

"Donde Ángeles y Mercenarias Sangran"

" GEHENNA, RUINAS DEL TEMPLO DE YAKSHA"

La lluvia no era agua en Gehenna , sino sangre evaporada de demonios menores. Quemaba la piel como ácido, pero "Keliath" ni pestañeaba. Avanzaba entre columnas rotas esculpidas con dioses-serpiente tailandeses (Phaya Naga), sus botas chapoteando en charcos de un rojo oscuro. En su mano, la Daga de Sihalanta —hueso de dragón tallado con runas de hielo— brillaba con avaricia.

Su objetivo agonizaba a sus pies: un ángel de la Legión de Cassiel, armadura dorada astillada, alas de luz desgarradas por garras licántropas. En su pecho, el Medallón de Belphegor pulsaba como un corazón oscuro.

"Pobre iluso", murmuró Keliath, arrodillándose. "Sirves a un cielo que te abandonó aquí."

El ángel intentó maldecirla, pero solo brotó espuma rosada de sus labios.

"Shhh... el dolor termina."

Sus dedos cerraron alrededor del medallón. Al contacto, una oleada de voces susurrantes,invadió su mente:

¡Destruye el Trono!... ¡Mata a los Serafines!... ¡La Espada nacerá en sangre humana!

" LOBOS, SOMBRAS Y UNA CAÍDA"

Un aullido desgarró la niebla. 'Mammon', Señor de la Avaricia, emergió entre las sombras. No era un demonio, era una caricatura del hambre ojos como monedas fundidas, piel de pergamino estirado sobre huesos demasiado largos. Tras él, arrastrándose con 'grilletes solares' incandescentes, una manada de licántropos. Sus ojos amarillos brillaban con dolor resignado.

—¡Mercenaria ingrata! —rugió Mammon, su voz un crujir de arcades rotas—. ¿Crees que Belphegor no anticipó tu traición?

Un latigazo de energía oscura lanzó a Keliath contra un ídolo de Yaksha. La estatua sonrió con mil dientes de piedra mientras ella tosía sangre.

—Te usaré como lección —escupió el demonio—. ¡Fenrir! ¡Despédazala!

El licántropo más grande avanzó, babeando, los músculos temblando bajo el esfuerzo de resistir las cadenas. Keliath alzó su daga...

Y entonces, el cielo se partió.

Aurelia cayó como un cometa herido. No tenía la gracia etérea de los ángeles de los vitrales; sus alas fracturadas sangraba luz crepuscular, y su armadura estaba hecha de "espejos rotos" que reflejaban pesadillas. Aterrizó entre Keliath y Fenrir, su espada de "eclipse líquido" silbando al desenvainar.

—Retrocede, bestia —ordenó, y su voz tembló con autoridad quebrantada—. Esta alma no es tu botín.

Keliath se irguió, el sarcasmo como un escudo:

—¿Vienes a reclamarme para tu cielo, Seraphiel caída? Dicen que los ángeles rotos coleccionan pecadores.

Aurelia no le quitó la vista de encima a Mammon:

—No soy su heroína, humana. Solo evito que Belphegor gane esta guerra... y tú llevas su juguete favorito.

"LA RUNA QUE QUEMA "

Mammon lanzó un hechizo de cadenas solares. Los eslabones ardientes envolvieron a Keliath, incendiando su ropa y sellándola contra el ídolo de Yaksha. El dolor fue tan agudo que vio a Althea por un segundo: riendo mientras quemaba sus poemas.

—¡El medallón, estúpida! —gritó Aurelia, esquivando un zarpazo de Fenrir—. ¡Es una llave, no un trofeo!

Demasiado tarde. El Medallón de Belphegor se fundió contra la palma de Keliath. Un dolor "cósmico" la atravesó mientras una runa ignota —(ᛇ)— se grababa a fuego en su piel. El aire vibró. Las ruinas temblaron.

—¡LA ESPADA! —rugió Mammon, éxtasis en su voz—. ¡LA MARCA DEL CAOS!

Keliath alzó la mano marcada. Sin pensarlo, gritó una palabra en lengua de los Escribas

—¡KRUNA! !!!!

Un "muro de runas negras" estalló del suelo, empujando a Mammon y a los licántropos hacia atrás. Aurelia la miró, asombrada

—¿Qué... qué eres?

Keliath jadeó, el poder corriendo por sus venas como licor divino

—Lo que tu cielo teme que exista.

"EL PRECIO DE LA LUZ"

Un silbido perforó el aire. "Seraphiel", Arcángel de la Justicia Divina, flotaba sobre las ruinas. Su armadura era "solido platino", sus seis alas cegadoras. En sus manos, un arco hecho de "rayos de luna comprimidos".

—¡TRAIDORA! —tronó, apuntando a Aurelia—. Proteges al instrumento del Apocalipsis.

La flecha que lanzó no era física: era pura condenación. Aurelia empujó a Keliath lejos del impacto, pero la punta luminosa le atravesó el hombro. Un grito desgarrador llenó Gehenna mientras ,"sangre de plata y púrpura" manchaba los espejos de su armadura.

—¡Aurelia! —El nombre escapó de los labios de Keliath antes de que pudiera detenerse.

Agarró a la ángel caída —¡era más ligera de lo que parecía!— y concentró toda su rabia en la runa ardiente.

—"¡FJORDA!!!!"

El mundo se disolvió en tinta y sombra.

"BOSQUE DE SUSPIROS QUEBRADOS"

Reaparecieron en una jungla fosforescente. Hongos azules iluminaban troncos retorcidos como cuerpos agonizantes. Era "Umbra", el Reino del Crepúsculo. Keliath depositó a Aurelia contra un árbol cubierto de musgo luminiscente.

La herida del hombro humeaba. La luz de la flecha aún luchaba por devorar la carne de Aurelia.

—¿Por qué? —preguntó Keliath, tratando de detener la hemorragia con jirones de su capa—. ¿Por qué salvaste a una mercenaria que robaba para demonios?

Aurelia sonrió débilmente, sus ojos de tormenta plateada fijos en ella:

—Porque vi lo que escondes tras ese hielo, Keliath de los Poemas Perdidos... y esa cicatriz merece sanar, no romperse.

Keliath se congeló.¿Cómo sabía lo de los poemas?

—No me llames así —susurró, pero su voz carecía de filo.

La mano de Aurelia —fría como la luna— tocó la runa en la palma de Keliath:

—Esta marca es el "Othala" invertida... el símbolo del Destierro Eterno. Belphegor no solo te usó... te maldijo.

Keliath retiró la mano como si quemara:

—Las maldiciones son compañías viejas. Ahora calla, antes de que tu luz se apague.

Pero mientras rasgaba su túnica para hacer un vendaje,sus dedos temblaron. Algo en la forma en que Aurelia la miraba —sin lástima, sin miedo— hacía que su prisión de hielo crujiera...

Un susurro surgió entre los árboles: "Ssssigue la ssssangre de la Esssspada..."

Ante ellas, deslizándose sobre raíces, apareció una serpiente de dos cabezas con ojos de rubí. Entre sus fauces, sostenía un cuchillo de obsidiana tallado con lunas crecientes... el arma de los cazadores de Nocturna.

—Parece que la Reina Vampira te espera, escriba del Caos —dijo una voz desde las sombras—. Y no viene sola.