Besar al demonio fue mi oración

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Summary

Elaine vendió su corazón para salvar a su hermano... y el infierno se enamoró de ella. En un mundo dividido entre la luz que miente y la oscuridad que promete amor eterno, Elaine firma un pacto con el demonio más poderoso del inframundo: Azael, el rey del fuego. Pero el precio no será su alma... sino algo más peligroso: su corazón. Mientras su hermano, Caleb, comienza a desvanecerse en la sombra de un ente llamado Valek, Elaine se ve atrapada en un triángulo ardiente entre dos demonios: uno que la desea hasta la locura, y otro que jura protegerla incluso si eso significa destruir el mundo. La pasión será una condena. El deseo, una guerra. Y el amor... tal vez lo único que nadie podrá salvar. Dark romance + Fantasía oscura + Erotismo poético Obsesión, celos, poder, corrupción y un alma femenina que se niega a ser devorada. ¿Hasta dónde puede arder una mujer que decide no elegir entre el bien y el mal... sino entre la destrucción y ella misma?

Status
Complete
Chapters
28
Rating
n/a
Age Rating
16+

PROLOGO

No todos los demonios rugen con furia. Algunos susurran tu nombre en la penumbra, quemándote el alma lentamente hasta que ya no queda nada salvo cenizas y deseo.

En una época donde los demonios todavía caminaban entre los hombres, y los pactos se forjaban con promesas prohibidas, existían juramentos que no se sellaban con sangre. Se consumaban con miradas ardientes, con la entrega silenciosa de un alma pura, y con un “sí” que ni siquiera era pronunciado, pero que retumbaba más profundo que cualquier juramento en los abismos más oscuros.

Elaine poseía el cabello blanco como la escarcha de la noche eterna, y una mirada tan limpia y luminosa que dolía en un mundo envuelto en sombras. Su pecado no fue el amor, sino atreverse a negociar con lo peor que habitaba en el infierno.

Y su mayor condena… fue llamar la atención de Azael.

El primero de los caídos, el demonio de ojos rojo carmesí, cuya hambre había devorado reinos enteros, dinastías de reinas y profetas sin piedad. Azael no exigía almas al azar; no, él reclamaba corazones, el lugar donde yace la esencia más pura y vulnerable.

Y aquella noche, reclamó el suyo.

Todo comenzó en el círculo prohibido, bajo el manto oscuro de la luna, cuando Elaine bajó con una sola súplica temblorosa:

—Salva a mi hermano.

Azael sonrió, y esa sonrisa fue como una tormenta que se acercaba disfrazada de caricia venenosa.

—Entonces entrégame lo único que ni los dioses se atreven a tocar —susurró—: tu corazón.

Pero nadie le advirtió que ese pacto no solo rompería las leyes sagradas de su mundo. Que fracturaría su cuerpo, su alma y su fe.

Porque cuando sellas un pacto con el infierno, no solo cambias tu destino.

Cambia también al demonio.

Y ese cambio… siempre cobra un precio.



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