Capitulo 1: Piedras en el pecho
Capítulo 1: Piedras en el pecho
El ventilador hacía un zumbido agónico en la madrugada. Ana miraba el techo, insomne, sintiendo el corazón como un puño cerrado. Eran las 3:47 y no podía dormir. Otra vez.
Su celular vibraba con notificaciones de grupos que ya no abría. Mensajes de amigos que se habían vuelto extraños. Hacía semanas que no contestaba. ¿Para qué? Ya ni sabía sonreír sin que se le quebrara la cara.
Afuera el pueblo dormía. Un pueblo costero donde todos se conocían, donde cada paso era observado. Donde ser “normal” era obligatorio. Donde ser como ella era una condena.
Sabía desde hacía años que le gustaban las chicas. No era confusión. No era un capricho. Era algo tan hondo como el latido de su corazón. Lo había confesado una vez, con miedo, a Laura, su amiga de la infancia. Laura la escuchó con cara de susto. Al final la abrazó, pero le pidió que no se lo dijera a nadie.
Ana aceptó. Fingió que le bastaba. Pero no le bastaba.
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La secundaria la aplastaba. Entre chistes homofóbicos de profesores, comentarios venenosos en el recreo, miradas que la desnudaban para burlarse. Aprendió a encorvarse. A sentarse al fondo. A tragarse las palabras.
El dolor se acumulaba en su pecho como piedras. Amanecía sin ganas de levantarse. Su madre golpeaba la puerta y gritaba:
—¡Vas a llegar tarde!
Ana no respondía. No encontraba fuerzas para nada.
Se vestía con lo primero que encontraba. Su madre la regañaba: “Parece que te vistieras para un velorio.” Le exigía que se arreglara, que “pareciera niña”. Que sonriera. Que no diera de qué hablar.
Ana se callaba. Tragaba. Pero se moría un poco cada día.