Prólogo
La noche era fría en Oregón, y yo, con diecisiete años, sentía el corazón latiéndome en el pecho como un colibrí atrapado. Era la noche del gran partido de hockey, y Kaelen, mi Kael, jugaba. Tenía una sorpresa para él, una pancarta enorme que Chloe y Maya me habían ayudado a pintar, con nuestro lema secreto: "Tú y yo contra el mundo". Estaba nerviosa, sí, pero también eufórica. Creía que estábamos construyendo algo irrompible.
Me escabullí entre la multitud, la pancarta enrollada bajo el brazo, buscando el momento perfecto para desplegarla. Lo vi en la pista, su cabello rubio ceniza un faro bajo las luces brillantes, su concentración palpable. Él era mi primer amor, mi tormento y mi refugio, todo en uno.
Me dirigía hacia la zona de los vestuarios, donde sabía que él estaría después del partido, cuando escuché voces. Eran un murmullo al principio, luego más claras. Reconocí la risa de Kael, y mi estómago se revolvió de anticipación. Pero la otra voz… esa no la conocía. Me detuve en seco, escondiéndome detrás de una pila de equipos deportivos.
Lo que vi y escuché después me partió el alma en dos. No diré más, solo que la pancarta se me resbaló de las manos y rodó por el suelo como mi esperanza. Sentí un frío glacial extendiéndose por mi pecho, congelando cada molécula de mi ser. Las lágrimas brotaron, calientes y traicioneras, quemando mi piel. No entendía. No podía entender por qué Kaelen me haría algo así. Había jurado, había prometido…
Corrí. Corrí hasta que mis pulmones ardieron y mis piernas dolieron, sin rumbo fijo, solo lejos de ese lugar, lejos de él. Cuando por fin me encontré de vuelta en casa, mi hermano Ethan estaba en la sala, con una expresión de preocupación.
—Rory, ¿qué pasó? —preguntó, poniéndose de pie de inmediato.
Me derrumbé en sus brazos, sollozando sin control, las palabras atascadas en mi garganta. Él me abrazó con fuerza, con esa protección silenciosa que solo un hermano mayor puede ofrecer.
—Él… él me rompió, Ethan —logré balbucear entre hipidos—. Lo vi. No entiendo por qué jugó conmigo.
Ethan me apartó suavemente, sus ojos oscuros llenos de una furia contenida.
—¿Quién te hizo esto? —Su voz era un gruñido bajo.
Yo solo pude señalar vagamente en dirección a la pista. Un brillo peligroso apareció en sus ojos. Él era mi hermano mayor, mi protector, y en ese momento, su ira era casi tangible.
Al día siguiente, me enteré. Ethan había ido a buscar a Kaelen. No sé exactamente qué pasó, pero sé que hubo una confrontación. Y Kaelen… Kaelen terminó con una cicatriz casi imperceptible en una de sus cejas. Un recuerdo silencioso de una noche que nos cambió a los dos para siempre.hy