prologo
Yo soy Yu Ishigami. Tengo 15 años y vivo en un mundo donde la mayoría de las personas tienen poderes. Los llamamos Dones. Algunos son fuertes. Otros, sorprendentes. Hay quienes pueden volar, controlar el fuego, leer mentes o sanar con solo tocar. Y luego... estoy yo.
Mi Don también existe, sí. Pero no lo soporto. Me da asco. Es un poder que jamás pedí, y que no puedo compartir sin sentir vergüenza. Porque lo que me hace especial... es algo que no quiero ser.
Mi Don solo se activa a través de un fluido que solo los hombres poseen. Cuando se transmite a una mujer con poderes, su Don evoluciona. Se vuelve más fuerte, más estable, más puro... durante exactamente 78 horas.
Pero, ¿a qué costo? No quiero ser “útil” de esa forma. No quiero que me vean solo como un medio para volverse más poderosas. No quiero que las chicas me miren con deseo... si es solo por lo que puedo darles.
Y lo peor es que mi cuerpo responde solo. Cuando mi Don se activa, libera feromonas que alteran el ambiente. Provoca atracción. Tensión. Confusión. Me hace sentir como si no tuviera control de mí mismo.
Es por eso que odio mi Don. Porque no soy un guerrero. No soy un salvador. Soy solo un chico normal atrapado con un poder que nunca debió existir.
Pero por mucho que lo odie... no puedo ignorar lo que hace. Porque a veces, ser útil, aunque sea de la peor manera... es lo único que me queda.
Y aun así, el gobierno me obligó a entrar a esta academia... una donde solo hay mujeres.
Dijeron que era “la mejor manera de aprovechar mi Don”, que aquí podría ayudar a futuras heroínas, que haría “una gran contribución a la humanidad”. Palabras bonitas para disfrazar lo que realmente es: una jaula. Un experimento.
No me dieron opción. Me empujaron a este lugar lleno de chicas con Dones increíbles, muchas de ellas más fuertes, más decididas, más peligrosas que yo. Y lo peor... es que todas saben por qué estoy aquí.
Algunas me miran con curiosidad. Otras con deseo disfrazado. Algunas simplemente me ignoran. Y hay unas que ya decidieron que me “necesitan”.
No me gusta esto. No quiero estar aquí. No quiero que nadie me toque solo por lo que mi cuerpo puede ofrecer. No quiero fingir que soy parte de algo justo.
Pero me dejaron sin elección. Y si ya estoy atrapado aquí... al menos haré las cosas a mi manera. Con mis reglas. Aunque eso signifique que todos me odien. Aunque eso signifique... que tenga que usar este maldito Don.
Si quieren esto... se los daré. Pero será a mi manera.
Esa era la única frase que me repetía mientras me sentaba en el aula, sintiendo todas las miradas clavadas en mí. No conocía a nadie, pero todos sabían quién era. El único chico en esta sección especial femenina de la U.A. No por elección, sino porque el gobierno decidió que aquí era donde debía estar.
Miré alrededor, tratando de reconocer algo familiar, pero no había nada. Solo chicas con Dones impresionantes, algunas serias, otras susurrando en voz baja. Había una con cabello dividido en dos colores, otra con mirada dura y energía explosiva, y varias más que parecían listas para cualquier cosa. No conocía sus nombres, ni sus historias, ni nada.
Un susurro llegó a mis oídos:
—¿Ése es el nuevo?
—Dicen que su Don puede potenciar a las chicas... si están cerca, o algo así.
No me di vuelta. Ya estaba cansado de las habladurías. No sabía qué esperaban de mí, ni qué quería yo realmente de este lugar.
Entonces entró la profesora, con su típica expresión de fastidio pero con la autoridad que imponía respeto. Nos ordenó que dejáramos de mirar y que nos comportáramos igual con todos, sin importar el género.
La mayoría de las chicas bajó la mirada o murmuró algo por lo bajo. Yo solo apreté el puño debajo del escritorio.
No vine aquí para hacer amigos. No vine a agradar. Solo vine a aguantarlo.
Y aunque lo dijera con certeza, sabía que no sería fácil.
No vine aquí para hacer amigos. No vine a agradar. Solo vine a aguantarlo.
O eso pensaba.
Lo que no sabía... era que muchas de las chicas aquí ya querían conocerme. O mejor dicho... conocer mi Don.
Puede que algunas lo disimularan, fingiendo indiferencia o molestia, pero otras no se molestaban en ocultar el interés en sus miradas. No era interés genuino en mí como persona. No. Era en lo que yo podía hacer. En lo que mi habilidad podría ofrecerles.
Supongo que en un mundo donde los Dones lo son todo, un Quirk que potencia y evoluciona el de las mujeres por un periodo exacto de 78 horas... suena demasiado tentador como para ignorarlo. Aunque su naturaleza sea incómoda. Aunque el precio sea alto. Aunque a mí me repugne usarlo.
Ellas no lo ven así. Para muchas, soy un atajo.Una oportunidad. Un experimento.
Y eso solo hace que mi presencia en esta academia sea aún más tensa. Porque ahora sé que no solo me están observando... me están esperando.