Entre tus piernas

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Summary

🔥 Entre tus piernas Sinopsis Mi madre lo trajo a casa. Grande, tatuado, con las manos sucias de grasa y una voz que me hacía temblar las bragas. Julián, su nuevo novio. Yo tenía que respetarlo. Pero nunca fui buena obedeciendo reglas. Él me miraba como si pudiera oler mi humedad. Yo lo odiaba. Hasta que lo vi saliendo de la ducha. Y desde esa noche… Empecé a tocarme pensando en él. A provocar con camisetas sin sostén. A dejar la puerta entreabierta cuando me bañaba. A cruzar las piernas sabiendo que él miraba. Hasta que una noche, ya no aguantó más. Me acorraló contra la pared. Me susurró al oído. Y me hizo suya. Sin pedir permiso. Esta es mi historia. La historia de cómo me volví adicta a algo prohibido, sucio… y jodidamente bueno.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

La llegada del Pecado

## Capítulo 1

No esperaba que ese día marcara el inicio de mi perdición.

Era una tarde calurosa. Esas en las que el sudor se pega a la piel como si el infierno respirara sobre tu nuca. Estaba tirada en el sofá, con una camiseta vieja que apenas me cubría el culo y sin sostén, por supuesto. Porque en mi casa hacía calor… y porque me gustaba sentir el roce de la tela en los pezones.

Entonces sonó la puerta.

—¡Ven, mi amor! —gritó mamá desde la cocina—. ¡Ayúdame con las bolsas!

Rodé los ojos, perezosa, pero me levanté.

Y cuando abrí la puerta… lo vi.

Julián.

Alto. Espalda ancha. Camiseta negra ajustada, manchada de grasa, marcando cada músculo como si la hubiera cosido con rabia al cuerpo. Brazos tatuados. Mandíbula cuadrada. Y esos ojos… jodidamente oscuros. Como si pudieran verte desnuda aunque llevaras un abrigo.

—¿Tú eres…? —le pregunté, tragando saliva.

—Julián —dijo con una voz tan grave que sentí cómo se me apretaban los muslos—. El nuevo novio de tu madre.

Boom.

Casi me da la risa. Pero no de chiste, sino de nervios. De esa mezcla entre asco y deseo que solo lo prohibido puede darte.

Lo seguí hasta la cocina, viéndole el culo en los jeans sucios. Y de repente, el calor que tenía ya no era solo por el clima. Era él.

El sudor me corría por la nuca, entre las tetas. Sentía los pezones duros, casi insultando la tela de mi camiseta. Y él… él ni me miraba.

O eso pensaba yo.

Pero lo pillé.

Justo cuando me agaché a coger una bolsa, su mirada se fue directa a mi culo.

No fue un vistazo inocente.

Fue una maldita inspección completa. Lenta. Peligrosa. Como si ya supiera lo que había entre mis piernas y estuviera decidiendo cómo quería comérselo.

Y entonces…

me sonrió.

No una sonrisa amable. No.

Fue una mueca torcida, sucia, como si supiera exactamente lo que estaba haciendo conmigo.

—¿Siempre vas así vestida en casa? —preguntó, sin disimular que me recorría con la mirada.

—¿Así cómo? —le contesté, alzando una ceja, con toda la insolencia que me caracteriza.

—Con las tetas rebotando —dijo sin pestañear, sin pudor alguno.

Ni siquiera se molestó en fingir vergüenza.

Mi madre, a su lado, reía como si no hubiera escuchado nada.

Y yo…

Me mojé.

Así, sin más. Sentí cómo mi ropa interior se empapaba con una rapidez indecente.

Estaba jugando conmigo.

Y lo peor… es que me gustaba.

—¿Te incomoda? —le lancé, desafiante, acercándome apenas medio paso.

Él bajó la mirada a mis labios. Después a mi cuello. Después… directo al borde de mi camiseta, donde empezaban mis tetas.

—Al contrario. Me alegra saber que voy a estar cómodo aquí —murmuró, tan bajo que solo yo lo escuché.

Hijo de puta.

Me giré sin decir nada, pero caminé más lento, exagerando el movimiento de mis caderas. Sabía que me miraba. Lo sentía como un incendio en la espalda.

Y antes de desaparecer por el pasillo, lo escuché soltar un gruñido. Grave. Como si se estuviera conteniendo.

Esa noche, no cené con ellos.

Me quedé en mi cuarto, con la puerta entreabierta.

Sin ropa. Solo mis bragas negras. El ventilador daba vueltas perezosamente sobre mi cama.

Y yo…

con una mano entre las piernas, y la otra acariciando mi pecho, pensé en él.

En su boca sucia. En su voz ronca. En sus manos grandes manchadas de grasa.

Me toqué despacio, mordiendo la almohada para no gemir.

Imaginando que era él el que me abría las piernas.

Que entraba sin pedir permiso.

Que me follaba contra la pared mientras yo le gritaba que no se detuviera.

Mi primer orgasmo llegó tan rápido que me hizo arquear la espalda.

El segundo me dejó temblando.

Y el tercero… el tercero vino cuando lo escuché en el baño, al otro lado de la pared, soltando un gemido ahogado.

¿También se estaba tocando?

¿También pensaba en mí?

Me quedé dormida desnuda, mojada, con los dedos aún brillando.

Y su nombre en la boca.

**Julián.**

El novio de mi madre.

El hombre que me iba a arruinar la vida.

Y yo ya estaba deseando que lo hiciera.